sábado, 17 de junio de 2017



Si en este mes de junio, considerado el mes  del padre, estuvieras a mi lado, viejo César Mejía Pizarro (TITO)!
Por Tito Mejía Sarmiento

Imposible silenciar tu voz de mis oídos, papá.
Borrar tu imagen de mi memoria, también es imposible.
Desprender tu abrazo de mi cuerpo, es mucho más que imposible.
Tu piel es mi piel, viejo Tito.

Recojo el abril de tu vida para la mía, mi viejo amado.
Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro,
porque los guardaré en mi corazón,
y tu inteligencia de contador empírico,
y hablante de dos idiomas (Español e Inglés) mucho menos,
porque será el manual de presencias
para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas,
mi contertulio amado.

Ahora cuando acudo a los predios de mi infancia,
me acuerdo de ti, enseñándome
cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido”
que me trajo el niño Dios por los años 60,
mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson, mis otros hermanos,
se retorcían en cólera porque sus barcos piratas
no querían partir de aquel puerto imaginario
de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe
en el inmenso patio de arena blanca de su casa.

Cómo olvidarme papá,
de la cotidianidad de tu mundo interior
que transportabas a la esfera de la ternura
de mi madre Eloina, quien entre otras cosas,
te aguantó durante muchos años,
las travesuras del Casanova enamorador
que fuiste y ella  en su candor débil y triste,
te  esperaba impacientemente en la terraza de la casa
como si te hubieras ido de viaje.
A lo mejor ahora en el cielo, tú y ella estarán bailando magistralmente,
la canción “El Guayacán” interpretada por Lisandro Meza
que tanto te gustaba y por supuesto, el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.

¡Papá, yo quiero ser tu yo, disperso en mil amores!
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta,
rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado,
toca el portón de las angustias,
traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza,
mientras las huellas de la vida
quedan impresas en los ojos del alma
para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Entonces, sólo quedan entre otras cosas,
las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas
y el cenicero con el último cigarro que fumaste
mientras jugabas dominó todos los domingos
en “El Nuevo Mundo” con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio,
mis tíos Néstor y Gustavo entre otros,
la infaltable botella de menticol
y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche,
en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
Y también por supuesto, quedan Bertha, Vilma,
Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra
y Kito escuchando tus pasos
con un amor verdadero y transitando caminos
sin tus manos por el resto de la casa.
Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido.
¡Qué orgulloso me siento de ti, papá!
¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!

Tu hijo, Tito Mejía Sarmiento.
Poeta Colombiano

martes, 13 de junio de 2017

¿Y si Marco Coll Tesillo  hubiese  nacido en Argentina?
Por Tito Mejía Sarmiento

A raíz de la muerte del “Olímpico” Marco Coll Tesillo, gran jugador de fútbol profesional, ocurrida el 6 de junio de 2017 en su natal Barranquilla y, ante el alud de elogios superlativos por parte de la prensa hablada y escrita de nuestro país y de  todo el orbe a su notable carrera deportiva en muchos estadios, se me vino a la mente enseguida una pregunta con la cual doy  título a este escrito: ¿Y si Marco Coll Tesillo   hubiese  nacido en Argentina?
¿Qué hubiera pasado se preguntarán ustedes, a lo mejor? Pues, conociendo  el valor, el ascenso social y el reconocimiento que los argentinos saben proporcionar a sus futbolistas, por lo menos: estatuas, monumentos, esculturas o escenarios se hubiesen levantado en su nombre desde el mismo año 1962, cuando le anotó en el estadio Carlos Dittborn de Arica, Chile (minuto 23 del segundo tiempo)  el primer y único gol olímpico que hasta ahora se haya  marcado en toda la historia de un campeonato mundial organizado por la Fifa, al mejor arquero del mundo según los entendidos: Lev Yashin (la araña negra), quien entre otras cosas, es el único guardameta que ha ganado el balón de oro. (Cabe destacar que  nuestro país participaba por primera vez en un campeonato de esa magnitud, igualando a cuatro goles con su similar de la Unión Soviética, cuya sigla era C.C.C.P. Tan importante fue aquel resultado que al año siguiente,  con la transparencia de los amaneceres y aún con el lenguaje del deseo vivo, en nuestra nación se rebautizó la semántica de esa sigla para mofarse de los Rusos por “Con Colombia casi perdemos”).
Pero lo enfadoso del caso, es que Marco no nació en Argentina sino en nuestro país, donde la clase dirigente nunca le ha importado un bledo el bienestar de los futbolistas sino los millones que entran con facilidad pasmosa en las  alforjas de la entidad deportiva. Y esto, estimados lectores lo digo con conocimiento de causa porque en los últimos siete (7) años en la vida del “Olímpico”, tuve muchos acercamientos con él y con sus  cinco (5) hijos: Marcos, Mario Alberto,  Orlando, Fabián y Omar, quienes siempre me hacían hincapié de las promesas que nunca se cumplieron relacionadas por ejemplo con  una casa y una pensión por parte de la Adefútbol, hoy Federación Colombiana de fútbol para el “Olímpico”. Marco tuvo que irse a trabajar a las minas del Cerrejón en la Guajira para poder obtener una pensión y lograr de alguna manera capacitar a sus hijos.

Ojalá, a este exjugador creativo del medio campo que fue muy jovial con la vida, con toda su familia, con sus amigos(as), con el fútbol, que  se consideró un hombre muy creyente y sensible, al que le dolieron  las injusticias sociales en el mundo y para demostrarlo  cada vez que hablábamos me declamaba un  verso muy visceral de la poeta tolimense, Esperanza Carvajal Gallego: “...de nada nos sirve sentirnos más que los otros, si dentro llevamos el reloj que nos oprime por igual en esa batalla que nos  estruja el alma”, se le eternice la memoria bautizando con su nombre, el complejo deportivo que se está construyendo por parte de la Federación Colombiana de Fútbol sobre la avenida Circunvalar, en Barranquilla,  y se cumpla por fin con  la promesa de  su anterior presidente Luis Bedoya, quien eufórico ante la alcaldesa  de ese entonces, Elsa Noguera y miles de  invitados dijo: “sería un justo homenaje a Marco Coll,  una leyenda viva del fútbol internacional”.
Ojalá que el actual presidente de la Federación Colombiana de fútbol, Ramón Jesurún y el alcalde Alex Char, quienes entre otras cosas son barranquilleros, le cumplan  a Marco Coll Tesillo. (Que casualidad hay en la vida,  cuando el campeonato mundial de fútbol  se va a jugar en el 2018, justamente en los estadios de Rusia,  el país más extenso del mundo y  a  cuya selección le marcó categóricamente el gol histórico). Si esto sucede, tengo la absoluta convicción de que Marco Coll Tesillo  los  aplaudiría  desde lo más alto del  estadio celestial con sumo placer y de paso, el mejor locutor deportivo de Colombia en todos los tiempos, Édgar Perea Arias, narraría con su vibrante calidad de siempre el segundo gol olímpico de Marco como en su momento lo hiciera Gabriel Muñoz López con el primero. “Ver para creer”, solía decir Santo Tomás.
Equipos donde militó, amén de integrar la Selección Colombia:




jueves, 18 de mayo de 2017

sábado, 29 de abril de 2017



¿Por qué mataron a mi hermano, si era tan bueno?
Nelson Ricardo Mejía Sarmiento In Memoriam, médico y filántropo (1956 - 2004)

Por Tito Mejía Sarmiento

El 29 de abril del 2004, quedó imbricado en mi alma para siempre, en el de mi familia y por supuesto, en el de muchas personas de Santo Tomás (Atlántico). Ese día le segaron la vida a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, propinándole alevosamente dos disparos en la cabeza a escasos metros del DAS en Barranquilla. El presidente de Colombia era Álvaro Uribe Vélez.

Trece años después, nos seguimos preguntando el porqué mataron al médico de la eterna bondad, por qué mataron aquel niño delgado que corría detrás de un balón en la arenosa Calle Granada al final de los años 50s, el porqué mataron al mismo niño enjuto, de orejas grandes que simulaba curar con unos alambres eléctricos que hacían las veces de estetoscopio, a otros niños de su edad.

¿Sería porque era un facultativo de la Medicina, exitoso y competente?

¿Sería porque Nelson era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos o sencilla y llanamente porque regalaba las medicinas a muchos pacientes, fundamentalmente los más necesitados?

¿Sería porque Nelson era un líder genuino, honesto, que apareció cuando nuestro pueblo, Santo Tomás, atravesaba por una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de la historia, y logró catapultarlo en las dos oportunidades (de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007) en que fungió como alcalde, a la cúspide del progreso? De ahí el estribillo famoso que aún los Tomasinos recuerdan con afecto: “Con Nelson las obras sí se ven”

¿Sería porque los habitantes de Santo Tomás, como lo amaban tanto, lo eligieron dos veces alcalde con la votación más alta en la historia popular del municipio?

¿Sería porque le dio la oportunidad a varias personas con limitaciones físicas para trabajar: Armando Fernández, Rafael Manga Charris, Martha Fontalvo Badillo…, demostrándoles a muchos incrédulos que esos seres humanos podían ser útiles también a la sociedad?

¿Sería porque venía creciendo vertiginosamente en la política? ¡Ya lo estaban postulando para la Cámara de Representantes o el Senado de la República!

¿O sería como escribió en una oportunidad el gran escritor Ramón Molinares Sarmiento: “A Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo aman porque es un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”?

¿Sería porque llegó a ser padrino de más 400 niños(as) de Santo Tomás y poblaciones circunvecinas?

¿O Sería porque “Fuerzas Oscuras” simplemente querían quitarlo del camino porque no se dejaba sobornar, según reportes de prensa?

¿O sería porque sus rivales políticos ya no podían ganarle y…? ¡Tú sabes, dice un carismático sacerdote del Caribe!

El escritor y sociólogo Pedro Conrado tenía razón cuando me comentaba en el sepelio de Nelson que “En Colombia muchos conciudadanos no alcanzaban a llegar a los 50 años (Nelson tenía 46 años), porque las manos de la muerte les truncaban violentamente la vida. Tu hermano Nelson, por ejemplo, quería vivir 100 años, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, mi estimado Tito, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.

Yo sé que en este país la justicia vale una... De todas maneras, confiamos en que el crimen no quede impune como hasta ahora. Necesitamos saber la verdad para acabar con esta incertidumbre que todas las mañanas se asoma por las ventanas, burlándose de todos nosotros, mientras el día se expone al sentimiento y, en el mar de los ojos de toda la familia, se balancean grandes olas de tristeza, todavía.

Santo Tomás, 29 de abril de 2017.



miércoles, 5 de abril de 2017




¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!
(13 años de su asesinato)
Por Tito Mejía Sarmiento, en clave muy personal

Con la llegada del mes de abril, el alma de mi familia se hincha más de dolor y angustia por el vil asesinato de nuestro amado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. Aquel aciago 29 de abril de 2004 a las 12:45 de la tarde, cuando mi hermano Nelson contaba con 43 años y fungía como alcalde de Santo Tomás, recibió dos disparos en la cabeza que acabaron con su vida, de parte de un sicario por encargo, frente a la sede del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.), siendo presidente Álvaro Uribe Vélez.
Desde entonces, se ha acudido sin descanso a diferentes instancias judiciales de la nación e incluso foráneas con el enorme propósito de esclarecer ese homicidio o mejor, conocer  quiénes fueron los autores determinantes (intelectuales) del mismo, pero el esfuerzo hasta ahora cuando han transcurrido trece (13) años, no ha surtido ningún efecto, lo que demuestra que la Justicia Colombiana sigue siendo  la alcantarilla que emana diariamente los olores más pútridos del globo terráqueo.
Para conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los ojos de todos!)

Y cabe también recordar que minutos después del homicidio,  muchos  habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores políticos…Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó militarizar todo el pueblo por varios días y decretó  convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de junio de 2004.
Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.

Todavía se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del pueblo.

¡Todo sigue en la impunidad! ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive! Por eso, mi madre hermosa Eloina Sarmiento Charris, a pesar de haber perdido bastante la memoria a sus 87 años de vida y no es para menos, con justa razón  se pregunta en los momentos de lucidez mientras en el  mar de sus ojos, solo se balancean grandes olas de tristeza: ¿Entonces, quiénes mataron a mi hijo Nelson? En la búsqueda de esa respuesta muchas personas comenzamos a incorporar un collage de textos, fotos, novelas, poesías, panegíricos, recortes de periódicos que parecen inconexos pero que juntos transmiten, un universo personal, tangible, con inquietudes, virtudes... Incluso todos los días, hacemos un pequeño recorrido aleatorio (instantes de su vida) que me parece fundamentalísimo y que de alguna manera sentimos que  definen a Nelson.
Sin temor a equivocarme creo que mi hermano Nelson curaba con sus ojos llenos de afectos y su voz baritonal, específicamente cuando se trataba de infantes. Porque no hay, no pasa por la mente del hombre ni un solo concepto que no sea afectivo, en grado mínimo o en grado sumo. Y el  médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento al intuir una realidad cualquiera, su querencia estaba implícita en su misma comprensión con los pacientes, a quienes veía como tales y no como clientes. Definitivamente, Santo Tomás y otros  pueblos circunvecinos tenían en Nelson a un filántropo de tiempo completo. Y no se puede dejar a un lado, la significativa influencia que Eros ejerció sobre Nelson, galán de noble estirpe, que hermosas mujeres configuraban su producción idílica como un cáliz maravilloso que permitía apurar los ensueños de la pasión. Puedo afirmar que Nelson antes que amar a mujer alguna,  jugó su febril corazón al azar y se lo ganó el mismo amor. Nelson tenía una idea perfeccionista del Romanticismo, y por eso se enamoró muchísimas veces, en busca de ese amor ideal que sólo lograba encontrar bajo la madrugada de sus ojos.  
¡Cómo podré borrar de mis retinas, su ataúd cubierto de flores, panegíricos, canciones, poesías, afiches y estampas entregadas por personas conocidas y desconocidas que también lloraban su muerte!¡Cómo olvidar a la multitud dando vivas a su nombre, aplaudiéndolo y pidiendo justicia bajo el torrencial aguacero de aquel primero de mayo de 2004. Ni aquellos abrazos solidarios que recibí esa mañana, de personas que al estrechar mi cuerpo, se sentían lo mejor un poco más cerca de Nelson! Si el sentido de la vida es llegar a ser querido, sé que mi hermano Nelson partió pleno.
¡Nelson ya no está, eso es cierto! Lo más terrible de la muerte es el propio vacío, la ausencia eterna de su materia. Ya no puedo volver a abrazarlo, mamarle gallo, pelear con él… Tampoco podemos seguir añorando a Nelson sin ser consecuentes con las reflexiones y retos que nos legó. Su erguida herencia ante todo creativa, combativa, trabajadora, emplaza a todos los tomasinos y tomasinas de hoy a investigar para la sana discusión, para no dejar en el estricto pretérito los hechos que construyeron y cambiaron a nuestra amada tierra tomasina antes y después del gran líder llamado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!


viernes, 3 de marzo de 2017



¡Ni la muerte los pudo separar!
Convivieron por más de 78 años, prueba del amor eterno que se profesaron que ni la muerte pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.
Por Tito Mejía Sarmiento*

El pasado 17 de febrero en la ciudad de Barranquilla, capital del Atlántico, murieron Víctor Herrera De la Espriella (106) y doña Ángela Iranzo Salas (96) con escasas horas de diferencia y juntos levaron anclas, para jamás volver, como en el hermoso poema “La canción de la vida profunda” de Porfirio Barba Jacob.

Que yo tenga conocimiento, hacía años no se daba en el Caribe una conmovedora elegía como esa. Don Víctor y doña Ángela convivieron juntos por más de 78 años en el popular barrio los Andes, en una demostración de infinita y pura ternura que sin desvalijar celos pero si condescendencias a la entrega, ansias de vivir y amar conformaron su existencia. Además, ellos se valieron por la naturaleza de los instantes del don preclaro de evocar los sueños en los extremos influjos circunstanciales de la propia vida que, ni la propia muerte que sigue siendo ingenua y triste con su mismidad apasionada los pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.

Razón tuvo entonces, don Víctor cuando constantemente repetía a sus familiares y amigos: “El amor y la muerte son engendros de la suerte” o el verso del poeta alemán Klaus Johann: “Contener la muerte suavemente, toda la muerte, aun antes que la vida y eso sin enojo, es indescriptible”. Es decir, Víti y Lilla aceptaron la vida como es, finita, compleja, doliente, porque vivir sin sufrir (envejecer sin hacerse viejo) era imposible.

A pesar de los quebrantos de salud producto quizás de la longevidad, nunca permitieron vivir con alguno de sus ocho hijos: Joao (actual alcalde de Soledad), Lao, Víctor, Esteban, Rafael, Zeger, Iván y Roque, importantes profesionales de la Radio, Televisión, Psicología, Literatura y Derecho. “Ellos siempre nos decían que querían vivir solos. Mi abuela Ángela le seguía cocinando a mi abuelo Víctor, le preparaba el desayuno, el almuerzo, la comida. Siempre lo estuvo atendiendo. Nunca se enfermaron, eran unos robles”, manifestó muy conmovido uno de sus tantos nietos Joao Herrera Olaya al portal informativo Zona Cero.

Una de las mayores complacencias de mi vida es haber sido por muchos años amigo de esta pareja, haberla visto vivir siempre unida. Me gustaba verla sentada, cuando en nuestra ciudad se podía, en la terraza de su casa, observando con encantamiento las aves que pasaban en las tardes de sábado que eran muy distintas a las del domingo cuando caía la noche y las luces de los carros comenzaban a encandilar al final de la calle, donde precisamente, una brisa de improviso reposaba una garra y dormía.

De don Víctor, me queda su dicción bien acrecentada de sus famosas efemérides en el radioperiódico “Informando” que dirigía el gran locutor calamarense, Marcos Pérez Caicedo. Su perspicaz mezcla de silogismos, sabios consejos, en fin su vasta cultura y de doña Ángela (Lilla), la bondad y el mar cubano de sus ojos y por supuesto, su prodigiosa memoria para repetir los dimes y diretes de su amado esposo Viti, primordialmente estos tres que le gustaban tanto: “Muchas veces somos felices sin siquiera sospecharlo”; “muchas veces el ciego se aparta del abismo en que cae el clarividente” y el pensamiento de José Luis Borges que dice: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”.

¡Que sigan siendo felices, amigo Víctor y amiga Ángela en la propia muerte, hasta cuando la memoria desvalije los recuerdos bajo el peso del silencio!
Tito Mejía Sarmiento*
Poeta ganador del Concurso Nacional Metropolitano de poesía, 2001, locutor y docente del Instenalco.

martes, 7 de febrero de 2017



Pequeña crónica de un asalto
¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!

Por Tito Mejía Sarmiento

Las manecillas de su reloj de pulsera marcaban exactamente las 5 y 45 de aquella gélida mañana del miércoles 25 de enero de 2017, cuando Rubén Arano, profesor especialista en Literatura Comparada se montó (calle 96 con carrera 42F) en el bus de la línea Flota Verde que lo dejaría cercano a su sitio de trabajo.

Comenzó a interpretar el vasto silencio de una hermosa universitaria que sentada a su lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras allá arriba el firmamento intentaba cerrar las últimas pavesas de mil ojos.
Quince minutos después y cuando sonaba fortuitamente la melodía “Pedro Navaja”, interpretaba por el salsero Rubén Blades en el dial de una emisora que el conductor del vehículo llevaba sintonizada, se levantaron de sus sillas dos hombres que sincrónicamente gritaron: ¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!
El más alto de ellos tenía un acento del interior del país, de figura enjuta y era el que más puteaba y amenazaba a los pasajeros, mientras le iba quitando las pertenencias de silla en silla. No se veía un alma en toda la avenida mucho menos un policía. Rubén Arano se puso a reparar de reojo las pistolas de los maleantes, ya que le daban la impresión que eran de juguete, para ver si podía enfrentarlos debido a que había practicado por muchísimo tiempo karate, aquel arte marcial de autodefensa, pero mejor optó por quedarse quieto.

Nadie opuso resistencia. El profesor entregó su celular de alta gama, además de 50 mil pesos que llevaba en su cartera, ante la amenazante solicitud del maleante. Acto seguido y, en medio de la confusión, el profesor escuchó otra voz con acento costeño en la parte de atrás que le decía: ¡Hey, tú, ponte de pie, no joda! Era el otro asaltante que había cambiado de posición con la velocidad de la luz.
Rubén notó que la cara del malhechor estaba aporreada por un acné reciente y que su voz salía estimulada quizás por el alto consumo de
drogas. Entonces, se dijo para sus adentros, pensando en sus cuatro hijos y en su mujer: “Esta vaina se jodió”.
_ ¿Por qué venías sentado sobre ese libro?, preguntó el antisocial al profesor.
_ Un libro que voy a regarle a una amiga, respondió sin vacilación.
_Déjame verlo, replicó sorprendido. El atracador abrió el libro y encontró 250 mil pesos que Rubén había guardado en la página sesenta.
_ ¿Y le ibas a regalar además del libro, 250 mil pesos, cabrón? Le refutó con una inusitada soberbia.
Por último atino a decirle al profesor: ¿De qué trata el libro?
_ Pues, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince. Trata de la reconstrucción amorosa, paciente y detallada de un personaje que dedicó los últimos años de su vida, hasta la misma noche en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de los derechos humanos, le detalló Rubén ya sin temor, y ante el asombro de todos, incluyendo al propio conductor, que entre cosas, los asaltantes no le quitaron el producido del primer recorrido, dejando una monumental duda entre todos los pasajeros.
_ Este libro también me lo llevo porque puede servirle a mi hijo que está estudiando derecho, atinó a decir al bajarse con su compinche en el parque Sagrado Corazón de Barranquilla.
Al llegar a su sitio de trabajo el profesor se puso a leer un poema del primer libro que encontró en su compartimiento, casualmente en la página sesenta, titulado “Los hijos de la calle” de Tito Mejía Sarmiento:
Los hijos de la calle, los mismos de miradas rotas en el piso, se levantan con el hambre y se acuestan con las estrellas. Muy a pesar de todo, danzan alegres como el dragón que lanza fuego de presagios despiertos por las escalinatas del día.

Tito Mejía Sarmiento
Filólogo, poeta, escritor, locutor y docente del Instenalco de Barranquilla.
Ganador del Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía (2001)


jueves, 5 de enero de 2017

¡Cuando la polarización intencional distrae para joder a muchos!
A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes sociales,  donde se ve a representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc

Por Tito Mejía Sarmiento
No soy  especialista en temas políticos, pero a raíz de  las repetidas circunstancias que se están viviendo en Colombia con eso de la tan cacareada polarización  y que , un vasto sector de nuestra sociedad no dice nada con relación a ella, entre otras cosas porque los grandes oligopolios  que dominan al país, acolitados de paso por varios medios de comunicación que hacen las veces de genuflexos, lo tienen anestesiado, me he visto en la imperativa necesidad de opinar en esta columna  y eso a mí nadie me lo puede frenar, sobre el efecto sintomático envenenado que está ejerciendo dicha polarización y que se ha venido refractando en determinada dirección  del tejido social del país desde tiempos ha, para joder a muchos, o mejor a ciertos pendejos que no quieren despertar de su letargo.
 A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes sociales,  donde se ve a representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc, el 31 de diciembre del año inmediatamente anterior, en unas de las zonas de preagrupamiento en Conejo (Guajira), algunos congresistas y dirigentes  aliados y no aliados del gobierno, que no son dignos de mencionar en esta columna, porque estoy seguro la dejarían impregnada con sus fétidas conjeturas a cloaca, tratan de utilizar el video como un sofisma para que la gente se olvide de la altísima ola de impuestos de la Reforma Tributaria que muy pronto nos ahogará y que ellos mismos aprobaron casi por unanimidad en el congreso de la República, amén de  los diferentes problemas sociales que han llevado a este país al cadalso en los últimos tiempos de dirigencia Neoliberal. Es preferible, amables lectores que guerrilleros y representantes de la ONU, bailen entre si a que pongan a bailar sus proyectiles sobre la población civil. Bien lo dijo Jorge Luis Borges en su poema conjetural:
Zumban las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se  dispersan  el día  y la  batalla  deforme,
 y  la victoria es de los otros.
O como dice el poeta Carlos De la Hoz Albor en un poemínimo:
Mejor verles bailar que abalear
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
 que la guerra cruenta.
Acabemos de una con esa manoseada polarización peligrosa ya que por lo general, suele estar ligada a la falta de mesura y a la deserción de plática. Cada posición desconoce la validez de la otra, lo que puede derivar en situaciones de intimidación y en diferentes tipos de enfrentamientos violentos. Entonces, como dicen los cubanos:¡Qué sigan bailando hasta que les zumbe el mango!