miércoles, 11 de noviembre de 2009

DOS POEMAS INÉDITOS DE TITO MEJIA SARMIENTO

LA MUJER DEL MARINERO


“Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más”.

Pablo Neruda


Desde hace tres años, los sábados por la tarde, Cleo, la mujer del marinero, va al puerto con toda la paciencia del caso por si llegan noticias de su amado, aquel mulato de ojos negros que después de cada jornada, la hacía derretir con los impulsos posesos de su filoso arpón mientras ella maullaba, maullaba como gata salvaje para calmar su sed de amor hasta las primeras horas de la madrugada, y luego, quedaba como mansa gaviota entre sus gruesos brazos de marinero encendido, dormida más allá de las estrellas naufragadas de Itaca. Hoy, sobre las latitudes de su memoria, se funden océanos de ansiedad que se bifurcan en los planetas de su cuerpo, cuando las sirenas convocan otro puerto con su rumor de agua y los farallones recortan la sed de tanta espera.



EN ESA HAMACA COLOR CAFÉ
“No importa que las luces queden encendidas, ya no somos visibles”
Abilio Estévez


En esa hamaca color café,
la amé tantas veces
que llegué a creer que nuestra relación jamás se acabaría.
Los orgasmos estaban a la orden del día
en ese tálamo hirviente de aventuras
donde nos deslizábamos fácilmente
con el tono izado de cada pretensión en un vuelo sin alas.
En esa hamaca color café,
besé con calma y complicidad sus labios inéditos
y de la línea gruesa de su virgen sombra,
me adueñé definitivamente en aquel verano abisal y callado del 97.
En esa hamaca color café,
me volvió loco, la mujer
que un sin número de veces me decía
que yo solo existía para su cuerpo.
Pero todo es memoria, piel de mi propio presente,
especie de sosiego
o el mismo sol que nutre mis días
en las ruinas ancestrales
que logran cruzarse en la perdurable soledad del espacio.
En esa hamaca color café
que cuelga en las trenzas del viejo olivo,
columpio hoy el misterio de los sueños para siempre.

TITO MEJIA SARMIENTO