jueves, 10 de agosto de 2017

martes, 18 de julio de 2017

Contra toda evidencia, el cuento

Por Tito Mejía Sarmiento*

Diez años estuvo asomado a la vida sin detenerse un solo día, largas noches e incluso madrugadas,  el buen narrador cartagenero, Juan Carlos Céspedes Acosta para regalarnos 24 relatos compilados en su nueva obra titulada “Contra toda evidencia, el cuento”.

Sea el momento para hablar  de los  ordenamientos atrayentes  que
se hallan en el texto, de la magnífica prosa que irrumpe en algunos relatos con una fuerza poética, iconografías que el autor le ha pedido prestadas a su propia poesía, advirtiéndonos que el cuento nace precisamente para ser contado desde todo punto de vista sin importar su placenta. De capital importancia, el estilo dialogado y sencillo que emerge de hechos trágicos en muchos de estos cuentos con una leve influencia  de Edgar Allan Poe, Juan Rulfo, Franz Kafka y Ernest Hemingway, sin caer en la imitación sino en  la señalada teoría del Iceberg organizacional de sus elementos, donde la parte consciente de los personajes de Céspedes, despierta a la inconsciente a simple vista, más allá de los cánones dictados por la propia secuencia gradual elegida y, la imperativa brevedad de los relatos que entre otras cosas,  generan una profunda reflexión en el lector que se enfrenta de paso a una lucha existencial con el  amor, la traición, la muerte, el caos social, como si él fuese otro personaje más y cuya vida puede transitar transparentemente alrededor de la órbita sideral de la misma narración, es decir el reflejo de una identidad siempre en búsqueda de la cual nos habla Cortázar.

Acercarnos a estos cuentos de Céspedes, es de algún modo un acto placentero, un catálogo de experiencias propias a favor del género literario que nos lleva a una realidad llamada ficción, la misma  donde solo se construye un mundo sobre otro ya demolido de común acuerdo con la propia esencia liberadora de los condicionamientos sociales.

No dudo un segundo en recomendar este texto “Contra toda evidencia, el cuento” de Juan Carlos Céspedes Acosta, quien con seductora franqueza nos revela una narración prácticamente omnisciente  a través de 136 páginas que ocasionan la magia que se conoce con el nombre de literaturización de la realidad.

Arresto, calidad, misterio, intimismo  en su escritura, es lo que hallará quien desde ya desee penetrar en esta estancia de narraciones que a continuación relaciono en un orden de prioridad con todo respeto del autor, lo cual equivale a una aproximación subjetiva de los temas en cuanto a gustos: Éxodo, Anábasis, Fiona, El ruido, La dialéctica de la bala, Solo vine a morir a este pueblo, El último jacobino, El cerezo siempre florece, Los ojos de otros, mis ojos, Café para dos, El secreto de las puertas, Señales, El sexto elemento, ¿Alguien más quiere leer?, Por aquí es peligroso, Un crimen perfecto… 

Buena por Juan Carlos quien logró establecer  un adecuado contexto a través de las distintas historias que conforman este libro, allende de la deducción de la fábula y de  sus representaciones dionisíacas.

Tito Mejía Sarmiento*
Filólogo de Universidad del Atlántico, poeta y locutor profesional.

sábado, 17 de junio de 2017



Si en este mes de junio, considerado el mes  del padre, estuvieras a mi lado, viejo César Mejía Pizarro (TITO)!
Por Tito Mejía Sarmiento

Imposible silenciar tu voz de mis oídos, papá.
Borrar tu imagen de mi memoria, también es imposible.
Desprender tu abrazo de mi cuerpo, es mucho más que imposible.
Tu piel es mi piel, viejo Tito.

Recojo el abril de tu vida para la mía, mi viejo amado.
Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro,
porque los guardaré en mi corazón,
y tu inteligencia de contador empírico,
y hablante de dos idiomas (Español e Inglés) mucho menos,
porque será el manual de presencias
para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas,
mi contertulio amado.

Ahora cuando acudo a los predios de mi infancia,
me acuerdo de ti, enseñándome
cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido”
que me trajo el niño Dios por los años 60,
mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson, mis otros hermanos,
se retorcían en cólera porque sus barcos piratas
no querían partir de aquel puerto imaginario
de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe
en el inmenso patio de arena blanca de su casa.

Cómo olvidarme papá,
de la cotidianidad de tu mundo interior
que transportabas a la esfera de la ternura
de mi madre Eloina, quien entre otras cosas,
te aguantó durante muchos años,
las travesuras del Casanova enamorador
que fuiste y ella  en su candor débil y triste,
te  esperaba impacientemente en la terraza de la casa
como si te hubieras ido de viaje.
A lo mejor ahora en el cielo, tú y ella estarán bailando magistralmente,
la canción “El Guayacán” interpretada por Lisandro Meza
que tanto te gustaba y por supuesto, el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.

¡Papá, yo quiero ser tu yo, disperso en mil amores!
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta,
rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado,
toca el portón de las angustias,
traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza,
mientras las huellas de la vida
quedan impresas en los ojos del alma
para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Entonces, sólo quedan entre otras cosas,
las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas
y el cenicero con el último cigarro que fumaste
mientras jugabas dominó todos los domingos
en “El Nuevo Mundo” con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio,
mis tíos Néstor y Gustavo entre otros,
la infaltable botella de menticol
y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche,
en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
Y también por supuesto, quedan Bertha, Vilma,
Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra
y Kito escuchando tus pasos
con un amor verdadero y transitando caminos
sin tus manos por el resto de la casa.
Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido.
¡Qué orgulloso me siento de ti, papá!
¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!

Tu hijo, Tito Mejía Sarmiento.
Poeta Colombiano

martes, 13 de junio de 2017

¿Y si Marco Coll Tesillo  hubiese  nacido en Argentina?
Por Tito Mejía Sarmiento

A raíz de la muerte del “Olímpico” Marco Coll Tesillo, gran jugador de fútbol profesional, ocurrida el 6 de junio de 2017 en su natal Barranquilla y, ante el alud de elogios superlativos por parte de la prensa hablada y escrita de nuestro país y de  todo el orbe a su notable carrera deportiva en muchos estadios, se me vino a la mente enseguida una pregunta con la cual doy  título a este escrito: ¿Y si Marco Coll Tesillo   hubiese  nacido en Argentina?
¿Qué hubiera pasado se preguntarán ustedes, a lo mejor? Pues, conociendo  el valor, el ascenso social y el reconocimiento que los argentinos saben proporcionar a sus futbolistas, por lo menos: estatuas, monumentos, esculturas o escenarios se hubiesen levantado en su nombre desde el mismo año 1962, cuando le anotó en el estadio Carlos Dittborn de Arica, Chile (minuto 23 del segundo tiempo)  el primer y único gol olímpico que hasta ahora se haya  marcado en toda la historia de un campeonato mundial organizado por la Fifa, al mejor arquero del mundo según los entendidos: Lev Yashin (la araña negra), quien entre otras cosas, es el único guardameta que ha ganado el balón de oro. (Cabe destacar que  nuestro país participaba por primera vez en un campeonato de esa magnitud, igualando a cuatro goles con su similar de la Unión Soviética, cuya sigla era C.C.C.P. Tan importante fue aquel resultado que al año siguiente,  con la transparencia de los amaneceres y aún con el lenguaje del deseo vivo, en nuestra nación se rebautizó la semántica de esa sigla para mofarse de los Rusos por “Con Colombia casi perdemos”).
Pero lo enfadoso del caso, es que Marco no nació en Argentina sino en nuestro país, donde la clase dirigente nunca le ha importado un bledo el bienestar de los futbolistas sino los millones que entran con facilidad pasmosa en las  alforjas de la entidad deportiva. Y esto, estimados lectores lo digo con conocimiento de causa porque en los últimos siete (7) años en la vida del “Olímpico”, tuve muchos acercamientos con él y con sus  cinco (5) hijos: Marcos, Mario Alberto,  Orlando, Fabián y Omar, quienes siempre me hacían hincapié de las promesas que nunca se cumplieron relacionadas por ejemplo con  una casa y una pensión por parte de la Adefútbol, hoy Federación Colombiana de fútbol para el “Olímpico”. Marco tuvo que irse a trabajar a las minas del Cerrejón en la Guajira para poder obtener una pensión y lograr de alguna manera capacitar a sus hijos.

Ojalá, a este exjugador creativo del medio campo que fue muy jovial con la vida, con toda su familia, con sus amigos(as), con el fútbol, que  se consideró un hombre muy creyente y sensible, al que le dolieron  las injusticias sociales en el mundo y para demostrarlo  cada vez que hablábamos me declamaba un  verso muy visceral de la poeta tolimense, Esperanza Carvajal Gallego: “...de nada nos sirve sentirnos más que los otros, si dentro llevamos el reloj que nos oprime por igual en esa batalla que nos  estruja el alma”, se le eternice la memoria bautizando con su nombre, el complejo deportivo que se está construyendo por parte de la Federación Colombiana de Fútbol sobre la avenida Circunvalar, en Barranquilla,  y se cumpla por fin con  la promesa de  su anterior presidente Luis Bedoya, quien eufórico ante la alcaldesa  de ese entonces, Elsa Noguera y miles de  invitados dijo: “sería un justo homenaje a Marco Coll,  una leyenda viva del fútbol internacional”.
Ojalá que el actual presidente de la Federación Colombiana de fútbol, Ramón Jesurún y el alcalde Alex Char, quienes entre otras cosas son barranquilleros, le cumplan  a Marco Coll Tesillo. (Que casualidad hay en la vida,  cuando el campeonato mundial de fútbol  se va a jugar en el 2018, justamente en los estadios de Rusia,  el país más extenso del mundo y  a  cuya selección le marcó categóricamente el gol histórico). Si esto sucede, tengo la absoluta convicción de que Marco Coll Tesillo  los  aplaudiría  desde lo más alto del  estadio celestial con sumo placer y de paso, el mejor locutor deportivo de Colombia en todos los tiempos, Édgar Perea Arias, narraría con su vibrante calidad de siempre el segundo gol olímpico de Marco como en su momento lo hiciera Gabriel Muñoz López con el primero. “Ver para creer”, solía decir Santo Tomás.
Equipos donde militó, amén de integrar la Selección Colombia:




jueves, 18 de mayo de 2017

sábado, 29 de abril de 2017



¿Por qué mataron a mi hermano, si era tan bueno?
Nelson Ricardo Mejía Sarmiento In Memoriam, médico y filántropo (1956 - 2004)

Por Tito Mejía Sarmiento

El 29 de abril del 2004, quedó imbricado en mi alma para siempre, en el de mi familia y por supuesto, en el de muchas personas de Santo Tomás (Atlántico). Ese día le segaron la vida a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, propinándole alevosamente dos disparos en la cabeza a escasos metros del DAS en Barranquilla. El presidente de Colombia era Álvaro Uribe Vélez.

Trece años después, nos seguimos preguntando el porqué mataron al médico de la eterna bondad, por qué mataron aquel niño delgado que corría detrás de un balón en la arenosa Calle Granada al final de los años 50s, el porqué mataron al mismo niño enjuto, de orejas grandes que simulaba curar con unos alambres eléctricos que hacían las veces de estetoscopio, a otros niños de su edad.

¿Sería porque era un facultativo de la Medicina, exitoso y competente?

¿Sería porque Nelson era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos o sencilla y llanamente porque regalaba las medicinas a muchos pacientes, fundamentalmente los más necesitados?

¿Sería porque Nelson era un líder genuino, honesto, que apareció cuando nuestro pueblo, Santo Tomás, atravesaba por una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de la historia, y logró catapultarlo en las dos oportunidades (de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007) en que fungió como alcalde, a la cúspide del progreso? De ahí el estribillo famoso que aún los Tomasinos recuerdan con afecto: “Con Nelson las obras sí se ven”

¿Sería porque los habitantes de Santo Tomás, como lo amaban tanto, lo eligieron dos veces alcalde con la votación más alta en la historia popular del municipio?

¿Sería porque le dio la oportunidad a varias personas con limitaciones físicas para trabajar: Armando Fernández, Rafael Manga Charris, Martha Fontalvo Badillo…, demostrándoles a muchos incrédulos que esos seres humanos podían ser útiles también a la sociedad?

¿Sería porque venía creciendo vertiginosamente en la política? ¡Ya lo estaban postulando para la Cámara de Representantes o el Senado de la República!

¿O sería como escribió en una oportunidad el gran escritor Ramón Molinares Sarmiento: “A Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo aman porque es un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”?

¿Sería porque llegó a ser padrino de más 400 niños(as) de Santo Tomás y poblaciones circunvecinas?

¿O Sería porque “Fuerzas Oscuras” simplemente querían quitarlo del camino porque no se dejaba sobornar, según reportes de prensa?

¿O sería porque sus rivales políticos ya no podían ganarle y…? ¡Tú sabes, dice un carismático sacerdote del Caribe!

El escritor y sociólogo Pedro Conrado tenía razón cuando me comentaba en el sepelio de Nelson que “En Colombia muchos conciudadanos no alcanzaban a llegar a los 50 años (Nelson tenía 46 años), porque las manos de la muerte les truncaban violentamente la vida. Tu hermano Nelson, por ejemplo, quería vivir 100 años, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, mi estimado Tito, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.

Yo sé que en este país la justicia vale una... De todas maneras, confiamos en que el crimen no quede impune como hasta ahora. Necesitamos saber la verdad para acabar con esta incertidumbre que todas las mañanas se asoma por las ventanas, burlándose de todos nosotros, mientras el día se expone al sentimiento y, en el mar de los ojos de toda la familia, se balancean grandes olas de tristeza, todavía.

Santo Tomás, 29 de abril de 2017.



miércoles, 5 de abril de 2017




¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!
(13 años de su asesinato)
Por Tito Mejía Sarmiento, en clave muy personal

Con la llegada del mes de abril, el alma de mi familia se hincha más de dolor y angustia por el vil asesinato de nuestro amado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. Aquel aciago 29 de abril de 2004 a las 12:45 de la tarde, cuando mi hermano Nelson contaba con 43 años y fungía como alcalde de Santo Tomás, recibió dos disparos en la cabeza que acabaron con su vida, de parte de un sicario por encargo, frente a la sede del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.), siendo presidente Álvaro Uribe Vélez.
Desde entonces, se ha acudido sin descanso a diferentes instancias judiciales de la nación e incluso foráneas con el enorme propósito de esclarecer ese homicidio o mejor, conocer  quiénes fueron los autores determinantes (intelectuales) del mismo, pero el esfuerzo hasta ahora cuando han transcurrido trece (13) años, no ha surtido ningún efecto, lo que demuestra que la Justicia Colombiana sigue siendo  la alcantarilla que emana diariamente los olores más pútridos del globo terráqueo.
Para conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los ojos de todos!)

Y cabe también recordar que minutos después del homicidio,  muchos  habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores políticos…Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó militarizar todo el pueblo por varios días y decretó  convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de junio de 2004.
Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.

Todavía se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del pueblo.

¡Todo sigue en la impunidad! ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive! Por eso, mi madre hermosa Eloina Sarmiento Charris, a pesar de haber perdido bastante la memoria a sus 87 años de vida y no es para menos, con justa razón  se pregunta en los momentos de lucidez mientras en el  mar de sus ojos, solo se balancean grandes olas de tristeza: ¿Entonces, quiénes mataron a mi hijo Nelson? En la búsqueda de esa respuesta muchas personas comenzamos a incorporar un collage de textos, fotos, novelas, poesías, panegíricos, recortes de periódicos que parecen inconexos pero que juntos transmiten, un universo personal, tangible, con inquietudes, virtudes... Incluso todos los días, hacemos un pequeño recorrido aleatorio (instantes de su vida) que me parece fundamentalísimo y que de alguna manera sentimos que  definen a Nelson.
Sin temor a equivocarme creo que mi hermano Nelson curaba con sus ojos llenos de afectos y su voz baritonal, específicamente cuando se trataba de infantes. Porque no hay, no pasa por la mente del hombre ni un solo concepto que no sea afectivo, en grado mínimo o en grado sumo. Y el  médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento al intuir una realidad cualquiera, su querencia estaba implícita en su misma comprensión con los pacientes, a quienes veía como tales y no como clientes. Definitivamente, Santo Tomás y otros  pueblos circunvecinos tenían en Nelson a un filántropo de tiempo completo. Y no se puede dejar a un lado, la significativa influencia que Eros ejerció sobre Nelson, galán de noble estirpe, que hermosas mujeres configuraban su producción idílica como un cáliz maravilloso que permitía apurar los ensueños de la pasión. Puedo afirmar que Nelson antes que amar a mujer alguna,  jugó su febril corazón al azar y se lo ganó el mismo amor. Nelson tenía una idea perfeccionista del Romanticismo, y por eso se enamoró muchísimas veces, en busca de ese amor ideal que sólo lograba encontrar bajo la madrugada de sus ojos.  
¡Cómo podré borrar de mis retinas, su ataúd cubierto de flores, panegíricos, canciones, poesías, afiches y estampas entregadas por personas conocidas y desconocidas que también lloraban su muerte!¡Cómo olvidar a la multitud dando vivas a su nombre, aplaudiéndolo y pidiendo justicia bajo el torrencial aguacero de aquel primero de mayo de 2004. Ni aquellos abrazos solidarios que recibí esa mañana, de personas que al estrechar mi cuerpo, se sentían lo mejor un poco más cerca de Nelson! Si el sentido de la vida es llegar a ser querido, sé que mi hermano Nelson partió pleno.
¡Nelson ya no está, eso es cierto! Lo más terrible de la muerte es el propio vacío, la ausencia eterna de su materia. Ya no puedo volver a abrazarlo, mamarle gallo, pelear con él… Tampoco podemos seguir añorando a Nelson sin ser consecuentes con las reflexiones y retos que nos legó. Su erguida herencia ante todo creativa, combativa, trabajadora, emplaza a todos los tomasinos y tomasinas de hoy a investigar para la sana discusión, para no dejar en el estricto pretérito los hechos que construyeron y cambiaron a nuestra amada tierra tomasina antes y después del gran líder llamado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!