sábado, 9 de diciembre de 2017





El popular "papa lindo" estampándole un beso a mi hermano NELSON, por haberle mandado los aguinaldos el viernes con la lotería de Medellín, cuando anotó el número 429, que está relacionado con la fecha de su asesinato por la espalda, el 29 de abril del 2004, cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez y gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega.

Ganaron miles de tomasinos, según informaciones de las apuestas.

martes, 5 de diciembre de 2017



429, otra vez el aguinaldo de Nelson Mejía Sarmiento




Por Tito Mejía Sarmiento

Expresarlo todo, detallarlo todo, es a veces uno de los propósitos del amor que se tiene por un hermano, y sobre todo cuando se trata del caso de un ser extremadamente bueno con el prójimo como Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, quien en vida lo dio todo de sí e incluso lo sigue dando a pesar de estar muerto.

Cabe enfatizar entonces, que el médico Nelson sigue favoreciendo, curando enfermedades en su natal Santo Tomás, Atlántico a través de jaculatorias que le hacen sus incontables seguidores ya sea desde sus propias casas o en visitas a su sarcófago y, lo más insólito, a través de juegos de azar, llámense chances o loterías, como ocurrió el pasado viernes primero de diciembre de 2017, cuando el premio mayor del sorteo de la lotería de Medellín fue 7429, fecha que se relaciona con el cruel asesinato de Nelson, ocurrido, el 29 de abril de 2004, cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, Atlántico, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, frente a las instalaciones del DAS en Barranquilla.(El homicidio sigue en la más completa impunidad para desespero de su familia)

Según informaciones provenidas de Santo Tomás, propios y extraños resultaron ganadores con altas sumas de dinero al apostar el número mencionado, una especie de aguinaldo que desde hace 13 años ya se ha constituido en una inveterada costumbre para ellos, en el comienzo y cierre de cada diciembre.

Entonces, el ímpetu de lo que se vive con Nelson en estas circunstancias, genera en mí una dupla que alerta, un retrato de palabras, (de palabras- retrato) en el que la realidad se ovaciona y se salva, se indaga y se extraña con una sincretización numerológica que solo se veía en la Mitología Romana. Es decir, esa vida y esa muerte que pueden ser recitadas, redobladas, con un tono profundamente confesional, más fraterno, más concluyente y más rompible a la vez que la vida real misma, sin perder por ello, el tono lírico que atrapa en el aire las palabras que velozmente parecen pasar con los años en todos sus matices y universos que conforman un momento vivido, o porque no una sucesión de momentos vividos, es decir, la suma de la propia vida que merece ser vivida y sustentadas en imágenes formuladas o en himnos órficos como en su momento lo hiciera Orfeo.

Para conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los ojos de todos!)



Y cabe también recordar que minutos después del homicidio, muchos habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores políticos…Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó militarizar todo el pueblo por varios días y decretó convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de junio de 2004. Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.

Todavía se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del pueblo.




Tito Mejía Sarmiento

Filólogo, locutor y poeta

Ganador del V Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, organizado por la Universidad Metropolitana de Barranquilla, en agosto de 2001; Ha publicado los libros de poemas: El ojo ciego del planeta; La suma de las noches; Crónica de los días; De la ciudad y sus amores ajenos.







sábado, 4 de noviembre de 2017



Confesión de vida triste
Aprovechando la  lucidez momentánea de la loca Betulia
Por Tito Mejía Sarmiento
Betulia me dice que tiene 40 años de edad y yo le creo en esta ocasión, porque me está hablando con el amable toque de la cordura y no con  el desparpajo de la insania que porta casi todos los días, en una esquina del paseo Bolívar con la carrera 43, en la caribeña ciudad de Barranquilla, donde suele frecuentar el resto de su tiempo, si es que a eso se le puede llamar así.
Betulia o simplemente Betu, como se le conoce por esos lares, es una mujer demasiado hermosa: ojos inmensamente marinos, piel canela que guarda el sol  para la lluvia del mañana, cuerpo apropiado, como diría un poeta para eternizar el amor. Su  abultado cabello negro aparentemente bien cuidado llega  a hacerle juego con el largo vestido rojo que luce hace más de un mes y que según ella, solamente  piensa cambiárselo por otro de color verde oliva, la próxima semana.
Le digo que me hable de su pasado y, llevándose levemente su mano derecha a la boca, me manifiesta con enorme voluntad que fue abusada sexualmente por su propio padrastro, un Viernes Santo a las 12 del mediodía, cuando ella tenía 10 años en su natal Fundación, en el departamento del Magdalena.
Unas lágrimas ruedan por sus mejillas, aprieta sus labios, mira para todos los lados, balbucea por momentos cuando continúa diciendo que “un  salvaje se aprovechó de mí cuando estaba sola en la casa porque mi mamá había salido para Aracataca a dar un pésame por la muerte de un familiar. Fue algo horrible y decidí irme para siempre de mi casa, sin avisarle a nadie, como  aquella ave que un día  emprendió su vuelo para nunca más volver a su nido, movida por el temor de ser víctima de otras aves rapaces con los consabidos acosos y abusos  sexuales”.
Noto que  su mirada carga soledades y el ceño de su rostro de proverbial belleza se frunce, cuando un transeúnte intenta galantearla lanzándole un beso al aire, y que ella esquiva en el acto con el temor infundado de la misma mujer que entró en un cuadro de depresión hace más de tres décadas, mientras la luna llena  de Barranquilla, esa luna chiquitín,  chiquitica, morenín, morenita como dice el inolvidable verso de Esther Forero, parece  conocerle todos sus secretos y le  debilita por instantes todos sus devaneos  a las 8 en punto de la noche de aquel sábado  21 de octubre de 2017.

En un descuido de la conversación, Betulia, cuyos apellidos no recuerda con exactitud, se agacha para extraer de una caneca de la basura, una lata abierta de sardinas, (luego me daría cuenta que tenía fecha de vencimiento caducada), para comerse lo que resta de ella.
Le digo que quiero ayudarla, recuperar parte de su pasado, y le prometo llevarla a un centro psiquiátrico, pero me suelta una risotada con estentóreos  gritos que albergan el silencio de la noche que avanza desesperadamente hacia las perennes sombras: “¿Para qué me quiere llevar a esa cosa? ¿Usted me cree  loca, señor?”,  riposta con vehemencia.
Dejo pasar unos diez minutos, mientras  se pasea en derredor de sí misma,  obnubilada,  como si sus pies descalzos no encontraran  ningún pavimento de apoyo e intenta  hablarme más fuerte para acariciar quizás  en una especie de fantasía despierta, chispazos pretéritos.
Luego, me dice repetidas veces en unos fugaces segundos de lucidez, que me espera mañana a la misma hora, en el mismo lugar de siempre.
Así lo hice, pero Betulia no acudió a la cita. Comencé desesperado  a indagar por ella, pero nadie daba razón. Hoy, 11 días después, pregunto por Betulia, la muchacha que se maquilla por las noches, que dice soñar despierta, que vaga  sin rumbo fijo con un trastorno mental no progresivo, y que en su  constante trasegar por la  vida lleva imbricada en su alma  la figura horripilante de su padrastro.
Desde entonces, acudo todas las noches a la esquina del Paseo Bolívar con la carrera 43 de Barranquilla, con la esperanza de verla nuevamente para intentar rehabilitarla con la ayuda de especialistas particulares y para que no siga siendo una mujer  más, como dice el colega Miguel Ángel Rojas Arias, abandonada, ignorada, vilipendiada por la sociedad estatal como si  fuera una especie silvestre, que no necesita más apoyo que el sol y la lluvia.


martes, 3 de octubre de 2017



Cuando un amigo profesor se va

“Murió el profesor  Etiel Morales Fontalvo”, le oí decir con  voz quebrada por el inmenso dolor, a través de la línea telefónica, la noche del 30 de septiembre de 2017, al escritor amigo, Pedro Conrado Cúdriz. Quedé mudo por varios minutos y respiré profundo para continuar la conversación. Horas después, no podía dormir pensando en el gran maestro de los años 70, en el Colegio Nacional Oriental de Santo Tomás, hoy simplemente Oriental.

Lo veía con su reír de niño travieso esparciéndonos con excepcional facilidad sus enormes conocimientos  de las implicaciones tautológicas, sus números volando en el tablero, consejos comportamentales, anécdotas graciosas, palabras cuánticas midiendo injusticias,  el flanco ordenado, la vida que pensábamos como formadores de generaciones futuras; todo eso apoyado, en un clima de familiaridad, de incumbencia, de libertad responsable, de amistad y de compromiso con todos los valores propuestos por nuestra amada institución orientalista.

¿A qué estudiante del Oriental, por ejemplo, se le va olvidar cuando el profesor Etiel lo pasaba al tablero y con voz barítona le decía: Dale tigre, resuelve por favor, el teorema de Pitágoras que  describe una relación especial entre los lados de un triángulo rectángulo? O hállame la respuesta del problema clásico del tabernero  matemático inglés Henry Ernest Dudeney que    compra seis barriles con capacidades de 15, 16, 18, 19, 20 y 31 litros respectivamente, mientras pregunta  cuál es la capacidad del último barril.

En esa geometría de las ironías del profesor Etiel y el aprendizaje del alumno flotaban las horas de lunes a viernes, en una jornada única e imborrable para todos nosotros.

Se suele decir que el licenciado Etiel Morales Fontalvo como todo buen matemático, aunque esto probablemente suene exagerado,  predijo la fecha de su muerte observando que cada día dormía quince minutos más que la noche anterior y calculó a lo mejor que fallecería aquel día que durmiera veinticuatro horas, y eso sucedió exactamente cuando un micro sueño lo traicionó,  mientras conducía su camioneta en la carretera oriental en el tramo comprendido entre Malambo y Sabanagrande.

Hoy sentimos un puñal que surca los espirales de nuestros corazones y llevamos el peso de un hombre adjunto a nuestra admiración que,  pareciera que viviese en un sueño largo y profundo, un hombre que nació del vientre de una humilde mujer, doña Clara Fontalvo, mujer que lo formó decidido y vigoroso como al resto de sus hijos  y que ahora  se nos difumina en medio de un mundo dividido, fragmentado por una ambición sin color, raza, religión, un mundo que se detiene en nuestras sábanas como el manso cachorrillo que se asoma a la odisea de la vida cuando la noche tiene ojos para todas las sombras y oídos para todas las melodías, no importa que el otoño queme las rosas.
Y hoy por casualidad estrenamos juntos ese otoño, donde la nostalgia está cosida a mano como ese delantal que guarda en su ropero mi madre, como dice un bello verso de la poeta hondureña Mayra Oyuela.
Mi solidaridad total para su esposa, hijos, hermanos y demás familiares.

Tito Mejía Sarmiento, poeta, profesor y locutor Colombiano
Santo Tomás, 2 de octubre de 2017

lunes, 4 de septiembre de 2017

El gran momento de la izquierda en Colombia


El gran momento de la izquierda en Colombia

Por Tito Mejía Sarmiento

Ya comenzaron a lanzarse como patos al agua, varios precandidatos para las elecciones del 2018, a la presidencia de Colombia, prometiendo lo humano y lo divino, como si la gente “comiera ya de esas carretas”. Y algunos con un cinismo enorme porque después de pertenecer a los partidos políticos que han mancillado durante largos años a los habitantes de la nación, verbo y gracia, Liberalismo, Conservatismo, Centro Democrático, Cambio Radical, Partido de La U., ahora pretenden a toda prueba, recolectar las firmas necesarias para respaldar sus aspiraciones presidenciales. Es decir, otra trampa mortal para nosotros. Bien lo dijo el columnista Felipe Morales Mogollón que “la proliferación de esas candidaturas deja en evidencia que no necesariamente se trata de una alternativa democrática, sino, por el contrario, una forma de pasarse por la faja la normatividad, la ley…”, así que ojo al parche, amigos y amigas, como decimos en el Caribe Colombiano.

Tengo la plena convicción por la crisis de partidos en grado sumo que está atravesando el país con tanta corrupción gubernamental, violencia en las calles, hambre en los hogares…, que ha llegado el gran momento para que un candidato del ala izquierdista llegue al primer solio presidencial.


Los candidatos de la izquierda, solo deben tener táctica política (aunar esfuerzos, dejar las fragmentaciones a un costado) y sobre todo, mucho cuidado con sus vidas para que no corran con la misma suerte de muchos líderes: Gaitán Ayala, Galán Sarmiento, Pizarro LeonGómez, Gómez Hurtado, Pardo Leal, Jaramillo Ossa, Cepeda Vargas  que cayeron bajo las balas asesinas del fascismo, grupos paramilitares y de la propia derecha obstinada de esta nación.

La gran mayoría de los colombianos conoce hasta la saciedad que los partidos tradicionales están sobreviviendo desde varios años gracias a la burocracia, al manejo de las famosas  mermeladas, pero ya dejan mucho que desear como partidos desde el aspecto ideológico y organizativo. Y ni hablar de las primíparas organizaciones políticas que todavía les falta mucha melena para recogerse los  moños.



jueves, 31 de agosto de 2017

¡La familia se une alrededor de Barranquilla World Picnic!

¡La familia se une alrededor de Barranquilla World Picnic!

jueves, 10 de agosto de 2017