viernes, 6 de julio de 2018





Palabras en el matrimonio de Cinthya y Omar

¡Buenas tardes, familiares y amigos(as)!

Estimada hija, estimado yerno:

Hoy 5 de julio de 2018, cuando ustedes unen sus vidas por el lazo matrimonial civil, quiero instarlos a caminar juntos y asidos de las manos por el sendero de la felicidad. Si por algunas circunstancias, tropiezan, sepan levantarse en el acto, para que comprendan que el dolor no tiene límites ni fundamentos sino que es un giro inesperado de la cabeza hacia el vacío para convertirse en tan corto tiempo, en heredero aspirante de mejores días, es decir, en una pista de esperanzas, para que puedan de paso, mezclarse de nuevo en la batalla de la vida, eso sí, sin rendirse siquiera ante la evidencia de ese desierto terrenal que a plena luz responde por todos nosotros. ¡Qué sean como los dos colibríes que se besan en el aire sin llegar a fracturarlo a pesar de que a la caza de lunas no se les escapa la noche cuando el frío arropa la vigilia!

Omar, quiero manifestarte con la seriedad que me caracteriza que hoy te llevas una parte excepcional de mi vida, una muchacha emprendedora que no solo marca un punto de inflexión en su calzada, sino también en la mía. Por situaciones de la vida, Cynthia se ha criado siempre conmigo desde que nació, por lo que nuestra relación de padre e hija se ha desarrollado de una manera más intrínseca de que la que suele darse en otras familias, al menos hasta donde yo tengo conocimiento.

Imposible por ejemplo, no mencionar en estos instantes, cuando a sus escasos 5 meses de nacida, sus hermosos ojos negros se adormecían mientras le musitaba en sus oídos: “A la nanita nana, nanita nana, nanita ea, mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea”, la tradicional canción de cuna, en los hilos de una noche decembrina. Vivo está el recuerdo cuando a sus 5 años le dio varicela, y ella en su inocencia me besaba en la mejilla y me abrazaba para que a mí también se me pegara, diciéndome: ¡No la quite, no la quite!..., mientras su mamá Myriam Charife se moría de la risa. Y por supuesto, vivos también están los momentos, cuando mi hermano, el médico Nelson Mejía, asesinado vilmente por la espalda cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, el 29 de abril de 2004, frente a las instalaciones del DAS, en Barranquilla, en una ocasión me dijo que si una de mis hijas de las que vivían en el Concorde de Malambo: Jerime o Cinthya se le podían medir a vender ciruelas en plena puerta de la casa o en el colegio, porque en su finca la Juntera, la cosecha se estaba desaprovechando. Les comento que Cinthya me asintió con la cabeza sin ningún recato que ella lo haría. Desde ahí, la visioné como una chica de armas tomar para los negocios. Hoy tiene una microempresa World Picnic que viene abriendo surcos en la ciudad de Barranquilla y el departamento del Atlántico con lujo de competencia. En fin, hay muchas imágenes almacenadas en lo más profundo de mi alma acerca de mi hija Cinthya que podrían ser contadas y plasmadas en un libro de aquellas horas compartidas por ejemplo en una habitación del Concorde, de Ciudad del sol o del Tabor donde hemos vivido. Y para terminar, no puedo echar al olvido tampoco, las cartas que me escribe a mi correo cada vez que cumplo años de vida, siempre tan finas, plenas de amor como una prueba de que a veces, entre los seres humanos, en este caso: padre e hija, la poesía puede causar quimeras imborrables aunque el tiempo pase.

¡Omar, por favor, hoy delante de estas egregias personalidades, te pido en grado sumo y en nombre de tu padre, Marcos Coll Tesillo, único astro del fútbol en hacer un gol olímpico en un campeonato mundial, que quieras, respetes a mi Cinthya para el bien del consorcio familiar! Como su progenitor, debo decir ante ustedes que, caminar junto a ella llevándola cogida ahora de su brazo hacia el que será su esposo por el resto de sus vidas, es un gran honor para mí y por eso estoy emocionado hasta los tuétanos.

Cinthya, hija consentida, te llevas a un gran ser humano, joven, guapo, e inteligente que estoy completamente seguro te dará a lo mejor, lo que yo no he sabido darte por algunos entornos. Por todo eso, mi apreciado Omar, y por el incondicional amor que has manifestado hacia mi hija desde el primer día que la conociste, te estaré perpetuamente agradecido. ¡Te entrego a mi hija Cinthya, mi apreciado Omar! Y recuerda que la mujer es donde termina el hombre y en este caso, Cinthya es tu esposa, pero seguirá siendo mi hija. ¡Qué el Todopoderoso los acompañe en este lazo matrimonial civil desde hoy y siempre al lado de los hijos(as) que deseen tener y que brille en cada uno de sus ojos el arcoíris de la felicidad!

Por el cumplimiento de este deseo les pido a todos ustedes, familiares y amigos(as), que brindemos por esta pareja.

Tito Mejía Sarmiento, filólogo, locutor y poeta de Colombia.

Barranquilla, Movich Buró 51 B., 5 de julio de 2018.







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