lunes, 25 de enero de 2016

Gustavo Barros González, el cantante original de “Que me coma el tigre”
Por Tito Mejía Sarmiento *
De una casa pintada en su totalidad de blanco en el barrio San Nicolás de Barranquilla, emana una voz  a  capela con un dejo de nostalgia, mientras en el cielo en ese preciso momento cruza rauda una bandada de pájaros, en el atardecer del 5 de enero de 2016:
 “Tú lo que quieres es que me coma el tigre,
que me coma el tigre,  que me coma el tigre,
mi carne morena. 
Tú lo que quieres es que me coma el tigre,
que me coma el tigre, que me coma el tigre,
mi carne  está buena. 
Tú lo que quieres es que me coma el tigre,
que me coma el tigre, que me coma el tigre,
mi carne es sabrosa.
Tú lo que quieres es que me coma el tigre,
que me coma el tigre, que me coma el tigre,
déjate de cosa… 
Entonces, me subo en el árbol, me subo en la loma, me tiro en el río.
El tigre se sube en el árbol, se sube en la loma, se tira en el río.
Entonces, me salgo del río, me meto en tu casa donde no me vea.
El tigre se sale del río, se mete  en tu casa, la cosa está fea”.




Es la voz de un hombre que hoy, a pesar de sus 76 años a cuestas, sigue en la brega de la música tropical colombiana con su propia agrupación “La Cuqui Band”, alegrando las fiestas en clubes sociales de la Arenosa  y varios rincones del departamento del Atlántico.


Me recibe efusivamente haciéndome pasar a su hogar. Hogar construido a punta de voz. Un hogar que no posee vigas ni cimientos, solo el vibrato de su voz lo sostiene. Es decir, la música ahí está apresada en los hilos de los días. Su esposa Ana Santos y cuatro de sus trece hijos del matrimonio, allí presentes, me miran sorprendidos como diciéndose para sus adentros: ¡Al fin se acordaron de Gustavo Barros González, el cantante original de Que me coma el tigre!
Sí, el mismo que viste y calza, Gustavo Barros González, el intérprete de  una de  las canciones más populares de Colombia, compuesta por Eugenio García Cueto, quien entre otras cosas, le incluyó una especie de epanadiplosis en una de sus estrofas. Esa melodía fue  grabada por Nelson Díaz y el combo de Duque Palomino  en   1968 (Sello Tropical), para ser más exacto, en pleno carnaval  de Barranquilla, presidido por la bellísima y alegre soberana Rocío García Bossa.




Matemáticas o  Música
Después de haber recibido el título de bachiller otorgado por el Colegio Barranquilla para  varones,  Gustavo Barros González sentía que  el gusanillo de la música  le hacía cosquillas por dentro, muy a pesar de que sus padres al ver los buenos resultados obtenidos por él en Matemáticas, le insinuaban  una licenciatura en esa área, en la Universidad del Atlántico, pero Gustavo, el enjuto adolescente nacido un 9 de marzo en el barrio Abajo de Barranquilla, sabía perfectamente que las puertas de su pequeño universo de aquel entonces, estaban abiertas de par en par en el templo de la musa Euterpe:


“A pesar de que los profesores me decían Pitágoras, no estudié Matemáticas. No lo pensé dos veces, lo mío era la música. Pasaba de fiesta en fiesta, esperando que me dieran la oportunidad de cantar en el grupo del maestro Over López, el padre de la dinastía musical de los López, acá en Curramba. A ese señor le debo mucho, me recomendó con el maestro Carlos Ariza Cotes, el mismo director de Ariza y su combo, aquel famoso grupo compuesto por un formato de saxofón, bajo, guitarras eléctricas y percusión, además  me ayudó a moldear mi voz. Óigala, amigo periodista, como suena todavía:
¡Son, son, son, ay que rico son, descarga en saxofón!
 ¡Baila, baila, baila pa´gozar, esta es la descarga para vacilar!”...



Del Grill Jimmy Lounge a Discos Tropical
La tarde del debut en  el famoso Grill Jimmy Lounge de propiedad de Alberto Navarro, en los bajos del Hotel Majestic en Barranquilla,   parecía agitar el oleaje de las horas con frenesí cuando esta joven promesa del canto popular interpretaba  sus primeras canciones con Ariza y su combo. Entre el selecto público se hallaba una persona muy querida en la sociedad barranquillera de la época, don Emilio Fortú (dueño de Discos Tropical), quien no dudó en contratarlos enseguida para grabar en su casa discográfica:


“A la semana siguiente ya estábamos grabando nuestro primer  larga duración (L.P.), de donde  se destacaron los éxitos: Descarga en saxofón y Alicia adorada. La lluvia de contratos no se hizo esperar. Recuerdo que tocábamos los fines de semana en dos partes, primero desde las dos de  la tarde hasta las siete de la noche en el bar – restaurante El escorpión (propiedad de Salvador Jassir) en Puerto Colombia, donde muchas veces alternamos con   Pacho Galán, Aníbal Velásquez, Arístides Marimón, La Protesta de Colombia dirigida por el pianista Mario Fontalvo  con las voces de Johnny Arzuza y el Joe Arroyo, un jovencito, tenor lírico que más tarde se convertiría  en el mejor cantante de Colombia en todos los tiempos y segundo, a las nueve de la noche sonábamos con mucho sabor en el Jimmy Lounge. Años sucesivos, grabaríamos más  long plays con verdaderos sucesos musicales como: Caracoles de colores, La Borrachona, hasta cuando el maestro Ariza  fue contratado por un buen billete en exclusiva  para Discos Fuentes. Se fue sin decirnos nada. Luego, Nelson Díaz, un gran saxofonista soprano, Duque Palomino y yo nos quedamos acá en el Sello Tropical; formamos un gran Combo también con saxo, clarinete, bajo, guitarras, percusión y le incorporamos violines. Empezamos a grabar  varios temas y como dicen por ahí, se vino una choricera de éxitos: Chili, Cañaveral, Joselina, Triste desengaño y por supuesto, el jonrón: Que me coma el tigre, melodía que a propósito fue incluida a última hora en la pasta fonográfica, por la insistencia de su compositor, un señor Eugenio García Cueto. Recuerdo como si fuera hoy mismo, todo lo que hizo ese compositor para que le grabaran su canción y fíjate lo que son las cosas de la vida, resultó siendo el éxito de ese L.P. y la canción del carnaval del 68. Fue tan clamorosa la influencia que logró alcanzar ese tema, que su fama trascendió las fronteras nacionales. Fue grabado en muchas otras versiones en  nuestro país y el exterior por grandes orquestas y famosos intérpretes como Diomedes Díaz, Lola Flores, Alberto Maraví, Lucho Argaín con la Sonora Dinamita y Charros de Lumaco... Gracias a esa canción a todos nos fue muy bien, incluyendo a su compositor que años más tarde, le grabarían Nuncira Machado, Manuel Villanueva, Joe Arroyo, Los Blanco de Venezuela  otros éxitos como la Mula baya, el Marinero, las Arepas”.


Más apoyo a la música de la tierra

Este cantor  que  trabajó  en Bogotá para el acreditado grill La Muela (Séptima con 18) del sargento Pinto Barros, que también estuvo vinculado a la nómina de los Platinos del maestro Álvaro Cárdenas Román en Cartagena, el trovador alegre que gracia a su voz (la que aún cuida como si fuese una niña consentida) , logró educar a todos sus hijos, el sonero de baja estatura, pero gigante de corazón, el que sigue vigente y siente una profunda admiración por el cantante Juan Piña y los desaparecidos Tony Zúñiga y Joe Arroyo, por los  compositores Adolfo Echeverría y Adolfo Pacheco Anillo, ahora llora aplastando como un niño su nariz contra el vitral de la ventana, cuando se refiere a las  emisoras de frecuencia modulada que solo  programan champeta, reggaetón, merengue y casi nada de la música tropical colombiana, llámese porro, fandango, cumbia, merecumbé, salsa y paseíto:


“Da tristeza  lo que están haciendo los programadores de la banda F.M. con nuestros músicos de la costa y de toda la nación. Es decir, desprecian el gran  potencial de un Checo Acosta, Juan Piña, Álvaro Ricardo, Chelito de Castro, Edwin Gómez, el Pin Ojeda, Pelusa y su banda Caramba, Tupamaros, Niche, Guayacán, Sensación orquesta, Fruko y sus tesos…


Agradeciéndole su deferencia, salí de su residencia, sintiendo a mis espaldas el eco de su voz: “Entonces, me subo en el árbol, me subo en la loma, me tiro en el río.
El tigre se sube en el árbol, se sube en la loma, se tira en el río.
Entonces, me salgo del río, me meto en tu casa donde no me vea.
El tigre se sale del río, se mete  en tu casa, la cosa está fea”.


De regreso a mi hogar me puse a pensar en medio del coqueteo de una  leve brisa nocturna que seducía en esos instantes, en  un bello verso del poeta salvadoreño, Jorge Galán: “Ahí donde las épocas del mundo se volvieron memoria de la dicha para dejarnos solos”.
¡Así están los músicos de nuestra patria, solos! ¡No pueden avanzar lo que quisieran porque el desierto que pretenden transitar se vuelve más extendido!
¡Si no hacemos algo, entonces sí, se los comerá el tigre!

*Locutor, poeta, docente  y escritor

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