martes, 9 de julio de 2019
¡Guamaleros perdieron la paciencia con Electricaribe!
Y a veces pienso
que es tal vez mi desventura,
la causa de esta amargura
que no puedo soportar… (Julio Erazo)
Tito Mejía Sarmiento
Presentación Erazo, una mujer entrada en muchos años se peinaba su frondosa cabellera de más de un metro de longitud frente al espejo de la sala de su casa, la noche del 3 de julio de 2019, gracias a la luz temblorosa de una vela encendida. A pesar de su disgusto por la falla en el fluido eléctrico, tarareaba sin pensar lo que ocurriría horas más tarde, en su natal Guamal, varias estrofas del hermoso tango “Lejos de ti”, compuesto por su pariente, el gran intérprete y compositor, Julio Erazo. No lejos de allí, unos niños jugaban fútbol alegremente en la calle a las 8, aprovechando la claridad de la luna llena.
Guamal, era hasta ese entonces, un pacífico pueblo plano de altas temperaturas, en el departamento del Magdalena que perdió su equilibrio emocional debido a los continuos apagones de 10 y 12 horas por parte de Electricaribe, la mediocre empresa que ha venido acabando desde tiempo ha, con la paciencia no solo de Job, sino de los propios Guamaleros, cuyas quejas daban la impresión iban a dar en sacos rotos.
Y como el estado tampoco presta atención a la lluvia de quejas de los usuarios que ven como sus electrodomésticos se dañan, y además no hay una entidad supervisora que responda, entonces, ante esta desatención y como algunas cosas no pueden ser aferradas en las palabras, muchos Guamaleros se fueron en el acto, a las vías de hecho para protestar por la crisis eléctrica que les había representado enormes pérdidas económicas y enfermedades, especialmente resfriados y desniveles de la presión arterial.
Según el colega de tierra El Heraldo de Barranquilla “El bloqueo de las vías que conducen a El Banco y a Mompox, la pintarrajeada en negro de los contadores de energía, el intento de quema de la oficina del punto de pago de Electricaribe y los enfrentamientos a piedras con el Esmad, fueron actos que marcaron el disgusto de la comunidad y alteraron el orden público.
La tensión y el ambiente de hostilidad que se vive, obligaron al alcalde Elkin Méndez Posteraro a decretar el toque de queda, vigente entre las 4:00 p.m. y 6:00 a.m. Sin embargo, en las últimas horas y tras una mesa de concertación desarrollada en el Polideportivo del barrio Lara, en la que participaron los actores del conflicto, los ánimos se apaciguaron, aunque la incertidumbre persiste”.
Lo cierto es que la copa se les ha estado rebosando a casi todos los habitantes de la costa caribe por el mal servicio de energía eléctrica prestado por Electricaribe, y sobre todo por las altas tarifas que cobra, y el Gobierno Nacional si quiere evitar una tragedia mayúscula, debería tomar lo antes posible, medidas de fondo para que los Guamaleros principalmente puedan cantarle a Electricaribe:
“Quiero estar al lado de ella
para decirle que es bella,
para decirle que nunca
podre dejarla de amar”.
“Amanecerá y veremos” dice con su voz grave y esperanzadora el ciego Sebastián Ariza, popular vendedor de loterías que se ubica desde hace más de 25 años, en la plaza principal de la población Guamalera.
viernes, 14 de junio de 2019
Una reflexión sobre el olvido que no seremos
Por Tito Mejía Sarmiento
Admito con sinceridad que cuando me piden escribir sobre lo que en vida fue un amigo, en este caso tan popular como Dimas Fontalvo Escorcia, el licenciado en Matemáticas que falleció hace un mes en Santo Tomás, dejando un profundo dolor en el alma de muchos de sus habitantes , mi cabeza comienza en el acto a dar vueltas en todo su contorno con el único propósito de organizar desde su principio, nudo y desenlace toda la naturaleza real y necesaria del mismo Dimas, para no caer en ponderaciones o desaciertos que pudieran herir de alguna manera, la susceptibilidad de los suyos y conocidos.
A pesar de tratar y conocer por mucho tiempo a Dimas, apelo primero a la reflexión de varios de sus estudiantes en la Institución Educativa Técnica Comercial de Palmar de Varela, quienes escucharon durante más de 20 años, la eficacia de sus enseñanzas con un estilo pedagógico elegante y muy particular, sobre todo acompañado de un equilibro emocionalmente muy humano que cautivaba la atención de los mismos educandos. Según ellos, el profesor Dimas los trataba como a sus propios hijos e incluso sacrificaba uno que otro sábado en familia, para explicarles humildemente con la lógica proposicional de su sabia experiencia, algunas dudas en las implicaciones Tautológicas y de Física Cuántica proporcionadas en clases.
Y como la razón a veces requiere de recogimiento, de edificar el propio silencio para recordar lo que no se desea olvidar, me parece ver ahora en estos instantes de presente histórico, al amigo Dimas caminando sonriente las calles de mi pueblo con un libro en su mano derecha, con una elegancia de pavo real impecable, sin caer en la jactancia o creencia popular de que todo aquel que porta libros es un empedernido lector.
En mis retinas está aún instalada la imagen de Dimas con su cuerpo en su totalidad brotado producto de una varicela que le dio, acompañado por sus hermanos Moisés y Jacob, llegando a una mesa de votación para apoyar la candidatura de Nelson Mejía a la alcaldía de Santo Tomás para el periodo constitucional 2004- 2007, en el más noble acto de admiración que jamás se haya visto hacia determinado candidato por estos lares. Les confieso que desde aquel domingo de octubre electoral, Dimas se metió para siempre en el corazón de la familia Mejía Sarmiento, en una especie de eternidad contenida. Mi padre César Euripides y mi madre Eloina lloraron por más de 20 minutos seguidos en casa, cuando comentaban conmigo la sensorial ocurrencia de Dimas, en aquel puesto de votación planificado en esa oportunidad en el colegio Oriental.
A veces también lo veo al lado de Pedro Fontalvo Ojeda, luciendo con orgullo el uniforme del equipo de fútbol “Los profesionales”, mientras ensayaba tácticamente un pase de crack como buen back central que fue, en la cancha Peldar, sediento de que el partido empezara.
…Y cómo olvidarlo por ejemplo cuando en una noche de semana santa por los años 70s, con un cielo tachonado de estrellas, en el teatro Atlántico de la población, repleto en todo su aforo, se proyectaba la película mejicana “El mártir del calvario” con el actor Enrique Rambal como protagonista. Dimas estaba sentado con su hermano David en una de las tantas bancas de madera que se solían utilizar para esa época y, como por arte de magia, Dimas hizo un giro hacia atrás y comenzó a llamar para cederles los puestos a dos señoras de avanzada edad que permanecían de pie, mientras yo sentado al lado de mi novia de ese entonces y cuyo nombre no quiero revelar por obvias razones, nos moríamos de la pena muy cerca de ahí.
Pero él ya no está físicamente con nosotros, el 13 de mayo de 2019, su esposa Margarita Mora Beleño y sus camadas: Dimas José, Antonio David, José Alejandro y Jennifer lo vistieron con su mejor prenda, el pueblo le dijo consternado adiós, cada asistente al sepelio lo sintió a su manera. Ahora el espíritu de Dimas responderá por las noches en un dialecto que solo los suyos entenderán y lo más seguro se “paseará por toda la casa en busca del agua de la vida, sin saber quién cerró el grifo para siempre”, como dice el clamoroso verso del poeta chileno, Jaime Ignacio Magnan Alabarce.
Entonces, pregunto: ¿Cómo olvidar a un amigo, amigo como el que acaba de morir, con unas cualidades fundamentales y no tan comunes en una sociedad actual de ternuras difíciles, donde además los principios y valores humanos agonizan cada día? Quizás ahora me entiendan evidentemente, el título de este panegírico y, a manera de colofón les dejo este poema de mi autoría:
Prohibido olvidar
Ninguna avalancha destrozará la recordación
de los míos que ya no están,
así los minutos que estipulan el curso de los días
a través de la metáfora del tiempo,
consuman el acoso de las horas muertas,
y las palabras que oprimen el silencio
cuando menos las esperamos
en las noches de las ventanas cerradas,
sin querer, deshabiten la presencia por completo con asombro,
en una sola determinación hacia la eternidad.
Entre tanto, seguiré en mi intimidad secando lágrimas,
a pesar de que otras consideraciones embellecen el luto
sobre la arena pisoteada cuando las oraciones santifican las alturas
para mitigar y ocultar las heridas...
Santo Tomás, 13 de junio de 2019.
viernes, 10 de mayo de 2019
“Todo
está podrido, pero huele bien”, la novela que no se logró publicar
Por Tito
Mejía Sarmiento
A raíz de
su fallecimiento, el pasado mes de abril de 2019, el escritor, periodista
y compositor, Juan Carlos Rueda Gómez, no pudo ver cristalizado el sueño de
publicar su primera y única novela “Todo está podrido, pero huele bien”.
“Juanca” como se le conocía en los medios radiales, impresos y televisivos, me
dio la oportunidad de que leyese, corrigiese y analizase su obra escrita en
borrador y de ella extraje una pequeña síntesis que en su momento le envié al
correo:
En esta,
su primera novela, el escritor colombiano Juan Carlos Rueda no utiliza la
técnica tradicional de configuraciones narrativas, pero hace reflejar de
entrada al mejor estilo de Jodi Ellen Malpas y Julio Cortázar, que sus
personajes no pierdan enlaces ni coincidencias del tiempo al momento de
transitar por la misma narración, permitiéndole al lector no separar sus ojos
activos de la historia, que ocurre, a propósito, en una ciudad del Caribe que
se convierte, dicho sea de paso, en una burbuja muy particular con un referente
netamente erótico, en medio de un mundo de crueldad y dolor en que viven muchos
seres humanos quienes, aunque formen parte de una familia, de un grupo
social o de un gremio, realmente viven solos en medio de la multitud y terminan
siendo víctimas de su propia ruindad, mezquindad sin límites… Y,
por qué no decirlo, de su inusitada irresponsabilidad frente a las personas
vulnerables, a quienes ignoran porque están demasiado ocupadas en satisfacer
sus necesidades, lujos y ambiciones personales: “Por un lado una joven de buena
familia llamada Érika, criada con todas las comodidades, educada en un buen
colegio y una excelente universidad, anda jugando a la femme fatale, a la
hembra liberada que decide acosar a un profesor universitario, Freddy Jiménez
para que la desvirgue.
Por el
otro, Astrith, una niña pueblerina de doce años, indefensa, huérfana de padre,
que es presa fácil de unos desalmados paramilitares que la someten a todas las
vejaciones posibles.
Además de
la aquiescencia y celibato de Jesús Adrián, párroco de la iglesia que ama
muchas mujeres en el propio confesonario.
Por
último, Isaura y Vanessa, mujeres que lo contemplan todo por
amor y que no tienen más opción que interpretar a la fuerza un rol
para el cual no les han permitido siquiera ensayar. Mucho menos negarse a
aceptarlo bien a fondo con un escenario donde cada día y cada noche todo se va
pudriendo, inevitablemente, inexorablemente aunque huela bien”.
“Todo
está podrido, pero huele bien” es una novela contemplada en el telescopio que
desarregla y arregla los fragmentos para hacerlos una totalidad fascinante.
Entonces, más allá de nuestra realidad y del pretexto premonitorio del
desenlace político y erótico, esta obra nos hace mirar en un espejo donde solo
logramos enturbiarlo.
Posdata:
Ojalá, uno de sus hijos toque puertas y logre el objetivo de publicar la novela
para que la memoria de Juanca siga cazando historias.
domingo, 7 de abril de 2019
La eternidad de mis
muertos de abril
La
eternidad de mis muertos de abril
Por
Tito Mejía Sarmiento
“Estoy
convencido de que los seres queridos a pesar de estar muertos nunca abandonan a
los suyos; una vez finados pasan a un
estado de luna; van a donde quiera que uno va. Nuestros difuntos solo mueren
cuando lo separamos de la mente. A ellos, los hospedamos en nuestros sentidos.
Allí los eternizamos” (Ese otro silencio, novela de Luis Payares Mercado)
Al
morir mi padre César Eurípides (11/4/2011), mi madre Eloina (18/4/2017) y mi
hermano Nelson (29/4/2004), como extraña coincidencia en abril, en el acto comprendí que la eternidad
de esos seres queridos, yo mismo la domaría. A partir de esos dolorosos
instantes, construí mi propio silencio y empecé a desenredar la madeja de los
recuerdos de cada uno, mientras los años han seguido viviendo prisioneros en
cualquier reloj de pared o pulsera, inexorablemente:
De
mi viejo, me hace falta el abrazo que me daba cada vez que llegaba a Santo
Tomas, sus pasos parecen cruzar ahora los míos y la existencia de su cara se
está dibujando cada día más en la
mía, mientras las huellas de la vida
quedan impresas en los ojos del alma para siempre con sus lágrimas furtivas y
rebeldes. Además, me parece verlo sentado bajo la sombra del perfumado
tamarindo en el patio de la vieja casa, al lado de mi madre, tratando de jugar
múltiple veces a cautivar un beso hasta cuando el último rescoldo de la
destartalada hornilla se esfumara con el alba. Lo veo pensativo, reseñando
en su libreta de apuntes con un agrado preeminente sobre el zarandeo del
tiempo, el primer aguacero de cada año. Vivo está el recuerdo, cuando se
paraba frente al espejo para peinarse y verse así mismo su abultada y plateada
cabellera. Prohibido olvidarme de los momentos cuando mi viejo amado
trataba de dormir a uno de sus nietos en sus piernas, silbando la famosa
canción “El chupaflor” de Alejandro Durán, que tanto le gustaba, al filo de una
encrespada madrugada de octubre.
Hay
noches, papá, donde sueño que soy aquel niño delgado, travieso, que tú mandabas
a regar casi todas las tardes a las cinco en punto, el jardín para ver crecer
el carnaval de mariposas alrededor de una flor abierta. Extraño tu prístina
inteligencia y tu lucidez extraordinaria hasta en los últimos segundos de tu
vida, viejo César, tanto así, que dejaste clavada en mi memoria aquella
lacónica frase cinco minutos antes de
morir: “En abril, hijo mío también crecerán las esperanzas".
Manifiesto
que en esta bandeja de palabras, uno tiene que deshacerse de sí mismo por entre
la piel que lo eriza con los recuerdos ahora de mi vieja Eloina: me he sentido
muy solo ante su huida, en íntimo cumplimiento porque ya no se extienden los brazos que me acunaban,
mientras las narraciones de hadas robustecían mi ilusión. Me hace mucha falta
su ramillete de alegría que solía salir de sus negros ojos a cada instante; y
para decirles la verdad, me he tenido que beber yo solo todos estos años, la
taza de café hirviente que casi siempre compartía conmigo en las noches de frío
invierno y, lo más duro de todo esto, es que ya no siento el rítmico latir
de su noble corazón en mis oídos.
Si mi
vieja linda supiera, lo duro que es vivir sin ella, estoy seguro que resucitaría
en estos precisos instantes. Yo que siempre la veía al frente del televisor
intercambiando diálogos imaginarios como si fuese una actriz más de una de las
tantas telenovelas nocturnas que no se perdía, en medio de un juego de
perfidias y asombros, como una disputa de ocurrencias o desplantes, mientras mi
hermana Vilma se moría de la risa viéndola actuar sola.
El tiempo transita ahora entre nosotros sin notar ya sus constantes risotadas, esas mismas que penetraban en toda la casa cuando todos sus hijos, (as), nietos(as) la visitábamos o cuando la sorprendíamos comiendo cuanto mango caía en sus manos, mientras charlaba con una de sus vecinas en la terraza.
El tiempo transita ahora entre nosotros sin notar ya sus constantes risotadas, esas mismas que penetraban en toda la casa cuando todos sus hijos, (as), nietos(as) la visitábamos o cuando la sorprendíamos comiendo cuanto mango caía en sus manos, mientras charlaba con una de sus vecinas en la terraza.
La
vida, desde aquel aciago 29 de abril de
2004, continúa despiadada para toda la familia, sin que el sol de verano la disuelva.
Ahora, mi hermano, el médico Nelson no está, fue asesinado frente a las
instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, pero en este mes de abril del 2019, lo
visto con su mejor camisa deportiva amarilla, esa misma que en tantas campañas
políticas lució, seguido por múltiples amigos(as), producto de su inigualable
carisma. Es que mi hermano Nelson como bien lo define el escritor Ramón Molinares
Sarmiento: “Él era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por
donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada
sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos. Todavía es la hora que a Nelson
lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo amaban
porque era un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso
y buen mozo”.
Ahora
el espectro de Nelson sólo reconoce al único universo que habita: Yaure, África.
(Leer el libro “A veces llegan cartas”). Las balas asesinas del Estado no lo
dejaron como lo manifestara para la
prensa, el sociólogo y narrador Pedro Conrado Cúdriz: “Nelson quería vivir
100 años, en su amada tierra tomasina, (él me lo dijo en cierta ocasión),
tiempo existencial nada despreciable en un país como Colombia en guerra eterna.
Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo
como sus abuelos. Pero no lo dejaron, no lo dejaron alcanzar la placidez y la
sabiduría de la vejez”.
domingo, 3 de febrero de 2019
El dolor de ausencia
A la memoria de Edna Bolaño Borja
En el diario desordenado de la vida en el que se barajan alegría y dolor, este último parece eternizarse más en nosotros a través de los años, cuando se trata de la partida de una persona amada y apreciada, como es el caso de Edna Bolaño Borja, quien fuese arrollada violentamente por el conductor de una un moto, cuando hacía su acostumbrada caminata sabatina (26 de enero de 2019) en horas de la mañana, acompañada de varias amigas y el instructor deportólogo, en la vía circunvalar de Barranquilla. Durante tres días internada en la clínica, en algo anormal, la muerte con su negra guadaña y su rastro de sombras se sentó a su lado, a esperar, hasta que por fin se la llevó el lunes 28 de enero de 2019, en horas de la tarde.
La muerte, como un acto real y natural de todo ser humano transfiere la realidad para buscar una duración en los recuerdos, por eso yo me quedo con la perdurable sonrisa de Edna, su particular manera de hablar que exploraba en cada milímetro de cada palabra, anteponiéndole el artículo definido con tanta humildad al nombre propio de toda persona que quería llamar: “el Ricardo ese, se fue ayer para Bogotá sin desayunar porque entonces y que perdía el vuelo, la Jerime bonita , la Diana que parece rabiosa como su papá Cipriano, pero no lo es, la niña Edna Margarita se la pasa comiendo a cada rato, la Cinthya trabajadora” y por supuesto, con el encantamiento suyo frente al espejo grande de la casa, al momento de maquillarse, tratando de hallar un rostro como toda mujer, más hermoso de lo que se supone.
Pero Edna ya no es río porque no moja, no es mar porque no levanta sus olas, es solo una laguna porque descansa en paz. Ya no está con su evidencia tangible, se fue más rápido de lo que pensábamos, o como dice un muy humano verso del poeta mexicano Hernán León Velasco:
“Se le fue la vida como un pedazo del tiempo enloquecido,
dictándonos otra vez el albur de su juego
en el estricto horario de los días los años y los sueños rotos”
¡Hasta siempre, cuñada Edna Bolaño Borja y ten la absoluta seguridad que, todos los que te conocimos, te vamos a perpetuar mientras haya vida o hasta cuando las cometas no puedan levantar su vuelo con la brisa de agosto!
Tito Mejía Sarmiento
Santo Tomás, 30 de enero de 2019
dictándonos otra vez el albur de su juego
en el estricto horario de los días los años y los sueños rotos”
¡Hasta siempre, cuñada Edna Bolaño Borja y ten la absoluta seguridad que, todos los que te conocimos, te vamos a perpetuar mientras haya vida o hasta cuando las cometas no puedan levantar su vuelo con la brisa de agosto!
Tito Mejía Sarmiento
Santo Tomás, 30 de enero de 2019
jueves, 6 de diciembre de 2018
En el cierre del año 2018
En
el cierre del año, 2018
Padre al hijo
La
vida para mí no ha sido tan fácil como tú a lo mejor estás creyendo, hijo
amado.
He
tenido que andar por toda clase de caminos: piedras, tachones, fuego, barro,
arenas movedizas, aguas turbulentas, una
que otra alfombra de vez en cuando, he pisado. Volar como pájaro de alas
rotas me ha tocado en la mayoría de las veces, he tenido además, que redoblar
esfuerzos para no caer y lograr lo que
me he propuesto, aferrado a mis sueños, halagado eso sí, en varias eufonías
de Francisco Zumaqué.
Me
ha tocado encender una lámpara donde ha
habido oscuridad. Así que, hijo mío, todo no ha sido fácil, te repito.
Valora
mis pretensiones para que tu vida que es la mía, no sea un campo infecundo entumecido por la nieve, porque todavía te sigo
queriendo y no creo que un tal Judas se
haya ahorcado por mí, porque el poeta que vive en mí, jamás se dejará besar en
la mejilla por un traidor.
Hijo
mío, tienes que comprender que entre más avives el fuego más arde el leño, que
la noche no solo está plena de estrellas sino de lunas, que entre más envejezco
menos me quiero ver en el espejo.
Espero,
hijo mío que estas palabras no se expandan en el aire, solo para atrapar
silencios, sino para aprender de memoria a liberarte de los lamentos que en
algunas circunstancias te persiguen. ¡Te amo hijo mío!
Postdata:
No dejes de pedirme señas de baladas cotidianas, en los años venideros.
Tito Mejía Sarmiento
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