viernes, 15 de mayo de 2020




Muerte a la bestia humana*
Me detengo ante  la muestra pictórica
del maestro Obregón
y empiezo a reconocerme
con irresistible límite de asombro,
al ver tanta sangre, crudeza salvaje
de cielo gris cargado de plomo,
metralla que no cesa de reventar  venas
entre  tanto rojo acentuado
para la eternidad de la ceniza
en un país donde he vivido siempre.
El aflictivo modelo del lienzo,
que entre otras cosas soy yo,
(efecto liberador para los ojos),
cuestiona mi historia que carece de equilibrios
cuando aún los silencios sobrepasan las palabras
que se mueren en la boca,
y  la memoria se estanca en su andar
de tanto miedo, horror,  llanto…,
y que en ese   afán de  protegerme
porque el estado  se hace ciego, sordo y mudo,
me vuelve más bestia humana,
la cual hay que  matar de cualquiera forma
cada vez que se quiera para no seguir condenado
en el pausado corazón de las sombras
donde la visión no alcanza.
Al cabo de todo, salgo de la Pinacoteca
ante el embeleso de los que me miran
como si fuese un ateo que corre alrededor de las iglesias
con los diezmos en las manos.
Ya en casa al verme frente al espejo,
permanece en mí, lo que el lienzo revelaba.
Ahora entiendo la paciencia
que tanto se me escapa
debajo de mi propio rostro.
Entonces, mis ojos, tan solos, tan íntimos,
tan repentinos como saltos de venado
ensombrecen más mis pupilas
que por sí solas emanan soberbias por la impunidad reinante.

Tito Mejía Sarmiento
*Título de un cuadro del maestro Alejandro Obregón, a la memoria de Gloria Lara,  directora Nacional de Acción Comunal y asuntos indígenas, durante el gobierno del presidente Julio César Turbay Ayala, asesinada por el grupo armado Organización Revolucionaria del Pueblo.

miércoles, 1 de abril de 2020

Otra carta para mi hermano, el médico NELSON RICARDO MEJÍA SARMIENTO, en Yaure(ÁFRICA)




Otra carta para mi hermano, el médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, en Yaure (África)
                                                                   “Las distancias se acortan cuando se agiganta el amor” (T.M.S.)

Amado hermano:
Espero que al recibo de esta, estés bien allá en la tierra de nuestros ancestros y que todos tus anhelos se cumplan de acuerdo a las posibilidades espirituales.
Otro abril que se nos vino en encima sin ti, ahora con una Barranquilla  sin rostros en sus calles, por temor al Coronavirus. El gobierno decretó aislamiento total. A pesar de todo, cabalgamos y seguimos soñando mientras pasa la vida bajo el prosaico espejo de la incertidumbre.
Desde el 29 de abril de 2004, fecha en que te fuiste no por determinación propia sino acosado por oscuras fuerzas del mal, nosotros no hemos dejado de pensar en ti. En nuestras casas sigue impregnada después de 16 años, la bondad de tu alma, tu sonrisa enamoradora acompañada del categórico guiño de ojo  y los aromas de tus perfumes favoritos: “Montana y Solo”. En tu finca La juntera, mi amado hermano, algunas noches se alcanzan  a ver unos que otros fantasmas con sentimientos encontrados, y ya pocos gallos finos anuncian profecías y cuando Onésima, tu fiel esposa la visita con cualquiera de tus hijos,  ella fervorosamente se acuerda de aquella sentencia que en una ocasión le exteriorizaste casi llorando , que, cuidara a la familia, que te esperara, que incluso no se casara ni se comprometiera con nadie porque aún tú, mi amado Nelson, la ibas a seguir amando desde Yaure, África, porque las distancias se acortan cuando se agiganta el amor de muerte y de memoria.
Me imagino que todavía sigues curando allá en Yaure, niños y niñas con la misma devoción como lo hacías acá en Colombia, mañana, tarde, noche e incluso hasta cuando la madrugada amenaza la otredad del silencio y sin cobrar a lo mejor  un solo peso a sus padres que entre otras cosas, no tendrán  de donde, es más, seguirás regalando los medicamentos. Definitivamente sigues siendo un gran humanista, hermano mío.
No puedo negarlo, hermano mío, porque me conoces demasiado, así que te lo revelo abiertamente: aquel 29 de abril de 2004, ha sido el peor día de mi vida y por supuesto, el de nuestra familia. Fue terrible verte tirado en el piso envuelto entre sábanas blancas que se volvieron rojas por la sangre que de tu cabeza emanaba, producto de dos disparos que hiciera un sicario pagado por encargo, que a lo mejor creyó haberte aniquilado cuando lo que consiguió fue inmortalizarte.
Por ahí vi en una de las tantas  fotos que me mandaste, un pendón que cuelga en la pared de tu consultorio, con la escritura de un  poema que te dediqué:
TU VOZ, NELSON, TU VOZ
Tu voz, la que no cesa en el camino,
en el camino de los sin tierra,
en el camino inclusive de los que la tienen.
Tu voz en el gorjeo de un turpial perdido de su árbol
y en otras aves que construyen la noche.
Tu voz en el sueño de un amor no nacido,
esa misma voz que vibra en las alcobas sepultando madrugadas.
 Tu voz en las piedras de los ríos,
 en el llanto de una madre que amamanta a su hijo,
 en el corazón imaginario del padre.
La voz que brota en el campo de semillas secas
y golpea con su fusta la oscura espalda.
Tu voz, hermano mío,
que aún puedo acariciar con mis dos manos
para matar el miedo que se hace humo en el aire lento del mañana.
Tu voz, la misma voz de tupida presencia en el murmullo de la memoria.

Quiero decirte a manera de colofón, “cuñao”, que muchas personas entre otras: Marlene Salas, Elodia Fontalvo, Sucelly Ariza, Rita Jaraba, conocida en todo el pueblo como “La Patona”, Edwin Navarro, Moisés Fontalvo, Frensis Salcedo, Aquileo Pérez, Juan Ramón “El Yoyi” Fontalvo, Ramón Molinares, Pedro Conrado, Julio Lara, Aurelio Pizarro, Iván Fontalvo, José Alfredo Fruto, Carlos Taibel, Pedro Badillo, Freddy Quant, Felix Pizarro, “EL Capi” Muriel preguntan por ti cuando me ven, les muestro unas fotos que mandas y, me piden que les de tu dirección en Yaure, para cruzar cartas también contigo, dizque para encender las luces del ático de la juventud entre las azoteas de las noches venideras, porque tú te ves cada día  más  joven a pesar de que el tiempo vuela y vuela alrededor  de los momentos vacíos, allí donde quizás, se esconde la añoranza del deseo.

Saludos de Cipriano, Nardy, Vilma, Celeste (está muy enferma), Libia, Mirna, quienes siempre están pendientes de las fraternales cartas que tú me remites, a pesar del empapado encierro en casa, por temor como te escribo al principio de esta misiva, del coronavirus que sigue en el mundo ablandado los días y se deja morder provocativamente como fruta fresca para atesorar  víctimas mortales.



¡Hasta la próxima!
¡Te amo, hermano!
Tito Mejía Sarmiento
Barranquilla, (2020), en otro abril de nuestras tristezas.





lunes, 2 de marzo de 2020

Entrevista a CARLOS CONSUEGRA DONADO, gran locutor.





Carlos Consuegra Donado: de la radio, el rey de las madrugadas 

· No deja ni vende su pichirilo o corcel verde (carro Willy) 

· Es amigo de los amigos, y es de pocos amigos, 



Por Tito Mejía Sarmiento 

Advertencia: La siguiente entrevista fue realizada al maestro Carlos Consuegra Donado, el 19 de marzo de 2016, e iba a ser publicada en El Dominical del periódico El Heraldo, pero me dijo rotundamente que la divulgara sin fotos porque no era amante de las mismas. El fotógrafo Jairo Buitrago le insistió en múltiples ocasiones que se dejara tomar por lo menos una sola foto, pero el hombre no dio su brazo a torcer. Hoy, 25 de febrero de 2020, al enterarme de su fallecimiento y en honor a su memoria, la doy a conocer a los lectores después de haberla conservado inédita 4 años. Lógicamente, sin fotos. 

A las tres en punto y cuando apenas la ciudad siente el deseo de desnudarse a borbotones delante de las barbas de una madrugada que trae consigo toda la idiosincrasia del Caribe colombiano, Carlos Consuegra Donado, el veterano y consagrado hombre de radio, llega con sus “ochenta y pico años a cuestas”, como él mismo dice, y con su barítona voz a los estudios de Emisora Atlántico en la calle 72 No. 48 - 37, para presentar 15 minutos más tarde como lo ha venido haciendo desde hace más de 26 años, su muy sintonizado programa “Reminiscencias Musicales”: todo un compendio de melodías que transporta a una vasta audiencia hacia el más íntimo ceremonial con el pasado. Es decir, a la época de la mujer que nace sin corazón en el pecho, pero que no tiene la culpa de ser así, o más exactamente, al amor sin nombre, hasta casi sin semblante, que vaga, como un beso ofrecido, por el recinto más umbroso de la escalera y por último, los cantos de viejas sirenas que salen de unas voces que reflejan aromas de arena recién mojada, palitos de matarratón, mares y olas de un tiempo mejor....La época que permite precisamente que, esa misma audiencia siga descubriendo nuevos bríos en los caminos del presente para poder decir sabiamente como el célebre Don Quijote, que podrán quitar la aventura pero no el esfuerzo del encantamiento. 

Sintonía asegurada en la madrugada 

Raro es el conductor de taxis, bus, busetas o cualquiera otra persona sin distingo de clase que no tenga su receptor encendido en los 1070 de la amplitud modulada de Emisora Atlántico durante la hora y cincuenta minutos que dura el programa, lo que demuestra que Carlos Consuegra Donado es el rey de las madrugadas en la radio barranquillera sin ninguna discusión y que según varias encuestas así como va, le seguirá torciendo entre el celaje Hertziano de lunes a viernes, el cuello al cisne de la competencia que hasta la presente se ha venido vistiendo de engañoso plumaje sin ningún éxito. 

Cuando el paso del tiempo no pareciera cubrir de edad los días 

La prisa del tiempo no pareciera envejecer a este hombre que nació hace más de 80 años en la histórica ciudad de Cartagena de Indias. Su vitalidad, su vocalización, su tonalidad, su voz, esa extraordinaria voz que aún se conserva en la cima estelar de las edades, se desvela irreverente en la silenciosa memoria de los sueños: “Me despierto como un relojito nuevo a las dos de la mañana, me baño, tomo un cafecito, fumo un cigarro y listo para la batalla. Durante el recorrido que hago de mi casa, ubicada en barrio Los Andes, a la emisora en mi poderoso corcel verde, así llamo a mi jeep Willy, modelo 53, que entre otras cosas, no lo cambio por ningún otro modelo y no me preguntes, Tito, el porqué , silbo varias canciones que voy a programar con base en lo que la audiencia ha solicitado a través de las líneas telefónicas los días anteriores en pleno espacio musical, que dicho sea de paso, tiene varios clientes fijos desde hace muchos ratos, cosa que me complace y que habla de la seriedad y calidad que tiene la audición que inventé en la mitad de los años 80s”. 

Titulares, ensueños y placeres 

A las tres y cuarenta, la voz del también reconocido hombre de radio y televisión, Jorge Cura Amar, agita la rienda por cinco minutos de “Reminiscencias Musicales” con el anticipo de algunos titulares de las principales noticias que se ampliarán en la primera emisión de “Atlántico en Noticias” a las 4:55, cuando ya el sol empieza a asomarse enrojecido por el horizonte, alumbrando de las huellas los deseos. 

Pasados los titulares, el maestro Carlos Consuegra Donado, el hombre que tuvo sus inicios en Radio Barranquilla, la cual años más tarde pasó a ser Radio Reloj, y que dice admirar a Marcos Pérez Caicedo entre sus colegas, retoma el espacio dándole un toquecito de distracción y placer, lo suficiente, para que con seguridad como me lo manifestaron muchos de sus oyentes, las parejas en el feliz territorio conyugal confiesen su tiempo compartido pleno de melodías que viven y crecen en la sonora cavidad de ensueños por todos los siglos de los siglos, así se incendie la memoria en las horas peregrinas. 

Director de grandes estrellas 

Don Carlos pareciera ser un hombre de pocas palabras cuando está fuera del micrófono, demasiado hermético y esquivo para dar una respuesta, diría yo, y eso es muy respetable. Entonces, acudo a una de las tantas estrategias como aquella de hacer preguntas cortas y precisas, que él mismo nos sugería a las primíparas voces de la Comunicación Social, cuando oficiaba como director de la siempre recordada Radio Reloj de la Cadena Caracol de Colombia , cuyos estudios quedaban frente a Bellas Artes, aquella famosa emisora de la hora exacta, la de la música variada y la de los servicios de despertador, cumpleaños, complacencias, personal para el terminal, resultado de las loterías… 

“Efectivamente, fui director desde que llegué hasta cuando me pensioné de la desaparecida Radio Reloj y tuve la fortuna de contar en la primera etapa con una lujosa nómina de voces que hacía las delicias de innumerables oyentes, por ejemplo, recuerdo a verdaderos profesionales del micrófono como Álvaro Ruiz Hernández, Ventura Díaz Mejía, Jacob Guerra Camacho, Pedro Vizcaíno Oliveros, Joaquín Pertúz Romero, Mario Trillos, Miguel R. Hidalgo, Edgardo Moscarella Noguera, Humberto Restrepo Viñas, Roque Celia Coll, Elmer Araujo entre otros. Y en la segunda etapa, también conté con otra nómina valiosa de locutores como Sergio Ramírez García, Edgar Perea Arias, Roger Araujo Ensuncho, Abel González Chávez, Gustavo Donado Lascarro, Evaristo Jiménez Martínez, Mauricio Rieder Guao, tú, mi querido Tito y otros que se me escapan y me perdonan la omisión. O sea, puras estrellas que más tarde triunfaron en la narración deportiva, la farándula de nuestro país y del exterior. Muy respetuosamente, sugiero a algunos locutores actuales que no griten mucho porque así no van a llegar a la edad de trabajo que yo llevo, que no sean irreverentes e incultos.” 

Anécdota en clave muy personal 

A manera de colofón quiero contar una anécdota que me sucedió con el maestro Carlos Consuegra Donado cuando yo estaba dando mis pinitos en la radio, concretamente en Radio Reloj, allá por los años 70s, y él era precisamente mi director: “Entraba al turno de doce a seis de la mañana de lunes a viernes para pagar como decimos en radio la novatada. El sueño hábilmente me estaba arrinconando en su caverna cadenciosa cuando llevaba tres horas de labores, y entre melodías y melodías me daba cabezada tras cabezada. No lo pensé dos veces, y entonces empecé a colocar los famosos mosaicos de La Billo´s Caracas Boys y Los Corraleros de Majagual que duraban hasta 12 minutos cada uno. Por unos instantes-, dejé que mis sentidos durmieran en sus vuelos, seduciendo quizás imágenes mensajeras de arcano misterio en el mes de octubre. 

De súbito, timbró el teléfono y abrí mis ojos sobresaltado, eran a las tres y treinta de la madrugada: ¡Buenos días a sus órdenes, contesté! Del otro lado del auricular una voz inimitable me decía: ¿Tito cómo se llama esa emisora? 

- ¡Radio Reloj, don Carlos, por qué! 

- ¿Y por qué cree usted que se llama Radio reloj?- 

- Porque debe dar la hora cada tres minutos, don Carlos!- 

- ¡Bueno, usted tiene más de 24 minutos que no la da!- 

Desde ese momento comprendí que con este veterano y vigente hombre de la radiodifusión colombiana se debería izar para siempre el pabellón de la rectitud y que además con él no se podría sortear el espíritu alienante de las reglas en los días siguientes preñados de posibilidades. 

Lo que dicen sus compañeros de Emisora Atlántico: 

El locutor y periodista Jorge Cura Amar: “Admiro su disciplina, talento y amor por su trabajo. Si llego a tener más de 80 años quisiera tener esa misma vitalidad.” 

El locutor y periodista Edgardo Caballero Gutiérrez: “Es un excelente ser humano, y un locutor como pocos...por algo lleva tantos años dictando cátedra.” 

El ingeniero de sonido Reynaldo Ojeda Corro: “Parece cabrero pero cuando lo conoces es la persona más amable del mundo.” 



martes, 11 de febrero de 2020

Piel braile









Piel braille
Para Homero y Sonata, invidentes de la calle 100
Con sus voces se fueron guiando como si vivieran en sus ojos: ¿De qué lado estás, Sonata?-A un metro tuyo, Homero- Y así,  a fuerza de tacto, vaciando la timidez, se inundaron de ganas, se despojaron de sus prendas hasta quedar completamente desnudos. La  claridad de la alcoba contrastaba con la cerrazón de sus ojos. Por la dureza y el alto relieve de sus pezones, se notaba que la piel de la muchacha jamás había sido domesticada. De pie, frente a frente,  él  comenzó a besarla en derredor a su nuca lo que la llevó por momentos a lanzar unos gemidos breves y precisos de amor en la entrada de un precipicio. Luego, pensándose dentro de cada uno, se besaron en la boca sin decir una palabra, se manosearon repetidas veces la piel braille de sus cuerpos,  mientras la tarde se iba tendiéndose a sus encantos. En ese caos de caricias y de súplicas, es decir, en ese nada existe que no se olfatee, Sonata abrió inevitablemente sus piernas para que Homero hundiera toda su erecta sombra en la estrecha cordillera de ella, hasta derramarle la hirviente llamarada con todos sus poderes lácteos. Al final, sus miradas parecieron perderse a lo lejos en el alma del silencio. Ambos sonrieron momentáneamente por el deber cumplido. Ellos, dueños de sí mismos, están seguros que a lo mejor en otra ocasión, aunque no existan las miradas, sus ágiles manos imantarán nuevamente bajo la piel de Erato  como una víbora que devora y resucita, la luz de los deseos a la velocidad del minutero obediente en ojos ajenos.


domingo, 12 de enero de 2020




Señas del perseguidor


Tito Mejía Sarmiento

Confieso que nací en un pueblo ribereño (Santo Tomás), donde hubiera querido nacer cada vez que naciera. Donde fui concebido además, por una hermosa pareja que se pasaba muchas veces la vida hablando del amor y sus metáforas bajo la tela de la noche y sus luciérnagas diminutas. Una pareja de ojos toledanos que transitaba asida de las manos por los mismos caminos aunque le pareciera cerca lo que estaba tan lejos.

Confieso que mi piel se eriza hoy en llamarada, ajena a la raíz que la redime, al acercarme a la ventana de la memoria: los primeros aguaceros de octubre internados en el arenoso patio de la vieja casa de paja, entorno esencial de nuestros sueños, que espantaban a las palomas de plumaje gris y blanco que en el loco afán  por resguardarse en sus casitas de madera que papá les colocaba en la cúpula de los árboles, cruzaban los aires en medio del émbolo sonoro de su gutural monotonía. Aquella gotera en mi cuarto con su entrañable olor a humedad, que en ósmosis mutua de ruido y frialdad, al caer en el recipiente de turno, no nos dejaba dormir.

Es que nada se puede detener sin sentir felicidad: mis hermanos cabalgando sobre escobas haciendo de jinetes enmascarados, y yo persiguiéndolos por las encharcadas calles del pueblo con un revólver imaginario entre mis manos hasta darles captura al final del arco iris.

Confieso que cuando tenía diez años, casi todos los viernes bajo la luz de una luna amaestrada, jugaba con la vecinita de enfrente, que tanto me gustaba, a “los besos robados.” Abro paréntesis para decir, que esa vecinita de enfrente, es hoy la compañera inseparable de mis días con muchos episodios que contar cuando el amor se declara culpable.

Confieso que con la devoción del flagelante de un viernes santo y con el luto de marfil herido por la pérdida de algún amigo, que sin decir su nombre quedaba clavado para siempre en el alma de todos los lugareños, no faltaba ni faltaré a los funerales en mi terruño, porque se viven, se sienten al unísono aunque en el centro de los mismos, esté el errante de lo mundano,  ese que por burlarse o por escapar aún más del terco intento, inventa cosas, se ríe o mira con piedad su propio simulacro.

Y como el tiempo huye y te da señas para que registres la huella de su paso, no quiero cerrar esta evocación  no sin antes decir, que sigo buscando con ojos persistentes  la cara de la vida en todos los rincones de mi pueblo, aun cuando me cobije en la inmaculada lágrima que se forma en los bordes de la risa y de la locura.





martes, 3 de diciembre de 2019

Mi hermano, el médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento





 Mi hermano, el médico Nelson Ricardo Mejía Sarmiento

“¿Por qué das muerte a quienes han de morir?”

 Alberto Assa



Tito Mejía Sarmiento

Nelson es uno de mis hermanos que siempre llevo y llevaré muy adentro de mi alma y de ahí, nadie lo va a sacar.

El 29 de abril de 2004, fue vilmente asesinado por la espalda a solo tres metros del DAS en Barranquilla, cuando fungía como alcalde popular de Santo Tomás, Atlántico y el presidente de los colombianos era Álvaro Uribe Vélez. Hoy, 15 años y 8 meses después, y cuando diciembre asoma con intensidad sus guirnaldas, su policromía de luces y villancicos, el crimen de Nelson sigue en la más completa impunidad ante los ojos de todos sus familiares y coterráneos.

Muchas personas todavía en Santo Tomás y municipios aledaños, se miran en Nelson como si fuese su propio espejo y se pasean vestidas como lo hacía él por las avenidas casi todos los días, mientras los minutos pasan por sus cuerpos, estableciendo la duración del tiempo con humanidad ajena.

Mi hermano, el médico Nelson fue una pérdida muy dolorosa para todos nosotros cuando menos la esperábamos y desde entonces, nuestros ojos despliegan una inmensa mirada triste, acompañada de un silencio mayúsculo que llora cada vez que mencionan su nombre por alguna circunstancia de vida que pareciera por supuesto, no caducar sobre todo en las noches cuando las aves se dan de golpes contra la claridad de la luna llena.

A mí hace mucho tiempo me han tratado de loco porque no dejo descansar a Nelson en paz, pero es que ni él mismo puede descansar en sana paz porque no sabe quién o quiénes dieron la orden de asesinarlo pegándole tres disparos con una pistola automática, en su cabeza con premeditación y alevosía, aquella tarde de abril cuando se disponía a saborear un sancocho de pescado que tanto le gustaba, acompañado de su abogada, Edith María Carrillo Badillo en el restaurante “don Efra” de la calle 52 con 43 esquina. Entonces, razones tengo de perseguir su recuerdo que vuela magullado por toda su casa, su finca La Juntera, mi casa, las casas de mis hermanos y hermanas, en fin por todo el pueblo, con una perdurable vivencia de extensiones trastocadas.


No me queda otra cosa que seguir indagando y tropezándome con las palabras para lograr sus recuerdos de un presente que sea ha vuelto histórico en la querencia diaria. Es que es muy duro y triste, amables lectores, un hermano sin su hermano, no sentir la alegría de su cara en la mía, es todavía más durísimo, es decir, todos esos años como dice el poeta Joan Margarit : “ debo convivir con la tristeza y la felicidad, vecinas implacables”.


Ahora voy en un bus, escucho un vallenato: “¡Ay! Perdóneme señorita si en algo llego a ofenderla, pero es que usted tan bonita, que no me canso de verla”, (La juntera), creo que es Nelson el que canta, y no Diomedes Díaz, no lo sé, solo sé que unas lágrimas recorren mis mejillas y que una hermosa dama sentada a mi lado, me dice sorprendida, qué le pasa, señor. Trato de recomponer mi cara antes de responderle: ¡Es que con esa canción que está sonando, señorita, me acuerdo de mi hermano Nelson, un médico que mataron el 29 de abril de 2004, un hombre de puertas abiertas, por donde, sin pedir permiso, entraba todo el que quería a cualquier hora del día, de la noche o madrugada. Ese día, no solo lo mataron a él sino a todo un pueblo que aún llora porque su asesinato sigue en la más completa impunidad!

























jueves, 14 de noviembre de 2019

“Estoy convencida de que somos más los que queremos la paz que los que quieren la guerra, de manera que si callamos, nos matan, y si hablamos, también”

Por Tito Mejía Sarmiento

Esas fueron las últimas palabras de la líder indígena Cristina Bautista Taquinás, asesinada en la masacre perpetrada en el resguardo de Tacueyó, en Toribío, región del norte del Cauca. 

En un video (https://www.youtube.com/watch?v=xY0OdRDd_Vo) que se ha vuelto viral en casi todas las plataformas digitales, la gobernadora, Cristina Bautista, mujer de 42 años, egresada de la Universidad del Valle en Trabajo Social, profundamente preocupada por la situación que está atravesando desde hace un año no solo su comunidad sino todos los habitantes de Colombia, les agradece a sus comunidades, principalmente, sobre mantenerse en “resistencia” ante los grupos armados. "Esto es una problemática nacional y como nuestro principio es la unidad debemos estar atentos, sin lugar a dudas", expresa moviendo sus manos con un justo desvelo.

Pero de nada valió su deprecación porque la valerosa indígena fue asesinada el pasado 30 de octubre de 2019, cuando, según el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), se movilizaba junto con otras autoridades nativas en un vehículo de la Unidad Nacional de Protección (UNP), y a la altura de la vereda La Luz, fueron emboscadas por hombres armados que llegaron en una camioneta negra y les dispararon durante más de 10 minutos con alevosía. Los cuatro guardas asesinados fueron identificados como José Gerardo Soto, Asdrúval Cayapú, Eliodoro Inscué y James Wilfredo Soto.

“Cristina venía trabajando el tema de los derechos humanos. Le gustaba mucho el ejercicio organizativo y eso fue lo que le permitió llegar a ser autoridad Neehwe'sx, y justamente desde esa tarea que venía cumpliendo fue vilmente asesinada”, manifestó Hermes Pete, consejero mayor del (CRIC).

"Uno de los principios como pueblos indígenas es la unidad. Tenemos un lema: 'Tocan a uno, tocan a todos'. En este momento, en el municipio de Toribío, somos 35.000, están los 102 pueblos indígenas que hacen parte del territorio nacional", prosiguió el consejero.

El ataque según fuentes cercanas al gobierno fue atribuido al frente “Dagoberto Ramos”, disidencia de las FARC, y a otras fuerzas oscuras. Lo que sí parece claro como van las cosas, es que los gobernantes de turno, están mirando con indiferencia el mundo indígena que les rodea, mientras la realidad nternacional aplasta por otro lado, los sueños de nuestros primeros pobladores. ¡Vean en su totalidad el video y saquen sus propias conclusiones, porque las palabras están sobrando cada día más en Colombia y a sus colectividades se les está acabando la paciencia!