sábado, 24 de septiembre de 2016

Diálogo vespertino con mi madre.



Diálogo vespertino con mi madre Eloina, el día que cumplió otro año más de vida (21 de octubre de 2016)
Por Tito Mejía Sarmiento





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¿Qué dice la mujer más hermosa del mundo y que con mucho amor me trajo a la vida?

_ ¿Y usted quién es?

_ ¡Soy tu hijo, Tito César Mejía Sarmiento!

_ ¡Pa´ joderte! ¡Tito es más bonito que tú!

…Pero mamá, ¿Yo soy Tito?... ¡Tu negro bonito, como tú siempre me has dicho!

Sonríe de momento, como tratando de apartar el Alzhéimer que desde hace 10 años, la tiene acorralada y suelta una pregunta: ¿Por qué tanta gente hoy, aquí en la casa?

_ ¡Estás cumpliendo años, mi amor! Y por eso, todos tus hijos, tus hijas, tus vecinos (as) estamos aquí para felicitarte.

_ ¡Eso es mentira! ¿Y por qué no está el sinvergüenza de tu papá? (Basta aclarar, que mi papá César Eurípides Mejía Pizarro, murió el 11 de abril de 2011)

_ ¡A lo mejor viene ahorita, mama!

_Estoy segura que no viene por estar enamorando a otras en el paseo Bolívar. Siempre lo ven por allá. ¿Niño, por qué no vas y le dices que venga? Dile que si no se ve tan viejo para estar todavía enamorando, muchachitas.

…En esos instantes, entra en la sala mi hermano Cipriano, el mayor y le dice: ¡Felicitaciones, Eloina!

_ ¡Otro que viene a joder con que cumplo años, hoy!

Mamá se levanta del sofá como tratando de buscar en la cocina a Vilma, mi hermana menor, la persona con quien más se identifica en sus ratos de lucidez. (Obvias razones, Vilma desde hace varios años, es la que más cuida de ella en el pueblo, mientras Cipriano, Bertha y yo que residimos en la capital, solo acostumbramos verla por cuestiones de trabajo, sábado, domingos y festivos, pero eso sí, estamos pendiente de ella a través de Vilma y por supuesto de Arnaldo, el hijo consentido de mi mamá, que también vive en Santo Tomás).


De pronto, suena en la voz de Javier Solis, la primera estrofa de una ranchera:

“Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
hoy por ser día de tu santo, te las cantamos aquí.
Despierta mi bien despierta,
mira que ya amaneció…
Ya los pajaritos cantan
la luna ya se metió…”

En el mar de los ojos de mi madre, se balancean grandes olas de tristeza, al terminar la melodía, y quizás como recobrando el don de la ubicuidad temporal por un instante, se mira en el espejo gigante que cuelga en la pared de la sala y sonríe al verse reflejada tan bella en otro rostro. Es decir, mamá parece ser la que huye, pero también la que se queda.

_ ¿Y cuántos años cumples hoy, entonces, mamá?_

_Todos los que usted quiera, señor_

Batiéndose como toda una leona para sacudir las palabras del deseo estancadas en su mente, y llevando en su memoria la huella de un ser querido que conoce y que lucha por momentos hallar su verdadero nombre, lanza una detonante pregunta que a todos nos parte el alma:

_ ¿Si ustedes dicen que yo estoy cumpliendo años hoy, por qué no veo a mi hijo Nelson, acá?_

Finalmente tragándome todo el aire ante semejante pregunta, opté por señalarle con mi dedo índice derecho, un retrato donde aparece mi hermano Nelson habitado de ilusiones. Mientras tanto, afuera la noche se hacía inmensa.

(A mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, lo asesinaron vilmente por la espalda cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, el 29 de abril de 2004, frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez).





¡Basta ya de tanta guerra!¡Votemos por el sí, este domingo 2 de octubre de 2016!
                                                                                  Con quién sueñas, abuelo Francisco
                                                                                                                    ahora que llevas
                                                                                                             tantos días de siesta.
                                                                                                                                  G.A.G.

Por Tito Mejía Sarmiento
Nos acostumbramos a buscar la muerte en los ojos de todos, solíamos pasar más tiempo en los cementerios que en nuestras propias casa, es decir, teníamos el sello de la parca en la solapa, nos volvimos paranoicos desde todo punto de vista, de ver tantos ríos de sangre que se desbordaron en las noches de vigilia sobre la palabra abandonada por el miedo. Y para decir verdad, todavía es la hora, que muchas personas no conocen el paradero de sus familiares por tanta guerra en derredor de toda la geografía nacional, pero llegó la hora de decir: ¡Basta ya de tanta guerra! ¡Votemos por el sí, este domingo 2 de octubre de 2016!
Personalmente, padecí los estragos de la violencia cuando el 29 de abril de 2004, a escasos metros del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), en  Barranquilla, asesinaron cobardemente por la espalda a mi hermano, el médico Nelson Mejía Sarmiento (un hombre como dijera el día de su sepelio, el escritor Ramón Molinares,  de puertas abiertas, por donde, sin pedir permiso entraba todo el quería a cualquier hora del día o de la noche), cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, siendo presidente de nuestro país Álvaro Uribe Vélez, pero al igual que la mayoría de los colombianos, quisiera con todas las ansias de mi alma, vivir y envejecer por largo tiempo de la forma más pacífica posible, ser un poeta sin miedo, un poeta que pueda contar las estrellas completas de un cielo apacible todas las noches, mientras una leve brisa se mueva también bajo la luna y los pájaros cierren alegres sus alas para descansar en  sus nidos.   
Así como nuestros abuelos compartieron hace muchísimos años, el agua fresca de las tinajas, respetuosamente les digo a mis conciudadanos, que compartamos  también en una especie de Santo Grial, este domingo 2 de octubre de 2016, cuando el haya salido victorioso en el plebiscito, para asimismo acabar con tantos años de guerra fratricida en nuestra amada Colombia.
¡Entonces, bienvenida la paz que tanto hemos anhelado y que se calle la  multípara rechifla de las balas asesinas!


domingo, 4 de septiembre de 2016


¡Virginia De la Hoz, una metáfora de vida!

Por Tito Mejía Sarmiento

¡No  quiero llanto ante la infinita partida de una sencilla y humilde mujer de 94 años! Antes por el contrario, deberíamos darle gracias a la vida por haberla tenido por mucho tiempo con nosotros, por hacernos  felices con su bondad a toda prueba, con su sonrisa que clamaba el goce constante de los días. Para “Viñe”, mi suegra, no había tristeza en el vasto océano de los momentos adversos, entonces para qué llorar. ¡Nada de eso!
Primero pensaba y después actuaba con la paciencia jobiana para acertar en todo el centro de la diana.

Fui testigo en múltiples ocasiones de sus apuntes optimistas, su conciencia de mesura, su vocación proverbial, su entrega de amor total para propios y extraños,  su capacidad de observación cotidiana para hablar de emocionantes anécdotas de su pasado reciente y por supuesto del presente, por la  sencilla razón de que  su experiencia personal, su lucidez mental impecable, su envidiable audición, su visión cristalina  le permitían un  entorno tangible de la realidad acumulada de los días que vivió.

¡Por eso, no lloremos hoy! El mensaje es claro: la tristeza, como las tormentas, acaba por disiparse. Únicamente hay que mantenerse firme y soportar los embates de la tempestad mientras esta dure, como dice el poeta José Alcaraz.
¡Recordemos a la viejita linda y risueña por lo que fue, no por lo que uno crea que va a ser, eso sí, todos los  días recordémosla porque el olvido también tiene memoria! ¡Recordémosla con afecto y recogimiento, sin llorar, para que no nos pase como aquel  niño al que se le escapó un globo y comenzó a pedir ayuda, entonces las personas en vez de recobrarle su globo, lo que hicieron fue burlarse de él por la forma  como ascendía más el globo en el horizonte. 

¡La vieja “Viñe” fue, es y será para todos nosotros, la luz del verso que todo lo aclara aunque pase el tiempo! “Viñe” aparecerá  cada vez  que nos miremos   en el espejo de la casa que una vez habitó.
Como supongo que cada uno de ustedes: hijos, hijas, nietos, bisnietos, tataranietos y demás familiares  tienen un bonito recuerdo de “Viñe”, yo me quedo mientras miro la tarde que pierdo, con su   muletilla preferida: ¡Gea!
“Viñe” encontró en todos nosotros su recompensa, por eso atesoró muchas ganancias.
¡Hasta siempre, amada “Viñe”!
Palabras pronunciadas en el sepelio.

Santo Tomás, 10 de agosto de 2016

miércoles, 3 de agosto de 2016

Have a wonderful year and a prosperous carnival! ¡Feliz año y próspero carnaval!

 Por Tito Mejía Sarmiento

“Se fue en paz, con muy poco sufrimiento y rematando con un feliz año y próspero carnaval para todos”.

Ese fue el primer mensaje con el que me tropecé en el inbox de mi Facebook, la madrugada del 27 de julio de 2016. Según palabras de su hija María, el gran Teo Pérez Quintero, (hijo del famosísimo lector de noticias, narrador de boxeo y beisbol, Marcos Pérez Caicedo), había agonizado hacía pocos momentos de una penosa enfermedad, en Miami (EE.UU).

Juro que quedé anonadado por un buen rato, mientras lloraba por el amigo, a quien había conocido cuando trabajé en el Grupo Radial Colombiano de Barranquilla, gerenciado por su hermano, el también destacado locutor y periodista Marcos Pérez Quintero, a comienzo de los años noventa. Ahí, en esa cadena, Teo y quien escribe, servimos de traductores en Inglés, en los partidos de beisbol profesional colombiano narrados por Marcos Junior.

Si preciso más, la primera vez que lo conocí fue en la biblioteca departamental, hoy Meira del Mar, investigando sobre un trabajo que le había colocado un profesor de Lengua Castellana del Liceo de Cervantes, de donde salió egresado en 1976. Desde entonces seguí su trayectoria profesional en Colombia y los Estados Unidos, hasta el día de hoy, jalonada con la obtención de logros universitarios: Ciencias políticas y una laureada especialización en Finanzas en Manhattan College.

Con todo, aparte de los juicios para hilvanar este fragmentario panegírico, pero globalmente unitario además, Teo era poseedor de una voz privilegiada, tenía fluidez para unir pensamiento y palabra, es decir, lograba la frase exacta para el momento preciso. Como gran defensor y combativo que era del idioma Castellano, siempre nos decía que no nos olvidáramos de las palabras claves porque en cualquier instante las íbamos a necesitar ya que ellas eran como esas prendas guardadas en el ropero que a veces nos salvan cuando añaden jovialidad e improvisación.


Por algo, el reconocido locutor y periodista Abel González Chávez no escatimó esfuerzo para vincularlo en la nómina de Satélite, programa difundido por Emisora Atlántico con la conexión internacional a través del corredor americano. Emocionantes “los combates argumentales” sobre cualquier tema que Teo sostenía con el “cubano” José Marenco, el historiador Pepe Sánchez y por supuesto, Abel, el conductor del programa que se difunde de lunes a viernes en la franja de una a tres de la tarde.


No voy a apoyarme de un tajo en la premisa de que todo ser humano cuando muere es bueno, pero Teo, si lo era. Amén de ser una persona extraordinaria y genial, amaba el carnaval en todas sus manifestaciones. Apreciaba mucho sus amistades y las quería a cada instante. Su vida puede que se haya acabado pero su memoria y recuerdos vivirán por siempre y, golpearán el silencio con su inconmovible reposo que, causará como es lógico, una herida imposible de cerrar en la alborada de su esposa Yaneth, su hija María, sus hermanos y de sus amigos que tanto lo valorábamos.
Parodiando al poeta, traductor, crítico y lingüista español, Gabriel Ferrater Soler, el gran Teo será: “el recuerdo que tenemos ahora: ídolo impaciente para la fe sumisa del después".
Till we meet again, dear friend, Teo! ¡Hasta siempre querido amigo, Teo!

sábado, 9 de julio de 2016

¡Lao y Víctor Herrera, cuando la noticia corre por las venas!
Por Tito Mejía Sarmiento*

Lao y Víctor se despiertan ahora más temprano que nunca (tres y treinta de la madrugada) en sus respectivas residencias, dándole muchas gracias a DIOS (son unos creyentes empedernidos) y sin la necesidad de un reloj despertador. El motivo de este madrugón es encontrarse otra vez en las comunicaciones, o mejor para “enfrentarse en la difusión de sus  noticieros en el horario de 5:00 a 9:00 a.m., en su primera y única emisión. Víctor en Radio Tropical de la cadena Radial La Libertad y Lao en Radio el Sol RCN y Radio 1 FM Estéreo”.
Pero también vale la pena aclarar a los lectores que, “esa levantada tempranera”, no es una mera coincidencia, más bien parece una inveterada costumbre que proviene de don Víctor Herrera De la Espriella, su padre, uno de los hombres más cultos de Barranquilla, quien les inculcaba que “había que levantarse lo más temprano posible de lunes a viernes bajo los efectos motivadores del gran hacedor del universo, para realizar las tareas escolares y para estar enterados de todos los aconteceres orbitales”. Y quien aún a sus 103 años de vida vividos a plenitud, les recuerda con vigor la frase del escritor y maestro del periodismo polaco Ryszard Kapuscinki que - “para uno poder  escribir una hoja tiene que haberse leído cien” –
“Nuestro padre, el mismo de las famosas efemérides difundidas a través del radio - periódico “Informando” del siempre recordado Marcos Pérez Caicedo, es el mejor consejero  que tenemos y de  él aprendemos, como es lógico, al pie de la letra las grandes lecciones de la vida”, responden al unísono estos dos importantes valores de la radio y la televisión del Caribe Colombiano, nacidos en una humilde vivienda del barrio Los Andes, hace más de cincuenta y seis años.
Cabe destacar que cuando la ciudad aún tiene en sus entrañas el peso acumulado de miles instantes reprimidos, Lao y Víctor, los hermanos Herrera, hacen ejercicios diafragmáticos, guturales, se dan el consagrado baño, saborean el aroma de una humeante taza de café caliente, se llaman por teléfono entre sí, se visten con la pulcritud de los hombres caribeños, se miran al espejo sin el lastre de ser otros sino ellos mismos, para luego a las cinco en punto de la mañana, “estar prestos en la lectura de las noticias, entrevistas y  comentarios” , y respondiendo como es lógico durante la emisión del noticiero, todas las inquietudes y solicitudes de la audiencia como si hicieran parte de un verdadero canto gregoriano de los caballeros crucíferos en la antigua Roma. Entonces, los oyentes empiezan a llamar a sus respectivas líneas telefónicas, “armándose una troyana guerra conceptual” con epítetos, particularidades… por supuesto, sin pasiones.., gracias a estos dos hermanos de carne y huesos nacidos, repito,  en una humilde vivienda del barrio los Andes, cuando en  nuestra ciudad se podía dormir con las ventanas abiertas para que la brisa caribeña entrase por ellas sin pedir permiso.




Trayectoria
Sentados en el patio de la casa de Víctor que está situada en el populoso barrio El Prado, con la presencia de su padre y bajo la tímida sombra de un cúmulo de helechos y palmiches que sirve de testigo mudo de esta entrevista, más unas eróticas gotas de  lluvia que caen,  y los no muy lejanos retratos de pintores colombianos que ornan el ambiente, Víctor y Lao cuentan a los lectores de la revista  “La Urraka” sobre la respectiva trayectoria en la radiodifusión colombiana de cada uno:
Lao: “Arranqué en la radio en 1974, comentándole a Tomás Barraza Manotas en La Voz de la Patria, quien más tarde me  insinuó que narrara fútbol. Así lo hice y me fui para Caracol Cúcuta, regresé a Barranquilla, narrando para Emisora Atlántico, pasé a RCN en Santa Marta, Medellín, Cali, Pro - deportivo Sutatenza en Bogotá con Armando Moncada Campuzano. Trabajé después en Todelar Barranquilla, donde tú, mi querido Tito, fuiste a propósito mi voz comercial al lado de Luís Alberto “Cheo” Feliciano y Efraín Peñate Rodríguez. Años más tarde, me dediqué a la lectura de noticias en Caracol y después en Radio Tropical, donde estuve vinculado varios años, en Barranquilla Estéreo un corto tiempo, y ahora en Radio el Sol RCN y Radio 1 FM Estéreo.  Además, narré varias peleas de boxeo por  campeonatos mundiales, recuerdo aquella memorable por el título mosca entre  Fidel Bassa y  Dave McAuley en Belfast, Irlanda del Norte, al lado de los desaparecidos colegas Fabio Poveda Márquez y Ernesto McCausland. Aquello, fue realmente épico por muchos aspectos: el clima, los jueces, el público, el idioma Inglés, del cual, Fabio y yo no sabíamos ni jota, de vaina McCausland que lo hablaba perfectamente. Fui elegido concejal de mi ciudad Barranquilla con unos proyectos cristalizados”.

Víctor: “Fundamentalmente, me inicié en calidad de director deportivo en Todelar Barranquilla, años después pasé al Grupo Radial Colombiano,  luego a Caracol, haciéndole comentarios con mi hermano Joao a Edgar Perea Arias. Entonces, hice un cambio en mi vida radial y salté como editor político al periódico La Libertad. Pero Tito, tú sabes que el gusanillo de la radio es incesante y regresé a ella como reportero de la mañana en  Caracol al lado de Rafael Sarmiento Coley. Incursioné a la televisión, y allí me fui abriendo paso en el periodismo social, fui el director Regional de noticias en Caracol Radio. En Telecaribe hago  “Tertulia Caribe” con Martín Tapias. Ahora estoy desde hace bastante rato en Radio Tropical con mi noticiero. Además, soy abogado pero nunca he ejercido el Derecho  y con el ánimo de superarme cada día más, terminé  una maestría en Comunicación Social con énfasis en nuevas tecnologías”.



Los Noticieros Radiales de hoy en la ciudad
Parecen escarbar en los recodos de sus mentes para no herir susceptibilidades por algún nombre omitido, antes de hablar de los colegas que leen noticias o tienen sus espacios como apoyándose en la famosa sentencia del novelista israelita David Grossman: “Si humillas a alguien nunca tendrás un buen vecino.”
Lao: “Casi todos los periodistas  que dirigen noticieros en nuestra ciudad tienen mundo, han sabido aprovechar la tecnología, tienen categoría, tocan temas profundos porque tienen facilidad conceptual, respetan al oyente, sientan su posición ante cualquier adversidad sin dejarse torcer. Por ejemplo, Jorge Cura Amar es un excelente profesional, incansable, digno de admirar indudablemente. Otro admirable es Osvaldo  Sampayo Cobo y Víctor López, en fin hay  mucha gente buena que viene abriendo surcos en las noticias, pero no hay un buen lector de noticias como Marcos Pérez Caicedo, Gustavo Castillo García, Ventura Díaz Mejía, tres monstruos de la época pasada”.
Víctor: “Hay una generación de gente en el periodismo noticioso que está trabajando con principios mucho más éticos, con más tecnología, verbo y gracia: Jorge Cura Amar, un ejemplo de un  extranjero que es bien recibido en nuestra ciudad por su calidad, excelente profesional que le sirve mucho a Barranquilla, Osvaldo Sampayo Cobo que se acaba de ganar otro premio nacional de periodismo, Henry Forero Jaramillo, Eduardo Hernández, quien a mi modo de escuchar tiene la mejor dicción en la lectura de noticias,  el mismo Ricardo Díaz De la Rosa, entre otros. En fin, hay de donde escoger  sin lugar a dudas”

Sueños por cumplir
Catalogados por sus admiradores como unos locutores y periodistas destinados a la continua búsqueda de mejoras para la ciudad y el Caribe colombiano e innovadores a escala social que poseen una visión muy amplia, dicen simultáneamente que el gran proyecto o sueño que tienen en mente es: “Trabajar juntos en un noticiero de televisión con un nuevo plan de vida, un ritmo diferente de lunes a viernes, y en  donde podamos decir las cosas sin ningunas limitaciones”.

Tito Mejía Sarmiento*
Licenciado en Filología e Idiomas, Universidad del Atlántico; poeta, locutor y docente de tiempo completo en el Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla.
Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, 2001.




martes, 14 de junio de 2016



“El proletariado de los dioses”

“El cronista no tiene la verdad absoluta pues la verdad más valiosa es la que le cuentan sus personajes”

Juan Villoro



Por Tito Mejía Sarmiento*

Luego de haber leído con mucho detenimiento todas las crónicas que componen este libro, me queda la seductora sensación de que hay muy buenos cronistas en el Caribe Colombiano, entre ellos Paul Brito, que hacen distinción al género narrativo con el sano propósito de revalorarlo críticamente desde la configuración de nuestros días sin afectar como es lógico la credibilidad tradicional.



Quedé fascinado. Y lo manifiesto, no por ser su amigo, porque por encima de los compromisos de la amistad está la responsabilidad con la palabra, con la literatura o con el propio arte. Por algo, los entendidos en la materia: Ramón Molinares, Alberto Salcedo Ramos, Heriberto Fiorillo, Álvaro Suescún, Juan Isaza, Iván Bernal, Joaquín Mattos Omar, Pedro Conrado y Michael David Durán no dudaron tampoco en derramar en los diferentes medios de comunicación, un torrencial aguacero de buenos calificativos acerca del mismo.

Entonces, se me hace imperativo recomendar con lealtad lectora este texto por múltiples razones. La primera, porque en las aristas del relato hegemónico de cada crónica por ejemplo, comienzan a aparecer toda clase de personajes donde la omnisciencia del narrador los acompaña con buen tino en lugares por los cuales se mueven: colegios, centros comerciales, iglesias, gimnasios, pueblos lejanos de las urbe…, entendiendo que ellos no en todas partes se comportan de la misma forma.

Algo destacable por parte de Paul Brito es que sitúa en el centro a la gente común e incluso a su propio padre “el canario Brito” con distintos formatos: un día mi padre zarpó de las Islas Canarias, su tierra natal cuando tenía 19 años de edad para establecerse en América pensando que el mundo era redondo, redondo como un balón de fútbol (El manglar y el canario); unos jubilados jubilosos que recuerdan el cliché de que los viejos terminan siendo niños de nuevo (Jubilados jubilosos); o de unos pobres relojeros que dan la impresión de que el tiempo se estuviera agotando (El oficio de reparar el tiempo); unos muchachos que viven en los extramuros de la ciudad que se dedican a domar el tiempo a través del compás de su propio cuerpo bailando el breakdance (Instrucciones para quebrarse los huesos), y terminan haciendo, como es lógico, el trágico papel de hombres sabios de su propia persistencia.

La segunda razón, por la manera como fueron escritas las 14 historias, teniendo en cuenta los tres tipos de crónicas que se conocen: narrativa, descriptiva y argumentativa con una enorme profundización filosófica, permitiéndole a cada uno de sus personajes la ética que todo cronista debe respetar, ya que por lógica, es una condición sine qua non para percibir el universo literario que se desea, es decir, acá la vida misma gana con el encantamiento de la Literatura: Las manías, como las olas remolcan una promesa pero también una reclamación. El mar le concede a quien está en la playa todas las olas que mueren a sus pies, como un reflujo de las miles de generaciones que lo antecedieron, y los miles de impulsos y afanes que aún se agitan en su sangre (Maestros de la repetición).

Además, “El proletariado de los dioses” es un libro de viajes con atractivas metáforas

donde el estilo personal del autor está repleto de unos elementos valorativos que transportan al lector hacia donde él quiere y lo retorna satisfecho a su lugar de origen: parece mentira que una cosa tan inasible como el viento, tan abstracta, le cambie el rostro a la ciudad, modifique el comportamiento de sus habitantes, desfigure sus modales, los arrincone en la ridiculez y que el responsable ni siquiera se pueda señalar con el dedo (Una historia al viento). Y que ese mismo viento haga que un calvo agarre los tres pelos que lamen su cráneo y trate afanosamente de pegárselos de nuevo, pero la brisa burlona no se lo permita.

Paul Brito a lo Juan Villoro, reconocido escritor de México, tuvo que aventurarse a experimentar todo lo que implica escribir un texto de crónicas, debió tomarse todo el tiempo necesario para reconocer e interpretar la realidad, y también emprender la gran odisea para apropiarse de los hechos y espacios justos que se involucraron con los protagonistas de “El proletariado de los dioses”.

Gracias, Paul Brito por darnos a conocer tu libro, a mí personalmente, me sirvió para interpretar otro valor agregado acerca de la crónica. Por algo, es tan grande y secreto el techo del mundo que a él mismo le sacamos las verdades sin que se dé cuenta.


Tito Mejía Sarmiento*
Licenciado en Filología e Idiomas, Universidad del Atlántico; poeta, locutor y docente de tiempo completo en el Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla.
Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, 2001.

domingo, 15 de mayo de 2016



La incapacidad de recordar la palabra correcta
¡Estoy muy preocupado porque desde hace varios días, se me están olvidando como por arte de magia, algunas palabras a pesar de tenerlas ya en la punta de mi lengua!

Por Tito Mejía Sarmiento*

Un amigo de tertulias literarias, parrandas…, y cuyo nombre no voy a revelar por razones obvias, últimamente cuando hablamos me dice: “Estoy muy preocupado porque desde hace varios días, se me están olvidando como por arte de magia, algunas palabras a pesar de tenerlas ya en la punta de mi lengua”.

La desesperación de mi amigo se vuelve superlativa porque él está convencido desde todo punto de vista que es Alzhéimer, esa enfermedad mental progresiva que según los especialistas se caracteriza por una degeneración de las células nerviosas del cerebro y una disminución de la masa cerebral; las manifestaciones básicas son la pérdida de memoria, la desorientación temporal, espacial y el deterioro intelectual y personal.

Mi amigo me manifiesta con temor que el Alzhéimer parece que lo estuviera encerrando en un cuadrilátero del cual no puede bajarse y lo peor, según él, varios miembros de su familia ya están bañándose en el piélago de ese monstruo de irreverente olvido.

Entonces, yo para hacerle un gordo favor le digo ¡qué alzhéimer ni qué carajo!, ¡que no se preocupe que eso es algo que la mayoría de las personas experimenta!; es decir, el, habitualmente, natural proceso de verbalizar unas frases, palabras (por ejemplo, “la cosa esa” cuando se refiere a nombres propios) que ocasionalmente usamos y que de algún modo, se queda atrancado debido a un molesto bloqueo mental que probablemente queremos emplear tratando de ganar tiempo, mientras llenamos el vacío de las palabras olvidadas.

Además, lo animo diciéndole que eso hace parte de una situación letológica. (Una palabra moderna derivada del griego lethe, olvido y logos, lenguaje y le recuerdo unos libros que dicen que en la mitología griega, Lethe era también uno de los cinco ríos del mundo subterráneo, donde las almas de los muertos bebían para olvidar todos los recuerdos terrenales y Lete o Leteo, cuyo nombre significa olvido, era una divinidad nacida del Éride ,conocida también conocida como la Discordia, concebida como una abstracción, y hermana de Hipno , el sueño- y Tánato , la muerte-).

Cabe destacar que la utilización del término letológica se atribuyó popularmente a Carl Gustav Jung, médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo a principios del siglo XX, pero los primeros registros datan de la edición de 1915 del Diccionario Dorland Enciclopédico Ilustrado de Medicina, que definió letológica como la "incapacidad de recordar la palabra correcta".

Para darle colofón a esta no muy extensa apreciación conceptual, le manifiesto a mi temeroso amigo que nuestras mentes son asociativas y se cimientan con base en unos modelos de indagación interconectados, por eso, para que podamos recordar una palabra depende de unos generosos patrones con otras partes importantes de informaciones sobre todo lexicales, por ejemplo en vez de “embrollo”, acudimos minutos más tarde a “enredo, maraña, lío, caos, barullo” y así sucesivamente.

Por eso, mi estimado amigo, no te preocupes tanto y te recuerdo de paso lo que dice la gran poeta italiana María Paz Argentieri, en uno de sus versos del poema Prólogo:

“Si coges los numerosos cabos
de cualquier hilo
e intentas contarlos
entre los dedos te quedan
deshilachados, pero
vuelven al origen
de la madeja informe”.

¡Ah y se me olvidaba algo, tú eres y serás siempre, uno de mis mejores amigos de esta y de todas las vidas!

Tito Mejía Sarmiento*

Licenciado en Filología e Idiomas, Universidad del Atlántico; Poeta, locutor y docente de tiempo completo en el Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla.

Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, 2001