jueves, 31 de agosto de 2017
jueves, 10 de agosto de 2017
martes, 18 de julio de 2017
Contra toda evidencia, el cuento
Por Tito Mejía Sarmiento*
Diez años estuvo asomado a la vida sin detenerse un solo día, largas noches e incluso madrugadas, el buen narrador cartagenero, Juan Carlos Céspedes Acosta para regalarnos 24 relatos compilados en su nueva obra titulada “Contra toda evidencia, el cuento”.
Sea el momento para hablar de los ordenamientos atrayentes que
se hallan en el texto, de la magnífica prosa que irrumpe en algunos relatos con una fuerza poética, iconografías que el autor le ha pedido prestadas a su propia poesía, advirtiéndonos que el cuento nace precisamente para ser contado desde todo punto de vista sin importar su placenta. De capital importancia, el estilo dialogado y sencillo que emerge de hechos trágicos en muchos de estos cuentos con una leve influencia de Edgar Allan Poe, Juan Rulfo, Franz Kafka y Ernest Hemingway, sin caer en la imitación sino en la señalada teoría del Iceberg organizacional de sus elementos, donde la parte consciente de los personajes de Céspedes, despierta a la inconsciente a simple vista, más allá de los cánones dictados por la propia secuencia gradual elegida y, la imperativa brevedad de los relatos que entre otras cosas, generan una profunda reflexión en el lector que se enfrenta de paso a una lucha existencial con el amor, la traición, la muerte, el caos social, como si él fuese otro personaje más y cuya vida puede transitar transparentemente alrededor de la órbita sideral de la misma narración, es decir el reflejo de una identidad siempre en búsqueda de la cual nos habla Cortázar.
Acercarnos a estos cuentos de Céspedes, es de algún modo un acto placentero, un catálogo de experiencias propias a favor del género literario que nos lleva a una realidad llamada ficción, la misma donde solo se construye un mundo sobre otro ya demolido de común acuerdo con la propia esencia liberadora de los condicionamientos sociales.
No dudo un segundo en recomendar este texto “Contra toda evidencia, el cuento” de Juan Carlos Céspedes Acosta, quien con seductora franqueza nos revela una narración prácticamente omnisciente a través de 136 páginas que ocasionan la magia que se conoce con el nombre de literaturización de la realidad.
Arresto, calidad, misterio, intimismo en su escritura, es lo que hallará quien desde ya desee penetrar en esta estancia de narraciones que a continuación relaciono en un orden de prioridad con todo respeto del autor, lo cual equivale a una aproximación subjetiva de los temas en cuanto a gustos: Éxodo, Anábasis, Fiona, El ruido, La dialéctica de la bala, Solo vine a morir a este pueblo, El último jacobino, El cerezo siempre florece, Los ojos de otros, mis ojos, Café para dos, El secreto de las puertas, Señales, El sexto elemento, ¿Alguien más quiere leer?, Por aquí es peligroso, Un crimen perfecto…
Buena por Juan Carlos quien logró establecer un adecuado contexto a través de las distintas historias que conforman este libro, allende de la deducción de la fábula y de sus representaciones dionisíacas.
Tito Mejía Sarmiento*
Filólogo de Universidad del Atlántico, poeta y locutor profesional.
sábado, 17 de junio de 2017
Si en este mes de junio, considerado el mes del padre, estuvieras a mi lado, viejo César
Mejía Pizarro (TITO)!
Por Tito Mejía Sarmiento
Imposible silenciar tu voz de mis oídos, papá.
Borrar tu imagen de mi memoria, también es imposible.
Desprender tu abrazo de mi cuerpo, es mucho más que imposible.
Tu piel es mi piel, viejo Tito.
Borrar tu imagen de mi memoria, también es imposible.
Desprender tu abrazo de mi cuerpo, es mucho más que imposible.
Tu piel es mi piel, viejo Tito.
Recojo el abril de tu vida para la mía, mi viejo amado.
Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro,
porque los guardaré en mi corazón,
y tu inteligencia de contador empírico,
y hablante de dos idiomas (Español e Inglés) mucho menos,
porque será el manual de presencias
para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas,
mi contertulio amado.
Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro,
porque los guardaré en mi corazón,
y tu inteligencia de contador empírico,
y hablante de dos idiomas (Español e Inglés) mucho menos,
porque será el manual de presencias
para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas,
mi contertulio amado.
Ahora cuando acudo a los predios de mi infancia,
me acuerdo de ti, enseñándome
cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido”
que me trajo el niño Dios por los años 60,
mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson, mis otros hermanos,
se retorcían en cólera porque sus barcos piratas
no querían partir de aquel puerto imaginario
de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe
en el inmenso patio de arena blanca de su casa.
me acuerdo de ti, enseñándome
cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido”
que me trajo el niño Dios por los años 60,
mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson, mis otros hermanos,
se retorcían en cólera porque sus barcos piratas
no querían partir de aquel puerto imaginario
de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe
en el inmenso patio de arena blanca de su casa.
Cómo olvidarme papá,
de la cotidianidad de tu mundo interior
que transportabas a la esfera de la ternura
de mi madre Eloina, quien entre otras cosas,
te aguantó durante muchos años,
las travesuras del Casanova enamorador
que fuiste y ella en su candor débil y triste,
te esperaba impacientemente en la terraza de la casa
como si te hubieras ido de viaje.
A lo mejor ahora en el cielo, tú y ella estarán bailando magistralmente,
la canción “El Guayacán” interpretada por Lisandro Meza
que tanto te gustaba y por supuesto, el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.
de la cotidianidad de tu mundo interior
que transportabas a la esfera de la ternura
de mi madre Eloina, quien entre otras cosas,
te aguantó durante muchos años,
las travesuras del Casanova enamorador
que fuiste y ella en su candor débil y triste,
te esperaba impacientemente en la terraza de la casa
como si te hubieras ido de viaje.
A lo mejor ahora en el cielo, tú y ella estarán bailando magistralmente,
la canción “El Guayacán” interpretada por Lisandro Meza
que tanto te gustaba y por supuesto, el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.
¡Papá, yo quiero ser tu yo, disperso en mil amores!
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta,
rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado,
toca el portón de las angustias,
traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza,
mientras las huellas de la vida
quedan impresas en los ojos del alma
para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta,
rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado,
toca el portón de las angustias,
traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza,
mientras las huellas de la vida
quedan impresas en los ojos del alma
para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Entonces, sólo quedan entre otras cosas,
las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas
y el cenicero con el último cigarro que fumaste
mientras jugabas dominó todos los domingos
en “El Nuevo Mundo” con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio,
mis tíos Néstor y Gustavo entre otros,
la infaltable botella de menticol
y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche,
en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas
y el cenicero con el último cigarro que fumaste
mientras jugabas dominó todos los domingos
en “El Nuevo Mundo” con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio,
mis tíos Néstor y Gustavo entre otros,
la infaltable botella de menticol
y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche,
en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
Y también por supuesto, quedan Bertha, Vilma,
Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra
y Kito escuchando tus pasos
con un amor verdadero y transitando caminos
sin tus manos por el resto de la casa.
Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido.
¡Qué orgulloso me siento de ti, papá!
¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!
Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra
y Kito escuchando tus pasos
con un amor verdadero y transitando caminos
sin tus manos por el resto de la casa.
Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido.
¡Qué orgulloso me siento de ti, papá!
¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!
Tu hijo, Tito Mejía Sarmiento.
Poeta Colombiano
Poeta Colombiano
martes, 13 de junio de 2017
¿Y
si Marco Coll Tesillo hubiese nacido en Argentina?
Por Tito Mejía Sarmiento
A raíz de la muerte del
“Olímpico” Marco Coll Tesillo, gran jugador de fútbol profesional, ocurrida el
6 de junio de 2017 en su natal Barranquilla y, ante el alud de elogios
superlativos por parte de la prensa hablada y escrita de nuestro país y de todo el orbe a su notable carrera deportiva
en muchos estadios, se me vino a la mente enseguida una pregunta con la cual
doy título a este escrito: ¿Y si Marco
Coll Tesillo hubiese nacido en Argentina?
¿Qué hubiera pasado se
preguntarán ustedes, a lo mejor? Pues, conociendo el valor, el ascenso social y el
reconocimiento que los argentinos saben proporcionar a sus futbolistas, por lo
menos: estatuas, monumentos, esculturas o escenarios se hubiesen levantado en
su nombre desde el mismo año 1962, cuando le anotó en el estadio Carlos
Dittborn de Arica, Chile (minuto 23 del segundo tiempo) el primer y único gol olímpico que hasta
ahora se haya marcado en toda la historia de un campeonato mundial
organizado por la Fifa, al mejor arquero del mundo según los entendidos: Lev
Yashin (la araña negra), quien entre otras cosas, es el único guardameta que ha
ganado el balón de oro. (Cabe destacar que
nuestro país participaba por primera vez en un campeonato de esa
magnitud, igualando a cuatro goles con su similar de la Unión Soviética, cuya
sigla era C.C.C.P. Tan importante fue aquel resultado que al año siguiente,
con la transparencia de los amaneceres y aún con el lenguaje del deseo
vivo, en nuestra nación se rebautizó la semántica de esa sigla para mofarse de
los Rusos por “Con Colombia casi perdemos”).
Pero lo enfadoso del caso,
es que Marco no nació en Argentina sino en nuestro país, donde la clase
dirigente nunca le ha importado un bledo el bienestar de los futbolistas sino
los millones que entran con facilidad pasmosa en las alforjas de la entidad deportiva. Y esto,
estimados lectores lo digo con conocimiento de causa porque en los últimos siete
(7) años en la vida del “Olímpico”, tuve muchos acercamientos con él y con
sus cinco (5) hijos: Marcos, Mario
Alberto, Orlando, Fabián y Omar, quienes siempre me hacían hincapié de
las promesas que nunca se cumplieron relacionadas por ejemplo con una casa y una pensión por parte de la Adefútbol,
hoy Federación Colombiana de fútbol para el “Olímpico”. Marco tuvo que irse a
trabajar a las minas del Cerrejón en la Guajira para poder obtener una pensión
y lograr de alguna manera capacitar a sus hijos.
Ojalá, a este exjugador
creativo del medio campo que fue muy jovial con la vida, con toda su familia,
con sus amigos(as), con el fútbol, que
se consideró un hombre muy creyente y sensible, al que le dolieron las injusticias sociales en el mundo y para
demostrarlo cada vez que hablábamos me
declamaba un verso muy visceral de la
poeta tolimense, Esperanza Carvajal Gallego: “...de nada nos sirve sentirnos
más que los otros, si dentro llevamos el reloj que nos oprime por igual en esa
batalla que nos estruja el alma”,
se le eternice la memoria bautizando con su nombre, el complejo
deportivo que se está construyendo por parte de la Federación Colombiana
de Fútbol sobre la avenida Circunvalar, en Barranquilla, y se cumpla por fin con la promesa de
su anterior presidente Luis Bedoya, quien eufórico ante la
alcaldesa de ese entonces, Elsa Noguera
y miles de invitados dijo: “sería
un justo homenaje a Marco Coll, una
leyenda viva del fútbol internacional”.
Ojalá que el actual
presidente de la Federación Colombiana de fútbol, Ramón Jesurún y el alcalde
Alex Char, quienes entre otras cosas son barranquilleros, le cumplan a Marco Coll Tesillo. (Que casualidad hay en
la vida, cuando el campeonato mundial de
fútbol se va a jugar en el 2018,
justamente en los estadios de Rusia, el país más extenso del mundo
y a
cuya selección le marcó categóricamente el gol histórico). Si esto
sucede, tengo la absoluta convicción de que Marco Coll Tesillo los
aplaudiría desde lo más alto
del estadio celestial con sumo placer y
de paso, el mejor locutor deportivo de Colombia en todos los tiempos, Édgar
Perea Arias, narraría con su vibrante calidad de siempre el segundo gol
olímpico de Marco como en su momento lo hiciera Gabriel Muñoz López con el
primero. “Ver para creer”, solía decir Santo Tomás.
Equipos donde militó, amén
de integrar la Selección Colombia:
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Equipos
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País
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Año
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jueves, 18 de mayo de 2017
sábado, 29 de abril de 2017
¿Por qué mataron a mi hermano, si era tan bueno?
Nelson Ricardo Mejía Sarmiento In Memoriam, médico y filántropo (1956 - 2004)
Por Tito Mejía Sarmiento
El 29 de abril del 2004, quedó imbricado en mi alma para siempre, en el de mi familia y por supuesto, en el de muchas personas de Santo Tomás (Atlántico). Ese día le segaron la vida a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, propinándole alevosamente dos disparos en la cabeza a escasos metros del DAS en Barranquilla. El presidente de Colombia era Álvaro Uribe Vélez.
Trece años después, nos seguimos preguntando el porqué mataron al médico de la eterna bondad, por qué mataron aquel niño delgado que corría detrás de un balón en la arenosa Calle Granada al final de los años 50s, el porqué mataron al mismo niño enjuto, de orejas grandes que simulaba curar con unos alambres eléctricos que hacían las veces de estetoscopio, a otros niños de su edad.
¿Sería porque era un facultativo de la Medicina, exitoso y competente?
¿Sería porque Nelson era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos o sencilla y llanamente porque regalaba las medicinas a muchos pacientes, fundamentalmente los más necesitados?
¿Sería porque Nelson era un líder genuino, honesto, que apareció cuando nuestro pueblo, Santo Tomás, atravesaba por una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de la historia, y logró catapultarlo en las dos oportunidades (de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007) en que fungió como alcalde, a la cúspide del progreso? De ahí el estribillo famoso que aún los Tomasinos recuerdan con afecto: “Con Nelson las obras sí se ven”
¿Sería porque los habitantes de Santo Tomás, como lo amaban tanto, lo eligieron dos veces alcalde con la votación más alta en la historia popular del municipio?
¿Sería porque le dio la oportunidad a varias personas con limitaciones físicas para trabajar: Armando Fernández, Rafael Manga Charris, Martha Fontalvo Badillo…, demostrándoles a muchos incrédulos que esos seres humanos podían ser útiles también a la sociedad?
¿Sería porque venía creciendo vertiginosamente en la política? ¡Ya lo estaban postulando para la Cámara de Representantes o el Senado de la República!
¿O sería como escribió en una oportunidad el gran escritor Ramón Molinares Sarmiento: “A Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo aman porque es un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”?
¿Sería porque llegó a ser padrino de más 400 niños(as) de Santo Tomás y poblaciones circunvecinas?
¿O Sería porque “Fuerzas Oscuras” simplemente querían quitarlo del camino porque no se dejaba sobornar, según reportes de prensa?
¿O sería porque sus rivales políticos ya no podían ganarle y…? ¡Tú sabes, dice un carismático sacerdote del Caribe!
El escritor y sociólogo Pedro Conrado tenía razón cuando me comentaba en el sepelio de Nelson que “En Colombia muchos conciudadanos no alcanzaban a llegar a los 50 años (Nelson tenía 46 años), porque las manos de la muerte les truncaban violentamente la vida. Tu hermano Nelson, por ejemplo, quería vivir 100 años, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, mi estimado Tito, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.
Yo sé que en este país la justicia vale una... De todas maneras, confiamos en que el crimen no quede impune como hasta ahora. Necesitamos saber la verdad para acabar con esta incertidumbre que todas las mañanas se asoma por las ventanas, burlándose de todos nosotros, mientras el día se expone al sentimiento y, en el mar de los ojos de toda la familia, se balancean grandes olas de tristeza, todavía.
Santo Tomás, 29 de abril de 2017.
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