sábado, 29 de abril de 2017
¿Por qué mataron a mi hermano, si era tan bueno?
Nelson Ricardo Mejía Sarmiento In Memoriam, médico y filántropo (1956 - 2004)
Por Tito Mejía Sarmiento
El 29 de abril del 2004, quedó imbricado en mi alma para siempre, en el de mi familia y por supuesto, en el de muchas personas de Santo Tomás (Atlántico). Ese día le segaron la vida a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, propinándole alevosamente dos disparos en la cabeza a escasos metros del DAS en Barranquilla. El presidente de Colombia era Álvaro Uribe Vélez.
Trece años después, nos seguimos preguntando el porqué mataron al médico de la eterna bondad, por qué mataron aquel niño delgado que corría detrás de un balón en la arenosa Calle Granada al final de los años 50s, el porqué mataron al mismo niño enjuto, de orejas grandes que simulaba curar con unos alambres eléctricos que hacían las veces de estetoscopio, a otros niños de su edad.
¿Sería porque era un facultativo de la Medicina, exitoso y competente?
¿Sería porque Nelson era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos o sencilla y llanamente porque regalaba las medicinas a muchos pacientes, fundamentalmente los más necesitados?
¿Sería porque Nelson era un líder genuino, honesto, que apareció cuando nuestro pueblo, Santo Tomás, atravesaba por una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de la historia, y logró catapultarlo en las dos oportunidades (de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007) en que fungió como alcalde, a la cúspide del progreso? De ahí el estribillo famoso que aún los Tomasinos recuerdan con afecto: “Con Nelson las obras sí se ven”
¿Sería porque los habitantes de Santo Tomás, como lo amaban tanto, lo eligieron dos veces alcalde con la votación más alta en la historia popular del municipio?
¿Sería porque le dio la oportunidad a varias personas con limitaciones físicas para trabajar: Armando Fernández, Rafael Manga Charris, Martha Fontalvo Badillo…, demostrándoles a muchos incrédulos que esos seres humanos podían ser útiles también a la sociedad?
¿Sería porque venía creciendo vertiginosamente en la política? ¡Ya lo estaban postulando para la Cámara de Representantes o el Senado de la República!
¿O sería como escribió en una oportunidad el gran escritor Ramón Molinares Sarmiento: “A Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo aman porque es un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”?
¿Sería porque llegó a ser padrino de más 400 niños(as) de Santo Tomás y poblaciones circunvecinas?
¿O Sería porque “Fuerzas Oscuras” simplemente querían quitarlo del camino porque no se dejaba sobornar, según reportes de prensa?
¿O sería porque sus rivales políticos ya no podían ganarle y…? ¡Tú sabes, dice un carismático sacerdote del Caribe!
El escritor y sociólogo Pedro Conrado tenía razón cuando me comentaba en el sepelio de Nelson que “En Colombia muchos conciudadanos no alcanzaban a llegar a los 50 años (Nelson tenía 46 años), porque las manos de la muerte les truncaban violentamente la vida. Tu hermano Nelson, por ejemplo, quería vivir 100 años, (él me lo dijo en cierta ocasión), tiempo existencial nada despreciable en un país en guerra eterna. Él me reiteraba que quería morir, un viernes certero de fiesta, morir de viejo como sus abuelos. Pero no lo dejaron, mi estimado Tito, no lo dejaron alcanzar la placidez y la sabiduría de la vejez”.
Yo sé que en este país la justicia vale una... De todas maneras, confiamos en que el crimen no quede impune como hasta ahora. Necesitamos saber la verdad para acabar con esta incertidumbre que todas las mañanas se asoma por las ventanas, burlándose de todos nosotros, mientras el día se expone al sentimiento y, en el mar de los ojos de toda la familia, se balancean grandes olas de tristeza, todavía.
Santo Tomás, 29 de abril de 2017.
miércoles, 5 de abril de 2017
¡Todo
pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive!
(13
años de su asesinato)
Por
Tito Mejía Sarmiento, en clave muy personal
Con la llegada del mes de
abril, el alma de mi familia se hincha más de dolor y angustia por el vil
asesinato de nuestro amado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. Aquel aciago 29 de
abril de 2004 a las 12:45 de la tarde, cuando mi hermano Nelson contaba con 43
años y fungía como alcalde de Santo Tomás, recibió dos disparos en la cabeza
que acabaron con su vida, de parte de un sicario por encargo, frente a la sede
del antiguo Departamento Administrativo de Seguridad (D.A.S.), siendo
presidente Álvaro Uribe Vélez.
Desde entonces, se ha
acudido sin descanso a diferentes instancias judiciales de la nación e incluso
foráneas con el enorme propósito de esclarecer ese homicidio o mejor,
conocer quiénes fueron los autores
determinantes (intelectuales) del mismo, pero el esfuerzo hasta ahora cuando
han transcurrido trece (13) años, no ha surtido ningún efecto, lo que demuestra
que la Justicia Colombiana sigue siendo
la alcantarilla que emana diariamente los olores más pútridos del globo
terráqueo.
Para
conocimiento de las nuevas generaciones, es importante destacar que en medio de
una Colombia angustiada y salpicada por la crisis social y la violencia, el
médico cirujano Nelson Mejía Sarmiento, graduado en la Universidad Estatal de
Cuenca (Ecuador), llegó a ser elegido dos veces alcalde popular de Santo Tomás
para los períodos constitucionales de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007 (obteniendo
las más altas votaciones en la historia del pueblo tomasino y realizando una
magnífica labor en su primera administración: ¡Ahí están las obras, ante los
ojos de todos!)
Y
cabe también recordar que minutos después del homicidio, muchos
habitantes de la población, como si fueran unos volcanes en iracunda erupción
empezaron a quemar el Palacio Municipal, las casas de los contradictores
políticos…Entonces, el gobernador del Atlántico, Carlos Rodado Noriega ordenó
militarizar todo el pueblo por varios días y decretó convocar a nuevas elecciones, el domingo 27 de
junio de 2004.
Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.
Pero el pueblo que es soberano y constituyente primario no se convirtió en el payaso de la realidad y supo interpretar la historia, eligiendo a Nelson nuevamente por tercera ocasión aun estando muerto, en la persona de su esposa Onésima Beyeh Cure.
Todavía
se siguen escribiendo muchas páginas acerca del médico Nelson Ricardo Mejía
Sarmiento, algunas clamando verdad y justicia por su asesinato; otras
reconociendo al gran líder carismático que, según opinión de muchos, sentó un
precedente sobre la forma de hacer política en Santo Tomás, guiada bajo los
principios de honradez y honestidad, teniendo como fin último el bienestar del
pueblo.
¡Todo sigue en la impunidad!
¡Todo
pareciera olvidarse, pero Nelson Mejía Sarmiento vive! Por eso, mi
madre hermosa Eloina Sarmiento Charris, a pesar de haber perdido bastante la
memoria a sus 87 años de vida y no es para menos, con justa razón se
pregunta en los momentos de lucidez mientras en el mar de sus ojos, solo
se balancean grandes olas de tristeza: ¿Entonces, quiénes mataron a mi hijo Nelson?
En la búsqueda de esa respuesta muchas personas comenzamos a incorporar un
collage de textos, fotos, novelas, poesías, panegíricos, recortes de periódicos
que parecen inconexos pero que juntos transmiten, un universo personal, tangible,
con inquietudes, virtudes... Incluso todos los días, hacemos un pequeño
recorrido aleatorio (instantes de su vida) que me parece fundamentalísimo y que
de alguna manera sentimos que definen a
Nelson.
Sin
temor a equivocarme creo que mi hermano Nelson curaba con sus ojos llenos de
afectos y su voz baritonal, específicamente cuando se trataba de infantes.
Porque no hay, no pasa por la mente del hombre ni un solo concepto que no sea
afectivo, en grado mínimo o en grado sumo. Y el médico Nelson Ricardo
Mejía Sarmiento al intuir una realidad cualquiera, su querencia estaba
implícita en su misma comprensión con los pacientes, a quienes veía como tales
y no como clientes. Definitivamente, Santo Tomás y otros pueblos
circunvecinos tenían en Nelson a un filántropo de tiempo completo. Y no se
puede dejar a un lado, la significativa influencia que Eros ejerció sobre
Nelson, galán de noble estirpe, que hermosas mujeres configuraban su producción
idílica como un cáliz maravilloso que permitía apurar los ensueños de la
pasión. Puedo afirmar que Nelson antes que amar a mujer alguna, jugó su
febril corazón al azar y se lo ganó el mismo amor. Nelson tenía una idea
perfeccionista del Romanticismo, y por eso se enamoró muchísimas veces, en
busca de ese amor ideal que sólo lograba encontrar bajo la madrugada de sus
ojos.
¡Cómo podré borrar de mis
retinas, su ataúd cubierto de flores, panegíricos, canciones, poesías, afiches
y estampas entregadas por personas conocidas y desconocidas que también lloraban
su muerte!¡Cómo olvidar a la multitud dando vivas a su nombre, aplaudiéndolo y
pidiendo justicia bajo el torrencial aguacero de aquel primero de mayo de 2004.
Ni aquellos abrazos solidarios que recibí esa mañana, de personas que al estrechar
mi cuerpo, se sentían lo mejor un poco más cerca de Nelson! Si el sentido
de la vida es llegar a ser querido, sé que mi hermano Nelson partió pleno.
¡Nelson ya no está, eso es
cierto! Lo más terrible de la muerte es el propio vacío, la ausencia eterna de
su materia. Ya no puedo volver a abrazarlo, mamarle gallo, pelear con él…
Tampoco podemos seguir añorando a Nelson sin ser consecuentes con las
reflexiones y retos que nos legó. Su erguida herencia ante todo creativa,
combativa, trabajadora, emplaza a todos los tomasinos y tomasinas de hoy a
investigar para la sana discusión, para no dejar en el estricto pretérito los
hechos que construyeron y cambiaron a nuestra amada tierra tomasina antes y
después del gran líder llamado Nelson Ricardo Mejía Sarmiento. ¡Todo pareciera olvidarse, pero Nelson
Mejía Sarmiento vive!
viernes, 3 de marzo de 2017
¡Ni la muerte los pudo separar!
Convivieron por más de 78 años, prueba del amor eterno que se profesaron que ni la muerte pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.
Por Tito Mejía Sarmiento*
El pasado 17 de febrero en la ciudad de Barranquilla, capital del Atlántico, murieron Víctor Herrera De la Espriella (106) y doña Ángela Iranzo Salas (96) con escasas horas de diferencia y juntos levaron anclas, para jamás volver, como en el hermoso poema “La canción de la vida profunda” de Porfirio Barba Jacob.
Que yo tenga conocimiento, hacía años no se daba en el Caribe una conmovedora elegía como esa. Don Víctor y doña Ángela convivieron juntos por más de 78 años en el popular barrio los Andes, en una demostración de infinita y pura ternura que sin desvalijar celos pero si condescendencias a la entrega, ansias de vivir y amar conformaron su existencia. Además, ellos se valieron por la naturaleza de los instantes del don preclaro de evocar los sueños en los extremos influjos circunstanciales de la propia vida que, ni la propia muerte que sigue siendo ingenua y triste con su mismidad apasionada los pudo separar y, a decir verdad, ni el mismo tiempo en su cuota inerme podrá cobrar con todas sus invasiones estelares.
Razón tuvo entonces, don Víctor cuando constantemente repetía a sus familiares y amigos: “El amor y la muerte son engendros de la suerte” o el verso del poeta alemán Klaus Johann: “Contener la muerte suavemente, toda la muerte, aun antes que la vida y eso sin enojo, es indescriptible”. Es decir, Víti y Lilla aceptaron la vida como es, finita, compleja, doliente, porque vivir sin sufrir (envejecer sin hacerse viejo) era imposible.
A pesar de los quebrantos de salud producto quizás de la longevidad, nunca permitieron vivir con alguno de sus ocho hijos: Joao (actual alcalde de Soledad), Lao, Víctor, Esteban, Rafael, Zeger, Iván y Roque, importantes profesionales de la Radio, Televisión, Psicología, Literatura y Derecho. “Ellos siempre nos decían que querían vivir solos. Mi abuela Ángela le seguía cocinando a mi abuelo Víctor, le preparaba el desayuno, el almuerzo, la comida. Siempre lo estuvo atendiendo. Nunca se enfermaron, eran unos robles”, manifestó muy conmovido uno de sus tantos nietos Joao Herrera Olaya al portal informativo Zona Cero.
Una de las mayores complacencias de mi vida es haber sido por muchos años amigo de esta pareja, haberla visto vivir siempre unida. Me gustaba verla sentada, cuando en nuestra ciudad se podía, en la terraza de su casa, observando con encantamiento las aves que pasaban en las tardes de sábado que eran muy distintas a las del domingo cuando caía la noche y las luces de los carros comenzaban a encandilar al final de la calle, donde precisamente, una brisa de improviso reposaba una garra y dormía.
De don Víctor, me queda su dicción bien acrecentada de sus famosas efemérides en el radioperiódico “Informando” que dirigía el gran locutor calamarense, Marcos Pérez Caicedo. Su perspicaz mezcla de silogismos, sabios consejos, en fin su vasta cultura y de doña Ángela (Lilla), la bondad y el mar cubano de sus ojos y por supuesto, su prodigiosa memoria para repetir los dimes y diretes de su amado esposo Viti, primordialmente estos tres que le gustaban tanto: “Muchas veces somos felices sin siquiera sospecharlo”; “muchas veces el ciego se aparta del abismo en que cae el clarividente” y el pensamiento de José Luis Borges que dice: “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”.
¡Que sigan siendo felices, amigo Víctor y amiga Ángela en la propia muerte, hasta cuando la memoria desvalije los recuerdos bajo el peso del silencio!
Tito Mejía Sarmiento*
Poeta ganador del Concurso Nacional Metropolitano de poesía, 2001, locutor y docente del Instenalco.
martes, 7 de febrero de 2017
Pequeña crónica de un asalto
¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!
Por Tito Mejía Sarmiento
Las manecillas de su reloj de pulsera marcaban exactamente las 5 y 45 de aquella gélida mañana del miércoles 25 de enero de 2017, cuando Rubén Arano, profesor especialista en Literatura Comparada se montó (calle 96 con carrera 42F) en el bus de la línea Flota Verde que lo dejaría cercano a su sitio de trabajo.
Comenzó a interpretar el vasto silencio de una hermosa universitaria que sentada a su lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras allá arriba el firmamento intentaba cerrar las últimas pavesas de mil ojos.
Quince minutos después y cuando sonaba fortuitamente la melodía “Pedro Navaja”, interpretaba por el salsero Rubén Blades en el dial de una emisora que el conductor del vehículo llevaba sintonizada, se levantaron de sus sillas dos hombres que sincrónicamente gritaron: ¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!
El más alto de ellos tenía un acento del interior del país, de figura enjuta y era el que más puteaba y amenazaba a los pasajeros, mientras le iba quitando las pertenencias de silla en silla. No se veía un alma en toda la avenida mucho menos un policía. Rubén Arano se puso a reparar de reojo las pistolas de los maleantes, ya que le daban la impresión que eran de juguete, para ver si podía enfrentarlos debido a que había practicado por muchísimo tiempo karate, aquel arte marcial de autodefensa, pero mejor optó por quedarse quieto.
Nadie opuso resistencia. El profesor entregó su celular de alta gama, además de 50 mil pesos que llevaba en su cartera, ante la amenazante solicitud del maleante. Acto seguido y, en medio de la confusión, el profesor escuchó otra voz con acento costeño en la parte de atrás que le decía: ¡Hey, tú, ponte de pie, no joda! Era el otro asaltante que había cambiado de posición con la velocidad de la luz.
Rubén notó que la cara del malhechor estaba aporreada por un acné reciente y que su voz salía estimulada quizás por el alto consumo de
drogas. Entonces, se dijo para sus adentros, pensando en sus cuatro hijos y en su mujer: “Esta vaina se jodió”.
_ ¿Por qué venías sentado sobre ese libro?, preguntó el antisocial al profesor.
_ Un libro que voy a regarle a una amiga, respondió sin vacilación.
_Déjame verlo, replicó sorprendido. El atracador abrió el libro y encontró 250 mil pesos que Rubén había guardado en la página sesenta.
_ ¿Y le ibas a regalar además del libro, 250 mil pesos, cabrón? Le refutó con una inusitada soberbia.
Por último atino a decirle al profesor: ¿De qué trata el libro?
_ Pues, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince. Trata de la reconstrucción amorosa, paciente y detallada de un personaje que dedicó los últimos años de su vida, hasta la misma noche en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de los derechos humanos, le detalló Rubén ya sin temor, y ante el asombro de todos, incluyendo al propio conductor, que entre cosas, los asaltantes no le quitaron el producido del primer recorrido, dejando una monumental duda entre todos los pasajeros.
_ Este libro también me lo llevo porque puede servirle a mi hijo que está estudiando derecho, atinó a decir al bajarse con su compinche en el parque Sagrado Corazón de Barranquilla.
Al llegar a su sitio de trabajo el profesor se puso a leer un poema del primer libro que encontró en su compartimiento, casualmente en la página sesenta, titulado “Los hijos de la calle” de Tito Mejía Sarmiento:
Los hijos de la calle, los mismos de miradas rotas en el piso, se levantan con el hambre y se acuestan con las estrellas. Muy a pesar de todo, danzan alegres como el dragón que lanza fuego de presagios despiertos por las escalinatas del día.
Tito Mejía Sarmiento
Filólogo, poeta, escritor, locutor y docente del Instenalco de Barranquilla.
Ganador del Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía (2001)
jueves, 5 de enero de 2017
¡Cuando la polarización intencional
distrae para joder a muchos!
A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes
sociales, donde se ve a representantes
de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc
Por
Tito Mejía Sarmiento
No
soy especialista en temas políticos,
pero a raíz de las repetidas
circunstancias que se están viviendo en Colombia con eso de la tan cacareada
polarización y que , un vasto
sector de nuestra sociedad no dice nada con relación a ella, entre otras cosas
porque los grandes oligopolios que
dominan al país, acolitados de paso por varios medios de comunicación que hacen
las veces de genuflexos, lo tienen anestesiado, me he visto en la imperativa
necesidad de opinar en esta columna y
eso a mí nadie me lo puede frenar, sobre el efecto sintomático envenenado que
está ejerciendo dicha polarización y que se ha venido refractando en
determinada dirección del tejido social
del país desde tiempos ha, para joder a muchos, o mejor a ciertos pendejos que
no quieren despertar de su letargo.
A propósito del video que se ha vuelto viral
en las redes sociales, donde se ve a
representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc, el 31 de
diciembre del año inmediatamente anterior, en unas de las zonas de
preagrupamiento en Conejo (Guajira), algunos congresistas y dirigentes aliados y no aliados del gobierno, que no son
dignos de mencionar en esta columna, porque estoy seguro la dejarían impregnada
con sus fétidas conjeturas a cloaca, tratan de utilizar el video como un
sofisma para que la gente se olvide de la altísima ola de impuestos de la
Reforma Tributaria que muy pronto nos ahogará y que ellos mismos aprobaron casi
por unanimidad en el congreso de la República, amén de los diferentes problemas sociales que han
llevado a este país al cadalso en los últimos tiempos de dirigencia Neoliberal.
Es preferible, amables lectores que guerrilleros y representantes de la ONU,
bailen entre si a que pongan a bailar sus proyectiles sobre la población civil.
Bien lo dijo Jorge Luis Borges en su poema conjetural:
Zumban
las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla deforme,
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla deforme,
y la
victoria es de los otros.
O
como dice el poeta Carlos De la Hoz Albor en un poemínimo:
Mejor verles
bailar que abalear
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
que la guerra cruenta.
Acabemos de una con esa manoseada
polarización peligrosa ya que por lo general, suele estar ligada a la falta de mesura
y a la deserción de plática. Cada posición desconoce la validez de la
otra, lo que puede derivar en situaciones de intimidación y en diferentes
tipos de enfrentamientos violentos. Entonces, como dicen los cubanos:¡Qué sigan
bailando hasta que les zumbe el mango!
lunes, 26 de diciembre de 2016
¡Calíope, una voz para dulcificar el oído!
¡Calíope, una voz para dulcificar el oído!
Por Tito Mejía Sarmiento
Por Tito Mejía Sarmiento
Qué iría a pensar Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia en la mitología griega, la misma de la bella voz, que, Carol Mendoza Mattos, una humilde y agraciada adolescente de 17 años, nacida en el barrio 7 de abril, en plenos extramuros de la ciudad de Barranquilla, recientemente bachiller del Instituto Técnico Nacional de Comercio, resultase ganadora, adornándose con su patronímico, de la primera edición del programa concurso "La Voz Teens" del canal Caracol televisión, al obtener el 58% de la votación de los colombianos.
Emocionada al conocer el veredicto final que la hacía
acreedora de una beca universitaria y la grabación de un disco compacto con
Universal Studios, en Estados Unidos, Carol o mejor Calíope dio gracias a
Dios, a sus progenitores, familiares, amigos(as), profesores de
técnica vocal, y por supuesto a Goyo, (mentora en el programa), cantante
de Chocquitown, banda del género Hip Hop y de música alternativa por
confiar en sus capacidades histriónicas.
Digno de resaltar las ganas superlativas de esta nueva estrella que ahora brilla con luz propia en el firmamento colombiano y que además dulcifica con su canto el oído del buen melómano, su superación cada día, en salir adelante con su talento, a pesar de los momentos adversos que le ha tocado enfrentar en la vida.
En nombre de nuestro querido plantel, Instituto
Técnico Nacional de Comercio, donde cursó sus estudios y al cual
representó en diferentes concursos de canto tanto en Inglés
como en Español, que ganó con sobradas razones debido a su polivalente calidad
interpretativa, queremos enviarle una imborrable tarjeta de gratitud y
felicitación por haberlo puesto en la cúspide y de paso, extendemos como siempre
nuestra voz de aliento para que siga cosechando éxitos en lo sucesivo.
De seguro que muchas puertas oficiales que Calíope tocó y que nunca se abrieron, a lo mejor, de hoy en adelante se abrirán como las alas del cisne real, con el firme propósito, tal vez, de ganar indulgencias ajenas en la elasticidad de ciertas memorias.
Una vez más te decimos, humilde Carol o mejor Calíope, cuando tienes el mundo a tus pies: Don´t stop until you get it enough! (¡No te detengas hasta que consigas lo suficiente!).
martes, 6 de diciembre de 2016
Santo Tomás dentro de mí
Por Tito Mejía Sarmiento
Nací en Santo Tomás. Soy de los tantos nativos que aman a
este terruño por distintas razones, casi siempre razones definitivas como las
que tuvieron a lo mejor, los hermanos Becerra para fundarlo hace
más de 300 años, pero ya pocos recuerdan también es cierto, la suma de
anécdotas o los referentes pasados con sus respectivas transparencias de
estilos. Santo Tomás como casi todos los pueblos del Atlántico nace y se
desarrolla gracias a la tenacidad de sus gentes, muy a pesar de quienes lo
planifican, lo gobiernan, con muy raras excepciones, bajo los más grandes
impulsos políticos descarados y egoístas, dicen amarlo con cierto
desparpajo.
Yo crecí con la triste sensación de que lo único que sucedía en mi pueblo eran los flagelantes del viernes santo, hasta cuando una gama de escritores e historiadores oriundos de ahí, como Ricardo Guardiola, (q.e.p.d.), Ramón Molinares, Mario Molinares, Roberto Sarmiento, Aurelio Pizarro, Pedro Conrado, Pedro Badillo, Pablo Caballero, Iván Fontalvo, Adalberto Charris,(q.e.p.d.),Tatiana Guardiola, Amelia Bolaños,Vera Judith Villa, José Ramón Mejía, entre otros, con una precisión matemática, argumentaron lo contrario. Hoy se siguen viendo los flagelantes pero hay otro color bajo el cielo tomasino. Es decir, ya no nos cuesta agacharnos para recoger el equipaje.
Yo crecí con la triste sensación de que lo único que sucedía en mi pueblo eran los flagelantes del viernes santo, hasta cuando una gama de escritores e historiadores oriundos de ahí, como Ricardo Guardiola, (q.e.p.d.), Ramón Molinares, Mario Molinares, Roberto Sarmiento, Aurelio Pizarro, Pedro Conrado, Pedro Badillo, Pablo Caballero, Iván Fontalvo, Adalberto Charris,(q.e.p.d.),Tatiana Guardiola, Amelia Bolaños,Vera Judith Villa, José Ramón Mejía, entre otros, con una precisión matemática, argumentaron lo contrario. Hoy se siguen viendo los flagelantes pero hay otro color bajo el cielo tomasino. Es decir, ya no nos cuesta agacharnos para recoger el equipaje.
En Santo Tomás, uno puede maravillarse o estremecerse a
diario porque converge un todo con errores y aciertos. Las diversas
equivalencias culturales que han inmigrado, han soportado además procesos de
cambios que forjan identidades inyectadas de lo local, lo forastero que, entre
otras cosas, han producido como es lógico, una pluralidad sociocultural que
comparte el mismo escenario cercano al Río Magdalena. De este modo, los
habitantes de este pedazo de tierra, nos reinventamos la cultura y cada rama
del arte en sus distintas expresiones como un desafío esencial todos los días.
Basta con visitar las entrañas de una casa cualquiera para comprobar la inmensa
hospitalidad consensuada que se le viene encima.
De una calle a otra se cambia de paisaje. Junto a una casa
de estilo moderno adornada con árboles de mango en su frente, puede haber otra
con un estilo semi-colonial o neo clásico convocando a la memoria. Es como si
la historia de nuestro pueblo se edificara cada día, independientemente
que nuestro municipio ha venido creciendo como un adagio, como un movimiento
de generación en generación a lo largo de los años. El más rico y el más pobre,
la más mundana y la más pura reflejan su protagonismo por unas calles que
conducen a un mundo de realismo mágico sin final que está dentro de mí, como
una honda reflexión de la existencia humana, nunca abstracta, sino
personificada que emociona a todos los aquí nacimos, crecimos y vivimos con una
inmensa capacidad de aguante.
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