martes, 7 de febrero de 2017
Pequeña crónica de un asalto
¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!
Por Tito Mejía Sarmiento
Las manecillas de su reloj de pulsera marcaban exactamente las 5 y 45 de aquella gélida mañana del miércoles 25 de enero de 2017, cuando Rubén Arano, profesor especialista en Literatura Comparada se montó (calle 96 con carrera 42F) en el bus de la línea Flota Verde que lo dejaría cercano a su sitio de trabajo.
Comenzó a interpretar el vasto silencio de una hermosa universitaria que sentada a su lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras allá arriba el firmamento intentaba cerrar las últimas pavesas de mil ojos.
Quince minutos después y cuando sonaba fortuitamente la melodía “Pedro Navaja”, interpretaba por el salsero Rubén Blades en el dial de una emisora que el conductor del vehículo llevaba sintonizada, se levantaron de sus sillas dos hombres que sincrónicamente gritaron: ¡Esto es un atraco y el que se mueva, lo matamos!
El más alto de ellos tenía un acento del interior del país, de figura enjuta y era el que más puteaba y amenazaba a los pasajeros, mientras le iba quitando las pertenencias de silla en silla. No se veía un alma en toda la avenida mucho menos un policía. Rubén Arano se puso a reparar de reojo las pistolas de los maleantes, ya que le daban la impresión que eran de juguete, para ver si podía enfrentarlos debido a que había practicado por muchísimo tiempo karate, aquel arte marcial de autodefensa, pero mejor optó por quedarse quieto.
Nadie opuso resistencia. El profesor entregó su celular de alta gama, además de 50 mil pesos que llevaba en su cartera, ante la amenazante solicitud del maleante. Acto seguido y, en medio de la confusión, el profesor escuchó otra voz con acento costeño en la parte de atrás que le decía: ¡Hey, tú, ponte de pie, no joda! Era el otro asaltante que había cambiado de posición con la velocidad de la luz.
Rubén notó que la cara del malhechor estaba aporreada por un acné reciente y que su voz salía estimulada quizás por el alto consumo de
drogas. Entonces, se dijo para sus adentros, pensando en sus cuatro hijos y en su mujer: “Esta vaina se jodió”.
_ ¿Por qué venías sentado sobre ese libro?, preguntó el antisocial al profesor.
_ Un libro que voy a regarle a una amiga, respondió sin vacilación.
_Déjame verlo, replicó sorprendido. El atracador abrió el libro y encontró 250 mil pesos que Rubén había guardado en la página sesenta.
_ ¿Y le ibas a regalar además del libro, 250 mil pesos, cabrón? Le refutó con una inusitada soberbia.
Por último atino a decirle al profesor: ¿De qué trata el libro?
_ Pues, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince. Trata de la reconstrucción amorosa, paciente y detallada de un personaje que dedicó los últimos años de su vida, hasta la misma noche en que cayó asesinado en pleno centro de Medellín, a la defensa de los derechos humanos, le detalló Rubén ya sin temor, y ante el asombro de todos, incluyendo al propio conductor, que entre cosas, los asaltantes no le quitaron el producido del primer recorrido, dejando una monumental duda entre todos los pasajeros.
_ Este libro también me lo llevo porque puede servirle a mi hijo que está estudiando derecho, atinó a decir al bajarse con su compinche en el parque Sagrado Corazón de Barranquilla.
Al llegar a su sitio de trabajo el profesor se puso a leer un poema del primer libro que encontró en su compartimiento, casualmente en la página sesenta, titulado “Los hijos de la calle” de Tito Mejía Sarmiento:
Los hijos de la calle, los mismos de miradas rotas en el piso, se levantan con el hambre y se acuestan con las estrellas. Muy a pesar de todo, danzan alegres como el dragón que lanza fuego de presagios despiertos por las escalinatas del día.
Tito Mejía Sarmiento
Filólogo, poeta, escritor, locutor y docente del Instenalco de Barranquilla.
Ganador del Ganador del Quinto Concurso Nacional Metropolitano de Poesía (2001)
jueves, 5 de enero de 2017
¡Cuando la polarización intencional
distrae para joder a muchos!
A propósito del video que se ha vuelto viral en las redes
sociales, donde se ve a representantes
de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc
Por
Tito Mejía Sarmiento
No
soy especialista en temas políticos,
pero a raíz de las repetidas
circunstancias que se están viviendo en Colombia con eso de la tan cacareada
polarización y que , un vasto
sector de nuestra sociedad no dice nada con relación a ella, entre otras cosas
porque los grandes oligopolios que
dominan al país, acolitados de paso por varios medios de comunicación que hacen
las veces de genuflexos, lo tienen anestesiado, me he visto en la imperativa
necesidad de opinar en esta columna y
eso a mí nadie me lo puede frenar, sobre el efecto sintomático envenenado que
está ejerciendo dicha polarización y que se ha venido refractando en
determinada dirección del tejido social
del país desde tiempos ha, para joder a muchos, o mejor a ciertos pendejos que
no quieren despertar de su letargo.
A propósito del video que se ha vuelto viral
en las redes sociales, donde se ve a
representantes de la ONU, bailando con guerrilleras de las Farc, el 31 de
diciembre del año inmediatamente anterior, en unas de las zonas de
preagrupamiento en Conejo (Guajira), algunos congresistas y dirigentes aliados y no aliados del gobierno, que no son
dignos de mencionar en esta columna, porque estoy seguro la dejarían impregnada
con sus fétidas conjeturas a cloaca, tratan de utilizar el video como un
sofisma para que la gente se olvide de la altísima ola de impuestos de la
Reforma Tributaria que muy pronto nos ahogará y que ellos mismos aprobaron casi
por unanimidad en el congreso de la República, amén de los diferentes problemas sociales que han
llevado a este país al cadalso en los últimos tiempos de dirigencia Neoliberal.
Es preferible, amables lectores que guerrilleros y representantes de la ONU,
bailen entre si a que pongan a bailar sus proyectiles sobre la población civil.
Bien lo dijo Jorge Luis Borges en su poema conjetural:
Zumban
las balas en la tarde última.
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla deforme,
Hay viento y hay cenizas en el viento,
se dispersan el día y la batalla deforme,
y la
victoria es de los otros.
O
como dice el poeta Carlos De la Hoz Albor en un poemínimo:
Mejor verles
bailar que abalear
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
Mejor su bla, bla, bla que su bala, bala, bala
Mejor que pongan La bamba y no la bomba
Mejor los símiles que los misiles
Mejor, siempre, siempre, la paz imperfecta
que la guerra cruenta.
Acabemos de una con esa manoseada
polarización peligrosa ya que por lo general, suele estar ligada a la falta de mesura
y a la deserción de plática. Cada posición desconoce la validez de la
otra, lo que puede derivar en situaciones de intimidación y en diferentes
tipos de enfrentamientos violentos. Entonces, como dicen los cubanos:¡Qué sigan
bailando hasta que les zumbe el mango!
lunes, 26 de diciembre de 2016
¡Calíope, una voz para dulcificar el oído!
¡Calíope, una voz para dulcificar el oído!
Por Tito Mejía Sarmiento
Por Tito Mejía Sarmiento
Qué iría a pensar Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia en la mitología griega, la misma de la bella voz, que, Carol Mendoza Mattos, una humilde y agraciada adolescente de 17 años, nacida en el barrio 7 de abril, en plenos extramuros de la ciudad de Barranquilla, recientemente bachiller del Instituto Técnico Nacional de Comercio, resultase ganadora, adornándose con su patronímico, de la primera edición del programa concurso "La Voz Teens" del canal Caracol televisión, al obtener el 58% de la votación de los colombianos.
Emocionada al conocer el veredicto final que la hacía
acreedora de una beca universitaria y la grabación de un disco compacto con
Universal Studios, en Estados Unidos, Carol o mejor Calíope dio gracias a
Dios, a sus progenitores, familiares, amigos(as), profesores de
técnica vocal, y por supuesto a Goyo, (mentora en el programa), cantante
de Chocquitown, banda del género Hip Hop y de música alternativa por
confiar en sus capacidades histriónicas.
Digno de resaltar las ganas superlativas de esta nueva estrella que ahora brilla con luz propia en el firmamento colombiano y que además dulcifica con su canto el oído del buen melómano, su superación cada día, en salir adelante con su talento, a pesar de los momentos adversos que le ha tocado enfrentar en la vida.
En nombre de nuestro querido plantel, Instituto
Técnico Nacional de Comercio, donde cursó sus estudios y al cual
representó en diferentes concursos de canto tanto en Inglés
como en Español, que ganó con sobradas razones debido a su polivalente calidad
interpretativa, queremos enviarle una imborrable tarjeta de gratitud y
felicitación por haberlo puesto en la cúspide y de paso, extendemos como siempre
nuestra voz de aliento para que siga cosechando éxitos en lo sucesivo.
De seguro que muchas puertas oficiales que Calíope tocó y que nunca se abrieron, a lo mejor, de hoy en adelante se abrirán como las alas del cisne real, con el firme propósito, tal vez, de ganar indulgencias ajenas en la elasticidad de ciertas memorias.
Una vez más te decimos, humilde Carol o mejor Calíope, cuando tienes el mundo a tus pies: Don´t stop until you get it enough! (¡No te detengas hasta que consigas lo suficiente!).
martes, 6 de diciembre de 2016
Santo Tomás dentro de mí
Por Tito Mejía Sarmiento
Nací en Santo Tomás. Soy de los tantos nativos que aman a
este terruño por distintas razones, casi siempre razones definitivas como las
que tuvieron a lo mejor, los hermanos Becerra para fundarlo hace
más de 300 años, pero ya pocos recuerdan también es cierto, la suma de
anécdotas o los referentes pasados con sus respectivas transparencias de
estilos. Santo Tomás como casi todos los pueblos del Atlántico nace y se
desarrolla gracias a la tenacidad de sus gentes, muy a pesar de quienes lo
planifican, lo gobiernan, con muy raras excepciones, bajo los más grandes
impulsos políticos descarados y egoístas, dicen amarlo con cierto
desparpajo.
Yo crecí con la triste sensación de que lo único que sucedía en mi pueblo eran los flagelantes del viernes santo, hasta cuando una gama de escritores e historiadores oriundos de ahí, como Ricardo Guardiola, (q.e.p.d.), Ramón Molinares, Mario Molinares, Roberto Sarmiento, Aurelio Pizarro, Pedro Conrado, Pedro Badillo, Pablo Caballero, Iván Fontalvo, Adalberto Charris,(q.e.p.d.),Tatiana Guardiola, Amelia Bolaños,Vera Judith Villa, José Ramón Mejía, entre otros, con una precisión matemática, argumentaron lo contrario. Hoy se siguen viendo los flagelantes pero hay otro color bajo el cielo tomasino. Es decir, ya no nos cuesta agacharnos para recoger el equipaje.
Yo crecí con la triste sensación de que lo único que sucedía en mi pueblo eran los flagelantes del viernes santo, hasta cuando una gama de escritores e historiadores oriundos de ahí, como Ricardo Guardiola, (q.e.p.d.), Ramón Molinares, Mario Molinares, Roberto Sarmiento, Aurelio Pizarro, Pedro Conrado, Pedro Badillo, Pablo Caballero, Iván Fontalvo, Adalberto Charris,(q.e.p.d.),Tatiana Guardiola, Amelia Bolaños,Vera Judith Villa, José Ramón Mejía, entre otros, con una precisión matemática, argumentaron lo contrario. Hoy se siguen viendo los flagelantes pero hay otro color bajo el cielo tomasino. Es decir, ya no nos cuesta agacharnos para recoger el equipaje.
En Santo Tomás, uno puede maravillarse o estremecerse a
diario porque converge un todo con errores y aciertos. Las diversas
equivalencias culturales que han inmigrado, han soportado además procesos de
cambios que forjan identidades inyectadas de lo local, lo forastero que, entre
otras cosas, han producido como es lógico, una pluralidad sociocultural que
comparte el mismo escenario cercano al Río Magdalena. De este modo, los
habitantes de este pedazo de tierra, nos reinventamos la cultura y cada rama
del arte en sus distintas expresiones como un desafío esencial todos los días.
Basta con visitar las entrañas de una casa cualquiera para comprobar la inmensa
hospitalidad consensuada que se le viene encima.
De una calle a otra se cambia de paisaje. Junto a una casa
de estilo moderno adornada con árboles de mango en su frente, puede haber otra
con un estilo semi-colonial o neo clásico convocando a la memoria. Es como si
la historia de nuestro pueblo se edificara cada día, independientemente
que nuestro municipio ha venido creciendo como un adagio, como un movimiento
de generación en generación a lo largo de los años. El más rico y el más pobre,
la más mundana y la más pura reflejan su protagonismo por unas calles que
conducen a un mundo de realismo mágico sin final que está dentro de mí, como
una honda reflexión de la existencia humana, nunca abstracta, sino
personificada que emociona a todos los aquí nacimos, crecimos y vivimos con una
inmensa capacidad de aguante.
lunes, 7 de noviembre de 2016
Lluvia de pandillas
Por Tito Mejía Sarmiento
Recuerdo con mucho regodeo en los días juveniles de mi amado pueblo, Santo Tomás, un hermoso estribillo cuando empezaban a caer las primeras gotas de un aguacero:
¡Qué llueva, qué llueva
la Virgen de la cueva!
¡Qué llueva, qué llueva
la Virgen de la cueva!
Los pajaritos cantan,
la luna se levanta...
Era como si todos los amigos de la cuadra en la Calle Granada, nos conectáramos entre sí, los pensamientos que, generalmente también, se producían sin intervención de los sentidos o de agentes físicos celebrados, para encontrarnos en dicho lugar y jugar varios partidos de fútbol hasta cuando la lluvia cesara.
Hoy muchos años después, asomado a la ventana del apartamento donde resido, cuando veo un cúmulo de nubes que anuncian la proximidad de la lluvia en Barranquilla, solo atino a recitar con mucho dolor, un verso anglosajón muy conocido para espantarla, para que se aleje rápido, haciéndole eso sí, la respectiva variación traductora del original, para poder adaptarlo con la realidad que se está viviendo en nuestra urbe: el enfrentamiento entre muchachos de la misma edad (13,14,15), que ha cobrado en lo que va corrido del año 2016, más de 16 personas asesinadas por las llamadas “pandillas juveniles” que, entre otras cosas, se citan a través de las redes sociales para encontrarse en determinado punto de algunos barrios localizados en los extramuros de la ciudad, no para recrearse jugando fútbol sino para matarse con cualquier tipo de armas ante la impotencia de las autoridades que ven como el tejido social se va agrietando, mientras las personas de bien pegan un estentóreo grito en el cielo para ver quién le da solución a este problema que está tomando desvíos superlativos:
Rain Rain go away,
Come another day,
Little Arthur wants to play,
Rain Rain go away!
¡Lluvia, lluvia aléjate!
¡Vuelve otro día que Arturito quiere jugar!
¡Vuelve otro día!
Rain,Rain go away,
Come again another day,
because Boys want to kill themselves!
¡Lluvia, lluvia aléjate!
¡Vuelve otro día,
que los muchachos de Barranquilla
entre sí se quieren matar!
Ante la preocupación generalizada de la sociedad barranquillera, he consultado con dos especialistas en la materia, el sociólogo y escritor Pedro Conrado Cúdriz y la psicóloga Vanina Mejía Berdugo para conocer las posibles causas y efectos que llevan a esos muchachos de la presente generación a actuar de esa forma irracional y, para ver hasta donde es factible, se puede coadyuvar a ponerle coto a esta desagradable situación social que afea el bello rostro de Barranquilla ante los ojos del mundo.
Pedro Conrado Cúdriz: “Es cierto que este grupo de población es un problema para la sociedad y el Estado colombiano: en el estadio, en el barrio, en la escuela, o en cualquier otro lugar donde opera contra el mundo. Las preguntas que nos hacemos diariamente son: ¿Por qué viven desintegrados de la sociedad? ¿Cómo ocurrió este fenómeno? ¿Es nuevo? ¿Obedece al crecimiento urbano? ¿Simplemente es una fuerza caótica de la sociedad excluyente como la nuestra? Si hablamos de una sociedad de clase, entonces estamos hablando de una sociedad desintegrada, fragmentada por los que tienen más y no por los que tienen menos; mejor dicho, hablamos de una sociedad excluyente. <Por allá lejos queda el barrio La Chinita>, dicen las “personas de bien,” por ejemplo. O sea, por allá viven los más pobres, los más jodidos. ¿Qué significa esto? Pues, que somos inmezclables. Pero también que el modelo neoliberal colombiano no tiene interés en incluir, en mezclar las poblaciones con bienestar con las demás; es decir, en resolverle la vida a millones de colombianos que viven como zombis en la miseria. Este es nuestro apartheid, nuestra tragedia, tratar de construir una sociedad basada en la regulación social de clases para negar, lo que es imposible de hacer invisible, porque los pandilleros son seres humanos, que sienten y piensan, son también sentipensantes. Estoy recordando a Gustavo Petro, cuando era alcalde de Bogotá, que trató de romper esta estructura de clase intentando construir un barrio de pobres (que palabra de sufrida y fea) en un barrio de “clase”. Ese es el origen de la enfermedad social y mental de la sociedad colombiana.”
Vanina Mejía Berdugo: “ Si bien es cierto que el fenómeno social de las pandillas juveniles se ha venido presentando desde hace mucho tiempo en diferentes sectores de Barranquilla, con estilos, lenguajes, argumentos propios e inclusive con acciones únicas para poder atemorizar a los que sus miembros desean ser o consideran para ellos sus víctimas, también es muy cierto que, hoy en día, la nueva modalidad que se está imponiendo en la ciudad, es el enfrentamiento de algunos muchachos mientras llueve. Ustedes se preguntarán ¿Por qué bajo la lluvia? ¿Acaso hay algún estudio que demuestre la existencia de una estrecha relación entre el comportamiento agresivo de esos jóvenes y la lluvia? Ningún estudio ha demostrado lo anterior. Sin embargo, desde el punto de vista del enfoque social, esas denominadas “Pandillas” necesitan ser reconocidas, identificadas por algún factor, es decir ellas condicionan proyectar o manejar sus propias identidades o imágenes. Para los jóvenes que conforman dichas pandillas, es muy fundamental, que la comunidad en general e incluso sus propios enemigos de turno, puedan avistar en ellos un estilo de vida, marca o quizás modalidad que los reconozca para ser “ultra famosos”. De tal forma, que enfrentarse bajo la lluvia, es como invadir el lado más expresivo (catarsis) que un ser humano puede tener al momento de mojarse y/o bañarse libremente. Para nadie es un secreto que en una ciudad como Barranquilla, por costumbre o idiosincrasia, el agua caída del cielo representa alegría, gusto, nostalgia… Y es ahí, en ese instante, donde los jóvenes, precisamente, se liberan de todo. Así que, para esos grupos tratar de invadir la tranquilidad de una comunidad, los ayuda a sentirse como los verdaderos protagonistas o héroes del fenómeno social bajo la lluvia. La identidad y el vínculo en esos grupos, son los dos grandes factores que desencadenan el desarrollo de habilidades específicas en los mismos, para luego tomar acciones de enfrentamientos, riñas y por supuesto, muertes… El proceso de poder reinventarse (tomarse a la fuerza) viene a ser el principal mecanismo que lleva a manejar esas nuevas modalidades en la urbe: grupos reconocidos que necesitan crear espacios, para que sus víctimas y la comunidad en general “respeten sus leyes”, durante la caída de un fuerte aguacero.
El foco de atención para intervenir oportunamente a esos jóvenes, es crearles espacios diferentes, donde ellos pueden expresar sus propias conjeturas, para proyectarlos como gente de bien. Sumado a eso, se necesita plantear un proyecto de vida donde se sustente en cada uno: ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué quiero? ¿Cómo me veo en algunos años? Y además, enseñarles la importancia de los grupos. Concientizarlos del valor que recobran, crear nuevas habilidades en los mismos para un estilo de vida diferente desde el punto de vida personal y social.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Diálogo vespertino con mi madre.
Diálogo vespertino con mi madre Eloina, el día que cumplió otro año más de vida (21 de octubre de 2016)
Por Tito Mejía Sarmiento
_
¿Qué dice la mujer más hermosa del mundo y que con mucho amor me trajo a la vida?
_ ¿Y usted quién es?
_ ¡Soy tu hijo, Tito César Mejía Sarmiento!
_ ¡Pa´ joderte! ¡Tito es más bonito que tú!
…Pero mamá, ¿Yo soy Tito?... ¡Tu negro bonito, como tú siempre me has dicho!
Sonríe de momento, como tratando de apartar el Alzhéimer que desde hace 10 años, la tiene acorralada y suelta una pregunta: ¿Por qué tanta gente hoy, aquí en la casa?
_ ¡Estás cumpliendo años, mi amor! Y por eso, todos tus hijos, tus hijas, tus vecinos (as) estamos aquí para felicitarte.
_ ¡Eso es mentira! ¿Y por qué no está el sinvergüenza de tu papá? (Basta aclarar, que mi papá César Eurípides Mejía Pizarro, murió el 11 de abril de 2011)
_ ¡A lo mejor viene ahorita, mama!
_Estoy segura que no viene por estar enamorando a otras en el paseo Bolívar. Siempre lo ven por allá. ¿Niño, por qué no vas y le dices que venga? Dile que si no se ve tan viejo para estar todavía enamorando, muchachitas.
…En esos instantes, entra en la sala mi hermano Cipriano, el mayor y le dice: ¡Felicitaciones, Eloina!
_ ¡Otro que viene a joder con que cumplo años, hoy!
Mamá se levanta del sofá como tratando de buscar en la cocina a Vilma, mi hermana menor, la persona con quien más se identifica en sus ratos de lucidez. (Obvias razones, Vilma desde hace varios años, es la que más cuida de ella en el pueblo, mientras Cipriano, Bertha y yo que residimos en la capital, solo acostumbramos verla por cuestiones de trabajo, sábado, domingos y festivos, pero eso sí, estamos pendiente de ella a través de Vilma y por supuesto de Arnaldo, el hijo consentido de mi mamá, que también vive en Santo Tomás).
De pronto, suena en la voz de Javier Solis, la primera estrofa de una ranchera:
“Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
hoy por ser día de tu santo, te las cantamos aquí.
Despierta mi bien despierta,
mira que ya amaneció…
Ya los pajaritos cantan
la luna ya se metió…”
En el mar de los ojos de mi madre, se balancean grandes olas de tristeza, al terminar la melodía, y quizás como recobrando el don de la ubicuidad temporal por un instante, se mira en el espejo gigante que cuelga en la pared de la sala y sonríe al verse reflejada tan bella en otro rostro. Es decir, mamá parece ser la que huye, pero también la que se queda.
_ ¿Y cuántos años cumples hoy, entonces, mamá?_
_Todos los que usted quiera, señor_
Batiéndose como toda una leona para sacudir las palabras del deseo estancadas en su mente, y llevando en su memoria la huella de un ser querido que conoce y que lucha por momentos hallar su verdadero nombre, lanza una detonante pregunta que a todos nos parte el alma:
_ ¿Si ustedes dicen que yo estoy cumpliendo años hoy, por qué no veo a mi hijo Nelson, acá?_
Finalmente tragándome todo el aire ante semejante pregunta, opté por señalarle con mi dedo índice derecho, un retrato donde aparece mi hermano Nelson habitado de ilusiones. Mientras tanto, afuera la noche se hacía inmensa.
(A mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, lo asesinaron vilmente por la espalda cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, el 29 de abril de 2004, frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez).

¿Qué dice la mujer más hermosa del mundo y que con mucho amor me trajo a la vida?
_ ¿Y usted quién es?
_ ¡Soy tu hijo, Tito César Mejía Sarmiento!
_ ¡Pa´ joderte! ¡Tito es más bonito que tú!
…Pero mamá, ¿Yo soy Tito?... ¡Tu negro bonito, como tú siempre me has dicho!
Sonríe de momento, como tratando de apartar el Alzhéimer que desde hace 10 años, la tiene acorralada y suelta una pregunta: ¿Por qué tanta gente hoy, aquí en la casa?
_ ¡Estás cumpliendo años, mi amor! Y por eso, todos tus hijos, tus hijas, tus vecinos (as) estamos aquí para felicitarte.
_ ¡Eso es mentira! ¿Y por qué no está el sinvergüenza de tu papá? (Basta aclarar, que mi papá César Eurípides Mejía Pizarro, murió el 11 de abril de 2011)
_ ¡A lo mejor viene ahorita, mama!
_Estoy segura que no viene por estar enamorando a otras en el paseo Bolívar. Siempre lo ven por allá. ¿Niño, por qué no vas y le dices que venga? Dile que si no se ve tan viejo para estar todavía enamorando, muchachitas.
…En esos instantes, entra en la sala mi hermano Cipriano, el mayor y le dice: ¡Felicitaciones, Eloina!
_ ¡Otro que viene a joder con que cumplo años, hoy!
Mamá se levanta del sofá como tratando de buscar en la cocina a Vilma, mi hermana menor, la persona con quien más se identifica en sus ratos de lucidez. (Obvias razones, Vilma desde hace varios años, es la que más cuida de ella en el pueblo, mientras Cipriano, Bertha y yo que residimos en la capital, solo acostumbramos verla por cuestiones de trabajo, sábado, domingos y festivos, pero eso sí, estamos pendiente de ella a través de Vilma y por supuesto de Arnaldo, el hijo consentido de mi mamá, que también vive en Santo Tomás).
De pronto, suena en la voz de Javier Solis, la primera estrofa de una ranchera:
“Estas son las mañanitas que cantaba el rey David,
hoy por ser día de tu santo, te las cantamos aquí.
Despierta mi bien despierta,
mira que ya amaneció…
Ya los pajaritos cantan
la luna ya se metió…”
En el mar de los ojos de mi madre, se balancean grandes olas de tristeza, al terminar la melodía, y quizás como recobrando el don de la ubicuidad temporal por un instante, se mira en el espejo gigante que cuelga en la pared de la sala y sonríe al verse reflejada tan bella en otro rostro. Es decir, mamá parece ser la que huye, pero también la que se queda.
_ ¿Y cuántos años cumples hoy, entonces, mamá?_
_Todos los que usted quiera, señor_
Batiéndose como toda una leona para sacudir las palabras del deseo estancadas en su mente, y llevando en su memoria la huella de un ser querido que conoce y que lucha por momentos hallar su verdadero nombre, lanza una detonante pregunta que a todos nos parte el alma:
_ ¿Si ustedes dicen que yo estoy cumpliendo años hoy, por qué no veo a mi hijo Nelson, acá?_
Finalmente tragándome todo el aire ante semejante pregunta, opté por señalarle con mi dedo índice derecho, un retrato donde aparece mi hermano Nelson habitado de ilusiones. Mientras tanto, afuera la noche se hacía inmensa.
(A mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, lo asesinaron vilmente por la espalda cuando fungía como alcalde de Santo Tomás, el 29 de abril de 2004, frente a las instalaciones del D.A.S., en Barranquilla, siendo presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez).

¡Basta
ya de tanta guerra!¡Votemos
por el sí, este domingo 2 de octubre de 2016!
Con quién sueñas, abuelo Francisco
ahora que llevas
tantos días de siesta.
ahora que llevas
tantos días de siesta.
G.A.G.
Por Tito Mejía Sarmiento
Nos acostumbramos a buscar
la muerte en los ojos de todos, solíamos pasar más tiempo en los cementerios
que en nuestras propias casa, es decir, teníamos el sello de la parca en la
solapa, nos volvimos paranoicos desde todo punto de vista, de ver tantos ríos
de sangre que se desbordaron en las noches de vigilia sobre la palabra
abandonada por el miedo. Y para decir verdad, todavía es la hora, que muchas
personas no conocen el paradero de sus familiares por tanta guerra en derredor
de toda la geografía nacional, pero llegó la hora de decir: ¡Basta ya de tanta guerra! ¡Votemos por el
sí, este domingo 2 de octubre de 2016!
Personalmente, padecí los
estragos de la violencia cuando el 29 de abril de 2004, a escasos metros del
DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), en Barranquilla, asesinaron cobardemente por la
espalda a mi hermano, el médico Nelson Mejía Sarmiento (un hombre como dijera
el día de su sepelio, el escritor Ramón Molinares, de puertas abiertas, por donde, sin pedir
permiso entraba todo el quería a cualquier hora del día o de la noche), cuando
fungía como alcalde de Santo Tomás, siendo presidente de nuestro país Álvaro
Uribe Vélez, pero al igual que la mayoría de los colombianos, quisiera con
todas las ansias de mi alma, vivir y envejecer por largo tiempo de la forma más
pacífica posible, ser un poeta sin miedo, un poeta que pueda contar las
estrellas completas de un cielo apacible todas las noches, mientras una leve
brisa se mueva también bajo la luna y los pájaros cierren alegres sus alas para
descansar en sus nidos.
Así como nuestros abuelos
compartieron hace muchísimos años, el agua fresca de las tinajas,
respetuosamente les digo a mis conciudadanos, que compartamos también en una especie de Santo Grial, este
domingo 2 de octubre de 2016, cuando el Sí haya salido victorioso en el
plebiscito, para asimismo acabar con tantos años de guerra fratricida en
nuestra amada Colombia.
¡Entonces, bienvenida la paz
que tanto hemos anhelado y que se calle la
multípara rechifla de las balas asesinas!
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