viernes, 8 de enero de 2016

Fallece Arturo López Viñas, creador del Festival de Orquestas en el carnaval de Barranquilla.



Fallece Arturo López Viñas, creador del Festival de Orquestas en el carnaval de Barranquilla


Ahí estoy como uno de los presentadores del Festival de orquestas (13 en total, 12 consecutivamente).(Realizado ese año en el Tomás Arrieta).También aparecen Carlos Mario Zuluaga y Juan Carlos Rueda(con el micrófono).

domingo, 3 de enero de 2016

El salario mínimo, según María de los Ángeles



El salario mínimo, según  María de los Ángeles
Por Tito  Mejía   Sarmiento

Mi vecina, María de los Ángeles Cañate Cáceres, es una gruesa y hermosa morena de pelo crespo, sin olvidar por supuesto, la trinitaria flor que la ha perfumado siempre en su oreja derecha, trabajadora incansable, mujer fuerte, que se ha hecho a sí misma cada mañana, en su pequeña empresa de bollos de mazorca y de queso…,  que entre otras cosas, le ha medio permitido para  levantar a su prole,  ya que su marido la abandonó, yéndose detrás de las faldas de una catira, allá en Venezuela hace más de dos décadas. Pero ella no ha querido enamorarse de otro hombre porque teme que una lluvia de múltiples requiebros la sorprenda en la calle y borre para siempre, el canto de amor que su guerrero amante dejó regado por toda su piel.

Como para no perder su habitual condición de lenguaraz,  se asomó bien temprano el dos de enero del año nuevo 2016, por la ventana  marroncita  de su casa, como dice la canción de Diomedes Díaz,  y  me soltó con su estentórea voz, esa típica expresión caribeña que aún resuena en mis tímpanos, cuando se le preguntó por el nuevo salario mínimo: ¡Este año comeremos mierda, amigo poeta!

— ¿Y por qué dice eso, doña María de los Ángeles?

— ¡No te la tires de pendejo! ¡Tú muy bien sabes de qué te estoy hablando.  Te lees como cuatro periódicos diarios y sé que estás enterado!  —Me recrimina frunciendo el ceño, antes de transcurrir con su perorata:

—Con esos aumentos tan descarados en los principales alimentos de la canasta familiar que acaban de clavarnos, nos jodimos, pero bien jodidos. El gobierno cree que uno puede comer muy bien con $689.454 Fíjate que ya el tal   IVA ese, viene con un 19 %. Por eso,  este año 2016 por lo que presiento, los pobres nos robaremos la tranquilidad de los gatos y los ricos nos robarán algo más que nuestro propio sueño, o sea que con este salario mínimo,  vamos a comer mierda y esto lo expreso para algunos que tienen un trabajo miserable y mienten cuando dicen que les encanta mucho.

Hasta razón tiene mi vecina María de los Ángeles porque según los analistas económicos,  la inflación  llegará al 6,8 %, las tarifas del servicio público serán las más altas de Latinoamérica, el salario mínimo $689.454, uno de los más bajos del mundo y para completar, Colombia está en la lista de los 15 países con el combustible más costoso del planeta.

Las centrales obreras esperaban que el aumento del gobierno fuese más racional de acuerdo con las posibilidades de la industria y el comercio, es decir, del perfeccionamiento laboral de Colombia, con la comprensión de que no debería ser ni muy bajo, que llevara a que los trabajadores perdieran la capacidad adquisitiva del empleo o muy superior que promoviera la  informalidad de sus funciones, pero nada, como casi todos los últimos doce años, el sueldo mínimo se firmó por decreto y entonces, como dice un bello trozo de la poeta  Marge Piercy : “El camino termina al pie de esa muralla, blanda, que se escurre”.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Electricaribe apaga el espíritu navideño 

Por Tito Mejía Sarmiento

Las personas se han abstenido de adornar con luces navideñas el frente de sus casas, este año 2015, “por temor a que los recibos se disparen aún más de lo que se han disparado”

En estos primeros días de diciembre, me he dado a la tarea de recorrer muchos barrios del norte y sur de Barranquilla en horas nocturnas. He pretendido hallar como otrora una interminable hilera de casas adornadas con sus respectivas luces navideñas, pero he tropezado con una serie inmensa de oscuridad. Solo la luna como coqueta compañera suelta su intermitente festín de luz, como para poder ver por encima, las caras de amargura temporal que muestran la gran mayoría de los habitantes con quienes me he topado en esta urbe del caribe colombiano, por el incremento en las  tarifas, amén de los constantes y prolongados cortes de energía eléctrica.
Electricaribe, una de las empresas que en Colombia ha visto caer en picada su reputación como entidad prestadora de servicios, aduce que “todo se debe al fenómeno del Niño que se está extendiendo demasiado y lógicamente al precio del kilovatio en la bolsa”.

Electricaribe, en forma cínica sostiene además en su portal de internet que “dedica sus esfuerzos a conocer y satisfacer las necesidades de sus clientes y proporcionar un servicio excelente que además de cumplir con los requisitos legales, esté acorde con los compromisos voluntariamente asumidos por nuestro grupo”. Pero otra cosa es lo que pasa a diario en los hogares y calles  de la ciudad. 

Dicho de otra manera: “Para que se nos agote la paciencia jobiana y se nos rompa el bolsillo de quien ya no insiste en el espeso eslabón del aliento, mientras los propietarios de esta entidad, la clase política…, se mueren a carcajadas”. 

Y la pregunta de los  usuarios  barranquilleros sigue ahí surcando mares de extensas acrobacias: ¿Hasta cuándo Electricaribe?

Las personas se han abstenido  de adornar con luces navideñas el frente de sus casas, este año 2015, por temor a que los recibos se disparen aún más de lo que se han disparado.


Personalmente, me tocará refugiarme amables lectores, en la medida que transcurran los días de diciembre, el mes más bello del año, en la poesía como siempre lo he hecho, para sacarle un hermoso ritmo a las vicisitudes de la vida, mientras miro otra  noche que pierdo en mi cadena inconmovible  de recuerdos :“cuando unos infantes aprovechando la brisa de diciembre, volaban sus cometas  en la cúspide de la tarde, abuelos sentados como guardianes alucinados al frente de sus casas de bahareque bien adornadas e iluminadas,  parecían nutrir sus sabias palabras en sus atalayas flotantes, una hermosa mujer de rosado vestir daba de comer a una nube de palomas, en el diario de los abandonos picoteados, mientras en derredor las mariposas amarillas fluían en la cúpula de una flor y un gato negro corría raudo sobre los aleros donde  parecía agrandarse aún más, el ocaso de una tarde que ya no era. Luego la noche como galaxia rectora de su destino, en una  adorada aureola de deseos incubaba el goce tácito de las parejas.

Posdata: ¿Quién podrá de defendernos de esta empresa que ha agotado la paciencia jobiana de las gentes?
Como van las cosas nos tocará invocar  al filósofo Diógenes de Sínope quien apareció en cierta ocasión en una plaza de Atenas, a plena luz del día, portando una lámpara de aceites mientras decía: ¡Busco un hombre honesto!
¡Amanecerá y veremos dijo el ciego!


viernes, 6 de noviembre de 2015

Mario Miranda Marañón, el boxeador más taquillero en la historia de Colombia



Mario Miranda Marañón, el boxeador más taquillero en la historia de Colombia


Por Tito Mejía Sarmiento






Por la acera de la avenida Olaya Herrera con la calle 53 de Barranquilla, Mario Miranda Marañón, el hombre de las tres emes, el mismo boxeador carismático y prolífico que por la década de los 80 se convertiría, guardando las proporciones, en el mejor pagado de Colombia, ya que se daba el lujo de llenar todos los escenarios deportivos donde se presentaba con su boxeo cambiante. Imantado por los dioses del arte de fistiana, caminaba con su aspecto sencillo y pinta de galán de cine con un libro de boxeo, como ha de ser, bajo el brazo.


Ahora, al pasar junto a un puesto de periódicos y revistas de la esquina, se quita sus gafas Ray - Ban y se detiene a hojear El Heraldo, ejemplar que compra todas las mañanas, antes de irse a monitorear de lunes a viernes a una camada de boxeadores aficionados y profesionales en el gimnasio del estadio Metropolitano: “Creo, sin temor a equivocarme, que muy pronto tendremos nuevos campeones mundiales. Hay tres muchachos, pero no te digo sus nombres porque después los enferman, los endiosan, y les pasa como a mí, que me dejé llevar por falsos amigos, por la ruta del placer prohibido...y cuando quise despertar, abrir nuevos caminos, era tarde y se me vino la noche encima”, me dice con una pena superlativa y con la culpabilidad de una parte non sancta, y sonora como el tañido de la campana entre asalto y asalto de su pasado.

Boxeador por accidente


Cuando contaba con escasos 13 años y sufría de tabardillo, (Enfermedad parecida al tifus, con fiebre alta y continua, alteraciones nerviosas y san -guíneas, y una erupción que cubre todo el cuerpo), este gran estelar boxeador barranquillero nacido el 15 de mayo de 1960, se dirigió una mañana de octubre a la Piscina Olímpica, motivado por la práctica de la natación, pero ese día no abrieron las instalaciones del escenario deportivo por reparaciones internas, y entonces, como buceando en el entorno de la fragilidad de aquel instante, notó que una de las puertas del colindante Coliseo Cubierto Humberto Perea estaba abierta de par en par y sin pensarlo dos veces entró al tinglado que años más tarde le daría la gloria y el rótulo del boxeador más taquillero en la historia de Colombia.


“Recuerdo como si fuera hoy que el desaparecido entrenador de boxeo Antonio “Cochise” Orozco me dijo: ¡Hey, cabellón, ¿quieres guantear con ese muchacho que está practicando allá? Ese otro era nada menos que Pedro El Látigo Vélez.


Me dio una paliza de padre y señor mío, que llegué a la casa empapado de miedo, con los ojos bien hinchados, la boca partida, la nariz rota. Pero me la desquité años más tarde cuando nos enfrentamos con público, jueces, en fin, todo, y lo hice retirar del boxeo para siempre.


Creo, que desde aquella ocasión nació mi amor por el deporte de las ‘narices chatas’ y luego, con la ayuda de mis mentores comencé a ascender rápidamente en los campos aficionado y profesional, derrotando por knock out fulminante y técnico o por decisión unánime de los jueces a todo el que se me atravesara en el ring.


Lógicamente, también comencé a amasar una fortuna económica que, a pesar de mis locuras, hoy todavía se ve reflejada en bienes raíces y otras propiedades que me dan para vivir bien al lado de mi esposa Jackeline de Castro, en el popularísimo Barrio Abajo y con tres de los siete hijos que tengo, de los cuales cuatro son profesionales, y, lo más importante: sin tomarme un solo trago de ron, ni fumarme un cigarrillo desde hace 20 años.


Estoy dedicado plenamente a entrenar a mis pupilos y a comentar sobre boxeo en la sección Suena la campana, en los noticieros de Lao Herrera y Roy Vergara, que se difunden por Radio Tropical y Radio Libertad, respectivamente”.

Nuevo ídolo en Colombia


Los amantes del boxeo que asistieron la noche del 9 junio de 1979 al Humberto Perea vieron nacer a un nuevo ídolo del boxeo colombiano: un muchacho enjuto, cabellón, con más pinta de cantante de rock que de púgil del peso gallo, quien derrotaba al cartagenero Edelmiro Cassiani por decisión.

“Sentí una emoción muy fuerte cuando el público coreaba: ¡Dale flaco, dale! ¡Dale, cabellón, dale! Era mi primera pelea como profesional. Al día siguiente aparecí en casi todos los periódicos del país. Recuerdo que Fabio Poveda Márquez comenzó su programa diciendo: ¡Mario Miranda Marañón, el nuevo fenómeno del boxeo en Colombia, amables oyentes!”.

Gancho para la televisión nacional

Era tanto el impacto y el carisma que este boxeador estaba generando en el peso gallo y algunas veces en el peso pluma en todas las esferas de la nación, que el 27 de mayo de 1981, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Comunicaciones, en cabeza de Antonio Abello Roca, autorizó la descentralización de la televisión nacional con la transmisión en directo, desde el Coliseo Humberto Perea de la pelea por el título continental de las Américas en el peso pluma, entre el mexicano Guillermo El Lobo Morales y Mario Miranda, teniendo como gancho la presencia de la diva del momento, la actriz Amparo Grisales.


“Gané por decisión y después, todos los promotores solicitaban mi actuación cada dos meses. Era la maquinita de hacer plata, comentaba la gente, hecho que me perjudicó también en mi carrera, como sucedió con la pelea por el título mundial pluma con el portorriqueño Juan Laporte, donde la preparación no fue la mejor por muchos motivos”.


Una doble frustración

En la madrugada del 12 de agosto de 1982, el mundo del boxeo se enteró de la trágica muerte del campeón mundial del peso pluma, el mexicano Salvador Sánchez en un accidente automovilístico.

Al momento de su muerte, se planeaba una súper pelea entre Salvador Sánchez y Alexis Argüello, revanchas contra Juan Laporte y Wilfredo Gómez, y por supuesto una pelea por el título mundial contra el retador número uno del mundo de ese entonces Mario Miranda. A raíz de ese hecho, el promotor cubano Tuto Zabala, representante de púgiles latinos ante Don King dijo que Miranda Marañón debería pelear obligatoriamente contra Laporte por el título mundial vacante en el Madison Square Garden.

“Te soy sincero, ese día estaba nervioso de pies a cabeza, no me sentía seguro con la preparación. Además, lo digo con toda la sinceridad que me cabe en el alma, estaba afligido por la muerte de Salvador Sánchez. De pronto, enfrentándome a él, otro gallo hubiese cantado habría estudiado su estilo. Ya todos saben lo que pasó, no salí a pelear en el round once porque estaba cansadísimo, y entonces el árbitro le levantó el brazo a Laporte como el nuevo campeón mundial del peso pluma.

Pocos meses después me recuperé emocionalmente y seguí ganando combates. Llegué a ser nuevamente retador número uno, pero la oportunidad de títulos mundiales no se dio. Luego, me fui a Winnipeg (Canadá), donde trabajé 10 años en una multinacional de excavaciones y boxeando, hasta cuando hice mi última pelea como profesional, el 3 de junio de 2004, ganándole por decisión unánime en 4 asaltos a Billy Tibbs”.

Proyectos

Hoy, este hombre que sigue enamorado del boxeo, que en el campo aficionado realizó 45 peleas, perdiendo solo 5, campeón nacional junior y declarado el boxeador más técnico del torneo en Bucaramanga, que en el profesionalismo combatió en 47, ganando 42, 25 por knock out, empatando 2 y perdiendo 3, quiere ver inmortalizada su grandeza en un escenario que lleve su nombre.

Anhela que se recupere el Coliseo Cubierto Humberto Perea (para ello confía en el alcalde Alex Char y el gobernador Eduardo Verano), para cristalizar un proyecto sobre la enseñanza del boxeo, para que llegue a un sitial de preferencia, no solo a nivel nacional sino internacional.












viernes, 9 de octubre de 2015



¡Si Carreño estuviera vivo!

Crónica testimonial que suele suceder casi todos los días



Por Tito Mejía Sarmiento*



El lunes 31 de septiembre de 2015, me levanté bien temprano como todos los días. Hice jaculatorias al cielo. Salté de la cama, me lavé la boca, me bañé, me vestí, desayuné, volví a lavarme la boca y me despedí gentilmente de mi señora y de una de mis hijas, quien a esa hora también se levantaba. Asumí la musa de las calles de Barranquilla, con el paso despierto de mis piernas para dirigirme a la estación del bus que me llevaría a mi trabajo, diciéndole por supuesto, “Buenos días” a todo el que me tropezaba en el camino, pero raro era el que me contestaba. Cuando voy en el bus, que a propósito llevaba un escándalo de “padre y señor mío” con champeta a bordo, interpreto el vasto silencio de una hermosa dama que sentada a mi lado, fluía ajena todas sus rosas, mientras arriba el sol parecía asomar sus primeras pavesas de mil ojos. ¿Cómo te llamas, preciosa?, le dije, respondiéndome tajantemente que a mí que me importaba.


Dos horas más tarde, comencé a intercambiar memorias con los amigos de la cátedra que fieles a sus dogmas, terminan a la larga, haciendo el trágico papel de hombres sabios porque sus alumnos parecen no interesarles dicha cátedra. Ahora entiendo el motivo por el cual la mayoría de los educandos, se alegra cuando oye decir de un rector que “mañana no habrá clases”. ¡Qué vaina, la escuela es una cárcel para muchos y prefieren según lo manifiestan sin tapujos “seguir metidos en Facebook escribiendo tantas estulticias”! (Aún recuerdo a mi gran amigo y colega universitario Julio César Castaño Bossio, quien con denodado esfuerzo a través de la enseñanza, daba cátedras de Gramática para la adecuada redacción de la Lengua Castellana y de la Literatura).

Luego de un apetitoso almuerzo y la consuetudinaria siesta, inicio el periplo de las actividades vespertinas.

Entro entonces, a las dos de la tarde en una entidad bancaria, y una de las empleadas, hace caso omiso a mi estimulante saludo cuando le digo: “Muy buenas tardes, señorita”. Al notar su indiferencia, saco un confite de mi bolsillo, se lo doy para ver si endulza su alma pero lo recibe, frunciendo su ceño con infundada ironía.

A las cinco de la tarde, me meto en las ondas hertzianas para despertar a una audiencia anestesiada con la música variada, pero mi esfuerzo resulta en vano.

Después, en la calle 72 con 48, a la muchacha de vestido pronto, también le robo decentemente su diálogo vespertino, pero me contesta con evasivos monosílabos. Voy entonces al parque Surí Salcedo, ese lugar que rompe sombras con sus chorros de luz enamorados y donde presos turpiales en jaulas gigantes, regalan sus tónicos conciertos a los instantes ingenuos y mi vista se tropieza con algunos “buscadores de la felicidad” quienes intentan cazar a sus respectivos amantes para gozárselos durante toda la noche.



De regreso a mi residencia, luego de una frugal cena, caigo pesadamente de cara a las estrellas ante tanta incultura de la mayoría de la gente, tanta falta de Urbanidad: ese conjunto de reglas, las cuales tenemos que observar y aplicar en nuestra vida: cordialidad, generosidad, elegancia a la hora de portarnos y expresarnos, como lo pregonó y aplicó en su “Compendio del manual de urbanidad y sus buenas maneras” , Manuel Antonio Carreño, ese gran músico, pedagogo y diplomático venezolano en 1853, quien a lo mejor a esta hora debe de estar revolcándose en su tumba.

Un importante “Compendio del manual de urbanidad y sus buenas maneras” que tuvo gran repercusión a nivel mundial, hasta el punto de que fue una obra aprobada para la enseñanza en las escuelas de instrucción primaria y secundaria de España y por supuesto de nuestro país, hasta cuando un presidente de cuyo nombre no quiero acordarme, lo sacó para producir como es lógico, la hecatombe inmoral que se refleja hoy en toda la piel del territorio nacional.

Tito Mejía Sarmiento*

Licenciado en Filología e idiomas, Universidad del Atlántico; locutor profesional; profesor de Tiempo Completo del Instituto Técnico Nacional de Comercio (Instenalco), de Barranquilla; poeta y escritor. Ganador del V Concurso Nacional Metropolitano de Poesía, organizado por la Universidad Metropolitana de Barranquilla, en agosto de 2001.









domingo, 5 de julio de 2015



¡Ciudadanos hacen justicia por su propia cuenta!

¡Mucho cuidado con esa bomba de tiempo!

Por Tito Mejía Sarmiento




Por falta de credibilidad en las autoridades de nuestro país, las personas están tomando justicia por sus propias manos ante la presencia de cualquier acto delictivo, y esto a decir verdad, está trayendo consecuencias desastrosas. Lo más grave de todo, es que en algunos casos la fuerza pública, por ejemplo salva de las golpizas a algunos delincuentes, ladrones…, pero los dejan en libertad por falta de evidencias para judicializarlos por sus delitos y fechorías, lo que hace que el círculo vicioso de la impunidad sigue rondando estos hechos a diario en muchas ciudades de Colombia, mientras el tiempo expectora su amenaza y las aves en sus extensos vuelos se están llevando la paciencia de las gentes de bien que aún quedan en esta nación.


En los noticieros de televisión, redes sociales, casi todos los días abundan los videos de intentos de linchamientos a supuestos ladrones en diferentes ciudades de Colombia, donde turbas de personas neutralizan al hipotético delincuente para ajusticiarlo por su cuenta.


Según varios expertos en temas de seguridad, aseveran que la gente asume este tipo de actitudes “porque ya está cansada, porque las autoridades no están haciendo su trabajo”. “Cualquier ciudadano, frente a un hecho en flagrancia de algún delito, puede detener al delincuente”. Sin embargo, recomiendan que lo que deben hacer las personas, inmediatamente después de aprehenderlo “es ponerlo a disposición de las autoridades competentes como la Policía y la Fiscalía”.

El problema de asumir la justicia por las propias manos está, según Leonardo Díaz, psicólogo de la Pontificia Universidad Javeriana, entrevistado por el periódico El Tiempo la semana pasada dejó entrever que “no es moralmente aceptable porque para eso las comunidades humanas hemos delegado, en las leyes, la aplicación de la justicia”.

“Lo único que se logra con este tipo de actitudes (los linchamientos) es que el delincuente se cohíba, pero, una vez superado ese miedo, puede volver a incurrir en el delito. Esto significa que aunque el individuo se golpee de manera brutal, como se aprecia en los videos, su comportamiento no va a cambiar “concluyó Díaz.

Muchas personas entrevistadas por este servidor en las calles de Barranquilla, hace 3 días conceptuaron que el estado colombiano se muestra indolente ante esta situación, que ya están cansados de tanta inseguridad en las casas y fuera de ellas.

Pero también es bien cierto, pienso yo acá muy humildemente que la justicia por mano propia no debe confundirse con el derecho que tiene una persona de defenderse ante una agresión hacia ella, a un tercero o a uno de sus bienes. Si el damnificado detiene al agresor configura un caso de arresto civil. Ello está previsto dentro del derecho cuando la autoridad no está presente. ¡Mucho atención amigos gobernantes que la luna saborea su reflejo, mientras alguien acecha el paso nervioso de las malas horas!