sábado, 21 de agosto de 2010

INTIMARIO

INTIMARIO
Sabiéndose varón y hembra y sin darle importancia a su desigual estatura,
sino al mismo fuego que de su interior emanaba,
acordaron por primera vez,
abrir el cubil íntimo de una noche sin nombre,
en la alcoba lindante de una vieja casona.
Entonces, fueron eternos.

TITO MEJÍA SARMIENTO

OFRENDA DE CUMPLEAÑOS

OFRENDA DE CUMPLEAÑOS

El día de su cumpleaños número 25,
se desnudó rápido delante de mí.
Por casualidad, me llamó muchísimo la atención,
la manera cómo se acariciaba las puntas de sus filosos senos.
Ahí mismo comprendí,
que eran piezas claves, múltiplo de dos para el amor,
e inmediatamente, empecé a darles toquecitos con la punta de mi lengua.
Entre labio y labio,
fuimos dejando la ambigüedad del beso,
mientras le iba susurrando “un amor mío” a media voz
por la senda palpitante de su cuello.
No dudé un segundo en que ella estaba excitada
como el velero que se resquebraja en su propia espuma
por las volteretas que daba en la cama,
y por el aumento de sus suspiros
cuando manoseé la céntrica tormenta de sus muslos.
Pronunciaba y pronunciaba mi nombre
en repetidas ocasiones al compás de los mutuales movimientos
y me solicitaba con urgencia
que la hiciera mía.
Entonces, uno frente al otro,
convenimos avanzar hasta toparnos,y hasta que los brazos abiertosse cerraron alrededor de los cuerpos ofertados
y sin más preámbulos, nos devoramos como dos serpientes
que se entretejen húmedas en un misma selva,
en esa selva donde se nutre la cópula y el canto,
donde crecen tulipanes negros
y en donde el peligro crepita en su mismo fuego
cuando el amor se seca entre las ramas.
-Hoy día de mi aniversario,
te amo más, me siento como el ave llevada
por el placer de otras alas
y a la cual no le niegan la contesta de su trino,
me dijo antes de quedarse dormida
entre el rumor de las frondas de mi pecho.


TITO MEJÍA SARMIENTO

martes, 29 de junio de 2010

POEMA DE TITO MEJÍA SARMIENTO
“MILONGA DE UN SÁBADO LLUVIOSO”

Este sábado lluvioso me traza
en el horizonte un turbio pensamiento
que me ata precisamente al recuerdo de ella:Su olor a hembra fresca, envuelta en gemidos,
y de rodillas tragándose por completo
como una anaconda irritable,
el animal sagrado de mis piernas,
sin siquiera dejarlo escupir su espumoso océano,
y yo, quieto, todo quieto, quieto,
dejándola vivir en el capullo espeso de la tarde.
Entonces, para variar
y aligerando su voz con el deseo,
me solicitaba que hundiera mi lengua de amor hirviente
en el oscuro bosque de sus piernas
para que lo poblara de refulgentes placeres
hasta bien entrada la madrugada.
En este sábado lluvioso,
me la imagino abierta completamente a la vida,
habitando en los espejos de la alcoba
y, acomodándose de paso, al perfil de mi pretensión
que con el sólo roce de nuestra piel
convertía en melodía, el torpe anochecer de las palabras.
Ahora, en este transitorio y rígido instante
de libertad encarcelada,
sólo eyaculo precozmente orgasmos de lágrimas
que quedan presos sobre el piso,
mientras afuera el traje ritual de la lluvia se expone a otros deseos
taladrando la máscara de sus amantes .
TITO MEJÍA SARMIENTO

martes, 20 de abril de 2010

miércoles, 11 de noviembre de 2009

DOS POEMAS INÉDITOS DE TITO MEJIA SARMIENTO

LA MUJER DEL MARINERO


“Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa, no vuelven nunca más”.

Pablo Neruda


Desde hace tres años, los sábados por la tarde, Cleo, la mujer del marinero, va al puerto con toda la paciencia del caso por si llegan noticias de su amado, aquel mulato de ojos negros que después de cada jornada, la hacía derretir con los impulsos posesos de su filoso arpón mientras ella maullaba, maullaba como gata salvaje para calmar su sed de amor hasta las primeras horas de la madrugada, y luego, quedaba como mansa gaviota entre sus gruesos brazos de marinero encendido, dormida más allá de las estrellas naufragadas de Itaca. Hoy, sobre las latitudes de su memoria, se funden océanos de ansiedad que se bifurcan en los planetas de su cuerpo, cuando las sirenas convocan otro puerto con su rumor de agua y los farallones recortan la sed de tanta espera.



EN ESA HAMACA COLOR CAFÉ
“No importa que las luces queden encendidas, ya no somos visibles”
Abilio Estévez


En esa hamaca color café,
la amé tantas veces
que llegué a creer que nuestra relación jamás se acabaría.
Los orgasmos estaban a la orden del día
en ese tálamo hirviente de aventuras
donde nos deslizábamos fácilmente
con el tono izado de cada pretensión en un vuelo sin alas.
En esa hamaca color café,
besé con calma y complicidad sus labios inéditos
y de la línea gruesa de su virgen sombra,
me adueñé definitivamente en aquel verano abisal y callado del 97.
En esa hamaca color café,
me volvió loco, la mujer
que un sin número de veces me decía
que yo solo existía para su cuerpo.
Pero todo es memoria, piel de mi propio presente,
especie de sosiego
o el mismo sol que nutre mis días
en las ruinas ancestrales
que logran cruzarse en la perdurable soledad del espacio.
En esa hamaca color café
que cuelga en las trenzas del viejo olivo,
columpio hoy el misterio de los sueños para siempre.

TITO MEJIA SARMIENTO

miércoles, 14 de octubre de 2009

POETA ANTE EL ESPEJO

EL POETA ANTE EL ESPEJO
-Yo también amé
a una mujer ante el espejo-,
me dijo un día el poeta.
-Y sentí, sin decir mentiras,
que me transformé de paso en un hombre
que jugó a descubrir la vida
para que jamás lo atraparan.

Ante el espejo,
el seno de la mujer que amé
se hizo más donativo, más ardiente,
su ofrenda más abierta,
y ese acto definitivamente
enloqueció entonces
a mi musa de fuego que atravesó
su musgo enrojecido
a una cuarta de su ombligo,
y emanó con fuerza en sus adentros,
su color turgente
mientras yo, callado muy callado,
seguía contemplando mis propios ojos
ante el espejo,
sus parpadeos de corzas,
y la felicidad perlada que iluminaba para ambos
mientras ella,
se hacía primavera en mis labios cautivamente -.
TITO MEJIA SARMIENTO

NUEVOS POEMAS ERÓTICOS DE TITO MEJIA SARMIENTO

Hoy cumple 66 años la soledad

“A todas las meretrices del mundo que lo dieron todo,
y jubilación no tuvieron”
T.M.S.
Esa mujer que ves ahora,expectativa fue de una épocadonde anidaba la alegría,
corporal instante de materia encendida.Tan supremamente hermosa era,que muchos quedábamos atrapados
en su devorante lecho,
mientras la historia pasaba por nosotros
como toda una soberana .Esa mujer que ves ahora,
fue la meretriz lujosa de la comarca,arrogante a veces,
círculo vicioso
al momento del cobro.

Esa mujer que ves,
silueta etérea,
cascada sin agua,
y que le han crecido arrugas
en los labios más nobles,
le conozco bien,
bregó con los agravios y pecados,y de paso, se lavó las manos en silencioen el barranco azul de sus pupilas.

Esa mujer,
le conozco bien,
ahora, recorre las calles del silencio
en busca quizás,
del milagroso cristal de Murano,
que le haga redimir las ansias
que los milenios le han cerrado,
y hoy vaga como puta,
sin amor,
sin nada,
alimentada de una soledad terminalbajo un turbado bostezo de inquietud.

TITO MEJIA SARMIENTO

MAGIA
Tengo la vara
que me abre el camino
donde empieza tu desorden
de hembra sedienta y repetible.
Allí, donde todo lo dinamitas
con exactitud y de acuerdo a las circunstancias
cuando se viene la noche
o cuando la brisa se detiene para lavar su manto,
indagando de paso
los motivos de los orgasmos infinitos
y después encantada me dices “alabado seas, amor”
hasta cuando te quedas dormida
en el sueño más profundo de todos los deseos,
y yo me quedo entonces,
pensando en la magia que siempre te hechiza
y que de cualquier manera,
de ella te dejas arrastrarcon la misma fascinación de mi propia fantasía.
TITO MEJIA SARMIENTO









CONCUBINA


Con una cuerdame ató a la cabecera de la cama
mientras caía una pertinaz lluvia
aquel cinco de septiembre
del año 2004 en los extramuros de la ciudad.
Con la sed del esclavo encubridor
me dejé arrastrar
por sus ansias de mujer felina.Inundó primero,
con toda la fuerza de su boca,mi perpleja daga,
que se endurecía eclipsada
en cada arremetida
por el giratorio cursor
en la proa de sus gruesos labios.

Noté enseguida con suma facilidad,
que la felicidad cabía en sus ojos
cuando yo succionaba incómodamente
como animal atrapado en su red,
la sombra de sus orondos senos
que parecían explotar
anulando la esencia de las cosas sacras,
y que hasta ese momento habíamos conservado.

No pasaron veinte minutos,
cuando hizo derramar mi simiente
sobre la hermosura de su cara,
que ahora daba la impresión
de una muñeca vestida de nieve.

Le pedía que me soltara,
que esto era cosa de dos,
pero hacía caso omiso,
argumentándome,
que se sentía como la concubina de un emperador,
y era precisamente eso: una concubina.
Entonces, abrió con los dedos
en toda su extensión,
el surco de su radiante y poblada noche,
y sin titubear, se metió en mí
hasta el sol de hoy,
desatando la más afanosa tormenta
que jamás dos cuerpos tendidos
en un área no proporcional
a sus confines
hayan experimentado,
para atarse en el mismo punto.

TITO MEJIA SARMIENTO









AFINIDAD


El serpentino ritmo
de tus caderas me acelera.
Mi sexo
se abisma más y más
en la adolescente isla de tu piel.
Entonces,
yo con el gemido de voraz amante,
diluvio una, diluvio dos, diluvio tres veces.
Y tú,
te quedas sin voz
al intentar pronunciar
mi nombre de fondo cómplice,
una, dos veces, también crecida,
en la acústica intemperie.
TITO MEJIA SARMIENTO









SEPTUAGENARIO

.
…Y la quietud clama por nacer
Dina Posada

-Levántate y anda
monstruo placentero-
le escuché decir
a aquella morena mujer
de casi dos metros de estatura,
quien sacada como de una caldera de Vulcano
daba vueltas completamente desnuda
por toda la alcoba, desesperada.
-Siento estar tratando de levantar
algo que a lo mejor
ya está al otro lado del abismo-
continuó diciendo,
aumentando su desconcierto
y el tono de su grave voz.
Ella, con lengua bajante insistía, insistía;
pero el tiempo con sus ataques
había roto las memorias
de aquel hombre
que ahora vestido de pudor y nostalgia,
velaba y callaba por su propia impotencia,
y además, creía tener ahora más miedo,
que la gente leyera
y releyera este poema donde
consta la verdad de su flaqueza,
a pesar de haberme pedido
que ocultara su identidad
por encima de toda perturbación.
Creo que, a estas alturas,
(diez años después)
ni el lienzo de preguntas que de la boca
(descarga carnal )
de aquella hermosa mujer salían,
ni el soplo alentador de Orión,
ni todo el psicoanálisis de Freud,
podrían sacar el temor encerrado
en aquel profeta que había perdido su realidad
entre tantas cuentas vencidas
y que hoy forman una dársena cada vez más profunda
cuando el amor se convierte en hembra.
TITO MEJIA SARMIENTO