sábado, 26 de abril de 2014

viernes, 4 de abril de 2014




…Y la imagen milenaria del penitente sigue viva

Secretos de una confesión
¿Fe, espectáculo o barbarie?  
La iglesia de Santo Tomás estuvo en entredicho por desobediencia de sus habitantes a la orden de la Arquidiócesis de Barranquilla de prohibir que salieran los flagelantes, pues ese viernes Santo (1979), los penitentes repelieron con avispas a la fuerza pública que iba a impedir el desfile. El entredicho duró solo 15 días.
 Una historia escrita con sangre 
¡Seré penitente hasta el día que me muera!

Por Tito Mejía Sarmiento

“El flagelante de Santo Tomás, es un pobre  ser, alguien que quizás lo único que lo salve, sea su propia penitencia. Un ser con una concepción deprimida de la existencia, exaltada en la fe que procesa, resignado a su suerte y que asume la práctica existencial misma con la mayor pasividad que puede provocar el cielo”.                                           
Pedro Conrado Cúdriz (Sociólogo)

En una  dimensión donde lo habitual más ocioso parece cobrar  furor en cuanto al sentido primitivo de las flagelaciones de Santo Tomás, (pueblo de más de 26.000 habitantes y anclado en el  noreste del Departamento del Atlántico, en la región Caribe,  ribera del río Magdalena. Además,  conocido por el carnaval intermunicipal. Fundado a principios del siglo XVIII por Francisco y Miguel Becerra en un asentamiento ribereño de fértiles tierras,  erigido en municipio el 18 de junio de 1857. Sede de la capitanía de guerra de Tierra Dentro durante el período colonial), está inmersa Ángela Fontalvo Gutiérrez, una mujer de 65 años, aproximadamente (no desea revelar su edad ni tomarse fotos) , quien en el año 1977, toma la tajante decisión de , “pagar una manda o penitencia” por el resto de sus días al ver que uno de sus hijos (   ) cae gravemente enfermo y al no tener supuestamente curación por parte de la Ciencia Médica, jura arrodillada y con los brazos extendidos ante Dios y con un celo religioso inusitado de la labor redentora que: “Si mi hijo se salva, yo me flagelaré  hasta el día que me  muera todos los viernes santos, en la calle de la Ciénaga o de la amargura como se le conoce a esa vía, que ha visto desfilar a  más de 36 a 40 flagelantes anuales de todas las regiones del país desde hace más de 100 años”. Es decir, un caso contrario a lo que hiciera Fray Bartolomé  Arrázola en el cuento “El eclipse” de Augusto Monterroso que, sintiéndose perdido, acepta que ya nada puede salvarlo porque la selva poderosa de Guatemala lo ha apresado, implacable, definitivamente. Entonces, ante su ignorancia topográfica se sienta con tranquilidad a esperar la muerte particularmente en el convento de los Abrojos.

Es que a Ángela, morena mujer de contextura delgada, le han pasado cosas inverosímiles por el solo hecho de ser la primera en su género en flagerarse en la mundialmente conocida  población, que presume ser diferente al resto de otras poblaciones en cuanto a flagelaciones se refiere, como cuando fue  “desterrada”, excomulgada y puesta en la picota pública de la iglesia católica por parte de un sacerdote en el año 1979, y que dicho sea de paso, colocó en  entredicho por más 15 días a la parroquia de Santo Tomás a través de una orden emanada por la jerárquica arquidiócesis de Barranquilla que, provocó  “una ira santa” , un duro enfrentamiento no solo físico sino de opinión entre los moradores intelectuales, analfabetas, el ejército, la policía, las autoridades jurídicas, eclesiásticas, dejando de paso un centenar de heridos y encarcelados: “Ese día, el pueblo parecía que se iba a acabar. La gente en la calle de la Ciénaga corría despavorida de un lado para otro. El ejército y la policía comenzaron a dar bolillos a tutiplén. Yo salí corriendo para mi casa a esconderme porque alguien me dijo que el cura había dicho antes de ser escoltado por la policía con dirección a Barranquilla que,  yo era la verdadera culpable de esa apostasía, esa fue la palabra que me dijeron (sin saber todavía que significa esa vaina), al desfilar como penitente, sabiendo que eso no estaba permitido para hombres y menos para mujeres, pero luego regresé  otra vez para la plaza del pueblo diciéndome para mis adentros que, por qué  debía tener miedo si yo tenía bien  aprendido el significado de la fe religiosa y de la gran aventura que iba a emprender por el resto de mis días por el favor recibido.”


Una  niñez sin sueños

Ángela abre bien los ojos y gesticula con sus manos cuando continua narrando todo lo que tuvo que hacer para sacar adelante a sus  4 hijos. Ella que además, abandonó su niñez sin sueño por la pobreza en que vivían sus padres en una especie de sinestesia salobre pero colorida de mucho amor familiar. Ella que como gaviota herida muchos años después desde bien temprano hasta altas horas de la noche en que el silencio agujereaba, y sin que nadie lo percibiera, tuvo que derrumbar fronteras con sus alas  para conseguir la alimentación o las semillas de la luna para sus críos.


Ornamentación para la flagelación  

Ángela suelta una tímida sonrisa a la cámara cuando me habla de la ornamentación que utiliza los viernes santos para su flagelación: Un capirote o capucha para cubrirse el rostro, una pollera de túnica blanca con siete cruces  hasta la altura de los pies, una disciplina o látigo castigador con siete esferas de cera endurecidas en la punta, una cuchilla con que cortan siete veces la piel del torso desnudo (parte baja de la espalda o región dorso lumbar), una vez que los golpes del látigo la duermen, una botella de ron que se utiliza para mitigar el fuerte dolor  y limpiar la sangre que emana  de las partes afectadas:  “La verdad es que entre más duro uno se golpee con la disciplina más rápido se le duerme y se le hincha la piel y uno no siente las picadas o cortadas con la cuchilla de afeitar que le hace el auxiliar de uno. El primer año fue duro, me costó y pensé que no terminaría, pero fíjate voy para muchos  años y aquí estoy” 


Recorrido que debe realizar el penitente

Saliendo del Caño de las Palomas, ubicado en las afuera de la población, Ángela inicia su calvario para recorrer con los pies descalzos, tres pasos adelante y uno hacia atrás, un trayecto de tres a cuatro kilómetros en el cual se encuentran con siete cruces (estaciones).  El siete se repite porque es símbolo de la perfección y la totalidad, bajo una temperatura que supera los 35 grados centígrados donde cumple un ritual exigido: los pasos, rezos y los cortes en su piel  hasta culminar en la cruz vieja, donde según la memoria de los abuelos funcionó la primera iglesia del pueblo, hecha en bahareque y hojas de palma dulce. Es decir, la misma especie de castigo emancipador del cual nos habla El Dictionnaíre de Spiritualité ascétique et mystique (4) Paris 1937: “el castigo con látigo o vergajos era conocido ya en la antigüedad. Entre los judíos era uno de los más comunes, pero los griegos sólo usaron la pena de flagelación con los esclavos, aunque el maestro de escuela tenía derecho a castigar con el látigo a sus discípulos. En Roma, sólo se le aplicaba a quien había sido condenado a muerte, y como es sabido, este fue uno de los castigos que sufrió Jesucristo con anterioridad a su crucifixión, lo que probablemente explique el prestigio y la amplia utilización de este tipo de mortificación a partir de la Edad Media, hasta el punto de llegar a representar la disciplina por excelencia”. Incluso en los archivos históricos del pueblo se habla de que su santo patrono Santo Tomás  de Villanueva  se flagelaba a veces en su propio cuarto cuando no tenía nada que darle a los pobres  durante los siglos XV y XVI. “Fue también en aquella tierna edad muy penitente, ayunando muchos días y disciplinándose en secreto. Halló un día su madre, donde él dormía, sus disciplinas (látigos) y fue grande el pesar y sentimiento que él tuvo de ello, porque fue muy enemigo desde niño y toda su vida de que nadie se enterase de sus penitencias ni de sus particulares ejercicios o devociones”( pag.14. Libro Santo Tomás de Villanueva, el limosnero de Dios por  P. Ángel Peña O.A.R.)


…Y la imagen milenaria del penitente  sigue viva

A pesar de la oposición de la Iglesia  Católica a los flagelantes de la Semana Santa, de la  lluvia de críticas de propios y extraños,  este municipio del Caribe colombiano  sigue albergando en sus entrañas todos los viernes santos, la imagen milenaria del penitente, esa misma imagen medieval, bella, cínica, aparatosa y, hasta actoral  o como la quieran llamar, que en algún tiempo  pudo representar o aún representa, el acto diáfano de la religiosidad de muchos de sus habitantes, es decir, la imagen fervorosa de la fe tomasina o más bien pensando como lo expresó en una entrevista para la televisión regional que le hiciera el sociólogo Pedro Conrado Cúdriz, al más antiguo de los penitentes  Manuel “El indio “María Charris: “Los flagelantes de Santo Tomás piensan en Dios con tal intensidad y ardor que los incrédulos cristianos no lo creen”. Entonces, como corolario quiero significar que este año también se darán cita el viernes santo en el marco de la Semana Mayor de Santo Tomás , centenares de penitentes no sólo oriundos de esta población atlanticense sino de todos el país para continuar  con “la agresividad humana”, con el espectáculo o barbarie, incógnita hasta ahora difícil de resolver, por psicólogos, sociólogos... 

Y Ángela, la mujer m seguirá flagelándose por los siglos de los siglos con los primeros rayos del sol en la calle de la amargura, para años más tarde recordar, las vicisitudes que tuvo que pasar al lado de los suyos como cuando  sus hijos clavaban en un pedazo de pan los mordiscos famélicos y se acostaban viendo a la luna a través de unas  tejas rotas de la casa mientras ella y su esposo algunas veces embestían el amor en el destierro de los sueños de una historia escrita con sangre.

jueves, 3 de abril de 2014

La Urraka Cartagena: El ojo de la cerradura

La Urraka Cartagena: El ojo de la cerradura: …Y la imagen milenaria del penitente sigue viva • Secretos de una confesión • ¿Fe, espectáculo o barbarie?   • La iglesia de S...

viernes, 7 de febrero de 2014

La Urraka Cartagena: Por el ojo de la cerradura

La Urraka Cartagena: Por el ojo de la cerradura: “Cantándole a mi Valle”  Juan Piña con Andy Montañez, Gustavo Gutiérrez y Johnny Ventura  (Desgranando sentimientos en una hermosa tierr...

domingo, 5 de enero de 2014






Armando Cabrera Pertúz, el buen docente, el gran amigo, el mamador de gallo, “el excelso mentador de madres” y el economista librepensador


Por Tito Mejía Sarmiento


Los pájaros exponen su libertad bajo la canícula de aquella mañana del 18 de agosto de 1976. Un joven cenceño, con bigotes bien cuidados al estilo Bienvenido Granda y siempre preocupado por justificarse de ser lo que era, un economista titulado de la Universidad del Atlántico, llega a la sede del Instituto Técnico Nacional de Comercio de Barranquilla, ubicada en la carrera 62 No. 52-85, con una carpeta en su mano derecha, pletórico de ilusiones preguntando por el señor rector, Pedro Cabrera De la Cruz (Q.E.P.D.). Viste un jean Caribú con camisa verde oliva y zapatos deportivos. En la puerta, el siempre recordado conserje Luchito Báez Portillo, lo hace pasar hasta la secretaría donde una agraciada señorita llamada Aminta García Osorio, quien apostada a la ventana, observa la vista crispada por los árboles que se aferra al otro lado de la vía, lo presenta minutos más tarde ante el señor rector.

Empieza a laborar en calidad de profesor de tiempo completo en el área de comerciales, ganándose en tan poco tiempo, la admiración de estudiantes, docentes, padres de familia, por su invaluable gnoseología en las cuestiones relacionadas con el funcionamiento de la Economía, con un espíritu emprendedor y creativo para el desarrollo de las empresas, además de los análisis de riesgos en aquellas competencias relacionadas con la comprensión, interpretación y aplicaciones contables...

El profesor Armando Cabrera Pertúz sabe bien que el Estado, para hacer ciudadanos, deshace individuos y, a voz armada con el pensamiento de Marx, de Mao y de Lenin, deja al descubierto su puño y los nervios de la palabra lacerante, alza este folleto contra la realidad, para arrojarlo al corazón de la conciencia sucia de aquella época.

Sus amigos y colegas Julio Castaño Bossio, Carlos Peña Palacio y el extinto Fulvio Bolaños De la Hoz, lo pintaban tal cual yo percibía que era, 15 años más tarde cuando comencé a trabajar en el INSTENALCO: un hombre adorador de la vida, solidario a toda prueba, entendiendo perfectamente quizás aquel mensaje bíblico que reza: “La mano que da nunca estará vacía”, mamador de gallo, excelso “mentador de madres” o “rabito de lobo” como lo calificó hace siete años, su incondicional amigo, Alfredo Marún Chaffi , amén de ser propietario de una alegría única, es decir, un verdadero rompedor de las garras del hastío.

He visto pasar la plenitud de su alma en nuestro amado colegio los días laborales, inclusive sábados y domingos, el todo de sus gestos y de su modo, he sido además, cómplice y parroquiano de sus actuaciones incansables en la búsqueda de las prácticas empresariales remuneradas para sus educandos. Armando siempre ha tratado de ayudar a cuanto ser se le atraviese por su senda en busca de alguna solicitud, sin nada a cambio, con su sonrisa constante, su calidad humana y su concepción librepensadora.

Hoy están de fiesta las despedidas, los tragos de whisky, las viandas, el baile y, la nostalgia posiblemente, espera, pero la vida, estoy seguro al colega Armando, también se le abrirá de par en par, con un horizonte nuevo y apacible donde repose y se derrame luego, su palabra audaz que será la dueña de su secreto en las madrugadas con espejos de amor y complacencias al lado de los suyos que tanto lo aman.

¡Gracias, profesor Armando, por ser como eres!



Barranquilla, 29 de diciembre de 2013





viernes, 1 de noviembre de 2013





Ante la tumba de mi hermano Nelson
Si hay un elemento simbólico que soporte con admirable consistencia y cotidianeidad tanto la fantasía como la realidad, ése es el cementerio”. JOSÉ MARÍA GUELBENZU

Por Tito Mejía Sarmiento

 Estoy de nuevo frente a ti, hermano._ _ Cuéntame todos tus secretos que ya está bueno de silencios y necesito con urgencia apedrear la impunidad en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _ _ Mi presencia aquí, Nelson, no es un simple pleonasmo incorrecto porque siempre mueren los otros, pero tú no, además, vivir no es otra cosa que desconocer el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._ _ Piensa también en esa gente que aún te ama y que diariamente te visita, la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti, la misma gente que en un acto de fe poco usual se lleva el agua de los floreros de tu tumba para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada, como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos, como en la trova de los elfos nórdicos, en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _ _ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._ _ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón desde el primero de mayo del 2004, aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año, fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África), donde ahora regalas con un afán encomiable como lo hacías aquí en Santo Tomás, un cúmulo de afectos a propios y extraños, que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas durante las horas del día, noche, madrugada, sin titubear los pensamientos de médico eficiente._ _ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_ ¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños, y por una simple razón lógica: te conozco mejor que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás! ¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático, no te preocupes, que ninguno de nosotros va a tomar represalia contra nadie! _ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre ese nido de incontables deterioros que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente al que llamamos justicia_ ¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre? ¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es! _ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame, porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero: Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio como una amante inédita que se hunde en los espejos de las calzadas, y que ve morir el sol bajo sus párpados todas las tardes con su dolor infinito, ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos, primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas, sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día, ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _ ¡Nada de eso! _Te repito, únicamente queremos saber la verdad acerca de tu homicidio para que el alba, se haga alba en la eterna cantata de sueños, y de paso los recuerdos se conviertan en poemas cuando el viento empiece a abrazar vivencias y las golondrinas pueblen los inviernos en el patio de nuestra casa de nuevo. ¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos, para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!






TITO MEJÍA SARMIENTO




viernes, 4 de octubre de 2013

Ante la tumba de mi hermano Nelson

“Si hay un elemento simbólico que soporte con admirable consistencia y cotidianeidad tanto la fantasía como la realidad, ése es el cementerio”.
JOSÉ MARÍA GUELBENZU

Por Tito Mejía Sarmiento

_ Estoy de nuevo frente a ti, hermano._
_ Cuéntame todos tus secretos 
que ya está bueno de silencios
y necesito con urgencia apedrear la impunidad
en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa
y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _
_ Mi presencia aquí, Nelson,
no es un simple pleonasmo incorrecto
porque siempre mueren los otros, pero tú no,
además, vivir no es otra cosa que desconocer
el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._
_ Piensa también en esa gente 
que aún te ama y que diariamente te visita,
la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti, 
la misma gente que en un acto de fe poco usual
se lleva el agua de los floreros de tu tumba
para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada,
como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos,
como en la trova de los elfos nórdicos,
en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _
_ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._
_ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón 
desde el primero de mayo del 2004, 
aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año,
fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza
frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo 
de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África),
donde ahora regalas con un afán encomiable
como lo hacías aquí en Santo Tomás,
un cúmulo de afectos a propios y extraños,
que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas
durante las horas del día, noche, madrugada,
sin titubear los pensamientos de médico eficiente._
_ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_
¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién
fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños,
y por una simple razón lógica: te conozco mejor 
que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás!
¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático,
no te preocupes, que ninguno de nosotros 
va a tomar represalia contra nadie!
_ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre
ese nido de incontables deterioros 
que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente
al que llamamos justicia_
¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre?
¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es!
_ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame,
porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero:
Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio
como una amante inédita 
que se hunde en los espejos de las calzadas,
y que ve morir el sol bajo sus párpados
todas las tardes con su dolor infinito,
ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos, 
primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho 
que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra
y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas, 
sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día,
ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _
¡Nada de eso!
_Te repito, únicamente queremos 
saber la verdad acerca de tu homicidio
para que el alba, se haga alba
en la eterna cantata de sueños,
y de paso los recuerdos se conviertan en poemas
cuando el viento empiece a abrazar vivencias
y las golondrinas pueblen los inviernos
en el patio de nuestra casa de nuevo.
¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos,
para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!

TITO MEJÍA SARMIENTO