jueves, 3 de abril de 2014
La Urraka Cartagena: El ojo de la cerradura
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viernes, 7 de febrero de 2014
La Urraka Cartagena: Por el ojo de la cerradura
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domingo, 5 de enero de 2014
Armando Cabrera Pertúz, el buen docente, el gran amigo, el mamador de gallo, “el excelso mentador de madres” y el economista librepensador
Por Tito Mejía Sarmiento
Los pájaros exponen su libertad bajo la canícula de aquella mañana del 18 de agosto de 1976. Un joven cenceño, con bigotes bien cuidados al estilo Bienvenido Granda y siempre preocupado por justificarse de ser lo que era, un economista titulado de la Universidad del Atlántico, llega a la sede del Instituto Técnico Nacional de Comercio de Barranquilla, ubicada en la carrera 62 No. 52-85, con una carpeta en su mano derecha, pletórico de ilusiones preguntando por el señor rector, Pedro Cabrera De la Cruz (Q.E.P.D.). Viste un jean Caribú con camisa verde oliva y zapatos deportivos. En la puerta, el siempre recordado conserje Luchito Báez Portillo, lo hace pasar hasta la secretaría donde una agraciada señorita llamada Aminta García Osorio, quien apostada a la ventana, observa la vista crispada por los árboles que se aferra al otro lado de la vía, lo presenta minutos más tarde ante el señor rector.
Empieza a laborar en calidad de profesor de tiempo completo en el área de comerciales, ganándose en tan poco tiempo, la admiración de estudiantes, docentes, padres de familia, por su invaluable gnoseología en las cuestiones relacionadas con el funcionamiento de la Economía, con un espíritu emprendedor y creativo para el desarrollo de las empresas, además de los análisis de riesgos en aquellas competencias relacionadas con la comprensión, interpretación y aplicaciones contables...
El profesor Armando Cabrera Pertúz sabe bien que el Estado, para hacer ciudadanos, deshace individuos y, a voz armada con el pensamiento de Marx, de Mao y de Lenin, deja al descubierto su puño y los nervios de la palabra lacerante, alza este folleto contra la realidad, para arrojarlo al corazón de la conciencia sucia de aquella época.
Sus amigos y colegas Julio Castaño Bossio, Carlos Peña Palacio y el extinto Fulvio Bolaños De la Hoz, lo pintaban tal cual yo percibía que era, 15 años más tarde cuando comencé a trabajar en el INSTENALCO: un hombre adorador de la vida, solidario a toda prueba, entendiendo perfectamente quizás aquel mensaje bíblico que reza: “La mano que da nunca estará vacía”, mamador de gallo, excelso “mentador de madres” o “rabito de lobo” como lo calificó hace siete años, su incondicional amigo, Alfredo Marún Chaffi , amén de ser propietario de una alegría única, es decir, un verdadero rompedor de las garras del hastío.
He visto pasar la plenitud de su alma en nuestro amado colegio los días laborales, inclusive sábados y domingos, el todo de sus gestos y de su modo, he sido además, cómplice y parroquiano de sus actuaciones incansables en la búsqueda de las prácticas empresariales remuneradas para sus educandos. Armando siempre ha tratado de ayudar a cuanto ser se le atraviese por su senda en busca de alguna solicitud, sin nada a cambio, con su sonrisa constante, su calidad humana y su concepción librepensadora.
Hoy están de fiesta las despedidas, los tragos de whisky, las viandas, el baile y, la nostalgia posiblemente, espera, pero la vida, estoy seguro al colega Armando, también se le abrirá de par en par, con un horizonte nuevo y apacible donde repose y se derrame luego, su palabra audaz que será la dueña de su secreto en las madrugadas con espejos de amor y complacencias al lado de los suyos que tanto lo aman.
¡Gracias, profesor Armando, por ser como eres!
Barranquilla, 29 de diciembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
Ante la tumba de mi hermano Nelson
Si hay un elemento simbólico que soporte con admirable consistencia y cotidianeidad tanto la fantasía como la realidad, ése es el cementerio”. JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Por Tito Mejía Sarmiento
Estoy de nuevo frente a ti, hermano._ _ Cuéntame todos tus secretos que ya está bueno de silencios y necesito con urgencia apedrear la impunidad en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _ _ Mi presencia aquí, Nelson, no es un simple pleonasmo incorrecto porque siempre mueren los otros, pero tú no, además, vivir no es otra cosa que desconocer el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._ _ Piensa también en esa gente que aún te ama y que diariamente te visita, la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti, la misma gente que en un acto de fe poco usual se lleva el agua de los floreros de tu tumba para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada, como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos, como en la trova de los elfos nórdicos, en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _ _ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._ _ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón desde el primero de mayo del 2004, aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año, fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África), donde ahora regalas con un afán encomiable como lo hacías aquí en Santo Tomás, un cúmulo de afectos a propios y extraños, que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas durante las horas del día, noche, madrugada, sin titubear los pensamientos de médico eficiente._ _ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_ ¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños, y por una simple razón lógica: te conozco mejor que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás! ¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático, no te preocupes, que ninguno de nosotros va a tomar represalia contra nadie! _ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre ese nido de incontables deterioros que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente al que llamamos justicia_ ¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre? ¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es! _ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame, porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero: Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio como una amante inédita que se hunde en los espejos de las calzadas, y que ve morir el sol bajo sus párpados todas las tardes con su dolor infinito, ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos, primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas, sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día, ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _ ¡Nada de eso! _Te repito, únicamente queremos saber la verdad acerca de tu homicidio para que el alba, se haga alba en la eterna cantata de sueños, y de paso los recuerdos se conviertan en poemas cuando el viento empiece a abrazar vivencias y las golondrinas pueblen los inviernos en el patio de nuestra casa de nuevo. ¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos, para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!
TITO MEJÍA SARMIENTO
Estoy de nuevo frente a ti, hermano._ _ Cuéntame todos tus secretos que ya está bueno de silencios y necesito con urgencia apedrear la impunidad en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _ _ Mi presencia aquí, Nelson, no es un simple pleonasmo incorrecto porque siempre mueren los otros, pero tú no, además, vivir no es otra cosa que desconocer el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._ _ Piensa también en esa gente que aún te ama y que diariamente te visita, la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti, la misma gente que en un acto de fe poco usual se lleva el agua de los floreros de tu tumba para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada, como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos, como en la trova de los elfos nórdicos, en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _ _ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._ _ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón desde el primero de mayo del 2004, aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año, fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África), donde ahora regalas con un afán encomiable como lo hacías aquí en Santo Tomás, un cúmulo de afectos a propios y extraños, que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas durante las horas del día, noche, madrugada, sin titubear los pensamientos de médico eficiente._ _ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_ ¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños, y por una simple razón lógica: te conozco mejor que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás! ¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático, no te preocupes, que ninguno de nosotros va a tomar represalia contra nadie! _ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre ese nido de incontables deterioros que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente al que llamamos justicia_ ¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre? ¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es! _ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame, porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero: Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio como una amante inédita que se hunde en los espejos de las calzadas, y que ve morir el sol bajo sus párpados todas las tardes con su dolor infinito, ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos, primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas, sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día, ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _ ¡Nada de eso! _Te repito, únicamente queremos saber la verdad acerca de tu homicidio para que el alba, se haga alba en la eterna cantata de sueños, y de paso los recuerdos se conviertan en poemas cuando el viento empiece a abrazar vivencias y las golondrinas pueblen los inviernos en el patio de nuestra casa de nuevo. ¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos, para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!
TITO MEJÍA SARMIENTO
viernes, 4 de octubre de 2013
Ante la tumba de mi
hermano Nelson
“Si hay un elemento simbólico que soporte con admirable consistencia y cotidianeidad tanto la fantasía como la realidad, ése es el cementerio”.
JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Por Tito Mejía Sarmiento
_ Estoy de nuevo frente a ti, hermano._
_ Cuéntame todos tus secretos
que ya está bueno de silencios
y necesito con urgencia apedrear la impunidad
en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa
y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _
_ Mi presencia aquí, Nelson,
no es un simple pleonasmo incorrecto
porque siempre mueren los otros, pero tú no,
además, vivir no es otra cosa que desconocer
el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._
_ Piensa también en esa gente
que aún te ama y que diariamente te visita,
la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti,
la misma gente que en un acto de fe poco usual
se lleva el agua de los floreros de tu tumba
para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada,
como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos,
como en la trova de los elfos nórdicos,
en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _
_ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._
_ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón
desde el primero de mayo del 2004,
aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año,
fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza
frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo
de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África),
donde ahora regalas con un afán encomiable
como lo hacías aquí en Santo Tomás,
un cúmulo de afectos a propios y extraños,
que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas
durante las horas del día, noche, madrugada,
sin titubear los pensamientos de médico eficiente._
_ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_
¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién
fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños,
y por una simple razón lógica: te conozco mejor
que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás!
¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático,
no te preocupes, que ninguno de nosotros
va a tomar represalia contra nadie!
_ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre
ese nido de incontables deterioros
que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente
al que llamamos justicia_
¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre?
¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es!
_ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame,
porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero:
Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio
como una amante inédita
que se hunde en los espejos de las calzadas,
y que ve morir el sol bajo sus párpados
todas las tardes con su dolor infinito,
ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos,
primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho
que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra
y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas,
sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día,
ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _
¡Nada de eso!
_Te repito, únicamente queremos
saber la verdad acerca de tu homicidio
para que el alba, se haga alba
en la eterna cantata de sueños,
y de paso los recuerdos se conviertan en poemas
cuando el viento empiece a abrazar vivencias
y las golondrinas pueblen los inviernos
en el patio de nuestra casa de nuevo.
¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos,
para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!
TITO MEJÍA SARMIENTO
“Si hay un elemento simbólico que soporte con admirable consistencia y cotidianeidad tanto la fantasía como la realidad, ése es el cementerio”.
JOSÉ MARÍA GUELBENZU
Por Tito Mejía Sarmiento
_ Estoy de nuevo frente a ti, hermano._
_ Cuéntame todos tus secretos
que ya está bueno de silencios
y necesito con urgencia apedrear la impunidad
en este país donde la inseguridad parece ser su única divisa
y en donde se siente que rigiera sólo la mentira espesa. _
_ Mi presencia aquí, Nelson,
no es un simple pleonasmo incorrecto
porque siempre mueren los otros, pero tú no,
además, vivir no es otra cosa que desconocer
el límite real de lo que somos, mi amado y eterno hermano._
_ Piensa también en esa gente
que aún te ama y que diariamente te visita,
la gente que pone sus ojos en los míos para llorar juntos por ti,
la misma gente que en un acto de fe poco usual
se lleva el agua de los floreros de tu tumba
para sus casas y en corto tiempo, espera asombrada,
como en efecto ha sucedido, sanar a sus enfermos,
como en la trova de los elfos nórdicos,
en una especie fabular de un nuevo retorno hacia la vida. _
_ Piensa, piensa, piensa, te lo digo tres veces, en esa gente, doctor Mejía._
_ Sé que estás ahí encerrado, hermano mío, en un impreciso panteón
desde el primero de mayo del 2004,
aunque para decir verdad, el 29 de abril del mismo año,
fecha cuando dispararon con felonía en dos ocasiones en tu cabeza
frente las instalaciones del DAS(¡Qué ironía, el departamento administrativo
de seguridad de Barranquilla!), te fuiste para Yaure (África),
donde ahora regalas con un afán encomiable
como lo hacías aquí en Santo Tomás,
un cúmulo de afectos a propios y extraños,
que brotan de tu hermoso corazón de puertas abiertas
durante las horas del día, noche, madrugada,
sin titubear los pensamientos de médico eficiente._
_ ¿Qué por qué vengo tanto, tanto, tanto, a hablar contigo, aquí a la tumba?_
¡Pues, simplemente, Nelson, para que me digas quién
fue “el intelectual” que dio la orden de acabar con tus sueños,
y por una simple razón lógica: te conozco mejor
que la mayoría de los “vivos”, y sé que algún día me lo dirás!
¡No, no, no, te preocupes, gran líder carismático,
no te preocupes, que ninguno de nosotros
va a tomar represalia contra nadie!
_ Amado hermano, sólo queremos que se acabe para siempre
ese nido de incontables deterioros
que se hallan incrustados en ese absurdo recurrente
al que llamamos justicia_
¿Ahora sí comprendes mis jaculatorias, alcalde de siempre?
¡Ah! ¡Ahora si me entiendes, pana mío! ¡Eso es!
_ Escúchame bien, Nelson Ricardo, escúchame, escúchame,
porque ya me voy y va a caer al parecer un fuerte aguacero:
Ni la vieja Eloina, esa madre que sufre en silencio
como una amante inédita
que se hunde en los espejos de las calzadas,
y que ve morir el sol bajo sus párpados
todas las tardes con su dolor infinito,
ni tu esposa, ni tus hijas, ni tus hijos,
primordialmente Kelvin, ese inteligente y apuesto muchacho
que tú dejaste plantado sobre la faz de la tierra
y que ahora vive de tus humildes y altivas huellas,
sobre todo cuando las madrugadas comienzan a coser el día,
ni todos tus hermanos(as) deseamos violencia, Nelson. _
¡Nada de eso!
_Te repito, únicamente queremos
saber la verdad acerca de tu homicidio
para que el alba, se haga alba
en la eterna cantata de sueños,
y de paso los recuerdos se conviertan en poemas
cuando el viento empiece a abrazar vivencias
y las golondrinas pueblen los inviernos
en el patio de nuestra casa de nuevo.
¡Empieza, empieza, empieza, Nelson, a contarme tus secretos,
para que tu memoria sea la memoria de otras memorias!
TITO MEJÍA SARMIENTO
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En medio de ese irreverente cruce de fuego y sospecha que sacude día a día las entrañas de la...
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lunes, 9 de septiembre de 2013
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