lunes, 10 de junio de 2013



SEÑAS DEL PERSEGUIDOR




Confieso que nací
en un pueblo ribereño
donde hubiera querido nacer
cada vez que naciera.

Donde fui concebido además,
por una hermosa pareja
que se pasaba muchas veces la vida hablando
del amor y sus metáforas bajo la tela de la noche
y sus luciérnagas diminutas.

Una pareja de ojos toledanos que transitaba
asida de las manos por los mismos caminos
aunque le pareciera cerca
lo que estaba tan lejos.

Confieso que mi piel se eriza hoy
en llamarada, ajena a la raíz que la redime,
al acercarme a la ventana de la evocación :
Los primeros aguaceros de octubre internados
en el arenoso patio de la vieja casa de paja,
entorno esencial de nuestros sueños,
que espantaban a las palomas de plumaje
gris y blanco que en el loco afán
por resguardarse en sus casitas de madera
que papá les colocaba en la cúpula de los árboles,
cruzaban los aires en medio del émbolo sonoro de su gutural monotonía.

Aquella gotera en mi cuarto
con su entrañable olor a humedad,
que en ósmosis mutua de ruido y frialdad,
al caer en el recipiente de turno,
no nos dejaba dormir.

Es que nada se puede detener
sin sentir felicidad: mis hermanos cabalgando
sobre escobas haciendo de jinetes enmascarados,
y yo persiguiéndolos por las encharcadas calles del pueblo
con un revólver imaginario entre mis manos
hasta darles captura al final del arco iris.

Confieso que cuando tenía diez años,
casi todos los viernes
bajo la luz de una luna amaestrada,
jugaba con la vecinita de enfrente,
que tanto me gustaba, a “los besos robados.”
Abro paréntesis para decir,
que esa vecinita de enfrente,
es hoy la compañera inseparable de mis días
con muchos episodios que contar
cuando el amor se declara culpable.

Confieso que con la devoción del flagelante
de un viernes santo
y con el luto de marfil herido
por la pérdida de algún amigo,
que sin decir su nombre quedaba clavado
para siempre en el alma de todos los lugareños,
no faltaba ni faltaré a los funerales en mi terruño,
porque se viven, se sienten al unísono
aunque en el centro de los mismos,
esté el errante de lo mundano,
ese que por burlarse o por escapar aún más
del terco intento, inventa cosas,
se ríe o mira con piedad su propio simulacro.

Y como el tiempo huye
y te da señas para que registres la huella de su paso,
no quiero cerrar este poema
no sin antes decir,
que sigo buscando con ojos persistentes
la cara de la vida en todos los rincones
de mi pueblo ribereño,
aun cuando me cobije en la inmaculada lágrima
que se forma en los bordes de la risa y de la locura.

TITO MEJÍA SARMIENTO

sábado, 8 de junio de 2013

MARKOTÉ, gran mariscal del periodismo en el Caribe Colombiano

Se inició en el periodismo con tarjeta profesional 421 del M.E.N., en 1954, en
la amurallada  Cartagena de Indias

Además, laboró en Emisoras Fuentes, al lado de los recordados periodistas Fat Lavalle, Napoleón Perea Castro, Melanio Porto Ariza y Édgar García Ochoa, el popular Flash, cubriendo deportes y farándula

Descubridor del que sería años más tarde uno de los más grandes cantantes de Los Corraleros del Majagual, Eliseo “Trabalenguas” Herrera

Ha sido director de Emisoras Unidas, jurado del Festival de Orquestas y, desde hace 44 años, relacionista de Los Melódicos de Venezuela

Hombre de muchas corbatas y sonrisas



Por Tito Sensación Mejía


Me dediqué por muchas horas, como el famoso detective Sherlock Holmes, a seguirle los pasos al veterano hombre de la radio y del periodismo Marco T. Barros Ariza, sin que él se diera cuenta de mi recorrido sigiloso de su casa a sus lugares de trabajo, y viceversa. Me llamó poderosamente la atención su andar seguro, recto, su jovialidad, su elegancia en el hablar, su fino humor al contestar efusivamente el saludo de muchas personas del común, de la radio, la televisión, lectores suyos, críticos y colegas que le abordaban y que, a decir verdad, le tienen un aprecio superlativo por las mismas manifestaciones que le exteriorizan y, por supuesto, su infaltable corbata (su colección pasa de miles, ya que las usa desde cuando hizo la primera comunión a la edad de 12 años, en la iglesia de Chiquinquirá), que combinaba con su vestimenta diaria y que lo hacían ver como en efecto es, un gentilhombre, o como dice el colega Pepe Sánchez: “Markoté es el caballero que encarna el espíritu del barranquillero antiguo, y del hombre de radio de antaño, reposado y elocuente, que ya le habían mostrado al mundo figuras con la calidad de Juan Eugenio Cañavera, Elías Pellet Buitrago, Alfonso Rosales Navarro, Edgardo de Castro y decenas más de coterráneos que se encargaron de demostrarle al país que Barranquilla fue la verdadera cuna de la civilización en Colombia”.

CARRERA BRILLANTE

Las horas nunca pasan en balde –me digo para mis adentros cuando llego a su residencia de la calle 75 No. 44- 56. Lo primero que hace es soltarme un “Primero Dios, bienvenido a mi casa, maestro Tito”, cuando los últimos rayos de un sol asustado por estos días lo iluminaban todo, enalteciendo momentáneamente con radiantes colores unas tonalidades que muy poco se están viendo en Barranquilla por la temporada invernal que nos azota. Enciendo la grabadora y su voz parece seguir el compás del señorío de tantos años: “Nací un miércoles 19 de septiembre de 1922, a las cuatro y treinta de la tarde, en la Calle Sello con la Carrera Concordia, barrio San Roque de Barranquilla, y allí crecí, pudiendo valorar rápido el significado de unos maltrechos conceptos en el mundo actual: trabajo, respeto y dignidad. Me inicié en esto del periodismo con tarjeta profesional 421 del M.E.N., en el año de 1954, en Cartagena de Indias, en la jefatura del Terminal, de donde obtuve una modesta pensión en 1967.Además, laboré en Emisoras Fuentes, al lado de los recordados periodistas Fat Lavalle, Napoleón Perea Castro, Melanio Porto Ariza y Édgar García Ochoa, el popular Flash, cubriendo deportes y farándula. Estando en la ciudad amurallada, fundé la famosa Orquesta del Terminal, descubrí al que sería años más tarde uno de los más grandes cantantes de Los Corraleros del Majagual, Eliseo Trabalenguas Herrera. Regreso a Barranquilla en 1968, me vinculo como Jefe de Producción de Discos Tropical, y posteriormente fui director de Emisoras Unidas. Luego creo el programa Candilejas por la ya desaparecida Onda Nueva, del gran amigo y colega Jaime El Coloso Jiménez. Más adelante, dirijo el programa Reportajes Espectaculares, por Emisora Atlántico, y en horas de la noche hago las veces de corrector de estilo y jefe de Redacción del Diario La Libertad, del apreciado Roberto Esper Rebaje. Desde el año 1993, realizo el programa Recuerdos con Markoté, hoy por Radio Tropical, los sábados de dos a tres de la tarde, antes por Radio Cultural Uniautónoma Estéreo. Soy relacionista público desde hace más de 35 años de la Orquesta Los Melódicos de Venezuela. He sido jurado en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla. Participo en la sección ‘Los miércoles del recuerdo’ en el programa Satélite, que dirige Abel González Chávez por Emisora Atlántico, y escribo todos los jueves mi columna ‘¿Sabía Usted que...?’, en el periódico La Libertad”.

ESPECIE EN VÍAS DE EXTINCIÓN

Me atrevo a decir, sin exageración, que Markoté es una especie en vías de extinción dentro de las comunicaciones sociales por su capacidad, su jovialidad, su don de gentes, su vitalidad y, sobre todo, por su recia disciplina demostrada durante sus 93 años de vida: un hombre que jamás se ha llevado un trago de ron, cerveza, whisky o champaña a la boca, a pesar de recibir consuetudinariamente múltiples invitaciones de artistas, casas disqueras, eventos culturales… para asistir a sitios de Barranquilla, la Costa, Colombia y el exterior. En recompensa a esa repulsión por el alcohol, su amigo y médico de cabecera Antonio Saladen lo premió con una composición titulada: Markoté, la cual fue grabada en ritmo de fandango para el sello Curro por el maestro Manuel Villanueva, con el acompañamiento de la siempre recordada voz de Crescencio Camacho, y cuyas dos primeras estrofas dicen: Yo tengo un amigo que se llama Marco T./ pero cosa rara/ a él no le gusta bebé/ mas tengan cuidado muchachitas si lo ven/ no le gusta el trago/ pero mucho la mujé.- Tiene un bigotito piruetearero y socarrón / Mas les aseguro que nunca lo moja en ron/ Y sus cualidades él nunca las emplea mal/ Al hombre le dicen el ñero del terminal-.

CUANDO EL AMOR LLEGA ASÍ, DE ESA MANERA

Su cabello y bigotes color plomizo me traen a la memoria a los mejores actores de la época de oro del cine mexicano como Arturo de Córdova, El Indio Fernández y Luis Buñuel Portolés (español naturalizado mexicano), entre otros, quienes fueron filmados en blanco y negro para deleitar a centenares de generaciones en los años cincuenta, sesenta y setenta. Las mismas generaciones que iban a los teatros de cielos abiertos y cubiertos por un montón de estrellas en horas de la noche. “Allí, precisamente en uno de esos teatros, después de haber salido dos horas antes de una fiesta de cumpleaños, conocí con el mayor respeto a la que sería años más tarde mi esposa, Beatriz Elena Donado, quien me regaló 6 hermosos hijos, de los que sobreviven 5 y con quienes a veces sueño todavía acurrucándolos al pie de sus camas”.

CELIA CRUZ, DANIEL SANTOS, RENATO CAPRILES, ESTHER FORERO, SHAKIRA Y ANDRÉS CEPEDA

Markoté, con una rapidez pulida del tiempo que envidiaría cualquier joven de 15 años, me responde sobre los artistas de la vieja guardia y de hoy que más admira: “Celia Cruz, lo más grande que he conocido en la música. No porque haya sido mi amiga personal de tantos años, ni me haya regalado 17 corbatas que todavía conservo, ni porque me haya ofrecido, el día de mis cumpleaños, su concierto el 19 de septiembre de 1992 en el Estadio Metropolitano Roberto Flaco Meléndez, sino por su calidad. Daniel Santos, El Jefe, que con su voz nasal lo conquistó todo, musicalmente hablando, grabó de todo, y eso solo lo hace un grande. Renato Capriles, toda una institución del pentagrama musical latinoamericano. Ahí sigue vigente con su Orquesta Los Melódicos. Estercita Forero, por algo el colega Gustavo Castillo García la inmortalizó como La Novia de Barranquilla, y de Shakira te digo que es inmensa como artista y como persona, por eso la quieren en todo el mundo. Pasarán muchísimos años para que salga otra como ella. Otro muchacho muy bueno es Andrés Cepeda, ojo con él. Lo que quiero significar es que, a pesar de ser un amante empedernido de la música veterana, no soy ajeno a la nueva camada de artistas que están emergiendo en la farándula”. Como todo es intenso mientras dura la vida, y la misma vida es sutil en el imaginario del pueblo que se teje de acontecimientos sucedidos, al maestro Marco Tulio Barros Ariza, el mismo hombre que jamás ha utilizado los medios de comunicación para zaherir, agraviar o lanzar expresiones fuera de tono, le gustaría que lo recordaran con un acróstico tomado de las letras iniciales de sus nombres y apellidos:
¡Mejor
Tener en la vida
Bastantes

Amistades, corbatas, discos que cualesquiera otras cosas!

viernes, 3 de mayo de 2013

La Urraka Cartagena: Por el ojo de la cerradura

La Urraka Cartagena: Por el ojo de la cerradura: Sordos(as) en un futuro no muy lejano Por Tito Mejía Sarmiento Me subí en la buseta de la línea Sobusa, carrera 54 de Barranquilla a ...

miércoles, 1 de mayo de 2013

NUEVOS POEMAS DE TITO MEJÍA SARMIENTO

MARINEROS




Los vi

en el puerto

clausurando besos

y de repente

al mar

que les da

vida.

TITO MEJÍA SARMIENTO





ASPIRACIÓN

Bajaré
por ese fuego
que no se extingue
a lubricar
la fiera noche.
TITO MEJÍA SARMIENTO

MUTANTE

Mira
al espejo
sin temor
y deja
que tus ojos
hagan el resto.
TITO MEJÍA SARMIENTO

HIPNOSIS

Clava tus ojos en los míos que...
hacia ti voy eterno.
TITO MEJÍA SARMIENTO


Hoy 29 de abril, se cumplen 9 años que asesinaron a mi hermano NELSON.

 ¿Por qué mataron a mi hermano, si era tan bueno?
 Nelson Ricardo Mejía Sarmiento In Memoriam, médico y filántropo (1956 - 2004)

 Por Tito Mejía Sarmiento

 El 29 de abril del 2004, quedó imbricado en mi alma para siempre, en el de mi familia y por supuesto, en el de muchas personas de Santo Tomás (Atlántico). Ese día le segaron la vida a mi hermano Nelson Ricardo Mejía Sarmiento, propinándole alevosamente dos disparos en la cabeza a escasos metros del DAS en Barranquilla. Nueve años después, nos seguimos preguntando el porqué mataron al médico de la eterna bondad, el porqué mataron aquel niño delgado que corría detrás de un balón en la arenosa Calle Granada al final de los años 50s, el porqué mataron al mismo niño enjuto, de orejas grandes que simulaba curar con unos alambres eléctricos que hacían las veces de estetoscopio, a otros niños de su edad. ¿Sería porque era un facultativo de la Medicina, exitoso y competente? ¿Sería porque era un médico que nació con un corazón de puertas abiertas por donde entraba todo el que quería, a cualquier hora del día, noche o madrugada sin pedir permiso y sin pagar cinco centavos o sencilla y llanamente porque regalaba las medicinas a muchos pacientes, fundamentalmente los más necesitados? ¿Sería porque Nelson era un líder genuino, honesto, que apareció cuando nuestro pueblo, Santo Tomás, atravesaba por una de las peores crisis políticas, económicas y sociales de la historia, y logró catapultarlo en las dos oportunidades (de 1995 a 1997 y de 2004 a 2007) en que fungió como alcalde, a la cúspide del progreso? De ahí el estribillo famoso que aún los Tomasinos recuerdan con afecto: “Con Nelson las obras sí se ven” ¿Sería porque los habitantes de Santo Tomás, como lo amaban tanto, lo eligieron dos veces alcalde con la votación más alta en la historia popular del municipio? ¿Sería porque le dio la oportunidad a varias personas con limitaciones físicas para trabajar: Armando Fernández, Rafael Manga Charris, Martha Fontalvo Badillo…, demostrándoles a muchos incrédulos que esos seres humanos podían ser útiles también a la sociedad? ¿Sería porque venía creciendo vertiginosamente en la política? ¡Ya lo estaban postulando para la Cámara de Representantes! ¿O sería como escribió en una oportunidad el gran narrador Ramón Molinares Sarmiento: “A Nelson lo ven también entrando de puntillas en sus sueños las muchachas que lo aman porque es un hombre bueno, un médico de ojo clínico certero, un varón generoso y buen mozo”? ¿Sería porque llegó a ser padrino de más 400 niños(as) de Santo Tomás y poblaciones circunvecinas? ¿O Sería porque “Fuerzas Oscuras” simplemente querían quitarlo del camino porque no se dejaba sobornar, según reportes de prensa? De todas maneras, confiamos en que su crimen no quede impune como hasta ahora. Necesitamos saber la verdad para acabar con esta incertidumbre que todas las mañanas se asoma por las ventanas, burlándose de todos nosotros, mientras el día se expone al sentimiento y, en el mar de los ojos de mi madre Eloína, se balancean grandes olas de tristeza. Santo Tomás, 29 de abril de 2013

sábado, 2 de marzo de 2013

Texto leído en la presentación del libro cara y sello "De la ciudad y sus amores ajenos", de Tito Mejía Sarmiento, y "Memoria diaria de un condenado", de Pedro Conrado Cúdriz, el día 1 de marzo (2013), en el salón de conferencias de Combarranquilla de Boston.

DOS MOMENTOS TEMÁTICOS EN LA POESÍA DE TITO MEJÍA SARMIENTO

Guillermo Tedio


 El escenario donde Tito Mejía Sarmiento echa a rodar sus evocaciones o las líricas de sus asuntos poéticos, es la urbe, como se dice en el título del libro que hoy presentamos —La ciudad y sus amores ajenos. Allí, como en toda ciudad que se respete, hay la angustia callejera, la muerte, el rodar del transeúnte, el ajetreo del negocio, la diligencia que nos hace sufrir de cotidiano fastidio. Y en ese ámbito o espacio, en esa escena, es necesario que el amor se haga ajeno, es decir, auténtico, porque el propio se ha vuelto extraño en la hipocresía de las convenciones sociales. Y solo en el cuerpo del otro se alcanza esa ebriedad de milonga silente que recompone las fuerzas y el latido para seguir empujando el carro 'e mula de la vida. Sin temor a equivocarme, yo diría que hay dos momentos, si se quiere, dos direcciones o ejes temáticos en la poesía de Tito. Uno es el día, la calle, la plaza, el miedo, la muerte, es decir el afuera de la ciudad que sangra. Y el otro es la noche, lo nocturno, propiamente la alcoba, el adentro, la presencia del cuerpo femenino, la piel de los amantes, es decir, el erotismo, el amor. Y esos dos momentos o ejes temáticos nos devuelven a Eros y Tánatos, que parece ser el doble fondo de toda ciudad moderna. Y tal vez por ese retorno de Tito al arquetipo inicial de los griegos, es que Ícaro, en esta poesía fresca y descomplicada, sea ahora un payaso de circo urbano que juega a derretir sus alas en los resplandores del trópico. Y así mismo, Penélope sea una palenquera vendedora de bollos que espera a su marido perdido en la búsqueda de trabajo por las calles de una Ítaca urbana. Y regrese Lais de Corinto en el cuerpo de una mujer sin escuela cuyos tacones, después de muerta, aún siguen resonando en los oídos de sus muchos amantes nocturnos. Así, las calles con sus mendigos y su argamasa gris, su basura y el aullido de sus perros, su pan duro y su lluvia desaparecen. Toda esa rutina se acaba cuando el hablante lírico hecho personaje abandona el tráfago exterior de la ciudad y entra a la alcoba para que entonces ella se quite el vestido rojo que hace juego con su boca roja y su piel se abra de un solo tajo. El erotismo va siendo entonces una constante que madura en los poemas de Tito. No hay que olvidar que Eros es quizás la experiencia humana que ofrece mayor gozo a la existencia, de allí que sea el bocado de siempre, la perpetua búsqueda, el más poderoso instrumento para romper la monotonía y el sufrimiento que deja sobre nuestra piel la herrumbre de la ciudad diurna. En literatura, el erotismo y la sensualidad se dejan sentir mediante un tejido de palabras que nos devuelven a la experiencia amorosa de las formas corporales, de los olores y sabores de la piel, de los dilemas y entregas del tacto. El afuera de la ciudad es el miedo. De allí que el hablante diga: "Es mejor quedarse en casa / una noche de estas / e inventarse citas improbables / tras la puerta del miedo". Porque en el día, las calles y plazas de la ciudad son el campo de una guerra que deja cicatrices en la cara hambrienta del niño abandonado, del pordiosero harapiento, de la prostituta ambulante, del atracador ansioso, del obrero moroso en su deuda. En cambio, en la noche es otra la guerra que se juega en las alcobas y ahora los asaltos son de "carne armada" cuando el hablante dice: "Arriba las manos que esto es un asalto", y la mujer se desnuda y le entrega su boca. Es entonces cuando los amantes se vuelven "guerreros pensantes / que juegan a matarse por amor". Barranquilla, marzo 1 de 2013

jueves, 6 de diciembre de 2012


Exiliados en Lille, 30 años después

Entrevista con Ramón Molinares Sarmiento para mi columna: El ojo de la cerradura”, en la revista La Urraka de Cartagena

Por Tito Mejía Sarmiento

Agradeciendo inmensamente la generosidad del narrador oriundo de Santo Tomás, Colombia, Ramón Molinares Sarmiento, quien se encuentra aún en Los Estados Unidos, para con este servidor por la entrevista a través del hilo telefónico, a propósito de la traducción que se ha hecho al idioma Inglés (Exiled in Lille) de su novela “Exiliados en Lille” por Antares Editorial, “por su fuerza creativa, la descarga emocional de sus personajes y su técnica cronológica” y que recientemente fue lanzada en Toronto, Canadá, durante un coloquio, en desarrollo del 21 Festival de la Palabra y de la imagen/ Festival de Diásporas y Retornos que empezó el 25 de septiembre y se prolongará hasta el 17 de noviembre del presente año, presento a los lectores de La Urraka, el diálogo sostenido durante casi media hora.

La voz de este hombre que estudió en la Escuela Normal de Medellín y en la Universidad Libre de Bogotá. Además en las universidades de Lille y Montpellier, Francia, donde adelantó una especialización en literatura francesa y que también es autor de la novela El saxofón del cautivo (1987) y Un hombre destinado a mentir (1993), se escucha gangosa producto quizás de una emoción acumulada por tener que esperar 30 años para ver cristalizado este gran sueño.

Cabe destacar que esta novela cuyo tema central plantea el tenebroso mundo de unos obreros chilenos quienes son objeto de la represión Pinochetista y que ya vomitados por el volcán de la bota militar, se congregan por varios años en la ciudad de Lille (Francia), donde saborean las vicisitudes, se dan íntegros a la lucha por su partido ante la posibilidad de un regreso a la patria amada, fue publicada por primera vez en el año 1982 en Barranquilla por la Editorial El Gallo Capón con 183 páginas:

TMS: ¿Qué lo motivó a usted escribir la novela Exiliados en Lille?

RMS: Expresar mi solidaridad con los Chilenos que se vieron obligados a abandonar su patria a causa de la persecución desatada por la tiranía del régimen dictatorial de Augusto Pinochet. La novela es fruto de mi convivencia con varias familias Chilenas que se refugiaron en Lille.

TMS: ¿Por qué se refugiaron en Lille y no en otras ciudades de Francia?

RMS: Bueno, en ese país los alcaldes tenían autonomía para recibir o no refugiados. En Paris, por ejemplo, con el conservador Jacques Chirac, los exiliados no eran bien recibidos en aquel entonces. En cambio en Lille, el alcalde era el socialista Piere Maurois, quien años más tarde se convertiría en primer ministro del presidente Miterrand. Esto explica, pues, que gran parte de los Chilenos se hubiesen refugiados en la ciudad minera de Lille.

TMS:¿Pensó usted sinceramente, Ramón, que la trama de la novela podría ser como en efecto sucedió, la realidad absoluta de un futuro lejano con el subterfugio en 1990, del presidente chileno Augusto Pinochet, siendo suplido por Patricio Aylwin?

RMS: Lo que sucedió en Chile en los tiempos de la dictadura está descrito en las últimas páginas de la novela. En ese sentido hubo una visión del futuro por parte mía, lo cual no requería, en verdad, mayor esfuerzo. Yo pensaba que el pueblo a la larga recobraría el aliento y terminaría por superar el miedo. Por eso, el desenlace de mi novela está lleno de esperanza. Todos los ejércitos que se dan a la tarea de reprimir a su propio pueblo acaban por ser vencidos. De manera que una vez más la realidad imitará al arte. Los últimos días de Pinochet terminaron siendo similares a los descritos en mi libro.

TMS: ¿Por qué sin haber estado nunca en Chile y sus alrededores, usted presenta en la novela un profundo conocimiento de la realidad socio-económica y política de ese país, con palabras lo suficientemente sólidas, vehementes como para guiar a cualquier exiliado no sólo de Chile sino de alguna otra parte del mundo en la reivindicación con su patria de origen?

RMS: Lo que sucede, Tito, es que a veces resulta más ventajoso abordar la realidad por las vías de la imaginación que por la propia observación directa. El novelista Heinrich Mann, confiesa que una vez pidió permiso para observar el palacio de gobierno de Berlín. No le fue posible entrar pero eso, según él, lo favoreció mucho porque se vio obligado a recurrir al poder de su imaginación para hacer las descripciones del palacio. De haberlas visto directamente, confiesa, su descripción habría sido fría, un poco más pobre.

TMS:¿Cuándo el escritor Ramón Molinares Sarmiento se refiere a algunos personajes de su novela Exiliados en Lille, en aquello que desconocían el lenguaje de los teóricos, sindicatos y cenáculos de las grandes urbes, pero sin embargo tenían muy claro que para amar la libertad y dignidad humanas no eran necesarias tantas lecturas; con qué propósitos hizo eso sabiendo que se podía dar una dualidad en cuanto a la tendencia filosófica de la propia novelas?

RMS: Mis personajes en el exilio son obreros en su gran mayoría y no tienen elementos que les permitan hacer formulaciones teóricas, pero eso no quiere decir que no filosofen, que no reflexionen sobre su propio mundo, sobre su destino de desterrados y sobre las causas políticas que hicieron posibles el exilio. Las reflexiones de los revolucionarios de café parten de sus lecturas, de una realidad libresca. En cambio las de los obreros son fruto de sus vivencias y, en consecuencia, son de mayor hondura humana.

TMS:¿No cree usted que hay una efímera contradicción en el pensamiento de los hijos de Manuel Alvear y otros niños con el de los obreros exiliados, en cuanto al posible regreso a la remota patria perdida?¿ Explique bien eso, Ramón?

RMS: Los párvulos chilenos que llegan a Francia olvidan rápidamente el Español, su lengua, que es el elemento con que más se determina una cultura. Asimilan el idioma Francés y a través de él, la civilización y la cultura de Lille; de manera que es fácil comprender que terminan enfrentados con sus mayores. En realidad, no se trata de un enfrentamiento entre padres e hijos, sino de dos culturas distintas. La de los muchachos, que acaban por sentirse franceses y la de sus padres que jamás podrán jamás de ser chilenos.

TMS: ¿A qué atribuye usted la burla o mofa de los “pequeños tiranos” hacia sus padres en algunos aspectos sobre todo de tipo idiomático, sabiendo que existe afinidad entre ambas lenguas(Española y Francesa)por ser romances. No lo considera una ponderación al idioma francés?

RMS: Si es doloroso confesarlo, pero es obvio que los muchachos se sienten orgullosos de ser franceses. Ven en Francia y en los franceses con qué trajinan diariamente, sobre todo con sus profesores, una cultura que ha alcanzado niveles superiores a los de sus padres. Por lo demás, usted sabe, el loro viejo no aprende a hablar. Los obreros aprendían el francés con mucha dificultad y nunca pudieron expresarse tan correctamente como sus hijos.

TMS: ¿Hablemos ahora del personaje principal de la novela, Manuel Alvear, por qué sufre ese “desvarío sexual” hacia la francesa olvidándose momentáneamente de sus ideales y demás compañeros?

RMS: Manuel Alvear es un hombre muy conflictivo, con complejos de culpa, y de naturaleza agresiva. En Lille, está con las alas cortadas, no puede ejercer las actividades que lo ocupaban en Chile, por ejemplo. Tal vez por esto, cuando las energías acumuladas lo desbordan, toda su agresividad la descarga a través del sexo.

TMS: ¿Advirtiendo que la sociedad evoluciona y además se hace más compleja cada día a través de los tiempos y, ahora cuando su novela ha sido traducida al idioma Inglés, cuál sería el escapismo de la misma, apartándonos de ese tradicionalismo que se apega a una grandilocuencia absoluta y que se ocupa más que todo del aspecto gramatical y no del psicológico y conceptual de la novelística latinoamericana?

RMS: Esto sólo lo podrá contestar el tiempo. No sé si la novela ahora con la traducción al Inglés se fortalecerá más con los años o por el contrario perezca en el olvido. Con la literatura nunca se sabe. El primer tiraje de “Cien años de soledad” fue de tres mil ejemplares, ahora se editan millones. Vamos a esperar qué pasa, ojalá los lectores anglosajones no la dejen morir.