domingo, 27 de noviembre de 2011

VIEJA CASA DE BAHAREQUE



VIEJA CASA DE BAHAREQUE


Aquí estoy Cleopatra,
en la vieja casa de bahareque.
Si la vieras, está casi cubierta
de pegajosas telarañas,
de un cúmulo de palabras
que reclaman tu presencia.
En esta vieja casa de bahareque
siguen esperándote además,
la hamaca, color de viejo saxofón
que cuelga en el umbroso tamarindo,
cuyas hojas secas caen silenciosas en el patio
cuando la luna sale detrás de la montaña
a aparearse con el amanecer.
En esta vieja casa de bahareque, Cleopatra,
parecieran también preguntar por ti,
las flores de las trinitarias,
el jagüey donde solíamos bañarnos desnudos
a las doce del día,
y una que otra golondrina
que a veces asoma su plumaje por acá,
para que tú la espantes como otrora
con un grito en medio del émbolo sonoro
de sus guturales monotonías.
Aquí estoy Cleopatra,
en esta vieja casa de bahareque,
tu casa, mi casa, nuestra casa,
la misma que hoy
le he abierto sus puertas y ventanas de par en par,
para ver si llegas de nuevo.
Te confieso, Cleopatra,
que cada vez que
los primeros aguaceros de octubre
se internan en su techo de paja,
recuerdo aquella gotera
en nuestra alcoba con su entrañable olor
a humedad, que en ósmosis mutua de ruido y frialdad,
algunas veces no nos dejaba dormir
y como es lógico, amarnos.
Aquí en la que era nuestra cama,
parecieran estar todavía las huellas
de nuestros cuerpos en plena fuga
de los otoños de las ocho en punto de la noche.
Cleopatra, en esta vieja casa de bahareque,
Tú, te atraviesas muchas noches
en la atmosfera de mis sueños:
Te veo completamente desnuda,
disfrazada de una belleza hirviente,
mientras yo bajo por tu cuerpo de escalón en escalón
hasta llegar a la enredadera de tus piernas.
Hoy, Cleopatra te digo que, esta vieja casa de bahareque,
sólo tiene de huéspedes
a tres personas: mi abuelo tomándose su mañanera taza de café
y quien de paso me muestra sonriente
su dócil piel de hombre ya rendido,
quien ya no puede ni sembrar en el huerto
una higuera como la de Juana de Ibarbourou,
mi madre cuyas palabras conducidas
por el mal de Alzheimer corren de un lugar a otro
sin poder hallarme con su ráfaga de luces
que se revuelven en sus ojos,
y yo, Cleopatra.
Somos tres, los tres caídos en el asombro
que se queda para siempre en la estancia,
mientras el ave de tu corazón, Cleopatra,
a lo mejor vuela por todas partes
con la evocación de la nada.
TITO MEJÍA SARMIENTO

miércoles, 23 de noviembre de 2011

POEMAS GANADORES DEL SEXTO CONCURSO NACIONAL DE POESÍA ESTUDIANTIL INSTENALCO 2011


Primer puesto entre 82 paraticipantes del Concurso Nacional de Poesía Estudiantil Instenalco 2011

Santiago González García, alumno de undécimo grado del Colegio Bilingüe Santa Marta (Magdalena)




Tu Sal en mi Café


Aun yo sigo siendo la sombra de un pecado
la vida me ha moldeado y me ha enseñado a vivir.
La casa de mis abuelos, las vecinas del barrio
Mi corazón ya se ha oxidado y se ha olvidado de sentir.

Aún sigo esperando tu llamada en las mañanas,
una carta inesperada con la lluvia de abril.
La mirada descarada, los reyes de mi baraja,
unas hormonas que nos matan, una flor en tu misil.

Una lluvia de canciones, un edificio sin balcones,
una esperanza tartamuda, una razón para vivir.
Un complot de sensaciones, tú sal en mi café.
Aún no sé si el amor es un juego o jugando me enamoré.




A Pares y Nones



Me cuesta vivir una vida de pares y nones,
de caricias y tirones o de cuervos y dementes.
Soy tan absoluto que ni tus uñas me rasgan,
y tan vulnerable que me dedico a construir mi suerte.
Tan amargo que los limones se me acobardan,
y a veces tan dulce que me empalago.
Sé dónde voy, mas no sé que habrá en ese lugar,
donde todo es preciso, donde los rodeos son pocos,
donde las horas no están de prisa,
donde todo lo que toco se vuelve oro.
Me gusta presentir que vienes,
con tus pasos sonoros que mueven el piso,
con tu cuerpo de esfinge y tus alas de hada,
con tus labios rojizos y tus pirámides exactas,
cada cosa que coges se te cae de las manos
y eso me encanta, porque abajo está mi telaraña,
atado entre tu pelo, colgándome de todo…
No te fíes demasiado, soy una bomba que estalla.
No quiero cambiarte, no soy cirujano.
Tengo mi lado bueno, tengo mi lado malvado,
nunca elijo el camino corto, me gusta el más largo,
me agrada ser un rufián que aprende de lo amargo.

Por eso entiende que en mi vida hay rollos
y los minutos me persiguen y me alcanzan,
y los días son pocos y rotos.
Por eso todo logra ser mundano, nada es del cielo.
No soy de los que da vueltas, yo voy al grano
y entro y salgo, como el sol en el lago.

Quimeras


Quiero recorrer como ciclista la pista de tu ombligo
que gira al ritmo de mi chacra superior.
Quiero caer como cascada desde tu meridiano de Greenwich
hasta tu línea del Ecuador
y así bajar chocando con cada piedra.
Quiero surfear entre tu lengua que me esquiva y me enreda
y envolverme en cada ola de tu pelo.
Quiero encontrarle el final al laberinto de tu oreja
explorando de adentro hacia afuera
hasta perder el camino.
Quiero caminar por tus colinas de nieve
que me guían hasta el borde del abismo.
Calarme hasta el calcio del hueso más lejano
y en el lugar menos pensado,
construir nuestra casa.
Quiero ir mar adentro buscando otra playa
y en tus orillas livianas hacer castillos de arena,
cavar hasta que salga agua en un lugar de tu mente
y así de repente,
quitarnos la piel.
Quiero nunca jamás envejecer,
porque si te veo otra vez ya no será conmigo
y de a poco que me engancho al destino,
que es un vil competente
para esta manada de quimeras.
Si me preguntan que donde has estado
diré que en algún lugar del olvido.
La inconsciencia sabe de distancia,
el corazón de martirios
y mi amor solo sabe estar contigo.


Olvidarte


Sacarle las espinas a mi corona,
desatar el nudo de un ombligo,
pintar transparente mis derrotas,
tomarme con la muerte una copa de vino.
Jugar al escondite con el diablo,
apostarle a un Joker mi destino,
atar con alambre nuestras manos,
fumarme de día diez mil cigarrillos.
Quitarle a la noche su traje de estrellas,
llenar cada cráter que hay en la luna,
cortarle la sangre a un corazón que late,
quitarle los ceros a una fortuna.
Sacar de la fuente una moneda,
mirar a la Venus de reojo,
hacer que el pulso vaya a destiempo,
devolverle la pierna a un cojo.
Quitarle un colmillo a un cancerbero,
planchar las curvas de las dunas,
ponerle al sol un parche de cinta negra,
decirle a un artista que no haga locuras.
Correr desnudo en un centro comercial,
revivir en un hospital,
manchar la sangre azul de los reyes,
robar el banco de los peces.
Quitarle a Dios su trono,
expropiarle a Neptuno su tridente,
cambiar una llanta sin poner los conos,
robar más que un presidente.
Lucir feliz después de un accidente,
gritar y no hacer ruido,
sacar de la cárcel a un inocente,
corregir a un pervertido.
Encontrarle el fin al infinito,
perderte en los cojines del sofá,
descifrar los códigos egipcios,
cambiarle a un convicto su manera de pensar.
Separar a los Estados Unidos,
hacerse pasar por talibán,
comer del fruto del árbol prohibido,
pelear con un soldado de la OTAN.
…Todo esto es más fácil que olvidarte a ti.


El Sujeto

Tu corona de cristal te endiosa
como la reina de las galaxias,
al compás de tus ojos de hilo
que me envuelven y me cosen.
La veracidad con la que tallas
tu nombre en mis ganas,
y tus ganas que me seducen
hasta perder la talla.
Nos vinimos a ver fuera de foco
envueltos en nuestras bajas pasiones,
pisé el acelerador, nos chocamos un poco,
por fin, Aquiles me quito los talones.
Me baje en la estación de los incompletos
y le negocié tu amor a cualquier cliente,
tu corona la cambié por un par de rupias
y tus ojos de hilo por las monedas de la fuente.
Dejé mi sombrero en la recepción,
y mi maleta en el hotel de aquel día,
le alquilé a ninguna mi corazón,
vino cualquiera y se robo mi alegría.
Una buena noche de noche buena,
iba en bicicleta por la senda de las serpientes,
te vi a lo lejos, me distraje y me choqué,
Aquiles me devolvió mis talones de burgués.
Entonces agarré todo mi esqueleto
y pedaleé hasta chocar con tu cara de arlequín,
eras ninguna y eras cualquiera,
le devolviste todo a este sujeto parlanchín.

SEGUNDO PUESTO: Danny Acosta Gómez,alumno de undécimo grado del Colegio Libertador Simón Bolívar

SALMO DE LA SOGA QUE YA EMPIEZA A APRETAR MI CUELLO

Abridme, señor,
tal puerta del infinito.
¡Ah! Ebrio estoy de silencio
y de pastel de noche.
Aquí te estaré esperando, señor,
aunque no llegues
rodeado de tus ángeles malvados
con sus cantos de telaraña azul,
a reventar el nudo simple de mi soga
que ya empieza a apretar mi cuello.

TESTAMENTO

Para ti mis nostalgias
para el pescador mi noche oscura
mi soledad no la dejo a nadie
que me hará falta
bajo el canto azulejo,
Tarantarantulona.

UN DIA CUALQUIERA

Un día cualquiera
tuvimos un sueno extraño,
un día cualquiera
sin querer despertarnos,
un día cualquiera
volvimos a conquistar el sueño;
una noche, un lamento,
una sonrisa fría.
Ya no soñamos.



INTEGRO

Mírame, tócame…
Hombre soy.


ENTRE LA LUNA Y EL SOL

Entre la luna y el sol
una distancia corta
un vuelo inexorable
entre tú y yo
lo mismo y lo contrario.


TERCER PUESTO: KEISY PAOLA DURÁN CELEDÓN, alumna de undécimo grado del C.E.C. Olguita Emiliani de Barranquilla.

Lluvia

Otra vez la lluvia.
Las gotas caen sobre la mañana.
Todo es gris, pero en el jardín algunas flores irradian sus brillantes colores.
Es invierno, pero mi corazón es de fuego.
La tristeza no habita dentro de mí.
Así la lluvia no pare de caer, aunque sus pesadas gotas parezcan lágrimas, mi alma salta de alegría.
Mi alma vuela como ese pájaro mojado que desafía la tormenta.
Es invierno pero mi corazón es fuego y sus llamas todo lo cubren.

EL viaje

Viajar es desplazarse, ir de un lugar a otro y ser el mismo siempre.
Es cambiar de estación y ser aún más libre.
Viajar es mirar el paisaje y grabarlo en la memoria como una fotografía.
Es volar, atravesar un río, tomar una larga y oscura carretera.
Yo viajo para llegar a mi destino.
Lo hago todos los días: al mirar al cielo, al leer un libro, al mirar a tus tranquilos ojos…
Yo viajo sin equipaje, a cualquier hora y hacia un lugar distinto.
Viajo en un tren que no se detiene.
Viajo con la esperanza
de que en el sitio más lejano siempre tú me estés esperando.


Tierra de nadie
A Colombia

Tierra de nadie.
Tierra alejada.
Donde la soledad reina.
Donde el niño calla.
Donde el ave vuela, sin rumba ni morada.
Donde el viento sopla a tus viejas casas.
Donde la paz es eterna y la muerte inesperada.
Donde un río de sangre corre y el amanecer es la esperanza.
Nunca nadie te ha mirado de forma tan callada.
Porque algún día dejarás de ser la tierra de nadie, la tierra alejada.
Canción de domingo
Despierto temprano y canto mi canción de domingo.
Es una tonada que habla de los días felices, de un mundo donde el amor es posible.
Gira el sol y todo se llena de luz: mi poema, mi casa, tu alma.
La música es un coro de pájaros, de niños que corren jugando,
de amores que dicen ser por siempre.
Celebro este día como el primero y el último,
el domingo es un musical,
es una película animada,
es el patio lleno de voces, la canción infinita del viento.

Carta de despedida

Casi anochece, el árbol de almendro parece un enorme fantasma desde aquí.
Estoy sentada en la ventana que da al patio.
Mi madre duerme, todo está en silencio.
Te escribo a media luz, debes estar lejos,
y estas palabras a lo mejor nunca lleguen a tus oídos.
Ha empezado a llover nuevamente,
el tic tac de las gotas acompaña mis latidos.
Escribir es mi destino, la poesía es mi vehículo.
Debo seguir el camino que se me traza,
debo nombrar a la belleza con las palabras correctas: mar, tempestad, amor y fuego.
Debo terminar ya, debo despedirme,
mis huellas son luminosas, ya sabrán donde encontrarme.

GANADORES DEL SEXTO CONCURSO NACIONAL DE POESÍA ESTUDIANTIL INSTENALCO 2011

6º CONCURSO NACIONAL DE POESÍA ESTUDIANTIL INSTENALCO 2011


GANADORES
Ganador entre 82 participantes
SANTIAGO GONZÁLEZ GARCÍA, alumno de undécimo grado del Colegio Bilingüe de Santa Marta (Magdalena).

UN MILLÓN DE PESOS ($1.000.000)

SEGUNDO PUESTO

DANNY JOEL ACOSTA GÓMEZ, alumno de undécimo grado del Colegio Libertador Simón Bolívar de Barranquilla.

SEISCIENTOS MIL PESOS ($600.000)

TERCER PUESTO

KEISY PAOLA DURÁN CELEDÓN, alumna de undécimo grado del C.E.C. Olguita Emiliani de Barranquilla.

CUATROCIENTOS MIL PESOS ($400.000)



PREMIACIÓN

Viernes 18 de noviembre de 2011---------------------------Hora: 4:00p.m.

Museo Bolivariano LA PERLA, frente a Bellas Artes: Calle 68 No. 53-56

TITO MEJÍA SARMIENTO

Coordinador del Concurso

jueves, 6 de octubre de 2011

NUEVO NOBEL DE LITERATUTA 2011


NOBEL DE LITERATURA 2011
Tomas Tranströmer (Suecia)


Tomas Tranströmer es una de las grandes placas tectónicas de la poesía mundial.
Un gran poeta del amor, un poeta erótico con velocidad y elegancia.
También es participe del amor espiritual, una poesía del momento como una oración secular.
No es raro que Tranströmer tenga influencias místicas. La esencia de la poesía sueca, la mejor poesía sueca, es la poesía mística.
Esa visión no ha trascendido a todo al mundo, por el dominio que tuvo la poesía descreída e irónica, la poesía concretista y coloquial y política de los años 60 y 70 en Suecia -como en todo el mundo.
Pero, al final, ha resurgido triunfante la mejor poesía sueca, una poesía compacta como un diamante.
Tomas Tranströmer se alza como incomparable.


Poemas de Tomas Tranströmer


APUNTES DE FUEGO

Durante los meses tristes, centelleó mi vida sólo cuando hice el amor contigo.
Como la luciérnaga se enciende y se apaga, se enciende y se apaga - a medias puede uno seguir su camino
en la noche oscura del olivar.
Durante los meses tristes, estaba el alma desesperada y sin vida
pero el cuerpo caminó directo hacia ti.
El cielo de la noche rugió.
Sigilosamente ordeñábamos cosmos y sobrevivimos.



C-MAYOR

Cuando bajó a la calle tras la cita de amor
Soplaba la nieve en el aire.
El invierno había llegado
Mientras hacían el amor.
La noche brilló blanca.
Él caminó rápido y alegre.
Toda la ciudad inclinada.
Transeúntes sonrientes-
Todos reían tras los cuellos alzados.
¡¡Era libre!!
Y todos los signos de interrogación cantaron la existencia de Dios
Eso creía él.
Una música estalló
Y cruzó en la nieve arremolinada
Con largos pasos.
Todo en camino del tono C
Un tembloroso compás dirigido a C.
Una hora sobre las heridas.
¡Era fácil!
Todos reían tras los cuellos alzados.

TORMENTA


De pronto el caminante halla aquí el viejo
roble gigante, como un alce convertido en piedra
con su ancha copa ante fortaleza verde negra
del mar de septiembre.

Tormenta del norte.

Es el tiempo cuando las serbas maduran.
Despierto oye en la oscuridad
Las constelaciones estampadas
En lo más alto del roble.


LOS RECUERDOS ME MIRAN

Una mañana de junio es muy temprano
para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
de recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
con el fondo, camaleones perfectos,
tan cerca que los escucho respirar
a pesar que el canto de los pájaros es estridente.

ARCOS ROMANOS

En la grandiosa iglesia romana
se aprietan los turistas
en la penumbra.
Cúpula abierta tras cúpula y sin panorámica.
Algunas llamas de cirios titilan.
Un ángel sin semblante me envolvió
y me susurró a través de todo el cuerpo:
“No te avergüences de ser persona, ¡sé orgulloso!
Dentro de ti se abre cúpula tras cúpula infinitamente.
Tú nunca estarás completo, y así es como debe ser.”
Yo estaba ciego de lágrimas
y fui empujado a la soleada piazzan
junto a Mr y Mrs Jones, Herr Tanaka
y Signora Sabatini
y dentro de todos ellos se abrió cúpula tras cúpula infinitamente.

MADRIGAL

Heredé un bosque sombrío donde rara vez voy. Más llegará un día en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. No estamos sin esperanzas. Los crímenes más difíciles continúan sin aclarar a pesar
de los esfuerzos de muchos policías. Del mismo modo, hay en nuestra vida un gran amor sin aclarar. Heredé un bosque sombrío pero hoy yo camino en otro bosque,
el luminoso. ¡Todas las criaturas que cantan, serpentean, mueven la cola
y se arrastran! Es primavera y el aire es muy fuerte.
Tengo un diploma de la universidad del olvido
y estoy tan vacío como la camisa que se seca en el cordel.

NOCTURNO

Por un pueblo conduzco de noche,
las casas aparecen en el resplandor de mis luces – ellos están despiertos, desean beber.
Casas, galpones, letreros, vehículos abandonados –es ahora,
se visten ellos mismos en vida. La gente duerme:

Algunos pueden dormir en paz, otros con semblantes tensos
como si estuviesen estrenando para la eternidad.
No osan soltarse completos a pesar que su sueños son pesados.
Descansan como barreras caídas cuando cruza el misterio.

Afuera del pueblo el camino se alarga entre los árboles del bosque
y los árboles, los árboles en silencio entre ellos
tienen el color teatral que tiene el brillo del fuego
¡Qué claras son sus hojas! Me persiguen hasta mi hogar.

Me acuesto a dormir, veo imágenes desconocidas
y signos suben solos detrás de las pupilas
en la oscuridad de la muralla. En la rendija entre en vela y el sueño,
una gran carta intenta colarse en vano.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

SEXTO CONCURSO NACIONAL DE POESÍA ESTUDIANTIL INSTENALCO 2011





SEXTO CONCURSO NACIONAL DE POESIA ESTUDIANTIL
INSTENALCO 2011
¡UN MILLON DE PESOS AL GANADOR O GANADORA!
SEISCIENTOS MIL PESOS AL SEGUNDO PUESTO – CUATROCIENTOS MIL PESOS AL TERCER PUESTO
BASES
Podrán participar todos los estudiantes colombianos de Décimo y Undécimo grados que no tengan vínculo familiar ni contractual con los organizadores del concurso. Los aspirantes al premio deberán enviar cinco (5) poemas numerados, escritos a computador por una sola cara, a doble espacio y en papel tamaño carta, que no hayan sido premiados ni obtenido menciones en otros concursos.
1 El tema será libre.
2 Cada concursante deberá presentar su trabajo en original y dos copias identificado con seudónimo, debidamente argollado o empastado.
3 En sobre aparte y cerrado (PLICA) debe indicarse la siguiente información: nombres y apellidos completos, seudónimo, municipio, dirección, teléfono, correo electrónico, fotocopia del documento de identidad, y fotocopia del carnet estudiantil.
4 El material se recepcionará hasta el 21 de octubre de 2011 y debe enviarse a la siguiente dirección: INSTITUTO TECNICO NACIONAL DE COMERCIO, CARRERA 62 No. 52- 85 – BARRANQUILLA – ATLANTICO – www.instenalco.edu.co – TELEFONOS : 3441309 - 3441606 - 3440054
5 El material enviado por correo deberá ajustarse a las fechas, según el matasello de correo postal.
6 El fallo del jurado será entregado en sobre cerrado el 28 de octubre de 2011, al señor MANUEL NARVAEZ IGLESIAS, rector del INSTENALCO, quien será el único autorizado para su divulgación, y será publicado a través de los medios masivos de comunicación y en la página Web de la Institución.
7 Se otorgará UN MILLON DE PESOS ($1.000.000) AL GANADOR (A), SEISCIENTOS MIL AL SEGUNDO PUESTO Y CUATROCIENTOS MIL PESOS AL TERCER PUESTO, sujetos a las retenciones de la Ley. Además de un recordatorio. Su entrega será personal e intransferible en ceremonia solemne programada para el efecto el viernes 4 de noviembre de 2011 a las 4 de la tarde en el paraninfo JORGE ARTEL de La Universidad Simón Bolívar de Barranquilla.

TITO MEJIA SARMIENTO
COORDINADOR

A VECES LLEGAN CARTAS, epistolario de Tito Mejía Sarmiento

jueves, 21 de julio de 2011

Todos nos morimos



Todos nos morimos


Por Ramón Molinares Sarmiento /
ramimolinari@yahoo.com

García Márquez detuvo a medio camino la lectura de la carta que Julio Olaciregui le trajo de París a su casa de Cartagena, puso los ojos en el mensajero y en los que lo acompañábamos, Numas Armando Gil y quien escribe estas líneas, y dijo con un dejo de compasión: “Todos nos morimos”. El tono lastimero de esta frase, como de bajo de Alejo Durán llorando a Alicia Adorada, como de tecla de acordeón destinada a la tristeza, me llevó a pensar que el famoso letrado acababa de leer en la carta los nombres de sus amigos más amados: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda y Alejandro Obregón, ya fallecidos.En la misiva, escrita a mano en un café de París y leída a Julio antes de ser puesta en el sobre, la remitente declaraba que se había enterado de la calurosa amistad que compartió su padre con el destinatario mientras leía en francés la autobiografía “Vivir Para Contarla”.“Quisiera ver los ojos que conocieron a mi padre”, le decía a García Márquez la hija del pintor Orlando Rivera, el afamado Figuritas, que murió en un accidente cuando el Nobel y sus amigos eran jóvenes y ella no había alcanzado aún el uso de razón.Al término de la lectura de la carta, de cuyo texto no hizo comentarios, el laureado escritor nos preguntó con un tanto de melancolía: ¿Tienen ustedes conciencia de la muerte?La cuestión, indudablemente estimulada por lo recién leído, no demandaba esfuerzo alguno para ser resuelta, pero, impresionados como estábamos por la cercana presencia del admirable maestro, sentados alrededor de una mesa redonda de cinco puestos, no supimos qué responder.“Es que uno se aturde cuando habla por primera vez con García Márquez”, me comentó días después, para mi consuelo, Ariel Castillo, un intelectual fogueado en los más elevados círculos académicos, que mientras se especializaba en literatura en el Colegio de México acabó asistiendo con naturalidad a las tertulias que en aquel país organizan el poeta Alvaro Mutis y el autor de “El amor en los tiempos del cólera”.Ya sin esperar respuesta, para distensionarnos, para que superáramos la perplejidad en que nos dejó su inesperada pregunta, García Márquez reveló entusiasmado: “El sábado de carnaval estaré en Barranquilla, ya nos hicieron los capuchones, el mío y el de Mercedes, de tela fresca, de algodón, porque a pleno sol la seda se calienta mucho. Esto nos dijo en la tarde del último jueves de Enero de 2008”. En la noche de ese mismo día, el poeta Joaquín Mattos Omar se sintió como fulminado por un ataque de envidia cuando le conté que había estado en casa de García Márquez. No podía creerlo, como era previsible, de modo que, no sin vanidad, me apresuré a mostrarle el ejemplar de “Crónica de una muerte anunciada” que recibí como regalo, firmado por el autor “para el amigo Ramón”.“Yo no me puedo morir sin apretar la mano de García Márquez”, dijo un poco preocupado el poeta Mattos, y agregó con decisión: el sábado de carnaval me le pego desde temprano a Jaime Abello porque lo más seguro es que Gabito desfile en la Batalla de Flores con la comparsa “Disfrázate como quieras”. Pero, para infortunio del poeta, autor de estos versos de antología: “Tengo tantas penas en mi alma/ que no sé por cuál de ellas empezar a sufrir”, un imprevisto obligó a su ídolo, a nuestro ídolo, a regresar a México antes del inicio del esperado carnaval.La envidia manifiesta en los ojos de Mattos, que por esos días noté en otros poetas y escritores, incluso entre gentes del común, me llevó a calcular el peso de la gigantesca y admirable imagen de García Márquez en sus coterráneos, y me hizo comprender, con alivio, las majaderías que, llevado por una alegría desbordante, cometí durante la visita y a la salida de la casa del Nobel: Compré tres cocadas en El Portal de los Libros, pagué con un billete de veinte, y como noté que la vendedora buscaba pesos y monedas en los bolsillos de su falda le dije: “Quédese con el vuelto”. Más adelante compré tres botellas de agua, pagué con otro billete de veinte, recién sacado (como el anterior) de un cajero automático, y sin esperar que el vendedor ambulante rebuscara en sus bolsillos le dije: “Quédese con el vuelto”. Recuerdo que el aguador me miró primero con asombro, después observó con incredulidad que Julio y Numas aprobaban mi desprendimiento y finalmente sonrió como pensando: este tipo no está loco, debe ser que se ganó la lotería.Confieso sin vergüenza, porque ni a Julio ni a Numas les pereció vergonzoso haberle dicho al notable escritor: “Siempre que he terminado de releer Cien Años de Soledad me he dicho: cuando vea a García Márquez le voy a besar las manos, pero ahora me lo impide constatar que usted es de carne y hueso, como todo el mundo, y no el ángel que escribe en estado de gracia, inspirado por el Espíritu Santo, que he imaginado”. “No me lo digas porque me lo creo”, respondió el novelista con sonrisa de mamagallista y extendiendo como un papa la mano izquierda, sin anillo, que retiró enseguida.Entre los seres vivos, el único mortal, el único que sabe que va a morir, que tiene conciencia, conocimiento de la muerte, es el hombre; los peces, los reptiles y los pájaros no saben que van a morir, lo que de algún modo los hace inmortales. La certidumbre de la muerte, la toma de conciencia de ella, ignorada casi por completo en la juventud, se acentúa con el paso de los años, cuando, pasados los cincuenta, ya entrados en la edad del infarto, sentimos que se nos está haciendo de noche, nos recostamos a la pared para ponernos el pantalón y nos vemos obligados a calcular bien los pasos al descender los andenes.Mientras leía la carta, además de melancolía, me pareció percibir en el Nobel la impresión de que le resultaba injusta la muerte de sus amigos, que sólo cosas buenas habían hecho con la vida. En realidad, no solo la muerte de sus amigos parecía resultarle injusta sino la de todos los hombres, la de los descendientes Adán, un pobre ser humano que fue sacado a la fuerza del Paraíso y condenado a envejecer y morir, según la fe cristiana, por un pecado cuya ejecución no pudo durar más de cinco minutos y, además, cometido con unos órganos moldeados por la misma divinidad que con un soplo le infundió el espíritu. Hay una desproporción intolerable, que debería ser apelada, entre el pecado cometido y la crueldad y duración del castigo, una pena que todavía no acaba de pagar el primer muerto. Quizá debido a lo ocurrido en el Paraíso, al contrario de los caballos y los carneros, que copulan en la inocencia, los humanos no puedan evitar sentirse culpables mientras se acopla.No estoy por completo seguro de que haya sido de injusticia el sentimiento que afloró en la mirada de García Márquez al leer en la carta los nombres de sus amigos fallecidos, pero a mí sí me parece injusto que él tenga que morir como cualquier infeliz, como cualquier haragán, a pesar de haberle agregado al mundo formas y contenidos nuevos. La belleza de “Cien Años de Soledad”, cuya consistencia es como la de un roble o una montaña, no es inferior a la de las obras de arte nacidas de la naturaleza; no es inferior a la belleza de un cisne, a la de una manzana o a la de cualquier otra forma de la Creación. Es injusto que tenga que morir un hombre que, como un dios, le dio al verbo, a la palabra, el poder de hacer subir al cielo a Remedios La Bella, envuelta en unas sábanas blancas.García Márquez escribió para perdurar, para permanecer entre los vivos, para hacerle trampas al castigo, al inocuo pecado que nos hizo merecer la muerte. Un espíritu como el suyo debería ser premiado por una divinidad sensata con un cuerpo incorruptible. Pero, qué le vamos a hacer, “todos nos morimos”. Tan vertiginoso es el número de difuntos que encontramos si miramos hacia atrás, hacia la remota mañana en que sepultaron al primer hombre, como el casi infinito número de muertos que aguarda a la humanidad en lo porvenir. La vida es un laberinto cuya única salida es la muerte; es una fiesta de carnaval que siempre culmina con el entierro de Joselito.Nos hemos acostumbrado a ver la palidez de la muerte instalada en el rostro de los otros. Muertos vemos enterrar todos los días, pero el morir, la muerte de cada uno en particular debe ser una experiencia aterradora, una última sensación, la más temible de toda existencia, que nadie puede transmitir a otro. Somos muchos, se oye decir, parece que ya no cabemos en el mundo, pero nadie se quiere ir: la pena del que se va de este mundo, dejando en él riquezas, fama y amores, no es más grande ni más dolorosa que la del pobre hombre que, sin nada entre las manos, sólo cuenta con el aire que respira, con los amaneceres de lluvia y con los crepúsculos de la tarde. La simple contemplación de una flor amarilla, deducimos de un cuento de Cortázar, es suficiente para aferrarnos a la vida.Me estremezco al imaginar en la primera línea de todos los diarios del mundo la siguiente noticia: Murió García Márquez, el escritor que consiguió que los latinoamericanos se vieran de cuerpo entero en las páginas de un libro, en “Cien Años de Soledad”, del mismo modo que los judíos se ven en la “Biblia”, los árabes en el “Corán” y los griegos en “La Ilíada”.La muerte, esa invitada indeseable que todo lo corrompe, que todo lo vuelve nada, según Olaciregui, nos hará pensar de nuevo, como cada vez que se lleva a un grande, a uno del tamaño de García Márquez, en la inevitable derrota de toda empresa humana. Si su amada Mercedes, su compañera de toda la vida, lo sobrevive, encontrará como sin sentido, extrañas, inservibles, las pantuflas de su esposo debajo de la cama; observará, como expresión de lo absurdo de toda existencia, las camisas floreadas colgadas del ropero y el sillón de alto espaldar en que su hombre se sentaba a escribir todas las mañanas para hacerla feliz y para que sus amigos lo quisieran más. Entonces no habrá para él más mañanas ni más tardes de amorosa relación con las palabras, a las que les quitaba la baba del uso diario para que lucieran mejor en la página. Es probable que, más que sus lectores en todo el mundo, sean las palabras, que nos sobreviven, las que lamenten su partida, acostumbradas como han estado a sus caricias, a su delicado y amoroso trato.“Todos nos morimos”, pero las palabras que no se lleva el viento, las fijadas con brillo en los textos para que en ellas se miren los hombres, desafían el infatigable paso del tiempo; Gabito permanecerá en la belleza de las que ha escrito, flores luminosas, amarillas, propias de la tierra fértil de Macondo, que las generaciones por venir no dejarán marchitar.