miércoles, 21 de septiembre de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
Todos nos morimos

Todos nos morimos
Por Ramón Molinares Sarmiento /
ramimolinari@yahoo.com
García Márquez detuvo a medio camino la lectura de la carta que Julio Olaciregui le trajo de París a su casa de Cartagena, puso los ojos en el mensajero y en los que lo acompañábamos, Numas Armando Gil y quien escribe estas líneas, y dijo con un dejo de compasión: “Todos nos morimos”. El tono lastimero de esta frase, como de bajo de Alejo Durán llorando a Alicia Adorada, como de tecla de acordeón destinada a la tristeza, me llevó a pensar que el famoso letrado acababa de leer en la carta los nombres de sus amigos más amados: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda y Alejandro Obregón, ya fallecidos.En la misiva, escrita a mano en un café de París y leída a Julio antes de ser puesta en el sobre, la remitente declaraba que se había enterado de la calurosa amistad que compartió su padre con el destinatario mientras leía en francés la autobiografía “Vivir Para Contarla”.“Quisiera ver los ojos que conocieron a mi padre”, le decía a García Márquez la hija del pintor Orlando Rivera, el afamado Figuritas, que murió en un accidente cuando el Nobel y sus amigos eran jóvenes y ella no había alcanzado aún el uso de razón.Al término de la lectura de la carta, de cuyo texto no hizo comentarios, el laureado escritor nos preguntó con un tanto de melancolía: ¿Tienen ustedes conciencia de la muerte?La cuestión, indudablemente estimulada por lo recién leído, no demandaba esfuerzo alguno para ser resuelta, pero, impresionados como estábamos por la cercana presencia del admirable maestro, sentados alrededor de una mesa redonda de cinco puestos, no supimos qué responder.“Es que uno se aturde cuando habla por primera vez con García Márquez”, me comentó días después, para mi consuelo, Ariel Castillo, un intelectual fogueado en los más elevados círculos académicos, que mientras se especializaba en literatura en el Colegio de México acabó asistiendo con naturalidad a las tertulias que en aquel país organizan el poeta Alvaro Mutis y el autor de “El amor en los tiempos del cólera”.Ya sin esperar respuesta, para distensionarnos, para que superáramos la perplejidad en que nos dejó su inesperada pregunta, García Márquez reveló entusiasmado: “El sábado de carnaval estaré en Barranquilla, ya nos hicieron los capuchones, el mío y el de Mercedes, de tela fresca, de algodón, porque a pleno sol la seda se calienta mucho. Esto nos dijo en la tarde del último jueves de Enero de 2008”. En la noche de ese mismo día, el poeta Joaquín Mattos Omar se sintió como fulminado por un ataque de envidia cuando le conté que había estado en casa de García Márquez. No podía creerlo, como era previsible, de modo que, no sin vanidad, me apresuré a mostrarle el ejemplar de “Crónica de una muerte anunciada” que recibí como regalo, firmado por el autor “para el amigo Ramón”.“Yo no me puedo morir sin apretar la mano de García Márquez”, dijo un poco preocupado el poeta Mattos, y agregó con decisión: el sábado de carnaval me le pego desde temprano a Jaime Abello porque lo más seguro es que Gabito desfile en la Batalla de Flores con la comparsa “Disfrázate como quieras”. Pero, para infortunio del poeta, autor de estos versos de antología: “Tengo tantas penas en mi alma/ que no sé por cuál de ellas empezar a sufrir”, un imprevisto obligó a su ídolo, a nuestro ídolo, a regresar a México antes del inicio del esperado carnaval.La envidia manifiesta en los ojos de Mattos, que por esos días noté en otros poetas y escritores, incluso entre gentes del común, me llevó a calcular el peso de la gigantesca y admirable imagen de García Márquez en sus coterráneos, y me hizo comprender, con alivio, las majaderías que, llevado por una alegría desbordante, cometí durante la visita y a la salida de la casa del Nobel: Compré tres cocadas en El Portal de los Libros, pagué con un billete de veinte, y como noté que la vendedora buscaba pesos y monedas en los bolsillos de su falda le dije: “Quédese con el vuelto”. Más adelante compré tres botellas de agua, pagué con otro billete de veinte, recién sacado (como el anterior) de un cajero automático, y sin esperar que el vendedor ambulante rebuscara en sus bolsillos le dije: “Quédese con el vuelto”. Recuerdo que el aguador me miró primero con asombro, después observó con incredulidad que Julio y Numas aprobaban mi desprendimiento y finalmente sonrió como pensando: este tipo no está loco, debe ser que se ganó la lotería.Confieso sin vergüenza, porque ni a Julio ni a Numas les pereció vergonzoso haberle dicho al notable escritor: “Siempre que he terminado de releer Cien Años de Soledad me he dicho: cuando vea a García Márquez le voy a besar las manos, pero ahora me lo impide constatar que usted es de carne y hueso, como todo el mundo, y no el ángel que escribe en estado de gracia, inspirado por el Espíritu Santo, que he imaginado”. “No me lo digas porque me lo creo”, respondió el novelista con sonrisa de mamagallista y extendiendo como un papa la mano izquierda, sin anillo, que retiró enseguida.Entre los seres vivos, el único mortal, el único que sabe que va a morir, que tiene conciencia, conocimiento de la muerte, es el hombre; los peces, los reptiles y los pájaros no saben que van a morir, lo que de algún modo los hace inmortales. La certidumbre de la muerte, la toma de conciencia de ella, ignorada casi por completo en la juventud, se acentúa con el paso de los años, cuando, pasados los cincuenta, ya entrados en la edad del infarto, sentimos que se nos está haciendo de noche, nos recostamos a la pared para ponernos el pantalón y nos vemos obligados a calcular bien los pasos al descender los andenes.Mientras leía la carta, además de melancolía, me pareció percibir en el Nobel la impresión de que le resultaba injusta la muerte de sus amigos, que sólo cosas buenas habían hecho con la vida. En realidad, no solo la muerte de sus amigos parecía resultarle injusta sino la de todos los hombres, la de los descendientes Adán, un pobre ser humano que fue sacado a la fuerza del Paraíso y condenado a envejecer y morir, según la fe cristiana, por un pecado cuya ejecución no pudo durar más de cinco minutos y, además, cometido con unos órganos moldeados por la misma divinidad que con un soplo le infundió el espíritu. Hay una desproporción intolerable, que debería ser apelada, entre el pecado cometido y la crueldad y duración del castigo, una pena que todavía no acaba de pagar el primer muerto. Quizá debido a lo ocurrido en el Paraíso, al contrario de los caballos y los carneros, que copulan en la inocencia, los humanos no puedan evitar sentirse culpables mientras se acopla.No estoy por completo seguro de que haya sido de injusticia el sentimiento que afloró en la mirada de García Márquez al leer en la carta los nombres de sus amigos fallecidos, pero a mí sí me parece injusto que él tenga que morir como cualquier infeliz, como cualquier haragán, a pesar de haberle agregado al mundo formas y contenidos nuevos. La belleza de “Cien Años de Soledad”, cuya consistencia es como la de un roble o una montaña, no es inferior a la de las obras de arte nacidas de la naturaleza; no es inferior a la belleza de un cisne, a la de una manzana o a la de cualquier otra forma de la Creación. Es injusto que tenga que morir un hombre que, como un dios, le dio al verbo, a la palabra, el poder de hacer subir al cielo a Remedios La Bella, envuelta en unas sábanas blancas.García Márquez escribió para perdurar, para permanecer entre los vivos, para hacerle trampas al castigo, al inocuo pecado que nos hizo merecer la muerte. Un espíritu como el suyo debería ser premiado por una divinidad sensata con un cuerpo incorruptible. Pero, qué le vamos a hacer, “todos nos morimos”. Tan vertiginoso es el número de difuntos que encontramos si miramos hacia atrás, hacia la remota mañana en que sepultaron al primer hombre, como el casi infinito número de muertos que aguarda a la humanidad en lo porvenir. La vida es un laberinto cuya única salida es la muerte; es una fiesta de carnaval que siempre culmina con el entierro de Joselito.Nos hemos acostumbrado a ver la palidez de la muerte instalada en el rostro de los otros. Muertos vemos enterrar todos los días, pero el morir, la muerte de cada uno en particular debe ser una experiencia aterradora, una última sensación, la más temible de toda existencia, que nadie puede transmitir a otro. Somos muchos, se oye decir, parece que ya no cabemos en el mundo, pero nadie se quiere ir: la pena del que se va de este mundo, dejando en él riquezas, fama y amores, no es más grande ni más dolorosa que la del pobre hombre que, sin nada entre las manos, sólo cuenta con el aire que respira, con los amaneceres de lluvia y con los crepúsculos de la tarde. La simple contemplación de una flor amarilla, deducimos de un cuento de Cortázar, es suficiente para aferrarnos a la vida.Me estremezco al imaginar en la primera línea de todos los diarios del mundo la siguiente noticia: Murió García Márquez, el escritor que consiguió que los latinoamericanos se vieran de cuerpo entero en las páginas de un libro, en “Cien Años de Soledad”, del mismo modo que los judíos se ven en la “Biblia”, los árabes en el “Corán” y los griegos en “La Ilíada”.La muerte, esa invitada indeseable que todo lo corrompe, que todo lo vuelve nada, según Olaciregui, nos hará pensar de nuevo, como cada vez que se lleva a un grande, a uno del tamaño de García Márquez, en la inevitable derrota de toda empresa humana. Si su amada Mercedes, su compañera de toda la vida, lo sobrevive, encontrará como sin sentido, extrañas, inservibles, las pantuflas de su esposo debajo de la cama; observará, como expresión de lo absurdo de toda existencia, las camisas floreadas colgadas del ropero y el sillón de alto espaldar en que su hombre se sentaba a escribir todas las mañanas para hacerla feliz y para que sus amigos lo quisieran más. Entonces no habrá para él más mañanas ni más tardes de amorosa relación con las palabras, a las que les quitaba la baba del uso diario para que lucieran mejor en la página. Es probable que, más que sus lectores en todo el mundo, sean las palabras, que nos sobreviven, las que lamenten su partida, acostumbradas como han estado a sus caricias, a su delicado y amoroso trato.“Todos nos morimos”, pero las palabras que no se lleva el viento, las fijadas con brillo en los textos para que en ellas se miren los hombres, desafían el infatigable paso del tiempo; Gabito permanecerá en la belleza de las que ha escrito, flores luminosas, amarillas, propias de la tierra fértil de Macondo, que las generaciones por venir no dejarán marchitar.
ramimolinari@yahoo.com
García Márquez detuvo a medio camino la lectura de la carta que Julio Olaciregui le trajo de París a su casa de Cartagena, puso los ojos en el mensajero y en los que lo acompañábamos, Numas Armando Gil y quien escribe estas líneas, y dijo con un dejo de compasión: “Todos nos morimos”. El tono lastimero de esta frase, como de bajo de Alejo Durán llorando a Alicia Adorada, como de tecla de acordeón destinada a la tristeza, me llevó a pensar que el famoso letrado acababa de leer en la carta los nombres de sus amigos más amados: Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor, Álvaro Cepeda y Alejandro Obregón, ya fallecidos.En la misiva, escrita a mano en un café de París y leída a Julio antes de ser puesta en el sobre, la remitente declaraba que se había enterado de la calurosa amistad que compartió su padre con el destinatario mientras leía en francés la autobiografía “Vivir Para Contarla”.“Quisiera ver los ojos que conocieron a mi padre”, le decía a García Márquez la hija del pintor Orlando Rivera, el afamado Figuritas, que murió en un accidente cuando el Nobel y sus amigos eran jóvenes y ella no había alcanzado aún el uso de razón.Al término de la lectura de la carta, de cuyo texto no hizo comentarios, el laureado escritor nos preguntó con un tanto de melancolía: ¿Tienen ustedes conciencia de la muerte?La cuestión, indudablemente estimulada por lo recién leído, no demandaba esfuerzo alguno para ser resuelta, pero, impresionados como estábamos por la cercana presencia del admirable maestro, sentados alrededor de una mesa redonda de cinco puestos, no supimos qué responder.“Es que uno se aturde cuando habla por primera vez con García Márquez”, me comentó días después, para mi consuelo, Ariel Castillo, un intelectual fogueado en los más elevados círculos académicos, que mientras se especializaba en literatura en el Colegio de México acabó asistiendo con naturalidad a las tertulias que en aquel país organizan el poeta Alvaro Mutis y el autor de “El amor en los tiempos del cólera”.Ya sin esperar respuesta, para distensionarnos, para que superáramos la perplejidad en que nos dejó su inesperada pregunta, García Márquez reveló entusiasmado: “El sábado de carnaval estaré en Barranquilla, ya nos hicieron los capuchones, el mío y el de Mercedes, de tela fresca, de algodón, porque a pleno sol la seda se calienta mucho. Esto nos dijo en la tarde del último jueves de Enero de 2008”. En la noche de ese mismo día, el poeta Joaquín Mattos Omar se sintió como fulminado por un ataque de envidia cuando le conté que había estado en casa de García Márquez. No podía creerlo, como era previsible, de modo que, no sin vanidad, me apresuré a mostrarle el ejemplar de “Crónica de una muerte anunciada” que recibí como regalo, firmado por el autor “para el amigo Ramón”.“Yo no me puedo morir sin apretar la mano de García Márquez”, dijo un poco preocupado el poeta Mattos, y agregó con decisión: el sábado de carnaval me le pego desde temprano a Jaime Abello porque lo más seguro es que Gabito desfile en la Batalla de Flores con la comparsa “Disfrázate como quieras”. Pero, para infortunio del poeta, autor de estos versos de antología: “Tengo tantas penas en mi alma/ que no sé por cuál de ellas empezar a sufrir”, un imprevisto obligó a su ídolo, a nuestro ídolo, a regresar a México antes del inicio del esperado carnaval.La envidia manifiesta en los ojos de Mattos, que por esos días noté en otros poetas y escritores, incluso entre gentes del común, me llevó a calcular el peso de la gigantesca y admirable imagen de García Márquez en sus coterráneos, y me hizo comprender, con alivio, las majaderías que, llevado por una alegría desbordante, cometí durante la visita y a la salida de la casa del Nobel: Compré tres cocadas en El Portal de los Libros, pagué con un billete de veinte, y como noté que la vendedora buscaba pesos y monedas en los bolsillos de su falda le dije: “Quédese con el vuelto”. Más adelante compré tres botellas de agua, pagué con otro billete de veinte, recién sacado (como el anterior) de un cajero automático, y sin esperar que el vendedor ambulante rebuscara en sus bolsillos le dije: “Quédese con el vuelto”. Recuerdo que el aguador me miró primero con asombro, después observó con incredulidad que Julio y Numas aprobaban mi desprendimiento y finalmente sonrió como pensando: este tipo no está loco, debe ser que se ganó la lotería.Confieso sin vergüenza, porque ni a Julio ni a Numas les pereció vergonzoso haberle dicho al notable escritor: “Siempre que he terminado de releer Cien Años de Soledad me he dicho: cuando vea a García Márquez le voy a besar las manos, pero ahora me lo impide constatar que usted es de carne y hueso, como todo el mundo, y no el ángel que escribe en estado de gracia, inspirado por el Espíritu Santo, que he imaginado”. “No me lo digas porque me lo creo”, respondió el novelista con sonrisa de mamagallista y extendiendo como un papa la mano izquierda, sin anillo, que retiró enseguida.Entre los seres vivos, el único mortal, el único que sabe que va a morir, que tiene conciencia, conocimiento de la muerte, es el hombre; los peces, los reptiles y los pájaros no saben que van a morir, lo que de algún modo los hace inmortales. La certidumbre de la muerte, la toma de conciencia de ella, ignorada casi por completo en la juventud, se acentúa con el paso de los años, cuando, pasados los cincuenta, ya entrados en la edad del infarto, sentimos que se nos está haciendo de noche, nos recostamos a la pared para ponernos el pantalón y nos vemos obligados a calcular bien los pasos al descender los andenes.Mientras leía la carta, además de melancolía, me pareció percibir en el Nobel la impresión de que le resultaba injusta la muerte de sus amigos, que sólo cosas buenas habían hecho con la vida. En realidad, no solo la muerte de sus amigos parecía resultarle injusta sino la de todos los hombres, la de los descendientes Adán, un pobre ser humano que fue sacado a la fuerza del Paraíso y condenado a envejecer y morir, según la fe cristiana, por un pecado cuya ejecución no pudo durar más de cinco minutos y, además, cometido con unos órganos moldeados por la misma divinidad que con un soplo le infundió el espíritu. Hay una desproporción intolerable, que debería ser apelada, entre el pecado cometido y la crueldad y duración del castigo, una pena que todavía no acaba de pagar el primer muerto. Quizá debido a lo ocurrido en el Paraíso, al contrario de los caballos y los carneros, que copulan en la inocencia, los humanos no puedan evitar sentirse culpables mientras se acopla.No estoy por completo seguro de que haya sido de injusticia el sentimiento que afloró en la mirada de García Márquez al leer en la carta los nombres de sus amigos fallecidos, pero a mí sí me parece injusto que él tenga que morir como cualquier infeliz, como cualquier haragán, a pesar de haberle agregado al mundo formas y contenidos nuevos. La belleza de “Cien Años de Soledad”, cuya consistencia es como la de un roble o una montaña, no es inferior a la de las obras de arte nacidas de la naturaleza; no es inferior a la belleza de un cisne, a la de una manzana o a la de cualquier otra forma de la Creación. Es injusto que tenga que morir un hombre que, como un dios, le dio al verbo, a la palabra, el poder de hacer subir al cielo a Remedios La Bella, envuelta en unas sábanas blancas.García Márquez escribió para perdurar, para permanecer entre los vivos, para hacerle trampas al castigo, al inocuo pecado que nos hizo merecer la muerte. Un espíritu como el suyo debería ser premiado por una divinidad sensata con un cuerpo incorruptible. Pero, qué le vamos a hacer, “todos nos morimos”. Tan vertiginoso es el número de difuntos que encontramos si miramos hacia atrás, hacia la remota mañana en que sepultaron al primer hombre, como el casi infinito número de muertos que aguarda a la humanidad en lo porvenir. La vida es un laberinto cuya única salida es la muerte; es una fiesta de carnaval que siempre culmina con el entierro de Joselito.Nos hemos acostumbrado a ver la palidez de la muerte instalada en el rostro de los otros. Muertos vemos enterrar todos los días, pero el morir, la muerte de cada uno en particular debe ser una experiencia aterradora, una última sensación, la más temible de toda existencia, que nadie puede transmitir a otro. Somos muchos, se oye decir, parece que ya no cabemos en el mundo, pero nadie se quiere ir: la pena del que se va de este mundo, dejando en él riquezas, fama y amores, no es más grande ni más dolorosa que la del pobre hombre que, sin nada entre las manos, sólo cuenta con el aire que respira, con los amaneceres de lluvia y con los crepúsculos de la tarde. La simple contemplación de una flor amarilla, deducimos de un cuento de Cortázar, es suficiente para aferrarnos a la vida.Me estremezco al imaginar en la primera línea de todos los diarios del mundo la siguiente noticia: Murió García Márquez, el escritor que consiguió que los latinoamericanos se vieran de cuerpo entero en las páginas de un libro, en “Cien Años de Soledad”, del mismo modo que los judíos se ven en la “Biblia”, los árabes en el “Corán” y los griegos en “La Ilíada”.La muerte, esa invitada indeseable que todo lo corrompe, que todo lo vuelve nada, según Olaciregui, nos hará pensar de nuevo, como cada vez que se lleva a un grande, a uno del tamaño de García Márquez, en la inevitable derrota de toda empresa humana. Si su amada Mercedes, su compañera de toda la vida, lo sobrevive, encontrará como sin sentido, extrañas, inservibles, las pantuflas de su esposo debajo de la cama; observará, como expresión de lo absurdo de toda existencia, las camisas floreadas colgadas del ropero y el sillón de alto espaldar en que su hombre se sentaba a escribir todas las mañanas para hacerla feliz y para que sus amigos lo quisieran más. Entonces no habrá para él más mañanas ni más tardes de amorosa relación con las palabras, a las que les quitaba la baba del uso diario para que lucieran mejor en la página. Es probable que, más que sus lectores en todo el mundo, sean las palabras, que nos sobreviven, las que lamenten su partida, acostumbradas como han estado a sus caricias, a su delicado y amoroso trato.“Todos nos morimos”, pero las palabras que no se lleva el viento, las fijadas con brillo en los textos para que en ellas se miren los hombres, desafían el infatigable paso del tiempo; Gabito permanecerá en la belleza de las que ha escrito, flores luminosas, amarillas, propias de la tierra fértil de Macondo, que las generaciones por venir no dejarán marchitar.
viernes, 24 de junio de 2011
La voz del sujeto cultural(Artículo científico)

La voz del sujeto cultural
Artículo científico
ESTILITA CASSIANI OBESO
MABELEIDYS FLOREZ ROA
MARIA FONTALVO CERVANTES
GABRIEL FERRER RUIZ
UNIVERSIDAD DEL ATLANTICO
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
PROGRAMA DE LICENCIATURA EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
CUARTO SEMESTRE
BARRANQUILLA
2011
La voz del sujeto cultural
Resumen
En este trabajo se dará cuenta de la estética propia y dinámica de los poemas de Tito Mejía Sarmiento (Santo Tomás, Atlántico, 1953). Además, de su particular forma de filtrarse en la cultura, a través de los elementos urbanos que nos permitirán identificar aquellos rasgos de belleza presentes en la propuesta del poeta. Se pretende ilustrar los elementos estéticos predominantes de su poesía, como también, los grados de belleza implícitos en ella, que determinan la inclinación, percepción y obsesiones planteadas por el artista.
Palabras claves: estética, cultura, elementos urbanos, sujeto cultural, poesía.
El desarrollo del artículo científico implicó una metodología de trabajo que estuvo basada en una entrevista previa que permitió la interacción con el poeta Tito Mejía Sarmiento, adquiriendo así, un corpus poético que facilitó la comprensión e identificación de los elementos estéticos utilizados en su narrativa. Utilizando medios tecnológicos como lo fueron grabación de voz y de video lo que significó un acercamiento a la cotidianidad que vive el poeta en su contexto familiar y social de donde extrae esos símbolos que son representados a través de su lenguaje estético. De esta manera, fue necesario hacer una lectura detallada que nos ayudara a identificar cada una de las temáticas que aborda el autor en sus poemas. Teniendo en cuenta que Mejía ha tenido pequeños reconocimientos que le han permitido la publicación de algunos de sus poemas dándonos a conocer la existencia de sus creaciones inéditas.
Diario etnográfico
Tito César Mejía Sarmiento, nació el 17 de enero de 1953 en Santo Tomás de Villanueva, pueblo cerca de la capital del departamento del Atlántico. Lleva más de 30 años de residir en el barrio Universal ( 1ª. Etapa) en la ciudad de Barranquilla. Licenciado en filología e idiomas de la Universidad del Atlántico. Desempeño el cargo de locutor profesional y ha publicado libros de poemas entre ellos “ El ojo ciego del planeta, La suma de las noches, Crónica de los días, Visionarios y La biografía: Nelson para todos, para siempre.
Su pasión por la poesía, se dio durante su niñez en donde leyó versos de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, el colombiano Silva y Pablo Neruda. Estuvo rodeado de muchos amigos poetas quienes le decían que escribiera, y “ en el ejercicio constante de escribir de 3 a 5 de la tarde, comenzó amar y hacerle el amor a la poesía, de lunes a viernes hasta el día de hoy.”1 Lo que más seduce al poeta Mejía Sarmiento es la continua evolución de la poesía, la cual se va dando a través de la estética.
Contextualización con otros poetas
1
Tito Mejía durante la entrevista expresa lo anterior mencionado en el texto.
Tito Mejía recibe influencia de ese grupo de escritores que empiezan a sobresalir en la segunda mitad del siglo XX en los años setenta, que se afianzan en una modernidad en la cual se comienza a percibir todos esos artefactos culturales ubicándose dentro de lo que se ha denominado como “la generación desencantada.” Los autores que conforman esta generación como lo son: Arthur Miller, Ernest Hemingway, John Dos Passo, William Faulkner entre otros. Tienen en común el interés y la atención que prestan a la problemática social y van a reflejar con dureza esos aspectos sociales, intentan irradiar la peripecia individual del ser humano en tiempos de angustia y dolor, de continua zozobra interior y exterior, y de fe; los escritores salen de su agonía interior y dan testimonio de lo que ocurre en la calle, con su protesta pretenden transformar la sociedad y tienen fe en que la literatura será el motor de ese cambio.
Además Mejía Sarmiento bebe de la poesía social de los años cincuenta que denuncian la marginación, la falta de libertad, exigiendo la justicia y la paz. Esta actitud conduce a los poetas a expresar sus mensajes con un lenguaje tan transparente que llega incluso a expresar el sentir de su colectividad, porque buscan compartir sus versos con los demás, con el pueblo, y que su obra no sea suya, sino de todos. También se incluye en una nueva camada de poetas colombianos que viene abriendo surcos en el parnaso de la poesía, con una propuesta estética y ética frente al cosmos, de un existencialismo testimonial de una lirica depurada. También el estilo de este poeta se ha visto influenciado por algunas mujeres entre quienes se destaca a la mexicana Issa Martínez, la nicaragüense Gioconda Belli, la peruana Blanca Varela, la colombiana Piedad Bonet, y en cuanto a los hombres el argentino Jorge Luis Borges, el salvadoreño Carlos Ernesto García y el colombiano Juan Manuel Roca, William Ospina, José Luis Herrera, Andrea Cote Botero, John Junieles, entre otros.
Adentrándonos en el caso que nos atañe, se ahonda en la intensión estética y en la estructura de la obra de Tito para demostrar que en su escritura apuesta a dar cuenta de la liberación interior que según los planteamientos de Octavio Paz era definido como la actividad poética que es fruto de una expresión de sentimientos y emociones que dan paso al arte de hablar en una forma superior, es la voz del pueblo y prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana.
La poesía como manifestación de las inquietudes del ser humano nace en un espacio y en un tiempo específico. Así para el poeta Tito Mejía su realidad, su entorno y el espacio en que se desenvuelve son motores y combustible de su invención poética o para hablarlo con sus palabras es “ la calle” y todo lo que está en ella es su musa. Por consiguiente, para hacer un análisis mucho más profundo de su obra debemos atender a un marco teórico y conceptual que nos permita ampliar nuestra visión acerca de la actividad que lleva a cabo el poeta como sujeto cultural. De esta manera, para este trabajo tomaremos al sujeto cultural como un marco conceptual que nos ayude a profundizar en eso que hemos mencionado. La pregunta que asalta es ¿Qué es el sujeto cultural? ¿Cómo emerge el sujeto cultural? ¿A quien define? Teniendo en cuenta estos interrogantes Edmond Cros define al sujeto cultural “ como una instancia que integra a todos los individuos de una colectividad ” , permitiéndonos interpretar que este es un miembro del conglomerado social con una manera distinta de percibir la realidad. En el cual interviene no sólo la experiencia individual del sujeto, sino también las de aquellas personas que conforman una determinada cultura, adquiriendo un papel de compilador de información proceso explicado por Cros como interdiscursividad en sujetos transindividuales, el cual explica de la siguiente manera:
Yo designo como discurso a la especificidad discursiva de un sujeto transindividual, lo cual me lleva a definir como interdiscursividad el conjunto de las practicas transindividuales; esta interdiscursividad, así definida, constituye su competencia, noción que para mi atañe pues al habla y no a la lengua. (Cros, 2003, p.15)
A partir de lo anterior queda demostrado que no solo lo plasmado por el poeta ( sujeto cultural) es parte de su propia vivencia, sino que también es tomado de otras personas colocada en escena “ tras la máscara de la subjetividad que se ve entonces operar en el discurso del sujeto cultural” 2. Ahora bien, es importante mencionar que el sujeto cultural no solo se considera como tal, sino que es el modelo cultural el que lo hace emerger como sujeto. Es de esta forma como para la colectividad el agente de identificación es la cultura y no el sujeto.
El fluir del sentido de identificación cultural con el poeta Tito se hace tangible al instante en que el lector percibe sentimientos comunes y visiones acerca del contexto que los rodea. No obstante, lo anterior resulta siendo el punto de conexión entre los sujetos identificados con el discurso realizado por el sujeto cultural y su cultura.
Más allá de las fronteras del lenguaje de Tito Mejía
Como se puede apreciar, la mayoría de los poemas aquí seleccionados hacen gala de la conciencia del lenguaje y el buen gusto por la palabra; tratándose de un tema tan delicado que aquí nos convida: lo urbano como un camino para llegar al erotismo utilizado en forma de evasión.
2
Cros, E. (2003). El sujeto cultural socio crítica y psicoanálisis.(2ed). Medellín: fondo editorial universidad EAFIT.
Poemas de exquisita belleza, con imágenes de un alto valor estético, con una composición en verso libre que supone una sonoridad y musicalidad al preferirse el ritmo sutil y complejo al compás monótono del verso tradicional; que combinan el erotismo con la problemática social y, por ende la humana, mostrándonos como lo dice la Revista Taller Luna y Sol que: “el arte va mas allá de toda estereotipificación”. No solo son alusiones a la sensualidad fusionando elementos de pasión, fantasía, deseos, celos, sexualidad, etc. Descritos de una
forma más o menos explícita, pero siempre en términos bellos y atractivos. Los sueños eróticos aquí representados también hacen una apología o reacción contra la condición de la existencia humana, la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida. Lo que podrá leerse será un trabajo poético con una amplia gama de temáticas urbanas, con un lenguaje diáfano y directo que se expresa a través de metáforas sencillas.
Éste es un género literario que viene a ser la descripción pura y simple de los placeres carnales pero revalorizados, en función de una idea de la vida social. Es así como la poesía erótica de Tito Mejía va más allá de una simple descripción de lo sensual y sexual de los cuerpos. El lenguaje empleado, además de ser sugerente, crea una alegoría mayor, una serie de sutiles figuras capaces de insinuarnos ideas testimoniales de la existencia humana, que elevan el tema a un plano superior.
La representación de la urbe de Mejía
En este punto tenemos como propósito analizar con una actitud crítica los poemas del escritor Tito Mejía Sarmiento, para revisar las formas en que se lleva a cabo los modos de vivenciar la urbe y las temáticas principales de sus experiencias en este espacio, que propicia la realidad estética, para luego introducir diversas reflexiones comprensivas entorno a la obra mencionada.
Es eminente encontrar en todo tipo de arte un contenido profundo que manifieste los distintos puntos de vista o ideologías de un autor o artista. Tito Mejía por medio de sus escritos persiste en dar a conocer su inconformidad frente a la sociedad, siendo él una persona resistente a los cambios o diferencias sociales, políticas y culturales. De esta manera, el poeta pretende irrumpir el silencio de un pueblo protestando a través de las mágicas palabras que le permiten expresar esos sentimientos dentro de sus textos.
Asimismo, el contenido profundo de estos poemas expresan las realidades que nos rodean donde se alude a una serie de sucesos que han cubierto de terror y sangre las páginas de la historia del país y, teniendo una vista aguda que nos conlleva al plano del silencio. En esencia, Mejía plasma los deseos y las necesidades de una sociedad que con sus ingentes esfuerzos ve como sus anhelos se diluyen. Por ende, se expresa la burla, el sarcasmo, la humillación de un público escondido en la cotidianidad. De ante mano, también se evidencia la continua rutina de terror y horror de las calles, la miseria, pobreza y hambre que mitigan las personas; igualmente el poeta expresa el gemido y el lamento.
Empero podemos decir que “Uno de los rasgos recurrentes en la literatura latinoamericana del siglo XX, consiste en la representación que se hace del espacio urbano con toda su complejidad, de acuerdo con varios pensadores se trata de una urbe conflictiva, escindida y cruzada a la vez; vertiginosa y dominada por la gran densidad poblacional.”3 . Hay que tener en cuenta que la cultura popular urbana trasciende lo puro, culto y tradicional; convirtiéndose así en un hibrido de donde se despliegan diferentes concepciones de cultura teniendo en cuenta que este término nos remite a la comprensión de aquellas actividades o elementos que conforman a una sociedad.
3
Morales, J. (2007). Cuaderno de literatura del Caribe e Hispanoamérica. Bogotá: gente nueva. p43
En la cultura urbana hay una agudización de la especialización del espacio que terminan siendo áreas de reconocimiento, que condicionan al individuo dentro de la sociedad. Lo cual crea una necesidad de desplazamiento.
…Interpreto el vasto silencio
de la dama que sentada a mi lado
en el bus fluye ajena a todas sus rosas
mientras arriba el sol
aumenta las pavesas de mil ojos.
(Crónica de los días)
En este pasaje se evidencia como surgen nuevas pautas de encuentro o sociabilización como lo es el bus, en donde se van a dar una interacción con una convención de símbolos, gestos y códigos de una cultura. A través ese desplazamiento el hombre puede establecer una diferencia de manera inconsciente en cuanto contrasta un entorno con otro.
Otro elemento que crea imágenes acerca de la cultura popular urbana es el perro callejero ya que en las calles de los barrios subalternos hay una presencia masiva de estos animales. Elemento que se vislumbra en el siguiente poema
Soy el poeta flaco de la esquina azul,
el que tiene los pies bien puestos sobre la tierra
—a pesar de que muchas veces hablo solo—
y además, gran amigo de los perros
que defienden su territorio alrededor de la bazofia.
(El poeta flaco de la esquina azul)
Es posible determinar que la esquina, es un ágora4, un punto de encuentro entre los miembros de una cultura urbana. Donde surgen nuevas formas de convención compartidas que se expresan a través de palabras y gestos; que únicamente tiene interpretación en ese contexto. Justamente este elemento urbano sugiere que el poeta este en contacto con un espacio sociocultural popular.
4
Plaza, asamblea, reunión, junta. Lugar de reunión donde los griegos intercambiaban pensamientos o ideas.
El parque es un espacio urbano donde se lleva a cabo ritos de amor, amistad. Es un refugio de la memoria. Donde hallamos aves, y árboles que pueden hacer alusión a una metáfora de la ciudad. Personificando a los turpiales con aquellas personas que viven en la jaula de la ciudad.
-Voy entonces al parque
sí, ese mismo lugar que rompe sombras
con sus chorros de luz enamorados
y donde presos turpiales
en jaulas gigantes
regalan sus tónicos cánticos conciertos
a los instantes ingenuos.
(Crónica de los días)
Por otra parte se agrega a esta producción el parque como escenario urbano que propicia un elipsis de tiempo bucólico, que ayuda a construir imágenes de una vida pastoril. Dando que el poeta presenta al parque como ese ambiente natural de los tiempos idos.
Otra característica que apunta a la visibilidad y presencia del imaginario de lo urbano en el poeta es la musa de las calles. Esta alegoría representa a la calle tomada como inspiración, es allí donde el canon estipulado es quebrantado, lo anterior se destaca con claridad en la presentación de lo que Le Goff plantea sobre el origen de la inspiración a través de las musas.
Los griegos de la edad arcaica hicieron de la memoria una diosa, Mnemosine. Es la madre de las nuevas musas, por ella generadas en nueve noches transcurridas en compañía de Zeus. Ella reclama a la mente de los hombres el recuerdo de los héroes y de sus grandes gestas y preside la poesía lirica. El poeta es, por lo tanto, un hombre poseído por la memoria, el aedo es un adivino del pasado, así como el adivino lo es del futuro. El es el testimonio inspirado de los <>, de la edad heroica y, aún más, de la edad de los orígenes. (Le Goff, 1991. p145)
Como se sabe, las musas responden a esas inspiraciones intangibles que pertenecen a una esfera superior, donde el poeta en su territorio narrativa deja de hacer uso de esta, para dirigirse de frente a una realidad inspiradora (la calle.)
Todas las mañanas
salto de la cama
y asumo la musa de los días
y la musa de las calles
con el paso despierto de mis piernas
(Crónica de los días)
Es de vital importancia resaltar que el poeta se convierte en un fisgón de lo público y urbano. Y en la noche es ese husmeador de lo privado convirtiéndose en erótico.
Soy hombre
de anocheceres caseros,
cazador de versos húmedos
que excitan mis sentidos hondamente
como el aroma contemplativo de tu boca, mujer hermosa,
hasta caer pesadamente de cara de a las estrellas.
Soy un hombre de crónicas,
soy un hombre de días,
soy un hombre de crónica de los días.
El poeta quiere recoger las voces de todo lo que sucede a su alrededor. Asistiendo al empleo del erotismo como recurso alegórico utilizado como una válvula de escape al final de sus poemas. Tito al salir a la calle y escuchar el acontecer diario de sus semejantes no es un receptor pasivo de lo que percibe por el contrario, es un activo constructor de narrativa poética, que le permite interpretar constantemente lo que la gente a su alrededor está diciendo y haciendo; lo que Rafael Echeverría atribuye:
“Que el lenguaje no es solo un instrumento que describe la realidad. Sostenemos que el lenguaje es acción.” De ahí que, podemos reconocer que el poeta ha desarrollado la facultad de escuchar los silencios, gestos, las posturas del cuerpo y los movimientos en la medida en que seamos capaces de atribuirles un sentido. Esto es lo que permite el desarrollo de lenguas que van más allá de las acciones e interacciones comunicativas.
Se han podido hallar una de las señas particulares de oralidad, lo cual es definido como “ redundante o copiosos” donde se describe que “ la redundancia, la repetición de lo apenas dicho, mantiene eficazmente tanto al hablante como al oyente en la misma sintonía.”5 Esta marca de oralidad la percibimos en el poema
Cuando6 el Metro pasa
dejando su metálica rabia.
Cuando la vida continúa
recitando de memoria la rutina,
pegada a la argamasa de las calles.
Cuando el mendigo
extrae de la basura,
en medio del aullido de los perros cimarrones,
un pedazo de pan duro
y lo remoja en el agua pobre
para mitigar la hambruna.
Cuando la breve lluvia
regala a los pescadores,
pequeños trozos de luna facetada.
Cuando la alcoba,
en la hora azul de la ventana
delata pesados suspiros y silencio,
tú te quitas el vestido rojo que tanto juego
hace con tu boca,
y tu piel se abre como la noche, de un solo tajo.
5
6
Ong, W. (1987).fondo de cultura económica. p46.
El subrayado especifica la marca de oralidad en el poeta.
(Momentos)
Otras lecturas de la lectura
Leer un poeta sugiere más que una práctica de lectura pasiva. Al respecto, Roger Chartier, es uno de los historiadores que ha contribuido enormemente a expandir nuestro horizonte de comprensión, articulando el texto a unas formas de difusión en la que intervienen artefactos culturales de orden simbólico y material. Así entonces, un texto cobra nuevos registros en la medida en que se apoya en unos soportes que le dan su carácter fisonómico. Es el libro el soporte por excelencia, consolidado desde la misma invención de la imprenta, tan imprescindible y perfecto como el fuego o la rueda, según Humberto Eco, y cuyas formas pueden variar significativamente pasando, por ejemplo, de tamaños de letras hasta por la distribución de los espacios en el que las palabras se insertan; el libro así mismo, al presentar la portada nos traslada hacía unos horizontes de lenguaje gráfico que pueden afirmar las intensiones de autor en su texto. Además de lo anterior, el soporte digital cobra más fuerza como dispositivo que acompaña al texto en su difusión, creando por demás, unas formas específicas, donde el lector experimenta unos repertorios de lectura, dando lugar a que las tareas de representación y asimilación se multipliquen.
Al ingresar al universo del poeta Tito Mejía, vemos que sus textos se encuentran en soportes, básicamente, de libros, con tirajes modestos- 3.000 ejemplares- creando una portada sugestiva en donde aparecen la máquina de escribir como herramienta a través de la cual se va a construir el texto, y las mujeres volando sobre ella, como dispositivos de creación. Al lado del libro, se instala el soporte digital, un artefacto cultural que evidencia unas intensiones de difusión más efectivas en los términos de público. Desde el espacio digital el poeta hace circular sus textos, lo lleva a un lector virtual, heterogéneo y difuso, con ello, su voz aglutinadora de las voces que ha recogido por las esquinas y sobre los buses se multiplica, y aquí las interpretaciones de lo que es y no es un poeta popular se tensiona.
En conclusión, existen palabras y poetas, existe la construcción del texto, con esas palabras que toma el poeta; existe además, el soporte en el que se instala el texto, y existen los lectores que van a seguir construyendo en un entrecruzamiento de representaciones, con sus respectivas apropiaciones y resistencias. El poema en sí no basta para explicar, tampoco la voz del poeta. Sólo el entramado de espacios, símbolos, estrategias de difusión y las pretendidas intensiones del autor por llevar su obra a públicos disimiles permitirá discernir mejor entre los bosques.
Una puerta de salida
La poética de Mejía, nos coloca al descubierto su experiencia estética en la medida en que introduce la problemática social de imágenes que se convierten en convenciones compartidas por los miembros de la cultura urbana, por ende, en sus poemas reconstruye, interpreta, exterioriza la conciencia y el mundo del ser humano que se expresa a través de sus experiencias abismales ante las cuales se enfrenta en los momentos de dolor, resistencia, pobreza y desarraigo interior. Seguidamente el lector se enfrenta cara a cara con la condición humana que gira en torno a la posmodernidad, desentrañando la realidad de la sociedad convirtiéndose en la voz que anhela, rompe ese hechizo en la que viven las personas, dándole un tono urbano. De esta manera, dejamos a su criterio. ¿Estamos frente a un poeta que quiere romper el jarrón del silencio?
BIBLIOGRAFÍA
Chartier, R. (2005). El mundo como representación. 6 ed. Barcelona: Gedisa. 246
Cros, E. (2003). El sujeto cultural sociocrítica y psicoanálisis.(2ed). Medellín: fondo editorial universidad EAFIT. p247
EcheverríaG, R. (2002). Ontología del Lenguaje. Chile: Dolmen. p440
Frases y pensamientos. 28 de mayo. En http://www.frasesypensamientos.com.ar/historia/generacion-perdida.html. Efemérides
Lengua Castellana y Literatura. 24 de Abril 2011. En
http://lenguacastellanayliteraturaii.blogspot.com/2011/04/literatura-espanola-de-posguerra-anos.html Irene
Le Goff, J. (1991). El orden de la memoria. 1ed. Barcelona: Paidos. 240p.
Morales, J. (2007). Cuaderno de literatura del Caribe e Hispanoamérica. Bogotá: gente nueva. p43
Ong, W. (1987).fondo de cultura económica. p190.
Paz, O. (2006). El arco y la lira. Fondo de Cultura. p287
Revista taller Sol y Luna. (2010). Eros en la Costa. Taller Sol y Luna. Número 31.
Artículo científico
ESTILITA CASSIANI OBESO
MABELEIDYS FLOREZ ROA
MARIA FONTALVO CERVANTES
GABRIEL FERRER RUIZ
UNIVERSIDAD DEL ATLANTICO
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
PROGRAMA DE LICENCIATURA EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
CUARTO SEMESTRE
BARRANQUILLA
2011
La voz del sujeto cultural
Resumen
En este trabajo se dará cuenta de la estética propia y dinámica de los poemas de Tito Mejía Sarmiento (Santo Tomás, Atlántico, 1953). Además, de su particular forma de filtrarse en la cultura, a través de los elementos urbanos que nos permitirán identificar aquellos rasgos de belleza presentes en la propuesta del poeta. Se pretende ilustrar los elementos estéticos predominantes de su poesía, como también, los grados de belleza implícitos en ella, que determinan la inclinación, percepción y obsesiones planteadas por el artista.
Palabras claves: estética, cultura, elementos urbanos, sujeto cultural, poesía.
El desarrollo del artículo científico implicó una metodología de trabajo que estuvo basada en una entrevista previa que permitió la interacción con el poeta Tito Mejía Sarmiento, adquiriendo así, un corpus poético que facilitó la comprensión e identificación de los elementos estéticos utilizados en su narrativa. Utilizando medios tecnológicos como lo fueron grabación de voz y de video lo que significó un acercamiento a la cotidianidad que vive el poeta en su contexto familiar y social de donde extrae esos símbolos que son representados a través de su lenguaje estético. De esta manera, fue necesario hacer una lectura detallada que nos ayudara a identificar cada una de las temáticas que aborda el autor en sus poemas. Teniendo en cuenta que Mejía ha tenido pequeños reconocimientos que le han permitido la publicación de algunos de sus poemas dándonos a conocer la existencia de sus creaciones inéditas.
Diario etnográfico
Tito César Mejía Sarmiento, nació el 17 de enero de 1953 en Santo Tomás de Villanueva, pueblo cerca de la capital del departamento del Atlántico. Lleva más de 30 años de residir en el barrio Universal ( 1ª. Etapa) en la ciudad de Barranquilla. Licenciado en filología e idiomas de la Universidad del Atlántico. Desempeño el cargo de locutor profesional y ha publicado libros de poemas entre ellos “ El ojo ciego del planeta, La suma de las noches, Crónica de los días, Visionarios y La biografía: Nelson para todos, para siempre.
Su pasión por la poesía, se dio durante su niñez en donde leyó versos de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, el colombiano Silva y Pablo Neruda. Estuvo rodeado de muchos amigos poetas quienes le decían que escribiera, y “ en el ejercicio constante de escribir de 3 a 5 de la tarde, comenzó amar y hacerle el amor a la poesía, de lunes a viernes hasta el día de hoy.”1 Lo que más seduce al poeta Mejía Sarmiento es la continua evolución de la poesía, la cual se va dando a través de la estética.
Contextualización con otros poetas
1
Tito Mejía durante la entrevista expresa lo anterior mencionado en el texto.
Tito Mejía recibe influencia de ese grupo de escritores que empiezan a sobresalir en la segunda mitad del siglo XX en los años setenta, que se afianzan en una modernidad en la cual se comienza a percibir todos esos artefactos culturales ubicándose dentro de lo que se ha denominado como “la generación desencantada.” Los autores que conforman esta generación como lo son: Arthur Miller, Ernest Hemingway, John Dos Passo, William Faulkner entre otros. Tienen en común el interés y la atención que prestan a la problemática social y van a reflejar con dureza esos aspectos sociales, intentan irradiar la peripecia individual del ser humano en tiempos de angustia y dolor, de continua zozobra interior y exterior, y de fe; los escritores salen de su agonía interior y dan testimonio de lo que ocurre en la calle, con su protesta pretenden transformar la sociedad y tienen fe en que la literatura será el motor de ese cambio.
Además Mejía Sarmiento bebe de la poesía social de los años cincuenta que denuncian la marginación, la falta de libertad, exigiendo la justicia y la paz. Esta actitud conduce a los poetas a expresar sus mensajes con un lenguaje tan transparente que llega incluso a expresar el sentir de su colectividad, porque buscan compartir sus versos con los demás, con el pueblo, y que su obra no sea suya, sino de todos. También se incluye en una nueva camada de poetas colombianos que viene abriendo surcos en el parnaso de la poesía, con una propuesta estética y ética frente al cosmos, de un existencialismo testimonial de una lirica depurada. También el estilo de este poeta se ha visto influenciado por algunas mujeres entre quienes se destaca a la mexicana Issa Martínez, la nicaragüense Gioconda Belli, la peruana Blanca Varela, la colombiana Piedad Bonet, y en cuanto a los hombres el argentino Jorge Luis Borges, el salvadoreño Carlos Ernesto García y el colombiano Juan Manuel Roca, William Ospina, José Luis Herrera, Andrea Cote Botero, John Junieles, entre otros.
Adentrándonos en el caso que nos atañe, se ahonda en la intensión estética y en la estructura de la obra de Tito para demostrar que en su escritura apuesta a dar cuenta de la liberación interior que según los planteamientos de Octavio Paz era definido como la actividad poética que es fruto de una expresión de sentimientos y emociones que dan paso al arte de hablar en una forma superior, es la voz del pueblo y prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana.
La poesía como manifestación de las inquietudes del ser humano nace en un espacio y en un tiempo específico. Así para el poeta Tito Mejía su realidad, su entorno y el espacio en que se desenvuelve son motores y combustible de su invención poética o para hablarlo con sus palabras es “ la calle” y todo lo que está en ella es su musa. Por consiguiente, para hacer un análisis mucho más profundo de su obra debemos atender a un marco teórico y conceptual que nos permita ampliar nuestra visión acerca de la actividad que lleva a cabo el poeta como sujeto cultural. De esta manera, para este trabajo tomaremos al sujeto cultural como un marco conceptual que nos ayude a profundizar en eso que hemos mencionado. La pregunta que asalta es ¿Qué es el sujeto cultural? ¿Cómo emerge el sujeto cultural? ¿A quien define? Teniendo en cuenta estos interrogantes Edmond Cros define al sujeto cultural “ como una instancia que integra a todos los individuos de una colectividad ” , permitiéndonos interpretar que este es un miembro del conglomerado social con una manera distinta de percibir la realidad. En el cual interviene no sólo la experiencia individual del sujeto, sino también las de aquellas personas que conforman una determinada cultura, adquiriendo un papel de compilador de información proceso explicado por Cros como interdiscursividad en sujetos transindividuales, el cual explica de la siguiente manera:
Yo designo como discurso a la especificidad discursiva de un sujeto transindividual, lo cual me lleva a definir como interdiscursividad el conjunto de las practicas transindividuales; esta interdiscursividad, así definida, constituye su competencia, noción que para mi atañe pues al habla y no a la lengua. (Cros, 2003, p.15)
A partir de lo anterior queda demostrado que no solo lo plasmado por el poeta ( sujeto cultural) es parte de su propia vivencia, sino que también es tomado de otras personas colocada en escena “ tras la máscara de la subjetividad que se ve entonces operar en el discurso del sujeto cultural” 2. Ahora bien, es importante mencionar que el sujeto cultural no solo se considera como tal, sino que es el modelo cultural el que lo hace emerger como sujeto. Es de esta forma como para la colectividad el agente de identificación es la cultura y no el sujeto.
El fluir del sentido de identificación cultural con el poeta Tito se hace tangible al instante en que el lector percibe sentimientos comunes y visiones acerca del contexto que los rodea. No obstante, lo anterior resulta siendo el punto de conexión entre los sujetos identificados con el discurso realizado por el sujeto cultural y su cultura.
Más allá de las fronteras del lenguaje de Tito Mejía
Como se puede apreciar, la mayoría de los poemas aquí seleccionados hacen gala de la conciencia del lenguaje y el buen gusto por la palabra; tratándose de un tema tan delicado que aquí nos convida: lo urbano como un camino para llegar al erotismo utilizado en forma de evasión.
2
Cros, E. (2003). El sujeto cultural socio crítica y psicoanálisis.(2ed). Medellín: fondo editorial universidad EAFIT.
Poemas de exquisita belleza, con imágenes de un alto valor estético, con una composición en verso libre que supone una sonoridad y musicalidad al preferirse el ritmo sutil y complejo al compás monótono del verso tradicional; que combinan el erotismo con la problemática social y, por ende la humana, mostrándonos como lo dice la Revista Taller Luna y Sol que: “el arte va mas allá de toda estereotipificación”. No solo son alusiones a la sensualidad fusionando elementos de pasión, fantasía, deseos, celos, sexualidad, etc. Descritos de una
forma más o menos explícita, pero siempre en términos bellos y atractivos. Los sueños eróticos aquí representados también hacen una apología o reacción contra la condición de la existencia humana, la libertad y la responsabilidad individual, las emociones, así como el significado de la vida. Lo que podrá leerse será un trabajo poético con una amplia gama de temáticas urbanas, con un lenguaje diáfano y directo que se expresa a través de metáforas sencillas.
Éste es un género literario que viene a ser la descripción pura y simple de los placeres carnales pero revalorizados, en función de una idea de la vida social. Es así como la poesía erótica de Tito Mejía va más allá de una simple descripción de lo sensual y sexual de los cuerpos. El lenguaje empleado, además de ser sugerente, crea una alegoría mayor, una serie de sutiles figuras capaces de insinuarnos ideas testimoniales de la existencia humana, que elevan el tema a un plano superior.
La representación de la urbe de Mejía
En este punto tenemos como propósito analizar con una actitud crítica los poemas del escritor Tito Mejía Sarmiento, para revisar las formas en que se lleva a cabo los modos de vivenciar la urbe y las temáticas principales de sus experiencias en este espacio, que propicia la realidad estética, para luego introducir diversas reflexiones comprensivas entorno a la obra mencionada.
Es eminente encontrar en todo tipo de arte un contenido profundo que manifieste los distintos puntos de vista o ideologías de un autor o artista. Tito Mejía por medio de sus escritos persiste en dar a conocer su inconformidad frente a la sociedad, siendo él una persona resistente a los cambios o diferencias sociales, políticas y culturales. De esta manera, el poeta pretende irrumpir el silencio de un pueblo protestando a través de las mágicas palabras que le permiten expresar esos sentimientos dentro de sus textos.
Asimismo, el contenido profundo de estos poemas expresan las realidades que nos rodean donde se alude a una serie de sucesos que han cubierto de terror y sangre las páginas de la historia del país y, teniendo una vista aguda que nos conlleva al plano del silencio. En esencia, Mejía plasma los deseos y las necesidades de una sociedad que con sus ingentes esfuerzos ve como sus anhelos se diluyen. Por ende, se expresa la burla, el sarcasmo, la humillación de un público escondido en la cotidianidad. De ante mano, también se evidencia la continua rutina de terror y horror de las calles, la miseria, pobreza y hambre que mitigan las personas; igualmente el poeta expresa el gemido y el lamento.
Empero podemos decir que “Uno de los rasgos recurrentes en la literatura latinoamericana del siglo XX, consiste en la representación que se hace del espacio urbano con toda su complejidad, de acuerdo con varios pensadores se trata de una urbe conflictiva, escindida y cruzada a la vez; vertiginosa y dominada por la gran densidad poblacional.”3 . Hay que tener en cuenta que la cultura popular urbana trasciende lo puro, culto y tradicional; convirtiéndose así en un hibrido de donde se despliegan diferentes concepciones de cultura teniendo en cuenta que este término nos remite a la comprensión de aquellas actividades o elementos que conforman a una sociedad.
3
Morales, J. (2007). Cuaderno de literatura del Caribe e Hispanoamérica. Bogotá: gente nueva. p43
En la cultura urbana hay una agudización de la especialización del espacio que terminan siendo áreas de reconocimiento, que condicionan al individuo dentro de la sociedad. Lo cual crea una necesidad de desplazamiento.
…Interpreto el vasto silencio
de la dama que sentada a mi lado
en el bus fluye ajena a todas sus rosas
mientras arriba el sol
aumenta las pavesas de mil ojos.
(Crónica de los días)
En este pasaje se evidencia como surgen nuevas pautas de encuentro o sociabilización como lo es el bus, en donde se van a dar una interacción con una convención de símbolos, gestos y códigos de una cultura. A través ese desplazamiento el hombre puede establecer una diferencia de manera inconsciente en cuanto contrasta un entorno con otro.
Otro elemento que crea imágenes acerca de la cultura popular urbana es el perro callejero ya que en las calles de los barrios subalternos hay una presencia masiva de estos animales. Elemento que se vislumbra en el siguiente poema
Soy el poeta flaco de la esquina azul,
el que tiene los pies bien puestos sobre la tierra
—a pesar de que muchas veces hablo solo—
y además, gran amigo de los perros
que defienden su territorio alrededor de la bazofia.
(El poeta flaco de la esquina azul)
Es posible determinar que la esquina, es un ágora4, un punto de encuentro entre los miembros de una cultura urbana. Donde surgen nuevas formas de convención compartidas que se expresan a través de palabras y gestos; que únicamente tiene interpretación en ese contexto. Justamente este elemento urbano sugiere que el poeta este en contacto con un espacio sociocultural popular.
4
Plaza, asamblea, reunión, junta. Lugar de reunión donde los griegos intercambiaban pensamientos o ideas.
El parque es un espacio urbano donde se lleva a cabo ritos de amor, amistad. Es un refugio de la memoria. Donde hallamos aves, y árboles que pueden hacer alusión a una metáfora de la ciudad. Personificando a los turpiales con aquellas personas que viven en la jaula de la ciudad.
-Voy entonces al parque
sí, ese mismo lugar que rompe sombras
con sus chorros de luz enamorados
y donde presos turpiales
en jaulas gigantes
regalan sus tónicos cánticos conciertos
a los instantes ingenuos.
(Crónica de los días)
Por otra parte se agrega a esta producción el parque como escenario urbano que propicia un elipsis de tiempo bucólico, que ayuda a construir imágenes de una vida pastoril. Dando que el poeta presenta al parque como ese ambiente natural de los tiempos idos.
Otra característica que apunta a la visibilidad y presencia del imaginario de lo urbano en el poeta es la musa de las calles. Esta alegoría representa a la calle tomada como inspiración, es allí donde el canon estipulado es quebrantado, lo anterior se destaca con claridad en la presentación de lo que Le Goff plantea sobre el origen de la inspiración a través de las musas.
Los griegos de la edad arcaica hicieron de la memoria una diosa, Mnemosine. Es la madre de las nuevas musas, por ella generadas en nueve noches transcurridas en compañía de Zeus. Ella reclama a la mente de los hombres el recuerdo de los héroes y de sus grandes gestas y preside la poesía lirica. El poeta es, por lo tanto, un hombre poseído por la memoria, el aedo es un adivino del pasado, así como el adivino lo es del futuro. El es el testimonio inspirado de los <
Como se sabe, las musas responden a esas inspiraciones intangibles que pertenecen a una esfera superior, donde el poeta en su territorio narrativa deja de hacer uso de esta, para dirigirse de frente a una realidad inspiradora (la calle.)
Todas las mañanas
salto de la cama
y asumo la musa de los días
y la musa de las calles
con el paso despierto de mis piernas
(Crónica de los días)
Es de vital importancia resaltar que el poeta se convierte en un fisgón de lo público y urbano. Y en la noche es ese husmeador de lo privado convirtiéndose en erótico.
Soy hombre
de anocheceres caseros,
cazador de versos húmedos
que excitan mis sentidos hondamente
como el aroma contemplativo de tu boca, mujer hermosa,
hasta caer pesadamente de cara de a las estrellas.
Soy un hombre de crónicas,
soy un hombre de días,
soy un hombre de crónica de los días.
El poeta quiere recoger las voces de todo lo que sucede a su alrededor. Asistiendo al empleo del erotismo como recurso alegórico utilizado como una válvula de escape al final de sus poemas. Tito al salir a la calle y escuchar el acontecer diario de sus semejantes no es un receptor pasivo de lo que percibe por el contrario, es un activo constructor de narrativa poética, que le permite interpretar constantemente lo que la gente a su alrededor está diciendo y haciendo; lo que Rafael Echeverría atribuye:
“Que el lenguaje no es solo un instrumento que describe la realidad. Sostenemos que el lenguaje es acción.” De ahí que, podemos reconocer que el poeta ha desarrollado la facultad de escuchar los silencios, gestos, las posturas del cuerpo y los movimientos en la medida en que seamos capaces de atribuirles un sentido. Esto es lo que permite el desarrollo de lenguas que van más allá de las acciones e interacciones comunicativas.
Se han podido hallar una de las señas particulares de oralidad, lo cual es definido como “ redundante o copiosos” donde se describe que “ la redundancia, la repetición de lo apenas dicho, mantiene eficazmente tanto al hablante como al oyente en la misma sintonía.”5 Esta marca de oralidad la percibimos en el poema
Cuando6 el Metro pasa
dejando su metálica rabia.
Cuando la vida continúa
recitando de memoria la rutina,
pegada a la argamasa de las calles.
Cuando el mendigo
extrae de la basura,
en medio del aullido de los perros cimarrones,
un pedazo de pan duro
y lo remoja en el agua pobre
para mitigar la hambruna.
Cuando la breve lluvia
regala a los pescadores,
pequeños trozos de luna facetada.
Cuando la alcoba,
en la hora azul de la ventana
delata pesados suspiros y silencio,
tú te quitas el vestido rojo que tanto juego
hace con tu boca,
y tu piel se abre como la noche, de un solo tajo.
5
6
Ong, W. (1987).fondo de cultura económica. p46.
El subrayado especifica la marca de oralidad en el poeta.
(Momentos)
Otras lecturas de la lectura
Leer un poeta sugiere más que una práctica de lectura pasiva. Al respecto, Roger Chartier, es uno de los historiadores que ha contribuido enormemente a expandir nuestro horizonte de comprensión, articulando el texto a unas formas de difusión en la que intervienen artefactos culturales de orden simbólico y material. Así entonces, un texto cobra nuevos registros en la medida en que se apoya en unos soportes que le dan su carácter fisonómico. Es el libro el soporte por excelencia, consolidado desde la misma invención de la imprenta, tan imprescindible y perfecto como el fuego o la rueda, según Humberto Eco, y cuyas formas pueden variar significativamente pasando, por ejemplo, de tamaños de letras hasta por la distribución de los espacios en el que las palabras se insertan; el libro así mismo, al presentar la portada nos traslada hacía unos horizontes de lenguaje gráfico que pueden afirmar las intensiones de autor en su texto. Además de lo anterior, el soporte digital cobra más fuerza como dispositivo que acompaña al texto en su difusión, creando por demás, unas formas específicas, donde el lector experimenta unos repertorios de lectura, dando lugar a que las tareas de representación y asimilación se multipliquen.
Al ingresar al universo del poeta Tito Mejía, vemos que sus textos se encuentran en soportes, básicamente, de libros, con tirajes modestos- 3.000 ejemplares- creando una portada sugestiva en donde aparecen la máquina de escribir como herramienta a través de la cual se va a construir el texto, y las mujeres volando sobre ella, como dispositivos de creación. Al lado del libro, se instala el soporte digital, un artefacto cultural que evidencia unas intensiones de difusión más efectivas en los términos de público. Desde el espacio digital el poeta hace circular sus textos, lo lleva a un lector virtual, heterogéneo y difuso, con ello, su voz aglutinadora de las voces que ha recogido por las esquinas y sobre los buses se multiplica, y aquí las interpretaciones de lo que es y no es un poeta popular se tensiona.
En conclusión, existen palabras y poetas, existe la construcción del texto, con esas palabras que toma el poeta; existe además, el soporte en el que se instala el texto, y existen los lectores que van a seguir construyendo en un entrecruzamiento de representaciones, con sus respectivas apropiaciones y resistencias. El poema en sí no basta para explicar, tampoco la voz del poeta. Sólo el entramado de espacios, símbolos, estrategias de difusión y las pretendidas intensiones del autor por llevar su obra a públicos disimiles permitirá discernir mejor entre los bosques.
Una puerta de salida
La poética de Mejía, nos coloca al descubierto su experiencia estética en la medida en que introduce la problemática social de imágenes que se convierten en convenciones compartidas por los miembros de la cultura urbana, por ende, en sus poemas reconstruye, interpreta, exterioriza la conciencia y el mundo del ser humano que se expresa a través de sus experiencias abismales ante las cuales se enfrenta en los momentos de dolor, resistencia, pobreza y desarraigo interior. Seguidamente el lector se enfrenta cara a cara con la condición humana que gira en torno a la posmodernidad, desentrañando la realidad de la sociedad convirtiéndose en la voz que anhela, rompe ese hechizo en la que viven las personas, dándole un tono urbano. De esta manera, dejamos a su criterio. ¿Estamos frente a un poeta que quiere romper el jarrón del silencio?
BIBLIOGRAFÍA
Chartier, R. (2005). El mundo como representación. 6 ed. Barcelona: Gedisa. 246
Cros, E. (2003). El sujeto cultural sociocrítica y psicoanálisis.(2ed). Medellín: fondo editorial universidad EAFIT. p247
EcheverríaG, R. (2002). Ontología del Lenguaje. Chile: Dolmen. p440
Frases y pensamientos. 28 de mayo. En http://www.frasesypensamientos.com.ar/historia/generacion-perdida.html. Efemérides
Lengua Castellana y Literatura. 24 de Abril 2011. En
http://lenguacastellanayliteraturaii.blogspot.com/2011/04/literatura-espanola-de-posguerra-anos.html Irene
Le Goff, J. (1991). El orden de la memoria. 1ed. Barcelona: Paidos. 240p.
Morales, J. (2007). Cuaderno de literatura del Caribe e Hispanoamérica. Bogotá: gente nueva. p43
Ong, W. (1987).fondo de cultura económica. p190.
Paz, O. (2006). El arco y la lira. Fondo de Cultura. p287
Revista taller Sol y Luna. (2010). Eros en la Costa. Taller Sol y Luna. Número 31.
viernes, 27 de mayo de 2011
NUEVOS POEMAS
M E T A M O R F O S I S
Amanecí extrañamente
convertido en ave migratoria,
y decidí en el acto, la travesía por todos los océanos
como esclavo orgulloso de los vientos.
Desde arriba la vida es un milagro abierto:
La fruta madura, el hombre enfrentado al propio hombre,
una pareja haciendo el amor en pleno parque, un campesino caído
en su fracaso, niños abandonados, casas sangrando a puro dolor
y dejando oscuras y densas cicatrices en el alma,
y por supuesto, la sonrisa bajo el sol donde tú brillas.
Desde arriba se palpa todo,
excepto la bala que atravesó mi corazón
y quebró para siempre mis alas,
convirtiéndome ahora en parte
de un exquisito plato
del más famoso restaurante de Nueva York.
Tito Mejía Sarmiento
PENÉLOPE
Penélope, gruesa morena
y vociferante vendedora de bollos en el barrio Abajo,
no ha querido salir de su alcoba
desde que Odiseo partió para la capital.
Teme que una lluvia de múltiples requiebros
la sorprenda en la calle y borre para siempre,
el canto de amor que su guerrero amante
dejó regado por toda su piel.
Ahora, Penélope teje la madeja de sus tardes,
moliendo maíz para que su hija mayor
venda por ella el producto casero
hasta cuando Odiseo culmine su misión de leyenda urbana
ante la rendición del feudo.
Tito Mejía Sarmiento
DESEQUILIBRIO
Nube Luz trabaja en la capital, en una casa adinerada. Allí cocina, lava, plancha y debe dejar, entre otros menesteres, bien relucientes, los pisos para que se reflejen las ropas de marca que usan sus patrones e hijos. Además, casi todas las noches, por orden superior, tiene que abrirle la puerta de su alcoba, al “bebé” de la casa, quien está en pleno proceso de desarrollo. Es decir, Nube Luz entrega su piel analfabeta por necesidad.
Cada quince días, espera ansiosa su jornada de asueto para irse a su provincia natal, donde su marido (imposibilitado por una bala perdida) y sus tres hijos pequeños con hambre, pero con unos deseos infinitos de vivir, la llenan de sorpresas, mientras en la hornilla, una olla hierve lágrimas sin compasión.
Tito Mejía Sarmiento
Amanecí extrañamente
convertido en ave migratoria,
y decidí en el acto, la travesía por todos los océanos
como esclavo orgulloso de los vientos.
Desde arriba la vida es un milagro abierto:
La fruta madura, el hombre enfrentado al propio hombre,
una pareja haciendo el amor en pleno parque, un campesino caído
en su fracaso, niños abandonados, casas sangrando a puro dolor
y dejando oscuras y densas cicatrices en el alma,
y por supuesto, la sonrisa bajo el sol donde tú brillas.
Desde arriba se palpa todo,
excepto la bala que atravesó mi corazón
y quebró para siempre mis alas,
convirtiéndome ahora en parte
de un exquisito plato
del más famoso restaurante de Nueva York.
Tito Mejía Sarmiento
PENÉLOPE
Penélope, gruesa morena
y vociferante vendedora de bollos en el barrio Abajo,
no ha querido salir de su alcoba
desde que Odiseo partió para la capital.
Teme que una lluvia de múltiples requiebros
la sorprenda en la calle y borre para siempre,
el canto de amor que su guerrero amante
dejó regado por toda su piel.
Ahora, Penélope teje la madeja de sus tardes,
moliendo maíz para que su hija mayor
venda por ella el producto casero
hasta cuando Odiseo culmine su misión de leyenda urbana
ante la rendición del feudo.
Tito Mejía Sarmiento
DESEQUILIBRIO
Nube Luz trabaja en la capital, en una casa adinerada. Allí cocina, lava, plancha y debe dejar, entre otros menesteres, bien relucientes, los pisos para que se reflejen las ropas de marca que usan sus patrones e hijos. Además, casi todas las noches, por orden superior, tiene que abrirle la puerta de su alcoba, al “bebé” de la casa, quien está en pleno proceso de desarrollo. Es decir, Nube Luz entrega su piel analfabeta por necesidad.
Cada quince días, espera ansiosa su jornada de asueto para irse a su provincia natal, donde su marido (imposibilitado por una bala perdida) y sus tres hijos pequeños con hambre, pero con unos deseos infinitos de vivir, la llenan de sorpresas, mientras en la hornilla, una olla hierve lágrimas sin compasión.
Tito Mejía Sarmiento
lunes, 2 de mayo de 2011
Carta abierta a mi hermano Nelson Mejía
CARTA ABIERTA A MI HERMANO NELSON MEJÍA SARMIENTO
“Asesinado el alcalde de Santo Tomás, Nelson Mejía Sarmiento,
frente a las instalaciones del DAS, el 29 de abril de 2004”
Titulares de prensa
frente a las instalaciones del DAS, el 29 de abril de 2004”
Titulares de prensa
Por Tito Mejía Sarmiento.
Hoy 29 de abril del 2011, te escribo para saber dónde estás. Cuéntame cómo vives. Dime sencilla y llanamente, cómo son tus días porque en cuanto a los míos sin ti, son profundamente tristes desde las rurales mañanas hasta cuando las tardes se pierden en el extraño abrazo de las noches que los acuna. Te cuento que casi todos los días, en el marginal instante de los silencios, lloro calladamente, hablo de ti para mis adentros, sonrío por 29 segundos y, es entonces, cuando me parece escuchar tu voz que se prolonga no sólo en mis oídos precisamente por 29 segundos, otra vez el número 29, sino en mi fértil corazón, donde comienza a echar raíces sagazmente la esperanza de no perderte en el espacio que ahonda el vacío inabordable de la razón de ser o la locura imprevista del tiempo dolorosamente resignado, mi amado Nelson.
Tantos acontecimientos han pasado a través del blancor imprevisto de los días en estos últimos siete años que, narrarlos todos en una cuartilla, es imposible, pero trataré en lo que se pueda, ser lo más conciso y puntual, mi adorado hermano del alma:
El viejo Tito, falleció este 11 de abril a las cuatro y diez de la madrugada en la Cínica Mediesp, producto de una fuerte gripe y una inclemente artritis que lo dejó inmóvil. Te cuento que a pesar de sus 92 años de edad, tenía su visión, audición y mente incólumes. Y cuando se veía rodeado por seres de tu misma sangre, preguntaba mucho por ti.
En cuanto a la vieja Eloina, te cuento que hay ocasiones en que pierde el sentido de las proporciones, y se enlaguna en la intrépida angustia de hallarte en casa o en un paisaje paradojal, quedando atrapada además, en un llanto cuasi eterno hasta cuando uno de nosotros: Cipriano, Arnaldo, Bertha, Vilma, Alejandra, Alex, Kito o yo, la devolvemos a la realidad de manera injusta, no sin antes pasar por un desmedido torbellino de dolor.
Tu esposa Onésima y tus hijos prefieren guardarse sus pesares en un respetuoso silencio y acrobacias sálmicas, sin olvidarte como es lógico un solo instante de sus vidas, sobre todo en las noches cuando los pájaros se alistan para surcar las casas arrastrando el amanecer.
De política te digo que, muchos dirigentes han olvidado los compromisos adquiridos con en el pueblo. Hay una especie de arroyo sin cauce, y en aras de contribuir con el desarrollo integral de Santo Tomás, en donde la realización de grandes obras cobren vida o se vuelvan a ver como producto de una verdadera gestión, entrega, sacrificio y, en donde además, se sienta la mano amiga con el prójimo como cuando tú fuiste alcalde en dos oportunidades, muchos seguidores tuyos están convocando reuniones para hallar nueva alternativa de poder.
¡Toda la vida es ahora, hermano!
Tantos acontecimientos han pasado a través del blancor imprevisto de los días en estos últimos siete años que, narrarlos todos en una cuartilla, es imposible, pero trataré en lo que se pueda, ser lo más conciso y puntual, mi adorado hermano del alma:
El viejo Tito, falleció este 11 de abril a las cuatro y diez de la madrugada en la Cínica Mediesp, producto de una fuerte gripe y una inclemente artritis que lo dejó inmóvil. Te cuento que a pesar de sus 92 años de edad, tenía su visión, audición y mente incólumes. Y cuando se veía rodeado por seres de tu misma sangre, preguntaba mucho por ti.
En cuanto a la vieja Eloina, te cuento que hay ocasiones en que pierde el sentido de las proporciones, y se enlaguna en la intrépida angustia de hallarte en casa o en un paisaje paradojal, quedando atrapada además, en un llanto cuasi eterno hasta cuando uno de nosotros: Cipriano, Arnaldo, Bertha, Vilma, Alejandra, Alex, Kito o yo, la devolvemos a la realidad de manera injusta, no sin antes pasar por un desmedido torbellino de dolor.
Tu esposa Onésima y tus hijos prefieren guardarse sus pesares en un respetuoso silencio y acrobacias sálmicas, sin olvidarte como es lógico un solo instante de sus vidas, sobre todo en las noches cuando los pájaros se alistan para surcar las casas arrastrando el amanecer.
De política te digo que, muchos dirigentes han olvidado los compromisos adquiridos con en el pueblo. Hay una especie de arroyo sin cauce, y en aras de contribuir con el desarrollo integral de Santo Tomás, en donde la realización de grandes obras cobren vida o se vuelvan a ver como producto de una verdadera gestión, entrega, sacrificio y, en donde además, se sienta la mano amiga con el prójimo como cuando tú fuiste alcalde en dos oportunidades, muchos seguidores tuyos están convocando reuniones para hallar nueva alternativa de poder.
¡Toda la vida es ahora, hermano!
Atte. Tito Mejía Sarmiento
jueves, 21 de abril de 2011
A la memoria de mi padre, César Eurípides Mejía Pizarro
¡Orgulloso me siento de ti, papá!
¡Orgulloso me siento de ti, papá!
Imposible silenciar tu voz de mis oídos, papá. Borrar tu imagen de mi memoria, también es imposible. Desprender tu abrazo de mi cuerpo, es mucho más que imposible. Tu piel es mi piel, viejo Tito.
Recojo el abril de tu vida para la mía, mi viejo amado. Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro, porque los guardaré en mi corazón, y tu inteligencia de contador empírico, y hablante de dos idiomas (español e inglés) mucho menos, porque será el manual de presencias para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas, mi contertulio amado.
Ahora cuando acudo a los predios de mi infancia, me acuerdo de ti, enseñándome cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido” que me trajo el niño Dios por los años 60, mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson se desdoblaban en cólera porque sus barcos piratas no querían partir de aquel puerto imaginario de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe en aquel inmenso patio de arena blanca de su casa.
Cómo olvidarme papá, de la cotidianidad de tu mundo interior que transportabas a la esfera de la ternura de la vieja Eloina, quien entre otras cosas, te aguantó durante muchos años las travesuras del Casanova enamorador que fuiste y quien ahora tan débil y triste, te va a esperar impaciente en la terraza de la casa como si te hubieras ido de viaje. Te va a estar esperando para que bailes con ella magistralmente, la canción “El Guayacán” interpretada por Lizandro Meza que tanto te gustaba y el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.
¡Papá, yo quiero ser tu yo, disperso en mil amores!
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta, rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado, toca el portón de las angustias, traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza, mientras las huellas de la vida quedan impresas en los ojos del alma para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Entonces, sólo quedarán entre otras cosas, las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas y el cenicero con el último cigarro que fumaste mientras jugabas dominó todos los domingos en El Nuevo Mundo con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio, mis tíos Néstor y Gustavo entre otros , la infaltable botella de menticol y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche , en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
Y también por supuesto, quedarán Bertha, Vilma, Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra y Kito escuchando tus pasos con un amor verdadero y transitando caminos sin tus manos por el resto de la casa. Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido. ¡Qué orgulloso me siento de ti, papá! ¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!
Tu hijo, Tito Mejía Sarmiento.
Poeta Colombiano
Recojo el abril de tu vida para la mía, mi viejo amado. Tus consejos jamás se gastarán, te lo juro, porque los guardaré en mi corazón, y tu inteligencia de contador empírico, y hablante de dos idiomas (español e inglés) mucho menos, porque será el manual de presencias para los días que me siguen en esta carrera febril sin metas, mi contertulio amado.
Ahora cuando acudo a los predios de mi infancia, me acuerdo de ti, enseñándome cómo manejar la primera bicicleta “Royal florido” que me trajo el niño Dios por los años 60, mientras Cipriano, Arnaldo y Nelson se desdoblaban en cólera porque sus barcos piratas no querían partir de aquel puerto imaginario de la alberca que tenía mi abuela María Guadalupe en aquel inmenso patio de arena blanca de su casa.
Cómo olvidarme papá, de la cotidianidad de tu mundo interior que transportabas a la esfera de la ternura de la vieja Eloina, quien entre otras cosas, te aguantó durante muchos años las travesuras del Casanova enamorador que fuiste y quien ahora tan débil y triste, te va a esperar impaciente en la terraza de la casa como si te hubieras ido de viaje. Te va a estar esperando para que bailes con ella magistralmente, la canción “El Guayacán” interpretada por Lizandro Meza que tanto te gustaba y el vals “Los bosques de Viena” de Johann Strauss.
¡Papá, yo quiero ser tu yo, disperso en mil amores!
Viejo Tito, en estos momentos la razón se levanta, rompe los esquemas tangibles y la tristeza por otro lado, toca el portón de las angustias, traspasa el tiempo de evocaciones viejas con su aguda lanza, mientras las huellas de la vida quedan impresas en los ojos del alma para siempre con sus lágrimas furtivas y rebeldes.
Entonces, sólo quedarán entre otras cosas, las fotografías sonrientes de épocas festivas, extrañas y el cenicero con el último cigarro que fumaste mientras jugabas dominó todos los domingos en El Nuevo Mundo con tus amigos Rafael Visbal, el mono Bibio, mis tíos Néstor y Gustavo entre otros , la infaltable botella de menticol y la libreta de apuntes con tu rosario de palabras en la mesita de noche , en un intento de amor sin despedida, viejo hermoso.
Y también por supuesto, quedarán Bertha, Vilma, Mirna, Libia, Germán, Alex, Alejandra y Kito escuchando tus pasos con un amor verdadero y transitando caminos sin tus manos por el resto de la casa. Me queda un olvido repleto de recuerdos que eres tú, papá querido. ¡Qué orgulloso me siento de ti, papá! ¡Te amaré siempre, mi querido viejo Tito!
Tu hijo, Tito Mejía Sarmiento.
Poeta Colombiano
domingo, 20 de febrero de 2011
Publicado en LATITUD del HERALDO dominical, 20 de febreo de 2011
Mario Miranda: el hombre que fue un fenómeno
Por Tito "Sensación" Mejía
Mario Miranda: el hombre que fue un fenómeno
Por Tito "Sensación" Mejía
Por la acera de la avenida Olaya Herrera con la calle 53, Mario Miranda Marañón, el hombre de las tres emes, el mismo boxeador carismático y prolífico que por la década de los 80 se convertiría, guardando las proporciones, en el mejor pagado de Colombia, ya que se daba el lujo de llenar todos los escenarios deportivos donde se presentaba con su boxeo cambiante. Imantado por los dioses del arte de fistiana, caminaba con su aspecto sencillo y pinta de galán de cine con un libro de boxeo, como ha de ser, bajo el brazo.
Ahora, al pasar junto a un puesto de periódicos y revistas de la esquina, se quita sus gafas Ray - Ban y se detiene a hojear EL HERALDO, ejemplar que compra todas las mañanas, antes de irse a monitorear de lunes a viernes a una camada de boxeadores aficionados y profesionales en el gimnasio del estadio Metropolitano: “Creo, sin temor a equivocarme, que muy pronto tendremos nuevos campeones mundiales. Hay tres muchachos, pero no te digo sus nombres porque después los enferman, los endiosan, y les pasa como a mí, que me dejé llevar por falsos amigos, por la ruta del placer prohibido...y cuando quise despertar, abrir nuevos caminos, era tarde y se me vino la noche encima”, me dice con una pena superlativa y con la culpabilidad de una parte non sancta, y sonora como el tañido de la campana entre asalto y asalto de su pasado.
Boxeador por accidente.
Cuando contaba con escasos 13 años y sufría de tabardillo, este gran estelar boxeador barranquillero nacido el 15 de mayo de 1960, se dirigió una mañana de octubre a la Piscina Olímpica, motivado por la práctica de la natación, pero ese día no abrieron las instalaciones del escenario deportivo por reparaciones internas, y entonces, como buceando en el entorno de la fragilidad de aquel instante, notó que una de las puertas del colindante Coliseo Cubierto Humberto Perea estaba abierta de par en par y sin pensarlo dos veces entró al tinglado que años más tarde le daría la gloria y el rótulo del boxeador más taquillero en la historia de Colombia.
“Recuerdo como si fuera hoy que el desaparecido entrenador de boxeo Antonio Cochise Orozco me dijo: ¡Hey, cabellón, ¿quieres guantear con ese muchacho que está practicando allá? Ese otro era nada menos que Pedro El Látigo Vélez.
Me dio una paliza de padre y señor mío, que llegué a la casa empapado de miedo, con los ojos bien hinchados, la boca partida, la nariz rota. Pero me la desquité años más tarde cuando nos enfrentamos con público, jueces, en fin, todo, y lo hice retirar del boxeo para siempre.
Creo, que desde aquella ocasión nació mi amor por el deporte de las ‘narices chatas’ y luego, con la ayuda de mis mentores comencé a ascender rápidamente en los campos aficionado y profesional, derrotando por knock out fulminante y técnico o por decisión unánime de los jueces a todo el que se me atravesara en el ring.
Lógicamente, también comencé a amasar una fortuna económica que, a pesar de mis locuras, hoy todavía se ve reflejada en bienes raíces y otras propiedades que me dan para vivir bien al lado de mi esposa Jackeline de Castro, en el popularísimo Barrio Abajo y con tres de los siete hijos que tengo, de los cuales cuatro son profesionales, y, lo más importante: sin tomarme un solo trago de ron, ni fumarme un cigarrillo desde hace 20 años.
Estoy dedicado plenamente a entrenar a mis pupilos y a comentar sobre boxeo en la sección Suena la campana, en los noticieros de Lao Herrera y Roy Vergara, que se difunden por Radio Tropical y Radio Libertad, respectivamente”.
Me dio una paliza de padre y señor mío, que llegué a la casa empapado de miedo, con los ojos bien hinchados, la boca partida, la nariz rota. Pero me la desquité años más tarde cuando nos enfrentamos con público, jueces, en fin, todo, y lo hice retirar del boxeo para siempre.
Creo, que desde aquella ocasión nació mi amor por el deporte de las ‘narices chatas’ y luego, con la ayuda de mis mentores comencé a ascender rápidamente en los campos aficionado y profesional, derrotando por knock out fulminante y técnico o por decisión unánime de los jueces a todo el que se me atravesara en el ring.
Lógicamente, también comencé a amasar una fortuna económica que, a pesar de mis locuras, hoy todavía se ve reflejada en bienes raíces y otras propiedades que me dan para vivir bien al lado de mi esposa Jackeline de Castro, en el popularísimo Barrio Abajo y con tres de los siete hijos que tengo, de los cuales cuatro son profesionales, y, lo más importante: sin tomarme un solo trago de ron, ni fumarme un cigarrillo desde hace 20 años.
Estoy dedicado plenamente a entrenar a mis pupilos y a comentar sobre boxeo en la sección Suena la campana, en los noticieros de Lao Herrera y Roy Vergara, que se difunden por Radio Tropical y Radio Libertad, respectivamente”.
Nuevo ídolo en Colombia.
Los amantes del boxeo que asistieron la noche del 9 junio de 1979 al Humberto Perea vieron nacer a un nuevo ídolo del boxeo colombiano: un muchacho enjuto, cabellón, con más pinta de cantante de rock que de púgil del peso gallo, quien derrotaba al cartagenero Edelmiro Cassiani por decisió.
Sentí una emoción muy fuerte cuando el público coreaba: ¡Dale flaco, dale! ¡Dale, cabellón, dale!. Era mi primera pelea como profesional. Al día siguiente aparecí en casi todos los periódicos del país. Recuerdo que Fabio Poveda Márquez comenzó su programa diciendo: ¡Mario Miranda Marañón, el nuevo fenómeno del boxeo en Colombia, amables oyentes!”.
Sentí una emoción muy fuerte cuando el público coreaba: ¡Dale flaco, dale! ¡Dale, cabellón, dale!. Era mi primera pelea como profesional. Al día siguiente aparecí en casi todos los periódicos del país. Recuerdo que Fabio Poveda Márquez comenzó su programa diciendo: ¡Mario Miranda Marañón, el nuevo fenómeno del boxeo en Colombia, amables oyentes!”.
Gancho para la TV nacional.
Era tanto el impacto y el carisma que este boxeador estaba generando en el peso gallo y algunas veces en el peso pluma en todas las esferas de la nación, que el 27 de mayo de 1981, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Comunicaciones, en cabeza de Antonio Abello Roca, autorizó la descentralización de la televisión nacional con la transmisión en directo, desde el Coliseo Humberto Perea de la pelea por el título continental de las Américas en el peso pluma, entre el mexicano Guillermo El Lobo Morales y Mario Miranda, teniendo como gancho la presencia de la diva del momento, la actriz Amparo Grisales.
“Gané por decisión y después, todos los promotores solicitaban mi actuación cada dos meses. Era la maquinita de hacer plata, comentaba la gente, hecho que me perjudicó también en mi carrera, como sucedió con la pelea por el título mundial pluma con el portorriqueño Juan Laporte, donde la preparación no fue la mejor por muchos motivos”.
“Gané por decisión y después, todos los promotores solicitaban mi actuación cada dos meses. Era la maquinita de hacer plata, comentaba la gente, hecho que me perjudicó también en mi carrera, como sucedió con la pelea por el título mundial pluma con el portorriqueño Juan Laporte, donde la preparación no fue la mejor por muchos motivos”.
Una doble frustración.
En la madrugada del 12 de agosto de 1982, el mundo del boxeo se enteró de la trágica muerte del campeón mundial del peso pluma, el mexicano Salvador Sánchez en un accidente automovilístico.
Al momento de su muerte, se planeaba una súper pelea entre Salvador Sánchez y Alexis Argüello, revanchas contra Juan Laporte y Wilfredo Gómez, y por supuesto una pelea por el título mundial contra el retador número uno del mundo de ese entonces Mario Miranda. A raíz de ese hecho, el promotor cubano Tuto Zabala, representante de púgiles latinos ante Don King dijo que Miranda Marañón debería pelear obligatoriamente contra Laporte por el título mundial vacante en el Madison Square Garden.
Al momento de su muerte, se planeaba una súper pelea entre Salvador Sánchez y Alexis Argüello, revanchas contra Juan Laporte y Wilfredo Gómez, y por supuesto una pelea por el título mundial contra el retador número uno del mundo de ese entonces Mario Miranda. A raíz de ese hecho, el promotor cubano Tuto Zabala, representante de púgiles latinos ante Don King dijo que Miranda Marañón debería pelear obligatoriamente contra Laporte por el título mundial vacante en el Madison Square Garden.
“Te soy sincero, ese día estaba nervioso de pies a cabeza, no me sentía seguro con la preparación. Además, lo digo con toda la sinceridad que me cabe en el alma, estaba afligido por la muerte de Salvador Sánchez. De pronto, enfrentándome a él, otro gallo hubiese cantado habría estudiado su estilo. Ya todos saben lo que pasó, no salí a pelear en el round once porque estaba cansadísimo, y entonces el arbitro le levantó el brazo a Laporte como el nuevo campeón mundial del peso pluma.
Pocos meses después me recuperé emocionalmente y seguí ganando combates. Llegué a ser nuevamente retador número uno, pero la oportunidad de títulos mundiales no se dio. Luego, me fui a Winnipeg (Canadá), donde trabajé 10 años en una multinacional de excavaciones y boxeando, hasta cuando hice mi última pelea como profesional, el 3 de junio de 2004, ganándole por decisión unánime en 4 asaltos a Billy Tibbs”.
Pocos meses después me recuperé emocionalmente y seguí ganando combates. Llegué a ser nuevamente retador número uno, pero la oportunidad de títulos mundiales no se dio. Luego, me fui a Winnipeg (Canadá), donde trabajé 10 años en una multinacional de excavaciones y boxeando, hasta cuando hice mi última pelea como profesional, el 3 de junio de 2004, ganándole por decisión unánime en 4 asaltos a Billy Tibbs”.
Proyectos.
Hoy, este hombre que sigue enamorado del boxeo, que en el campo aficionado realizó 45 peleas, perdiendo solo 5, campeón nacional junior y declarado el boxeador más técnico del torneo en Bucaramanga, que en el profesionalismo combatió en 47, ganando 42, 25 por knock out, empatando 2 y perdiendo 3, quiere ver inmortalizada su grandeza en un escenario que lleve su nombre.
Anhela que se recupere el Coliseo Cubierto Humberto Perea (para ello confía en el alcalde Char y el gobernador Verano), para cristalizar un proyecto sobre la enseñanza del boxeo, para que llegue a un sitial de preferencia, no solo a nivel nacional sino internacional.
Anhela que se recupere el Coliseo Cubierto Humberto Perea (para ello confía en el alcalde Char y el gobernador Verano), para cristalizar un proyecto sobre la enseñanza del boxeo, para que llegue a un sitial de preferencia, no solo a nivel nacional sino internacional.
Por Tito ‘Sensación’ Mejía
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